viernes, 17 de abril de 2026

Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída

Tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando

19 de abril 2026

En este tercer domingo de Pascua leemos el relato de los dos discípulos que van camino de Emaús... Es un relato que se convierte, finalmente, en toda una catequesis. (Tenemos que insistir en que estos relatos no son narraciones históricas que nos cuentan, paso a paso, lo que ocurrió en aquellos primeros días después de la crucifixión y muerte de Jesús d e Nazaret). Por eso debemos prestar mucha atención al mensaje que lleva dentro. 

Hay una pregunta que me hago yo mismo:  -Al hablar de Jesús de Nazaret, qué espero yo de él?  En el relato del evangelio de Lucas nos dice que "Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió..."

Nosotros hemos recibido una predicación y enseñanza que nos explica y nos enseña que Jesús de Nazaret (después de predicar durante un tiempo el mensaje de la Buena Noticia del reino de Dios) lo acusaron, lo juzgaron y lo condenaron a muerte de cruz... Y de esa manera nos salvó del pecado y de la muerte... Luego vienen los relatos de la resurrección y de las apariciones a las mujeres y a sus discípulos. Ésa esa la fe que solemos proclamar en la eucaristía y que nos dicen que es la fe de la Iglesia.

De ahí me surgen varias preguntas: -Qué o quién es Jesús para mí? -Qué espero yo de él? En qué lo reconozco?

Porque una cosa es lo que decimos o rezamos en la iglesia y otra cosa muy distinta nuestra vivencia en el día a día.

Fray Marcos nos ofrece el siguiente comentario: "-Nosotros esperábamos… Esperaban que se cumplieran sus expectativas. No podían sospechar que ya se había cumplido. Esa frase refleja nuestras decepciones. Esperamos que la Iglesia... Esperamos que el Obispo... esperamos que el concilio... Esperamos que el Papa... Esperamos lo que nadie puede darnos desde fuera y surge la desilusión."

"No es Jesús el que cambia para que le reconozcan, son los ojos de los discípulos los que se abren y se capacitan para reconocerle. No se trata de ver algo nuevo, sino de ver con ojos nuevos lo que tenían delante. No es la realidad la que debe cambiar, somos nosotros los que tenemos que descubrir la realidad de Jesús Vivo, que tenemos delante." 

El texto nos dice que aquellos discípulos lo fueron descubriendo en el camino (quiere decir en la vida). También en lo que les dijo sobre las Escrituras (toda una vivencia que es muy distinto que simplemente leer lo que está escrito). También en le partir el pan... Habia en ese gesto algo muy profundo que había quedado grabado en sus mentes y en sus corazones... (Se trata de una manera muy personal de partir y repartir el pan. Referencia a tantas comidas en común, a la multiplicación de los panes, etc. Al ver el signo, se les abren los ojos...como comenta Fray Marcos).

¿Hay en mí alguna vivencia que me haya llevado a descubrir y reconocer a Jesús de Nazaret?

Creo que, en nuestra vida como seguidores de Jesús de Nazaret, nos sobran demasiadas palabras, demasiados rezos y devociones, demasiados dogmas y credos. Andamos faltos de vida, de vivencias que nos hagan caminar siguiendo la huella del Maestro.

Me ha emocionado el comentario que hace Dolores Aleixandre (en su libro: "Dichosos vosotros") haciendo referencia a la palabra de Jesús; (Sed misericordiosos...) y recoge el final de la parábola del samaritano: "Acercándose al herido, le curó las heridas, le montó en cabalgadura, lo llevó a la posada, pagó su estancia al posadero y quedó co él en que volvería al cabo de pocos dias a ver cómo iba el herido y a pagar los gastos ocasionados... Os aseguro que fue entonces cuando se comportó con misericordia con él y os digo también: a los que obre como él, mi Padre el cielo los envolverá en su misericordia..."  

Es esa manera de actuar y de vivir la que hará que encontremos y reconozcamos a Jesús de Nazaret.            

Texto del evangelio de Lucas 24, 13-35

Aquel mismo día (el primero de la semana), dos de los discípulos de Jesús iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:
«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?».

Ellos se detuvieron con aire entristecido, Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió:
«Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?».

Él les dijo:
«¿Qué?».

Ellos le contestaron:
«Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».

Entonces él les dijo:
«¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?».

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras.

Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída».

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.

Pero él desapareció de su vista.

Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?».

Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:
«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón».

