sábado, 19 de mayo de 2018

Respirar como Dios

Domingo 20 de mayo de 2018

Al celebrar la fiesta de Pentecostés, como hemos escuchado tantas veces, abundan las oraciones y plegarias pidiendo el "Espíritu Santo" y sus "siete dones"... Algo así como esperar que, también sobre nosotros, baje el Espíritu en forma de llamas de fuego. Por otra parte, el lenguaje que se suele emplear nos lleva a pensar y creer en esa tercera "persona" de la Trinidad como un "dios" diferente y con tareas y cometidos diferentes...
Ahora, en mi deseo de ahondar en el camino de Jesús de Nazaret, todo esto me crea confusión. Tengo que echar mano de los escritos de personas entendidas y profundamente entregadas al mensaje de Jesús. Y no es que crea que toda esa doctrina y todos esos rezos y oraciones sean cosas del pasado y que no valen para nada. No. Supongo que cada persona va haciendo su camino y encuentra ayuda en todo lo tradicional de la iglesia.
Sin embargo, me parece mucho más verdadero y comprometido tratar de seguir a Jesús en su propio estilo: Jesús nos habla de la buena noticia del Reino de Dios y nos da su modo de relacionarse con Él. Dios es papá-mamá, lleno de una ternura y compasión difícil de imaginar. Jesús se mueve y actúa según el aliento y la fuerza de Dios (ese aliento, ese respirar de Dios es lo que llama "espíritu", como se decía en su lengua -ruah- ) y cuando dice eso de "recibid el espíritu santo", como dice en el evangelio de Juan, es su deseo de que nosotros lo sintamos y lo vivamos como él mismo.
Fray Marcos dice: "Hoy sabemos que el Espíritu Santo es un aspecto del mismo Dios. Por lo tanto, forma parte de nosotros mismos y no tiene que venir de ninguna parte. Está en mí, antes de que yo mismo empezara a existir. Es el fundamento de mi ser y la causa de todas mis posibilidades de crecer en el orden espiritual..." 

Vivir al modo del evangelio es seguir las huellas de Jesús de Nazaret, su modo de actuar, su manera de relacionarse con las personas, su escala de valores y a medida que avanzamos podremos "respirar" con el aliento de Dios mismo. Cuanto más humanos somos, más aprendemos a ser solidarios, compasivos, entregados... Y cuanto más amamos, más nos parecemos a Dios mismo y nuestro aliento será el suyo. Un aliento santo, un respirar como él mismo. Juan en sus cartas nos transmite lo mejor que puede lo que escuchó al Maestro. "Dios es amor"... "El que no ama no ha conocido a Dios"... "El que ama ha nacido de Dios"... Entonces esa persona respira como Dios, tiene su aliento, su espíritu. Entonces no es que tenga que venir el "Espíritu Santo"... Es que cuando seguimos su estilo de vida, estamos dejando que Dios se manifieste en nuestras acciones.

Añado este párrafo del comentario de Fray Marcos: "La presencia de Dios en nosotros nos mueve a parecernos a Él. Pero si tenemos una idea de Dios como poder, señorío y mando, que premia y castiga, intentaremos repetir esas cualidades en nosotros... El único lenguaje que todo el mundo entiende es el amor. Si descubrimos el Dios de Jesús, que es amor total, intentaremos repetir en nosotros ese Dios, amando, reconciliando y sirviendo a los demás. Esta es la diferencia abismal entre seguir al Espíritu o nuestro espíritu..."
Texto del evangelio de Juan (20,19-23)

domingo, 13 de mayo de 2018

Qué hacéis ahí parados

Domingo 13 de mayo de 2018

Resultado de imagen de id al mundo entero y proclamad el evangelioEn la eucaristía de hoy hemos recordado y  celebrado la "Ascensión del Señor". A lo largo de tantos años he escuchado y leído el relato que nos traen los evangelios (parecido en unos y otros) y era una celebración más con sus detalles de "esperanza" para los que todavía caminamos por estos caminos de la tierra y de alegría porque nos daba una certeza a la que agarrarnos y a la que contábamos alcanzar.

Ahora, a medida que intento reflexionar y hacer mío el mensaje de la buena noticia del evangelio, siento que cada paso que doy me remite al comienzo, a ese primer anuncio que ponen los evangelios en boca de Jesús de Nazaret: "Os traigo una buena noticia: el reino de Dios está cerca... Convertíos, cambiad. Ya está en medio de vosotros..."

