viernes, 18 de octubre de 2019

Pocos gritos de indignación

20 de Octubre de 2019

Resultado de imagen de gritos de indignación de los pobresA la pregunta de los fariseos  ("Cuándo vendrá el reino de Dios..."), Jesús responde con la parábola que escuchamos este fin de semana. Es la parábola del juez que ni temía a Dios, ni le importaban los hombres... y por otra parte la viuda que solía decirle: Hazme justicia frente a mi adversario...
Los comentarios que he escuchado siempre hacen referencia a la oración. Cómo debemos orar, cómo debemos dirigirnos a Dios. Con insistencia, sin cansarnos, con la esperanza de que algún día Dios nos escuchará y vendrá en nuestra ayuda.
Sin embargo, como comenta José Antonio Pagola, "si observamos el contenido del relato y la conclusión del mismo Jesús, vemos que la clave de la parábola es la sed de justicia. Hasta cuatro veces se repite la expresión «hacer justicia». Más que modelo de oración, la viuda del relato es ejemplo admirable de lucha por la justicia en medio de una sociedad corrupta que abusa de los más débiles..."
Esa manera de pensar no es frecuente en nuestro entorno religioso (el de la Iglesia Católica) y, demasiado a menudo hemos ido delegando en Dios Padre o en los santos para que ellos nos saquen de las dificultades y desgracias. La acumulación de vírgenes, de santos y santas y la larga lista de devociones parece ser nuestra única caja de resistencia y de mantenimiento de la esperanza de que algún día (en esta vida o en la vida futura) nos llegue la salvación..., el reino de Dios.
"El segundo personaje -continúa el comentario de José Ant. Pagolaes una viuda indefensa en medio de una sociedad injusta. Por una parte, vive sufriendo los atropellos de un «adversario» más poderoso que ella. Por otra, es víctima de un juez al que no le importa en absoluto su persona ni su sufrimiento. Así viven millones de mujeres de todos los tiempos en la mayoría de los pueblos..."
Sin señalar a nadie y sin citar nombres, todos comprendemos y conocemos (en parte) los abusos, atropellos y atrocidades que se vienen cometiendo a lo largo y ancho de este mundo nuestro. Viudas, mujeres mayores y jóvenes, incluso niñas, que viven unas condiciones humillantes, vejatorias, esclavizadas al servicio de hombres que siguen convencidos de hacer incluso lo correcto (Las mujeres al servicio de...). Y nosotros rezamos a Dios...
Me gusta este giro que hace en su comentario Fray Marcos: "Hoy sabemos que Dios no puede tener ahora una postura y otra para dentro de una hora o para el final de los tiempos. Dios es siempre el mismo y no puede cambiar para amoldarse a una petición. No tenemos que esperar al final del tiempo para descubrir la bondad de Dios sino descubrir a Dios presente, incluso en todas las calamidades, injusticias y sufrimientos que los hombres nos causamos unos a otros..."
La dinámica de nuestra comunidad cristiana, los rezos de las funciones religiosas van siempre en la misma dirección: Oremos por los gobernantes para que obren con justicia... Oremos por los que viven en la miseria... Oremos por los inmigrantes... Oremos por los que están en paro..., o sin hogar..., o están marginados... -Te rogamos, óyenos.
Como escribe Fray Marcos: -Si rezamos, esperando que Dios cambie la realidad: malo. Si esperamos que cambien los demás, malo, malo. Si pedimos, esperando que el mismo Dios cambie: malo, malo, malo. Y si terminamos creyendo que Dios me ha hecho caso y me ha concedido lo que le pedía: rematadamente malo. Cualquier argucia es buena, con tal de no vernos obligados a hacer lo único que es posible: cambiar nosotros..."
Un comentario final de José Antonio Pagola a ese modelo de religiosidad y de oración: "¿Es esta la fe y la oración de los cristianos satisfechos de las sociedades del bienestar? Seguramente, tiene razón J. B. Metz cuando denuncia que en la espiritualidad cristiana hay demasiados cánticos y pocos gritos de indignación, demasiada complacencia y poca nostalgia de un mundo más humano, demasiado consuelo y poca hambre de justicia..."
Serio y duro, verdad? Cuándo vendrá el reino de Dios? -Cuándo me voy a poner manos a la obra? -Que venga tu reino! Padre nuestro, quiero hacer todo lo posible para que en mi vida y en mi entorno se vaya haciendo realidad "tu reino". Amén
Texto del evangelio de Lucas (18,1-8)

