...Él nos lo ha dado a conocer
4 de enero 2026
El texto que escuchamos este domingo segundo de Navidad nos habla Juan en unos términos que se nos hace difícil de captar y asimilar. Noas habla del Verbo, del Logos, de la Palabra...
"Ella contenía vida, y la vida era la luz del hombre. La Vida es primero que la luz. La iluminación viene precisamente porque ha llegado la Vida. El Génesis dice que la Luz fue lo primero. La idea de que la Vida es anterior a la luz, es clave para entender el evangelio de Jn.
El mundo no la reconoció. Los suyos no la acogieron. Para el AT el pecado era no obedecer a Dios. Para Juan, es no reconocer a Jesús. No hay que entenderlo en el sentido intelectual griego, sino en el sentido semita. Conocimiento que entraña una actitud de fidelidad.
A cuantos le recibieron, los ha hecho capaces de hacerse hijos de Dios. Se trata de una afirmación rotunda y desorbitada. Dios es siempre Padre, pero el ser hijo depende de cada ser humano. Ninguna de las ideas de hijo sirve para comprender lo que Juan quiere decir. La fe en Jesús nos capacita para actuar como Dios, para hacer presente a Dios, para ser hijos."
Todo ese largo comentario de Fray Marcos puede ayudarnos a entrever el mensaje del texto del evangelio de Juan. Sólo cabe apuntarnos a vivir siguiendo las huellas del Maestro. Vivir... No, a saber cosas sobre el evangelio, sobre Jesús, sobre Dios o sobre los santos. Nuestra vivencia nos hará empezar a experimentar eso de ser hijos de Dios.
Texto del evangelio de Juan 1, 1-18
En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo. En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
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