Entiendo bien lo que comenta Inma Calvo en la introducción de ecleSALIA.net: "La fiesta de la Ascensión parece que nos encuentra mirando con perplejidad al cielo y oímos la voz que nos dice: “¿Qué hacéis ahí parados…?” “Id por todo el mundo proclamando la buena noticia a toda la humanidad.” La fe en el mensaje de Jesús es el antídoto contra la parálisis que nos producen las malas noticias y el desánimo..."

Y es así como voy entendiendo que muchos de los que nos llamamos "cristianos" o seguidores de Jesús de Nazaret nos hemos contentado con los recuerdos, celebraciones, fiestas y toda clase de ritos olvidando lo esencial... Como si nos hubiéramos quedado, efectivamente, "parados mirando al cielo..." esperando que llegue nuestra incorporación a la resurrección y ascensión del Señor.

Fray Marcos lo comenta así: "El fin del periplo humano de Jesús da paso al comienzo de la nueva comunidad. Podemos considerar la Ascensión como el final de una etapa en la que los discípulos tuvieron una experiencia singular y única de un Jesús vivo. Sería el momento en que los primeros cristianos dejan de estar pasmados y empiezan la tarea de llevar esa experiencia a todos los hombres. Dejan de mirar hacia el cielo y comienzan a mirar a la tierra..."

Tanto nos han predicado sobre la vida eterna, la salvación, la redención de los pecados y todo lo que requiere (sacramentos, devociones, plegarias y oraciones) que lo de la buena noticia se nos quedó como olvidada. José A. Pagola lo percibe así: "Quienes se acercan hoy a una comunidad cristiana no se encuentran directamente con el Evangelio. Lo que perciben es el funcionamiento de una religión envejecida, con graves signos de crisis. No pueden identificar con claridad en el interior de esa religión la Buena Noticia proveniente del impacto provocado por Jesús hace veinte siglos..."

Creo, como bien insiste Pagola, que lo que tenemos que hacer es volver a empezar. Retomar el evangelio, la buena noticia de Jesús de Nazaret y hacerla nuestra, de cada uno, de manera que lo más importante en nuestra vida sea ese "cambio" y creer de verdad en el reino de Dios, ese mundo nuevo que nos hace a todas las personas "hermanos" con un gran sentido de solidaridad y compasión. Que tengamos claro que el proyecto de Jesús no acepta más señor que a Dios (vivo y presente en el hermano, en especial en los más débiles y marginados). Que eso es lo único importante. Y queremos hacerlo como comunidad, como grupo, como pueblo. Nos juntamos, oramos juntos, hacemos la fracción del pan reviviendo el camino de Jesús e intentamos que nuestro entorno sea más humano, más lleno de amor y atención.

Texto del evangelio de Marcos (16,15-20)


sábado, 5 de mayo de 2018

Que mi alegría esté en vosotros


Domingo 6 de mayo de 2018

Imagen relacionadaEl texto que escuchamos hoy tomado del evangelio de Juan es todo un discurso que el evangelista pone en boca de Jesús. Imagino que es una forma de presentar una reflexión 
de lo que vivían aquellas primeras comunidades de seguidores. Lo que más impactó a todos aquellos hombres y mujeres en su relación con Jesús de Nazaret.

Muy frecuentemente nos encontramos con textos de iglesia escritos seguramente por personas muy entendidas en todo lo que es religión, teología e iglesia y a mí, personalmente, me produce la sensación de escuchar un lenguaje extraño, una manera de hablar que requiere interpretación o estar iniciado en los secretos del más allá.

Y me pregunto: ¿Por qué nos hablan así? ¿Es que no quieren que entendamos? ¿O es que tienen que demostrar que saben mucho más que nosotros?

Escucho y leo las palabras del evangelio y me asombra esa insistencia en poner palabras difíciles a algo que cualquiera puede entender: "Amaos unos a otros..." "Que mi alegría esté en vosotros..." "Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando..."

Siendo todo esto el mensaje más importante de la buena noticia, no deja de extrañar que a la iglesia (a los seguidores de Jesús de Nazaret) no se la vea con esa característica: la alegría del amor. Y lo expreso así porque eso es precisamente algo que, de una forma o de otra, todos hemos experimentado: Enamorarnos, amar, vivir eso tan especial que es lo de sentirse amado... y amar. Parece que el mundo cambia, que lo que nos ocurre es lo más grande... Pues bien, Juan en su evangelio (y en sus cartas) lo interpreta de esa manera: "Dios es amor... El que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios..." Y de ahí la alegría que tiene que invadirnos y poner una sonrisa permanente en nuestro cuerpo. 