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

jueves, 9 de abril de 2026

Paz a vosotros

"Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo"

 12 de abril 2026

Estamos en tiempo de Pascua. Los textos de los evangelios que vamos leyendo nos cuentan la vivencia y el recuerdo de aquellas primeras personas (hombres y mujeres) que hicieron suyo el estilo de vida y el modo de seguir sus huellas.

Hoy, el texto de Juan nos cuenta el encuentro de Jesús y sus discípulos, especialmente con Tomás.
Volver a sentir a Jesús (del modo que fuera) debió de ser algo increíble. Cada uno de ellos fue cambiando en su interior. Después del gran fracaso de la cruz... -"No lo creo... Si no lo veo, no lo creo..."
La figura de Jesús, reflexionando en su interior, había sido de mucho impacto: Su vida, sus palabras, su modo de hacer, de escuchar, de atender, de estar atento a los demás... No, no era un cualquiera. Estando con él sentías algo muy especial. Todo aquello que les había dicho, no lo entendían bien. Ellos pensaban y aspiraban a lo mismo que casi todos nosotros. Lo que ahora mismo nos parece normal: Subir, vivir mejor, ganar más dinero, ser famoso, reconocido, ensalzado, ocupar primeros puestos... Ahora, después de todo lo vivido, se dan cuenta de que estaban equivocados. Su camino es otro. Su buena noticia, es otra. El reino de Dios (Dios mismo), es otro. Él le llamaba "abbá" (papá) y les contó tantas historias y parábolas para explicárselo; pero ellos seguían con la misma mentalidad...

Y aquí estamos nosotros. Yo diría que es el mismo proceso. Las palabras, los textos del evangelio, ya los sabemos. Y nos quedamos con esas narraciones que esconden un mensaje y apenas si nos enteramos.
El texto leído nos dice, al final, que  "Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre." Me atrevería a decir que todos esos escritos son sólo una invitación a escuchar el mensaje. El mismo mensaje que anunciaba Jesús de Nazaret. "El reino de Dios (Dios mismo) está cerca. Convertíos, cambiad de vida... Todos estáis invitados. Está dentro de vosotros..."
Creo que todos (hombres y mujeres) estamos tentados de responder como Tomás:"Si no lo veo y lo toco..., no creo."
Aceptar y asumir en nuestra vida a ese Dios-Amor, como lo vivía Jesús de Nazaret, se nos hace difícil. Ya nos hicimos una imagen de él (muy parecida a nosotros mismos) y las comparaciones de Jesús, sus parábolas, nos parecen exageradas, no son prácticas, no son justas...
Es necesario que, también nosotros, vayamos dando pasos siguiendo el camino del Maestro. Si no los doy, no me sirve de nada leer o escuchar los textos del evangelio, las historias de los santos y santas, las palabras y recomendaciones que me puedan decir...
Para expresar mi amor, no me sirven los besos que pueda dar otra persona en mi nombre...
"Señor mío y Dios mío". Sí, qué equivocado estaba.

Texto del evangelio de Juan 20, 19-31

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».

Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».

Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás:
«Señor mío y Dios mío!».

Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

domingo, 5 de abril de 2026

Se han llevado al Señor...

...Y no sabemos dónde lo han puesto

5 de abril 2026

Fiesta de Pascua.

Siguiendo la tradición, el día de hoy era la fiesta más importante del año. Final de toda la Cuaresma y triunfo total del Señor después de haber pasado por la crucifixión y muerte en la cruz.
Todo ello, celebrado con las mejores galas, con nuestra mejor preparación, arropados por las procesiones, horas santas y demás devociones, nos hacía sentir como algo nuevo, un renacer que (aquí, junto con la primavera, parece recuperar la vida) parecía que nos daba un impulso nuevo.