sábado, 12 de octubre de 2019

Una fe sin alegría y agradecimiento es una fe enferma

13 de Octubre de 2019

El texto que escuchamos este fin de semana es el relato que hace Lucas de la curación de los 10 leprosos... Sólo uno volvió a dar gracias a Jesús, y éste era samaritano...
Me arranco con el comentario que hace José Antonio Pagola: -«¿No han quedado limpios los diez?». ¿No se han curado todos? ¿Por qué no reconocen lo que han recibido de Jesús? «Los otros nueve, ¿dónde están?». ¿Por qué no están allí? ¿Por qué hay tantos cristianos que viven sin dar gracias Dios casi nunca? ¿Por qué no sienten un agradecimiento especial hacia Jesús? ¿No lo conocen? ¿No significa nada nuevo para ellos?..."
También el domingo pasado se nos hacía referencia a la fe... ("Si tuvierais fe como un granito de mostaza..."),  y pienso que cuando se nos habla (o nosotros mismos hablamos) de la fe, ha como una referencia a las "verdades que creemos", algo así como hablar del credo y sus artículos o verdades. De ese modo nuestra fe es más bien una doctrina, un conocimiento; pero diría que no tiene nada que ver con nuestra vida. No me implica, no me compromete a nada. Es como si pudiera simplemente responder a las preguntas del Catecismo, como hacíamos cuando íbamos a la doctrina, tal como decíamos en aquel tiempo.
El leproso samaritano entiende que su vida ha cambiado totalmente. De ser una persona excluida y marginada de su comunidad y de su gente, ahora está y se siente limpio, regenerado y es ese tal Jesús quien lo ha hecho. Alegre, agradecido, lleno de una vida nueva. Eso es lo que siente. Y vuelve para agradecer, para mirar más de cerca y expresar algo para lo que le faltan palabras.
Y de nuevo me pegunto ¿cómo es mi fe? ¿son palabras y doctrina? ¿compromete mi vida?
Jesús proclamó su proyecto de la Buena Noticia del reino de Dios y fue invitando a todos los que se encontraba por el camino: Juan y Andrés, Pedro y Santiago... y Zaqueo y Magdalena y a todos los fariseos. Cada uno escuchó esa invitación a su manera. Para algunas personas significó un cambio total, fue como abrir los ojos a un mundo nuevo que iba mucho más allá de todas las normas y mandamientos, más allá de toda religión.
Cuando leo y releo las palabras de Jesús, sus comentarios, sus parábolas, su manera de actuar y de vivir, me digo que creer en Jesús sólo puede tener esa intensidad y esa entrega a su proyecto, sentir que (a través de Jesús) se me han abierto los ojos, me va desapareciendo la lepra y tantas cosas que se me han ido pegando a la piel, y tengo que volver a Él una y mil veces para agradecer, para reafirmar y resentir que me encanta su anuncio y proclamación, que yo también quiero seguirle y aportar mi granito de arena para que llegue el reino de Dios.
Y voy a tomar prestada, una vez más, el último comentario de José Ant. Pagola: "Una fe que no genera en los creyentes alegría y agradecimiento es una fe enferma..."
Lectura del santo evangelio según san Lucas (17,11-19)