José A. Pagola lo comenta así: "Quizá los cristianos de hoy pensamos poco en la alegría de Jesús y no hemos aprendido a «disfrutar» de la vida, siguiendo sus pasos. Sus llamadas a buscar la felicidad verdadera se han perdido en el vacío tal vez porque seguimos obstinados en pensar que el camino más seguro de encontrarla es el que pasa por el poder, el dinero o el sexo... "

Entender que Dios está dentro de nosotros, no en el más allá. Que ya nos ha dado todo y que lo que tengo que hacer es dejar aparecer en mí el amor que he recibido. Lo mismo en todas las otras personas.

Me gusta cómo los expresa Fray Marcos: "Os he hablado de esto para que vuestra alegría llegue a plenitud. Es una idea que no siempre hemos tenido clara en nuestro cristianismo. Dios quiere que seamos felices con una felicidad plena y definitiva, no con la felicidad que puede dar la satisfacción de nuestros sentidos. La causa de esa alegría es saber que Dios comparte su mismo ser con nosotros..."
No me elegisteis vosotros a mí, os elegí yo a vosotros. Debemos recuperar esta vivencia. El amor de Dios es lo primero. Dios no nos ama como respuesta a lo que somos o hacemos, sino por lo que es Él. Dios ama a todos de la misma manera, porque no puede amar más a uno que a otro. De ahí el sentimiento de acción de gracias en las primeras comunidades cristianas. De ahí el nombre que dieron los primeros cristianos al  sacramento del amor. “Eucaristía” significa exactamente acción de gracias..."
Sí, tiene razón. Esa vivencia constante del "amor" que Dios ha puesto en cada uno de nosotros tiene que cambiar nuestra cara y nuestra actitud. Hacia nosotros, primero. Y hacia todos los demás. Si no lo experimentamos, será difícil que nosotros como iglesia o como seguidores del Maestro podamos dar a conocer la "buena noticia" del reino de Dios.
Texto del evangelio de Juan (15, 9-17

domingo, 29 de abril de 2018

Un compromiso y estilo de vida

Domingo 29 de abril de 2018

Resultado de imagen de yo soy la vid y vosotros los sarmientosAyer, sábado, celebramos la eucaristía (fracción del pan) en la iglesia de nuestro barrio como de costumbre. La diferencia estuvo en que la presidieron dos obispos venidos de lejos (aunque son de aquí): uno de Venezuela y el otro de un país africano que no recuerdo el nombre.
La lectura tomada del evangelio de Juan nos decía lo de la "vid" y los "sarmientos". Que si no andamos unidos a la comunidad, a Jesús mismo, al proyecto que nos propone... no llegaremos a dar fruto.
A partir de ahí una reflexión que nos hizo bien a todos. Antes, hace unos cuantos años, lo de ser cristiano o católico era algo que "se llevaba", era lo correcto, lo que todo el mundo hacía... Y bastaba con cumplir: la misa de los domingos, el bautizo, la comunión, confesarse de cuando en cuando y cosas así.
Hoy ya no se lleva. Parece una cosa de perder el tiempo, de quedarse atrasado, mantenerse fuera de onda... Como decir que "no sirve para nada".
Y ahí vuelve a plantearme el reto que vivieron los primeros seguidores de Jesús de Nazaret. "Nosotros esperábamos que... y ya han pasado días desde el desastre de su ejecución y muerte..." Con todos los problemas y dificultades que se nos presentan en nuestra sociedad (el hambre, los inmigrantes, el paro y el desahucio, la marginación de tantos y tantos)... Esperaba que Jesús, como Salvador, como Mesías, nos iba a salvar... Y nosotros, como hace ya dos mil años, sentimos como una decepción. Dejamos de creer en las instituciones, en los discursos y en las políticas... ¿Qué podemos hacer?
Es hora de tomarlo en serio. El proyecto de Jesús no es aprender ciertas verdades o saber de memoria ciertas oraciones o acudir a algunos ritos o ceremonias. Se trata de ser "más humanos", de tener más corazón, de ser compasivos... En definitiva es cuestión de "amar".
Un texto de la primera carta de Juan nos dice que "el que ama, da fruto abundante". Esa persona es como un "sarmiento" unido a la vid que da fruto... La persona que tiene como proyecto de vida su comodidad, tener más cosas, vivir mejor, gozar de todo lo que pueda... al final termina siendo una persona sola y vacía. Y hoy en día lo que hace más falta en nuestra sociedad y en nuestro mundo es precisamente el contacto y la relación de las personas: la solidaridad, la atención, el trato amistoso, el compartir... Seguro que no están a nuestro alcance los grandes proyectos, ni los grandes presupuestos; pero hay un montón de pequeños detalles capaces de ir creando un mundo más justo, humano y compasivo...
Y ése es el fruto del proyecto de Jesús de Nazaret. Y todo eso supone un compromiso y un estilo de vida. Y, consciente de lo poco de valgo y puedo, yo me apunto.
Texto del evangelio de Juan (15,1-8)