Hoy, mi reflexión se aparta un poco de todo eso y me fijo en esas palabras que el evangelio pone en boca de María Magdalena: "-Se han llevado al Señor y no sabemos dónde lo han puesto..."
Y me recuerda las palabras que decía el ciego de nacimiento al recuperar la vista: -"Y quién es él para que crea en él"...
Celebramos y hacemos fiesta. Y escuchamos todas las recomendaciones que nos hacen en la misa o en las diferentes charlas... Pero dónde lo han puesto?
Creo que, demasiado frecuentemente, nos aferramos a los textos, a las palabras, a las explicaciones... y no lo encontramos a él. Es más, como comenta el evangelio: "Hasta entonces no habían entendido..."
Y nos pasa con la misma persona de Jesús de Nazaret. Su vida, su modo de hacer, su mensaje, toda su actividad... Como que no terminamos de entender su gran objetivo, lo que le movía, toda su vivencia...
Y el centro de su vida siempre fue Dios
Nos hemos ido por las ramas. Hemos aprendido mucho. Sabemos, incluso, demasiado. Pero, tal vez, no vivimos.
Las fórmulas, las oraciones, las devociones, las misas, los rosarios, las novenas, las procesiones... Ahí hemos llegado a tener una alta cualificación. Pero no ha calado en nuestra vida.
Dios, como padre (abbá) o madre. Dios, como ese amor inmenso, infinito, que nos invade, nos penetra, nos ayuda a respirar, a ser, a estar aquí y ahora.
Y cuando empiezas a percibir un poquito de todo eso, sabes que estás en sus manos, que yo soy sólo una pequeñita parte de Él mismo. Que todo es maravilloso. Que todo lo que me rodea es reflejo de Dios, de ese ser, de ese algo, del que no sé prácticamente nada; pero que está ahí.
Entiendo, entonces, que me falta tiempo para contemplar, para encontrarlo, para sentir y vivir. Y dejar que me vaya penetrando porque eso es lo único que importa.
María Magdalena y muchas otras personas se encontraron con Jesús de Nazaret y su vida sufrió un cambio radical. Ya no sabía vivir sin su referencia, sin su mensaje, sin su estilo de vida...
..."Y no sabemos dónde lo han puesto".

Imagino que todo eso es la vida nueva de la que habla Pablo en su carta a los cristianos de aquellas comunidades. Pan nuevo, levadura nueva... Es la conversión de la que hablaba Jesús de Nazaret desde el principio.
Y resuenan sus palabras de las Bienaventuranzas: -"Dichosos los mansos, los pobres, los que pasan hambre, los que luchan por la justicia, los pacíficos..." Dichosos porque tienen a Dios, porque está con ellos (con todos nosotros). Dichosos porque camina con nosotros, está a nuestro lado, mejor, dentro de nosotros...
Feliz Pascua! Feliz Vida Nueva! Felices porque le hemos creído!


Texto del evangelio de Juan 20, 1-9

El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

miércoles, 1 de abril de 2026

Os he dado ejemplo...


...Para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis

2 de abril 2026


La celebración de la Semana Santa tiene muchos aspectos y manifestaciones que responden a tradiciones, a devociones e importancia que la Iglesia y nosotros mismos hemos dado a la misma.

La Eucaristía o celebración de acción de gracias tiene una tradición muy antigua, prácticamente, desde las primeras comunidades cristianas.
Quizás no coincidamos en el sentido que tenía para aquellas personas que habían conocido a Jesús de Nazaret y que la Iglesia y nosotros hemos terminado danto a la celebración de la misa con su entorno, sus ceremonias y todos los ritos que la Iglesia y la Tradición han ido señalando como sagrados.

Al hacer mi reflexión, como siempre, vuelvo una vez más al mensaje primero de Jesús de Nazaret. Su proclamación del reino de Dios nos exige la conversión, el cambio de vida, el vivir como hijos-hijas de Dios. Eso nos lleva al mensaje que, también al final de su vida, se vuelve una exigencia para poder seguir sus huellas: Es el amor y el servicio.

Como comenta Fray Marcos: -"El amor, manifestado en el servicio, es la esencia del mensaje de Jesús que descubrimos en los evangelios. Si fallamos en eso, nos quedamos sin  fundamento alguno. (Hoy) es un día para la reflexión profunda y sosegada."
-"No sabemos el sentido que dio Jesús a aquellos gestos y palabras. Pero sabemos que el recuerdo de lo que hizo y dijo se convirtió en el sacramento principal de nuestra fe desde los primeros pasos del cristianismo."
-"Debemos tomar conciencia de que los sinópticos (evangelios de Mateo, Marcos y Lucas) hablan de los gestos que Jesús hizo con el pan y la copa y ni siquiera mencionan el lavatorio de los pies. En cambio Juan nos habla del lavatorio de los pies y no menciona el pan ni el cáliz."
-"La solemnidad del relato deja clara su intención: "Sabiendo Jesús que había llegado su hora...", el final: si os he lavado los pies, vosotros debéis hacer lo mismo."
-"En el gesto de lavar los pies, Jesús está tan presente como en ele pan y el vino. Esta resumiendo su vida. Un poco más adelante lo deja claro: Amaos como yo os he amado. El sacramento de la eucaristía dice lo mismo".