sábado, 5 de octubre de 2019

Hemos hecho lo que teníamos que hacer

6 de Octubre de 2019

Resultado de imagen de somos siervos inútiles hemos hecho lo que debíamos hacerHoy en el evangelio de Lucas escuchamos a Jesús que dice: "Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar», y os obedecería..." Y caemos en la cuenta, al igual que sus primeros seguidores, de que no tenemos mucha fe ("auméntanos la fe", le dicen).
José Antonio Pagola hace este comentario: "Nosotros hablamos de creyentes y no creyentes, como si fueran dos grupos bien definidos: unos tienen fe, otros no. En realidad, no es así. Casi siempre, en el corazón humano hay, a la vez, un creyente y un no creyente. Por eso, también los que nos llamamos «cristianos» nos hemos de preguntar: ¿Somos realmente creyentes?..." 
Así es. Nos llamamos "creyentes", seguidores de Jesús de Nazaret y practicamos, por lo menos, con lo más importante... Pero, de verdad, nos convence el proyecto de la buena noticia de Jesús de Nazaret? Ese estilo de vida y modo de hacer en el que lo que importa de verdad es la solidaridad y la fraternidad, la atención a los hermanos más humildes y necesitados (...porque tuve hambre y me disteis de comer, estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis...). Creemos que podemos vivir así?
Contemplamos nuestra sociedad y en más de una ocasión nos pena y rabia, nos avergüenza cómo se trata (tratamos) a los pobres y desvalidos (inmigrantes que se arrastran o naufragan para llegar a nuestras costas), hombres y mujeres que buscan "las migajas que caen de nuestras mesas..." Y dudamos de que sea posible cambiar este mundo tan lleno de miseria, de dolor, de injusticia y de falta de compasión... "Hombres de poca fe..."
Siento que necesito echar mano de Dios mismo, agarrarme a Él y orar con la intensidad del mismo Jesús: "...venga a nosotros tu reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo..." Y ponerme manos a la obra en la construcción del reino. Que se vaya haciendo realidad a mi alrededor; que eso que más quiere, la compasión y la ternura hacia los más débiles (como hizo el buen samaritano) que sea el objetivo principal de mi vida.
Me ayuda este comentario de José Ant. Pagola: "No hemos de hablar con Dios como si estuviera fuera de nosotros. Está dentro. Lo mejor es cerrar los ojos y quedarnos en silencio para sentir y acoger su Presencia... Está en lo íntimo de nuestro ser... Lo importante es insistir hasta tener una primera experiencia, aunque sea pobre, aunque solo dure unos instantes. Si un día percibimos que no estamos solos en la vida, si captamos que somos amados por Dios sin merecerlo, todo cambiará..."
Con esa intención y con la mirada interior puesta en Él, quiero ponerme en camino tras la huella de Jesús de Nazaret. Es probable que no aprecie grandes méritos, ni grandes logros al terminar mi jornada... y tendré que decir como se expresa en la parábola de hoy: "Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer..."  No valgo mucho y no tengo el granito de mostaza de fe, pero voy a ser cabezón en seguir al Mestro
Texto del evangelio de Lucas (17,5-10)

sábado, 21 de septiembre de 2019

El dios dinero

22 de Septiembre de 2019

En el texto de la eucaristía de este fin de semana escuchamos la parábola del administrador astuto... y termina con una sentencia que todos conocemos:"No podéis servir a Dios y al dinero". O como explica Fray Marcos: No podéis servir al dios "mammón" (dios cananeo) y a Dios...
Estamos hablando, pues, del "dios dinero"...

José Ant. Pagola se expresa así: "Desgraciadamente, la riqueza se ha convertido en nuestro mundo globalizado en un ídolo de inmenso poder que, para subsistir, exige cada vez más víctimas y deshumaniza y empobrece cada vez más la historia humana."

Es algo que lo constatamos diariamente. Una sociedad, un mundo en el que una minoría amontona poder y riqueza mientras una población inmensa carece de lo más elemental. Podríamos decir que siempre fue así; pero nunca antes fue tan grande el desarrollo de las comunicaciones que nos permiten saber algo de los abusos, la prepotencia y la opresión que se ejerce sobre muchas poblaciones.

Los seguidores de Jesús de Nazaret tenemos que asumir esas indicaciones que nos da el Maestro. Cuando nos dice que tenemos que ser la sal o la luz del mundo..., es para que nuestro modo de vivir marque una tendencia en medio de nuestra sociedad. Y cuando añade que seamos como la levadura, es para que entendamos que lo que importa y tiene que ser nuestro objetivo es la transformación de la masa. La levadura se disuelve y desaparece para obtener un pan que alimente a todos... La eucaristía creo que tiene que significar también eso mismo: ser pan que se parte y se reparte entre los hermanos. (Hay una canción que lo expresa bien: "tu palabra es camino, tu cuerpo fraternidad").

¿Qué tenemos que hacer? Como comenta Inma Calvo, nuestra vida y nuestras acciones, a veces, se quedan a mitad camino sirviendo un poco a Dios y un poco al dinero...: "El refranero lo traduce también con mucha fuerza gráfica cuando critica la incoherencia de encender una vela a Dios y otra al diablo. Son nuestras acciones diarias las que dirán de qué parte estamos." 

