Felices vosotros... los pobres, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre...
1 de febrero 2026
Este fin de semana escuchamos y leemos el texto de las Bienaventuranzas. Seguro que les hemos dado muchas vueltas. Hemos escuchado muchas explicaciones. Las sabemos casi de memoria... Pero... Siempre añadimos, al final, un pero...
El domingo pasado, escuchando el texto del evangelio en el que llamaba a Pedro y Andrés, Santiago y Juan...(pescadores) que dejaban las redes para seguir a Jesús, mi reflexión me llevó a escribir que lo principal y más importante era (y sigue siendo) el mensaje de Jesús: Convertíos, cambiad de vida, porque el reino de Dios está cerca. Y me decía a mí mismo que insistimos muy poco en eso de la conversión. Algo que damos como por hecho, por ya realizado... por aquello del bautismo, de ir a misa, de comulgar... Pero que no acabamos de plantearlo en serio.
Sigo entendiendo que el primer paso en el seguimiento de Jesús es ese cambio de vida: Plantear mi vida como con otros objetivos, con otro modo de mirar y de vivir. Me doy cuenta de que nuestro mundo, nuestra sociedad, nos proponen unos objetivos que están enfocados hacia una vida que tiene poco que ver con el evangelio, con la Buena Noticia de Jesús.
Y, hoy, el texto que leemos (las Bienaventuranzas) nos propone una manera y unos objetivos que van en una dirección contraria a la que nos llega a través de los medios de comunicación (la prensa, la televisión, las redes sociales, lo que se lleva...): "-Bienaventurados los pobres..., los mansos..., los que lloran..., los que pasan hambre..., los perseguidos por la justicia..."
Todos ésos no son los famosos, ni los poderosos, ni los grandes políticos, ni los que están por encima de los demás... ¡No! Jesús no se colocó a su lado. Allá estaban ellos. Pero su mensaje no tenía nada que ver con su manera y estilo.
Para hacer mío el mensaje prefiero echar mano de los maestros, de aquellos que conocen mejor que yo los textos del evangelio.
Fray Marcos hace el comentario: "-Explicarlas (Bienaventuranzas) racionalmente es absurdo, pues están más allá de toda lógica. La capacidad de la razón para procesar los datos sensoriales esta encaminada a la supervivencia del individuo y de la especie, no a conseguir metas más altas."
"-Sería un verdadero milagro hablar de las bienaventuranzas y no caer en demagogia barata arremetiendo contra los ricos o en un espiritualismo, descafeinándolas. Se trata del texto que mejor expresa la radicalidad del evangelio."
"-Otra trampa que debemos evitar es proyectar la felicidad para el más allá. No, Jesús está proponiendo una felicidad para el más acá. Todos pueden conseguir aquí y ahora la paz y armonía interior que es el pasaporte a la felicidad."
"-El mensaje más profundo de las bienaventuranzas nos advierte que es preferible ser pobre a ser rico opresor de otros; es preferible llorar a hacer llorar a otros. Es preferible pasar hambre a ser la causa del hambre de los demás..."
Centrar nuestra vida en los otros (los prójimos). Estar atentos a los que sufren, los marginados, los que sufren tantas necesidades, los explotados, los que no tienen lo necesario para vivir... Si ni siquiera los veo, si paso de ellos, si no me afecta... Me estoy haciendo cómplice de los que son causa de que lloren, que pasen hambre, que estén marginados...
Felices nosotros si somos capaces de escuchar, de mirar en profundidad, de comprender todo eso que les pasa y... de amar estando a su lado. Porque la conversión que nos propone Jesús en su mensaje y buena noticia es precisamente ese cambio de mirada, de atención, de solidaridad y fraternidad...
Sí, cierto, también los ricos, famosos y poderosos están incluidos. No entendemos su vida y su actitud. Nos da pena la orientación de sus vidas y deseamos que, también ellos, lleguen a sentir la necesidad del cambio.
Ahí andamos con nuestro poquito, nuestra pequeña levadura, nuestra oración de cada día siguiendo las huellas del Maestro.
Texto del evangelio de Mateo 5, 1-12a
En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».