domingo, 22 de abril de 2018

Yo doy mi vida

Domingo 22 de abril de 2018

Resultado de imagen de el buen pastorA la celebración de este domingo se le llamaba del "buen pastor", en referencia al texto del evangelio (Juan, cap. 10). Y nos hablaban del Buen Pastor que es "Jesús". O se aplicaba, también, al sacerdote que dirige y preside la parroquia. Tanto se nos ha dicho y predicado que damos por cierto y seguro que es así.
La reflexión y experiencia vivida por la persona que escribe el evangelio de Juan le lleva a poner en labios de Jesús todo ese discurso. Imagino que es como traducir lo que fue una constante en la vida de Jesús de Nazaret. Lo que pasa es que el evangelio (la buena noticia del reino de Dios) la tomamos como "tarea" de Jesús que vino a salvarnos... (nosotros seguimos siendo las ovejas) y sólo tenemos que dejar que él nos reúna y nos salve.
Pero... ¿Es correcta esa interpretación? ¿Es ése el mensaje del Maestro?

Fray Marcos puntualiza lo siguiente: "No es verosímil que Jesús se declarara pastor de nadie. Este evangelio se escribió setenta años después de morir Jesús y nos cuenta no lo que dijo sino lo que aquellos cristianos pensaban de Jesús. Ellos sí se sentían dirigidos por Jesús e intentaban seguir sus directrices..."

Pienso, pues, que lo que importa hoy es si nosotros (como comunidad, como seguidores de Jesús de Nazaret) asumimos su estilo de vida, sus directrices... No es que todos nos declaremos pastores de nadie; sino que nos importa la vida de los hermanos.

Esta mañana me he encontrado con uno de esos mensajes que nos hacen reflexionar. Dice: El mundo cambia con tu ejemplo, no con tu opinión. Qué razón tiene, verdad? Si nosotros, los cristianos, queremos un mundo más justo, más solidario, más humano... no es nuestra opinión lo que lo cambiará, sino ese modo nuevo de vivir.
Aquellas primeras comunidades de seguidores de Jesús entendieron que él, como "buen pastor", daba su vida por las ovejas... Al igual que lo expresaba en la "fracción del pan" que parte y se reparte. O como lo veían acercarse a los leprosos, a los marginados, a los enfermos...

Cito de nuevo a Fray Marcos: "El dar Vida empalma con el tiempo de Pascua porque la experiencia pascual es que Jesús les comunica Vida. Nosotros tenemos la posibilidad de hacer nuestra esa Vida. Se trata de la misma Vida de Dios. "El Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo el que me come vivirá por mí". El que me come, quiere decir el que me hace suyo, el que se identifica con mi manera de ser, de pensar, de actuar, de vivir...

En la medida que cada uno de nosotros hayamos hecho nuestra esa Vida, estaremos dispuestos a desvivirnos por los demás. El salir de sí mismo e ir a los demás, para potenciar su Vida, no depende de las circunstancias; es un movimiento que tiene su origen es esa misma Vida. El amor que nos pidió Jesús está reñido con cualquier clase de acepción de personas. No estamos acostumbrados a tener este detalle en cuenta, y así creemos que es amor lo que no es más que recíproco interés o simpatía visceral..."
"Yo doy mi vida..." Realmente cambia todo. Si todo mi interés está en seguir sus huellas, aceptar su estilo y dejar que la vida de Dios (Dios mismo) se vaya manifestando en todo lo que hago, entonces sí creo que ayudaremos a que llegue "el reino de Dios", esa nueva humanidad, esa sociedad más compasiva, más justa y solidaria...
Texto del evangelio de Juan (10,11-18)