Entiendo que si nuestra celebración de la eucaristía no me lleva al servicio en entrega a los hermanos-as, mi celebración será sólo eso, una devoción, una ceremonia...; pero no será un seguimiento de Jesús de Nazaret. Siguiendo la tradición hemos sacralizado las palabras del pan y el cáliz y nos hemos olvidado de lavar los pies como nos mandó.
En más de una ocasión he sentido ese desfase en mi vida y en la tradición de la Iglesia. Declaramos como sagradas las cosas (la iglesia, las ceremonias de la misa, las vestiduras, las personas que se dedican al culto...) y pasamos al lado de los pobres, los marginados, los migrantes, los de otra raza, cultura o religión...

Creo que celebrar mi Jueves Santo tiene más de reflexión y meditación tratando de acercarme a esa actitud que nos pide Jesús: "Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis..."


Texto del evangelio de Juan 13, 1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Estaban cenando; ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

Llegó a Simón Pedro, y este le dice:
«Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?».

Jesús le replicó:
«Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde».

Pedro le dice:
«No me lavarás los pies jamás».

Jesús le contestó:
«Si no te lavo, no tienes parte conmigo».

Simón Pedro le dice:
«Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza».

Jesús le dice:
«Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos».

Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios».

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:
«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis».


miércoles, 25 de marzo de 2026

Hosanna al hijo de David

 "Es reo de muerte"

29 de marzo 2026

Domingo de Ramos

Con la celebración de este domingo damos comienzo a la Semana Santa. Según la tradición, después de los 40 días de Cuaresma, estos días se vivían como unos días santos especialmente el Jueves, Viernes y Sábado. La misma tradición ha recogido las grandes manifestaciones en los diferentes pueblos y ciudades mediante las procesiones, oraciones especiales, Horas Santas, Vía-Crucis, etc.

Todo ello, se supone, que era un medio de conversión, de santificación. Es cierto que, con el tiempo, buena parte de dichas manifestaciones se han convertido en una expresión de la devoción y del folklore popular. Algo que la gente (o por lo menos muchas personas) lo celebra como lo más grande y emocionante.

Confieso que, personalmente, me siento muy poco atraído por tales manifestaciones. Es más, creo que tienen poco que ver con el mismo evangelio.

Si la narración de la Pasión y Muerte de Jesús de Nazaret (contada por los cuatro evangelios) tenía un mensaje cargado de símbolos, de indicaciones y referencias al Antiguo Testamento, hoy en día nos hemos ido quedando con lo más llamativo, con un texto que parece preparado para dar compasión, emocionarse, entristecerse y, quizás, sentir que tenemos que arrepentirnos y pedir perdón por todo lo que hemos hecho mal.

Así pues, comenzamos el domingo con ese grito de "hosanna al hijo de David" y terminamos la celebración de la misa con la lectura de la Pasión y Muerte de Jesús según la narración de Mateo. Y escuchamos los gritos de la multitud "Es reo de muerte".

Para mi reflexión voy a echar mano del comentario de Fray Marcos: -"En la liturgia de hoy se mezcla la narración de un triunfo y la derrota absoluta de Jesús. Debe hacernos pensar en la idea que nosotros tenemos de ambas. Jesús ni fue derrotado ni triunfó como nosotros pensamos."

"Ningún aspecto de la vida de Jesús ha sido tan manipulado como su muerte. Pensar que Dios exige la muerte de su Hijo para salvarnos es una aberración."

"La muerte de Jesús no fue ni exigida ni programada ni permitida por Dios. La muerte de Jesús fue consecuencia de su vida. Desvinculada de la vida no tiene sentido. La muerte de Jesús no fue el paso obligado para llegar a la gloria. El ser capaz de morir por amor es la manifestación suprema de la gloria de un ser humano."

"Al demostrar que el amor era más importante que la muerte Jesús nos enseñó el camino de la plenitud, que es el amor incondicionado que hace presente a Dios. La muerte de Jesús deja claro que estoy aquí para desprenderme de todo lo que hay en mí de terreno y transitorio, para que lo que hay de Dios se manifieste."

