...Un hombre que sembró buena semilla en su campo
19 de julio 2026

Jesús era un hombre de campo. Conocía la vida de su gente: los trabajos, las preocupaciones, las condiciones y tiempos de la siembra y de la cosecha. Lo había visto muchas veces y, seguro, también había participado en esas labores.
Así pues, a la hora de hacer llegar el mensaje de la Buena Noticia del Reino de Dios, echa mano de lo que todos saben y conocen.
Este domingo leemos (escuchamos) el texto del evangelio de Mateo: "El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo..."
Pero luego, cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña...
(Cizaña o falso trigo: Planta de tallo alto y flores en espiga, que crece como mala hierba en los sembrados y puede ser venenosa)
Sí, esas cosas pasan. Siembras buena semilla y... El texto del evangelio, en su sentido profundo y espiritual, sugiere que "el enemigo" lo ha hecho. Así, sin aclarar más.
El mensaje que quiere transmitir la parábola está en la respuesta que da a los criados: -“¿Quieres que vayamos a arrancarla?”.
Pero él les respondió:
“No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”
Tenemos tendencia a juzgar, a encasillar, a clasificar... Buenos y malos. Gente buena y gente mala. Los que son buena semilla y los que son malas hierbas, cizaña, cardos y abrojos. A nosotros nos gustaría ser los jueces para señalar, denunciar y condenar... a todos esos cizañosos que vamos encontrando en nuestro camino.
Pero Dios no es así. Tal vez el Dios del Antiguo Testamento tenía ese aire y esas maneras de Juez, Vigilante y Castigador que premiaba, sí, las buenas obras; pero que también vengaba y castigaba duramente las malas acciones...
Jesús, en su mensaje, en su buena noticia del Reino de Dios (es decir al querer transmitirnos su vivencia de Dios) nos dice que Dios es nuestro padre y que mira a todas sus criaturas con unos ojos tan llenos de ternura, de amor, de compasión y de cariño que nos ve y nos tiene en cuenta como sus hijos e hijas, que sabe que somos débiles, que fallamos, que nos equivocamos, que cometemos errores... Y sonríe ante nuestras travesuras, nuestros enfados, nuestras rabietas, nuestros caprichos en los que nos dejamos llevar de nuestro egoísmo, de nuestros deseos de vivir, gozar y disfrutar sin pensar en nadie más...
Claro que en nuestro corazón, en nuestra vida, en nuestro ser, se sembró buena semilla... Pero el enemigo durante la noche sembró también la cizaña... (la noche: esos momentos en los que el egoísmo, los deseos de gozar y de placer, el ansia por tener y poseer, esos impulsos de dominar y estar por encima de los demás).
Nos gustaría precipitarnos a arrancarla... Denunciar, juzgar, castigar...
Nos toca aprender a mirar como lo hace Dios mismo. También ser consciente de que, también en nosotros está presente la cizaña, los errores, las equivocaciones, los enfados y caprichos... La paciencia de Dios, al igual que su amor, es infinita. Y el tiempo que nos da, ese tiempo que nos regala cada día, es para que vaya tomando conciencia de su reino, de su presencia en mi vida y en la de todas las personas que me encuentro.
Texto del evangelio de Mateo 13, 24-30
En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente diciendo:
«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo:
“Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”.
Él les dijo:
“Un enemigo lo ha hecho”.
Los criados le preguntan:
“¿Quieres que vayamos a arrancarla?”.
Pero él les respondió:
“No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».
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