sábado, 14 de abril de 2018

Ser testigos

Domingo 15 de abril de 2018

En las celebraciones de estos domingos después de Pascua escuchamos las narraciones que nos hacen los evangelios de la experiencia pascual de aquellos primeros seguidores (hombres y mujeres). No resultó nada fácil. El terrible final del Maestro representó todo un trauma que hizo que terminaran decepcionados y desencantados...
Imagen relacionadaLos discípulos que regresan de Emaús cuentan su experiencia... "Nosotros creíamos que...; pero han pasado ya tres días..." Los otros estaban encerrados "por miedo..."
La reflexión que nos llega es ya el reflejo de lo que vive la comunidad que se reúne en la oración y en la fracción del pan... Y esa vivencia, ese encuentro es lo que les da fuerzas.
Me gusta cómo lo expresa Fray Marcos: "Mientras estaba con vosotros. Indica con toda claridad que ahora no está con ellos físicamente. Estas son las pistas que tenemos que advertir para no caer en la trampa de una interpretación material. Jesús está presente en medio de la comunidad. Su presencia es objeto de experiencia personal, pero no se trata de la misma presencia de la que disfrutaron cuando vivía con ellos. Jesús es el mismo, pero no está con ellos de la misma manera que lo hacía cuando andaba por los caminos de Galilea..."
A lo largo de nuestra vida hemos reflexionado en la "resurrección" de Jesús y hemos escuchado a Pablo diciendo que "si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe".  Y nos hemos encontrado en un callejón sin salida... José A. Pagola escribe así: "Siempre que pretendemos fundamentar la fe en el Resucitado con nuestras elucubraciones lo convertimos en un fantasma. Para encontrarnos con él hemos de recorrer el relato de los evangelios; descubrir esas manos que bendecían a los enfermos y acariciaban a los niños, esos pies cansados de caminar al encuentro de los más olvidados; descubrir sus heridas y su pasión..."
Así pues, en muchos momentos hemos convertido a Jesús de Nazaret en un fantasma tratando de darle forma y cuerpo material. Y nuestra fe la hemos apoyado en imaginaciones y representaciones que están muy lejos de la experiencia pascual de los primeros seguidores.
"El relato de Emaús, que precede al texto de hoy, -escribe Fray Marcos- había dejado claro que Jesús se hace presente en el camino de la vida, en la Escritura y en la fracción del pan. Aquí se hace presente en medio de la comunidad reunida. Esto lo tenía ya muy claro la primitiva iglesia, cincuenta o sesenta años después de la muerte de Jesús, cuando se escribió este evangelio..."

Y para terminar el comentario de hoy como una reflexión personal para mi vida, el texto de la carta de Juan me obliga a cuestionar todo lo que hay en mí de "religioso y cristiano". Y lo expresa Fray Marcos de esta manera:..."Quien dice: yo le conozco y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso. Está claro que no habla de un conocimiento teórico, sino de una identificación con él. Una erudición exhaustiva sobre la figura de Jesús no garantiza una vida cristiana. Aceptar con escrupulosidad todos los dogmas no dará garantía ninguna de verdadera salvación en Jesús. No se trata de conocer mejor a Jesús, sino de nacer a la Vida que él vivió y desplegarla con la mayor intensidad posible..."


Texto del evangelio de Lucas (24,35-48)

domingo, 8 de abril de 2018

¿Estoy vivo?

Domingo 8 de abril de 2018

Estamos en los domingos después de la Pascua y los textos que escuchamos nos hablan de la experiencia de aquellos primeros seguidores (hombres y mujeres) que pasaron del miedo, del desánimo y decepción a la alegría del anuncio de la Vida Nueva (la resurrección).
El caso de Tomás nos viene bien a nosotros: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
Como comentaba el sacerdote en la eucaristía, hoy eso de ser cristiano ya no se lleva. Se ha pasado de la costumbre y hábito social de ir a misa, de cumplir, a una indiferencia e incredulidad que exige "la señal de los clavos y poder tocar..."
Nos hemos quedado con la religión que aprendimos en la primera comunión o en algunas clases del colegio. Aprendimos religión y aprendimos algo de Jesús de Nazaret; pero no experimentamos.
De ahí mi pregunta: ¿Estoy vivo? Que es como preguntarme si tiene sentido y profundidad mi vida.
Me gustó el resumen que nos hizo José Manuel (el sacerdote que nos habló en la eucaristía): Para tener Vida Nueva (al estilo de Jesús de Nazaret) necesitamos tres cosas - La Palabra (leer, escuchar y meditar el evangelio, la buena noticia de Jesús) - El Pan (la eucaristía celebrada en la comunidad, la fracción del pan) - Los Pobres (la solidaridad, el compartir, la compasión y el repartirnos).
Todo un programa que me ayuda a examinar si estoy vivo, si voy entrando en el estilo de Jesús de Nazaret.

Fray Marcos nos ofrece este comentario: "El mensaje para nosotros hoy es claro: Sin una experiencia personal, llevada a cabo en el seno de la comunidad, es imposible acceder a la nueva Vida que Jesús anunció antes de morir y ahora está comunicando. Se trata del paso del Jesús aprendido al Jesús experimentado. Sin ese cambio, no hay posibilidad de entrar en la dinámica de la resurrección. Que Jesús siga vivo no significa nada si yo no vivo..."
Texto del evangelio de Juan (20,19-31)