Hemos visto las manifestaciones de grandes multitudes, sobre todo gente joven y estudiantes, clamando y exigiendo el cambio de economía ante el cambio climático del planeta que ya vamos sintiendo en todo el mundo... Podemos añadir el hambre en el mundo, las migraciones de tantos hombres y mujeres, la explotación laboral de niños y niñas...
Tal vez ser levadura, sal y luz del mundo puede significar ser conciencia de todo esto y actuar de manera que se transforme el mundo que nos rodea.

Fray Marcos comenta eso de servir a Dios...: "A Dios no le servimos para nada. Si algo dejó claro Jesús fue que Dios no quiere siervos sino personas libres. No se trata de doblegarse con sumisión externa a lo que mande desde fuera un señor poderoso. Se trata de ser fiel al creador, respondiendo a las exigencias de mi ser. Servir a un dios externo, que puede premiarme o castigarme, es idolatría y, en el fondo, egoísmo. Hoy podemos decir que no debemos servir a ningún “dios”. Al verdadero Dios solo se le puede servir sirviendo al hombre. Aquí está la originalidad del mensaje cristiano."

Entonces ahí estaría nuestra opción: Servir, amar a los hermanos. 
Texto del evangelio de Lucas (16,1-13)

sábado, 14 de septiembre de 2019

Dios no da a nadie por perdido

15 de Septiembre de 2019

Resultado de imagen de he encontrado la oveja que se me había perdidoEl texto del evangelio de Lucas que escuchamos en la eucaristía de este fin de semana nos cuenta tres parábolas: La oveja perdida, la moneda perdida y el hijo pródigo.
Un texto que siempre nos ha gustado y que sabemos de memoria. Jesús nos presenta a Dios mediante unas imágenes muy cercanas, muy tiernas y compasivas... Como comenta José Ant. Pagola: "Podríamos decir que Jesús nos está presentando al Dios de los perdidos, o, mejor dicho, a un Dios que no da a nadie por perdido..."

Me llama la atención cómo las enseñanzas de la Iglesia, incluso las mismas oraciones de los doctores y predicadores, siguen manteniendo un lenguaje tan diferente del que usaba Jesús de Nazaret. 
Él no utiliza las expresiones de la Biblia (del Antiguo Testamento): El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob...; el Señor de los ejércitos...; el Altísimo...; el Todopoderoso... Él también acudía a la sinagoga. Escuchaba las lecturas. Rezaba como lo hacia toda su familia... Pero cuando se decide a proclamar la Buena Noticia del reino de Dios se olvida de todo ese lenguaje y nos habla de algo que le sale de lo más profundo de su vivencia, de lo más profundo de su corazón... "Cuando oréis, decid Abbá..." Y nos dice en parábolas cómo es Dios, cómo ha sentido y experimentado a Dios.
Entonces, ¿por qué escuchamos continuamente esas oraciones que la Iglesia utiliza en la liturgia: "Omnipotente y sempiterno Dios..."; "Oh Dios todopoderoso y eterno..." Incluso seguimos utilizando ese mismo lenguaje en la proclamación de nuestra fe (el Credo). 
Es cierto que es el lenguaje humano de cada época y de cada lugar. La Iglesia se ha olvidado o ha dejado al margen el modo de sentir de Jesús de Nazaret y así ha conseguido que "nuestro Dios", el que nos han enseñado y predicado, aparezca siempre como alguien lejano al que tenemos que adorar y rendir vasallaje o como el juez que nos vigila y nos juzga examinando meticulosamente nuestras acciones.

Con todas esas parábolas Jesús nos quiere dar a entender, ante todo, que Dios (Abbá = padre-madre) es amor, don total, entrega, compasión... El apóstol Juan recogerá esta misma idea en su primera carta (Dios es amor... Él nos amó primero... Y si alguien dice que ama a Dios y no ama a su hermano, es un mentiroso...)

Fray Marcos hace este comentario: "El Dios de Jesús es don absoluto y total. No un don como posibilidad, sino un don efectivo y ya realizado, porque es la base y fundamento de todo lo que somos. Al decir que es Amor (ágape) estamos diciendo que ya se ha dado totalmente, y que no le queda nada por dar. Jesús no vino a salvar, sino a decirnos que estamos salvados. Un lenguaje sobre Dios, que suponga expectativas sobre lo que Dios puede darme o no darme, no tiene sentido..." 

