..."Que se cumpla lo que deseas
16 de agosto 2026
El texto que leemos/escuchamos este domingo casi diría que me hace gracia. El diálogo entre Jesús y la mujer cananea tiene, por otra parte, una profundidad que demasiado a menudo me ha pasado desapercibida.
Veamos. Se trata de una mujer, además "cananea". O sea una mujer gentil, pagana. Vaya, que no es judía, ni cree en la biblia, en los profetas, en todo eso que el pueblo judío profesaba una fe estricta.
Además Jesús, en su diálogo, se lo hace notar: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Los discípulos estaban molestos con la mujer que iba detrás de ellos gritando y armando escándalo... Parece que hasta Jesús lo tenía claro: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».
Hasta ahí todo parece seguir el guión establecido por la religión judía. El pueblo elegido eran ellos. Su Dios era el verdadero. Los otros no tenían más opción que la de convertirse y hacerse judíos... Porque eran paganos.
Y todo eso me suena a un estilo y una manera propia de la que llamamos nuestra Iglesia. Es cierto que, a lo largo y a lo ancho de la historia y de los países, siempre ha habido personas (hombres y mujeres) que profundizaron en el mensaje de Jesús y se entregaron al servicio de tantas y tantas personas descubriendo en ellas al mismo Dios.
Lo que me llama la atención es el cambio que se opera en el diálogo: La mujer cananea (bien sabía ella lo que podían pensar aquellos judíos: cananea y mujer) muestra su actitud y preocupación, no por ella, sino por la hija: -"Señor, ayúdame". Ya sé que soy cananea, que sólo soy una mujer... Y tienes razón, no merezco el pan de los hijos... «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».
Nuestra sociedad, nuestro mundo, se mueve hoy en día siguiendo unas ideas en las que los poderosos (los países ricos), a través de las redes sociales, los medios de comunicación, sus discursos políticos, pretenden marcar divisiones entre los pueblos. Se marcan y se vigilan las fronteras. Se pretende etiquetar y catalogar a los extranjeros. Si no alcanzas cierto nivel económico... entonces se marcará tu ficha como delincuente, persona a la que es mejor expulsar o meter en la cárcel...
Jesús debió de sonreír al escuchar a aquella mujer cananea... «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». Sí, qué confianza vio en la mujer... No era la primera vez que Jesús se admiraba de la fe y confianza de gentes paganas.
Como comenta Fray Marcos: -"Aquella mujer tenía más confianza en él que los que le seguían desde hacía mucho tiempo."
-"El relato nos enseña que ser cristiano (seguidor de Jesús) es acercarse al otro, que prójimo es siempre el débil que me necesita. Aún no tenemos esto nada claro Nos sigue costando demasiado aceptar al otro y dejar que sea diferente..."
Nos cuesta mirar en profundidad, descubrir a la persona (sea la que sea) como parte de mi humanidad, como parte de Dios mismo. Sin importar su raza, su lengua, su manera de actuar, de vestir o de relacionarse. Sin importar su religión o sus costumbres. Descubrir eso y sentirme unido a ella. Porque es parte de mí mismo (aliento de Dios nuestro padre).
«Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».
Jejeje... Tiene toda la razón.
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
«Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:
«Atiéndela, que viene detrás gritando».
Él les contestó:
«Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».
Ella se acercó y se postró ante él diciendo:
«Señor, ayúdame».
Él le contestó:
«No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».
Pero ella repuso:
«Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».
Jesús le respondió:
«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».
En aquel momento quedó curada su hija.