Leer la Pasión y Muerte de Jesús de Nazaret teniendo todo eso en mente, me lleva a reflexionar sobre mi propia vida. Si soy seguidor de Jesús, mi vida debería ir marcada por su estilo, por su manera de pensar y de actuar. Porque lo que empujó a Jesús a recorrer los pueblos de Galilea fue la proclamación de la Buena Noticia del Reino de Dios. Es la invitación que nos hace a los que escuchamos su voz... Y, naturalmente, si acepto su invitación, también debo entender que corremos el riesgo de no ser aceptados, de quedar marginados, de no ser famosos, de no hacernos ricos, de tener que contentarnos con poco... "Que el amor es más importante que la muerte..." Y más importante que todo lo que nos proponen los medios de comunicación, las redes sociales, la propaganda, la moda, lo que me hace gozar y divertirme...

Por eso, durante estos días de Semana Santa, prefiero encontrar tiempo para reflexionar, para revisar mi propia vida, para re-escuchar la voz de Jesús y sentir las consecuencias de vivir como él vivió.

Y me atrevo a decir: Sí, Maestro, quiero seguir tus huellas y vivir a tu manera con todas sus consecuencias.


Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 26, 14 – 27, 66

viernes, 20 de marzo de 2026

Yo soy la resurrección y la vida

"El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá"

22 de marzo 2026


Imma Calvo nos ofrece una bella introducción a la lectura y mensaje del evangelio que leemos este domingo: -"Seguimos con los grandes símbolos del evangelio de Juan. En esta ocasión se nos propone la vida. No haría falta que la liturgia nos invitase de vez en cuando a reflexionar sobre la vida y la muerte. De ello se encarga el goteo constante de seres queridos que nos van dejando. Es ley de vida y podemos resignarnos con ese pensamiento fácil. El evangelio de esta semana cuenta la resurrección de Lázaro y sus enseñanzas pueden sacarle brillo a este paso nuestro por la tierra. Seguir a Jesús marca la diferencia. No es lo mismo vivir que Vivir, creer o no creer. “Quién escucha mi mensaje y da fe al que me mandó, posee Vida definitiva”.
También me parece muy iluminador el comentario que hace Fray Marcos: -"Agua, luz, vida. Son tres grandes metáforas que intentan lanzarnos más allá de toda lógica. Si nos empeñamos en seguir entendiéndolas al pie de la letra, estamos distorsionando el texto y nos quedamos en ayunas del verdadero mensaje..."
-"Si nos preguntamos si Lázaro resucitó físicamente, es que seguimos muertos. La alternativa no es, esta vida aquí abajo u otra vida después, pero continuación de esta. La alternativa es: vida biológica sola, o Vida definitiva durante esta vida física, pero más allá de ella. Que Lázaro resucite para volver a morir no tiene sentido.
Yo soy la resurrección y la Vida. Jesús no vino a prolongar la vida física, vino a comunicar la Vida de Dios. Esa Vida anula los efectos catastróficos de la muerte biológica. Ante el hecho de la muerte natural, la Vida que sigue, aparece como renovación de la vida que termina. En realidad, es la única y verdadera Vida."

Cuántas veces hemos escuchado o leído este relato de la "resurrección de Lázaro"  y nos hemos quedado pensando en lo maravilloso del poder de Jesús que puede resucitar a un muerto... Lo hemos pensado y aceptado en el sentido más literal... Porque para Dios nada hay imposible.  Y, especialmente, cuando participamos en el funeral de algún familiar o conocido nos preguntamos cómo sería eso de que, también a nosotros, Jesús nos dijera lo mismo: -«Lázaro, sal afuera».
Pero, como nos comenta frecuentemente Fray Marcos, seguimos haciendo una lectura literal de los relatos del evangelio y equivocamos el mensaje.
Que vamos a morir. Eso ya lo sabemos. La dificultad que encontramos no es la de encontrar sentido al hecho de morir; sino a nuestra forma de vivir.
Comenta un gran maestro que, a menudo, las personas que andan preocupadas por lo que hay después de la muerte son aquellas que no saben qué hacer con su vida.
Y Jesús de Nazaret es quien nos trae el mensaje, la clave, para dar sentido a nuestra vida. Su llamamiento es, ante todo, a vivir. A vivir la vida de Dios mismo. Y esa vida es la que va más allá de las dificultades, de las enfermedades, de las preocupaciones, de las angustias..., de la misma muerte.
Creer en su mensaje. Aceptar su estilo de vida. Vivir volcado en el servicio, en la entrega, en el amor a los hermanos... ésa es la vida de Dios. Y salta hasta la vida eterna... Algo que el evangelio de Juan señala y destaca por encima de todo.
Esa palabra de Jesús ("Lázaro, sal afuera") también nos la está diciendo a nosotros cada día. Salir de nosotros mismos. Prestar atención a las personas que nos rodean, especialmente a los más desprotegidos, a los marginados, a los enfermos, a los oprimidos... Y no dejarnos atar por tantas cosas.