La conversión a la Buena Noticia del reino de Dios nos exige también un cambio en nuestra relación con Dios, con nuestro padre. Aceptar, sentir y hacer vida que Dios nos ama desde siempre, que somos un don suyo y que nuestra vida tiene que ir convirtiéndose en reflejo de Dios mismo. 
Yo, como muchas otras personas, también soy esa moneda perdida, o la oveja perdida, o el hijo que se ha ido de casa a vivir su vida... Y debo entender que Él, Dios, ha salido a buscarme.  No sólo me ha perdonado, sino que ha hecho una fiesta porque, por fin, he entendido y aceptado todo el cariño, la ternura y compasión que recibo de nuestro Abbá. Es entonces que empezaré a sintonizar con Él y experimentar la salvación y entrada en la familia misma de Dios.

Fray Marcos añade que esas parábolas nos quieren dar a entender que es...Un Dios que pone en valor a aquellos que la sociedad ha desechado. Un Dios que corre al encuentro de los excluidos, sin pedir explicaciones de su vida, restaurándoles con su abrazo como hijos suyos de pleno derecho. Un Dios que nos da la seguridad de saber que, aunque nos sintamos totalmente perdidos, Él nos está buscando..."

Texto del evangelio de Lucas (15,1-32)

domingo, 8 de septiembre de 2019

Una opción vital

8 de Septiembre de 2019

Resultado de imagen de el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo míoSeguimos escuchando el texto del evangelio de Lucas (en el capítulo 14), un texto que casi siempre se ha venido atribuyendo a los religiosos y religiosas o a los sacerdotes. Lo mismo ocurre cuando se habla de la vocación. Ellos y ellas han recibido la llamada, tienen vocación...
Poco a poco se han ido formando en la Iglesia dos clases: Los llamados a la vida religiosa (curas y monjas), como grupo de vida de perfección, y los laicos, el pueblo de Dios, que basta que vayan a misa y cumplan los mandamientos.
Es algo que, leyendo y reflexionando el texto del evangelio de hoy, resulta realmente extraño.
Cuando Jesús de Nazaret explica las condiciones y la manera de hacer y de vivir de sus seguidores no se está dirigiendo a un grupo especial, no se está dirigiendo siquiera a los doce. No! Se está refiriendo a todas aquellas personas que quieran seguirle, que acepten su proyecto, que estén dispuestas a seguir sus huellas.
Ésas son las condiciones para cualquiera de nosotros que quiera unirse al grupo de Jesús de Nazaret. Así lo entendió aquella primera comunidad de hombres y mujeres. 
En sus oídos y en su corazón seguían resonando aquellas palabras tan exigentes: "Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío..."
Suponía una opción vital, una elección que afectaba toda su vida. Era aceptar y hacer suya aquella primera palabra de Jesús: Está cerca el reino de Dios, convertíos! Aceptar el estilo de vida de Jesús significaba cambiar su escala de valores. Y, a partir de ese momento, la solidaridad y la compasión pasaban a ser lo primero. Ser más humano antes que tener más dinero. Compartir los bienes con las personas que lo necesitan antes que acumular propiedades y riquezas...

Demasiado a menudo se ha presentado el seguimiento de Jesús como una renuncia, como un perder todo aquello que tenemos, como privarse incluso de la familia y de las personas queridas... Creo que muchos predicadores han venido presentando el seguimiento de Jesús como algo negativo y se llamaba vocación a la renuncia de la familia, de los bienes, incluso del amor como pareja... Me parece que se ha puesto el acento en las cosas y no en el mensaje mismo del Maestro.

Fray Marcos lo comenta así: "El seguimiento de Jesús no puede consistir en una renuncia, es decir, en algo negativo. Se trata de una oferta de plenitud. Mientras sigamos hablando de renuncia, es que no hemos entendido el mensaje. No se trata de renunciar a nada, sino de elegir lo mejor. No es una exigencia de Dios, sino una exigencia de nuestro ser..."