Texto del evangelio de Juan 11, 3-7. 17. 20-27. 33-45

En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús diciendo:
«Señor, el que tú amas está enfermo».

Jesús, al oírlo, dijo:
«Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba.

Solo entonces dijo a sus discípulos:
«Vamos otra vez a Judea».

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa.

Y dijo Marta a Jesús:
«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».

Jesús le dijo:
«Tu hermano resucitará».

Marta respondió:
«Sé que resucitará en la resurrección en el último día».

Jesús le dijo:
«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».

Ella le contestó:
«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

Jesús se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó:
«¿Dónde lo habéis enterrado?».

Le contestaron:
«Señor, ven a verlo».

Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:
«¡Cómo lo quería!».

Pero algunos dijeron:
«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?».

Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús:
«Quitad la losa».

Marta, la hermana del muerto, le dijo:
«Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días».

Jesús le replicó:
«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»

Entonces quitaron la losa.

Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:
«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».

Y dicho esto, gritó con voz potente:
«Lázaro, sal afuera».

El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:
«Desatadlo y dejadlo andar».

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

martes, 10 de marzo de 2026

¿Crees tú en el Hijo del hombre?

- Creo, Señor

15 de marzo 2026

El texto del evangelio de Juan que leemos este domingo nos presenta la narración del ciego de nacimiento.

Es toda una contemplación o mejor dicho la reflexión interna de toda la comunidad de seguidores/as de Jesús de Nazaret.
-Vio Jesús a un ciego de nacimiento...

-"Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo:
«Ve a lavarte a la piscina de Siloé"

-"Él fue, se lavó, y volvió con vista."

Toda la narración hace la especie de escenario: El lugar, los personajes, las preguntas e intervenciones, las aclaraciones, las negativas y acusaciones... Para llegar a la pregunta final:
-«¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
-«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»

Metidos en plena cuaresma, cada uno de nosotros puede hacerse esa misma pregunta. ¿Creo yo en el hijo del hombre? ¿Creo yo en ése que llaman Jesús de Nazaret?
Quizás estamos demasiado acostumbrados a responder lo que nos enseñaron en el Catecismo. Tenemos las respuestas aprendidas. Pero no es ésa la pregunta. ¿De verdad acepto yo el mensaje de Jesús? Eso del cambio de vida, de la conversión, de vivir como hermanos...
Todas esas afirmaciones que hacemos en la iglesia o en nuestros rezos, ¿significan un implicación en mi manera de vivir?

Confieso que, en muchos momentos, mi vida y mis actitudes están lejos de esa conversión y me pregunto si realmente me fío de las palabras de Jesús.
De ahí que para llegar a la afirmación final que pone en boca del que era ciego de nacimiento («Creo, Señor») tengo que adentrarme dentro de mí y hacer realmente mía la expresión que emplea el evangelio: -«Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es».

En la escena que escuchamos del monte Tabor (la Transfiguración), al final de la misma, se hacía oír la voz: "Éste es mi hijo amado, escuchadle". Hoy lo expresa con esta otra palabra: "el que te está hablando, ése es".
Escuchar la voz de Dios es mucho más que oír voces o palabras. Escuchar significa prestar atención, abrir los ojos para ver lo escondido, lo profundo, dejarme empapar de esa voluntad de Dios que nos hace descubrir su presencia dentro de nosotros y en todo nuestro entorno...

También yo quiero llegar a poder afirmar y decir: -"Creo, señor".

Texto del evangelio de Juan 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38

En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento.

Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo:
«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)».

Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
«¿No es ese el que se sentaba a pedir?».

Unos decían:
«El mismo».

Otros decían:
«No es él, pero se le parece».

El respondía:
«Soy yo».

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.

Él les contestó:
«Me puso barro en los ojos, me lavé y veo».

Algunos de Los fariseos comentaban:
«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado».

Otros replicaban:
«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?».

Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:
«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?».

Él contestó:
«Que es un profeta».

Le replicaron:
«Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?».

Y lo expulsaron.

Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
«¿Crees tú en el Hijo del hombre?».

Él contestó:
«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?».

Jesús le dijo:
«Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es».

Él dijo:
«Creo, Señor».

Y se postró ante él.

Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída

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