Tener compasión del marginado y del oprimido (como el buen samaritano), dar de comer al hambriento, acoger al sin papeles, dar apoyo a los machacados por el sistema económico... Todo eso me hace más humano, más persona. Y a los que actúan de esa manera Jesús los reconoce y les dice venid, benditos de mi padre... Y es que cuando aceptamos la propuesta de Jesús, nuestra vida da un vuelco total y nos importa más que todo. Y, claro, va antes que el dinero, las comodidades, la diversión..., incluso la familia a la que, poco a poco, intentamos que lo entienda y que ella también se una a este proyecto.
Fray Marcos  completa su comentario de esta manera: "En cuanto a las dos parábolas, lo que propone Jesús es que no se puede nadar y guardar la ropa. Queremos ser cristianos, pero a la vez, queremos disfrutar de todo lo que nos proporciona la sociedad de consumo. No tenemos más remedio que elegir. Preferir el hedonismo es un error de cálculo. Las parábolas quieren decirnos que se trata de la cuestión más importante que nos podemos plantear, y no debemos tratarla a la ligera. Es una opción vital que requiere toda nuestra atención. Nuestro problema hoy es que somos cristianos sin haber hecho una clara opción personal..."

Muy cierto. Creo que muchos de nosotros no se ha llegado a plantear el seguimiento de Jesús de Nazaret como una opción de vida y escuchar las palabras de hoy nos descoloca y preferimos dejarlo para todas aquellas personas que tienen vocación.
Texto del evangelio de Lucas (14,25-33)

jueves, 29 de agosto de 2019

Rompiendo esquemas

1 de Septiembre de 2019

Escuchar el evangelio, como solemos hacer los fines de semana en la eucaristía, no es asistir a una charla o a una conferencia que nos puede resultar interesante, positiva, agradable o incluso discutible...
No, acercarse al evangelio (al menos intentarlo) es algo realmente arriesgado. Me temo que, en cuanto das el primer paso y te paras a ver qué te dice..., su proclamación y su mensaje te descolocan. Quedaron atrás las consideraciones piadosas, los comentarios de tinte religioso, las devociones y la lista de obligaciones que "manda la santa madre Iglesia".
"El reino de Dios ha llegado. Convertíos! y creed en la buena noticia..."
Y ese primer paso te hace ver que, ante todo, tienes que cambiar. Tus valores, tu esquema mental, tu modo de hacer y de pensar no sirven. Encerrados en la burbuja de la sociedad del bienestar, nuestra manera de pensar, de hacer y de programar es de yo, mi, me, conmigo. Yo, mi vida, mi familia, mi trabajo, mi bienestar...
Jesús de Nazaret nos habla de un proyecto que abarca a todas las personas. Nos empuja hacia una utopía que parece construir el mundo y la sociedad al revés de lo que solemos pensar. Escuchábamos la semana pasada aquello de "hay muchos últimos que serán primeros..." y el texto de hoy añade más detalles: "Cuando te inviten... no busques los primeros puestos..."  O cuando invites a una cena o a una fiesta: "No invites a tus amigos, a tus hermanos o a tus parientes..." Todo eso quedaría en familia y ellos te invitarían también. Algo así es el estilo de nuestra "sociedad del bienestar".
José Ant. Pagola hace este comentario: "Una vez más, Jesús se esfuerza por humanizar la vida rompiendo, si hace falta, esquemas y criterios de actuación que nos pueden parecer muy respetables, pero que, en el fondo, están indicando nuestra resistencia a construir ese mundo más humano y fraterno, querido por Dios..."
Jesús nos señala una dirección: El reino de Dios (su buena noticia) tiene mucho que ver con una sociedad compasiva y fraterna en la que los últimos tienen cabida y, precisamente por ser los más débiles y sin ningún valor, resultan ser los más importantes, los preferidos de Dios.
"Los seguidores de Jesús, escribe José Ant. Pagola, hemos de recordar que abrir caminos al reino de Dios no consiste en construir una sociedad más religiosa o en promover un sistema político alternativo a otros también posibles, sino, ante todo, en generar y desarrollar unas relaciones más humanas que hagan posible unas condiciones de vida digna para todos empezando por los últimos..."
No necesitamos buscar mucho para descubrir todos los días ejemplos de personas y situaciones totalmente alejadas de esas condiciones de vida digna y abrir esos caminos al reino de Dios nos obliga a actuar y a ser conciencia que denuncia y reclama humanidad... sobre todo para todas esas personas a las que nuestra sociedad del bienestar ha vaciado de todo valor.
Texto del evangelio de Lucas (14,1.7-14)