..."Las ovejas le siguen, porque conocen su voz..."
26 de abril 2026

Hay temas en las narraciones del evangelio que, hoy en día, nos resultan extrañas por los cambios tanto en la cultura, en las costumbres y en las actividades sociales, agrícolas o ganaderas.
Como bien explica Fray Marcos, "-La puerta y el pastor es la misma metáfora. Los rediles de la época (donde se guardaban los rebaños de ovejas) no tenían puerta sino una entrada angosta (estrecha) que obligaba a pasar las ovejas de una en una. El pastor colocado en el hueco hacía de vigilante y de puerta. Por la noche, todo el ganado se guardaba en el mismo redil. Y por la mañana cada pastor llamaba a las suyas por el nombre y el guarda las dejaba salir una a una..."
Entendida de esa manera, resulta de un impacto y de un sugerente increíble. Juan o la comunidad que fue redactando el cuarto evangelio lo había ido meditando, dándole vueltas, rumiando dentro de sí desde hacía años. Todos (hombres y mujeres) hemos sido llamados, escogidos, invitados a unirnos a ese movimiento de seguidores de Jesús de Nazaret. Y, cada día, nos llama. Y lo hace por nuestro nombre. Él nos conoce y nosotros le conocemos, escuchamos su voz y...le seguimos.
No es necesaria ninguna voz especial. No se trata de una vocación para estar por encima de los demás. Es algo que nos llega desde dentro. Y es una llamada de amor, de cariño. Es esa invitación que me da ánimo y fuerza y entusiasmo... Porque es una invitación a vivir de una manera diferente, con unos valores y unos objetivos que no tienen nada que ver con las propuestas que nos llegan por todos los medios de comunicación (revistas, periódicos, radio, televisión, modas, gustos).
Jesús de Nazaret sigue hablando y proclamando el reino de Dios (la vida misma de Dios) dando un cambio a nuestra manera de vivir y de entender lo que hacemos, lo que pensamos y lo que deseamos. Y nos habla de fraternidad, de servicio, de entrega, de solidaridad, de sentirme uno con las otras personas, con las cosas, con nuestra tierra, con todo el universo. Y es más importante alcanzar un grado mayor de humanidad que todo lo que me ofrece la moda, los gustos, las apariencias, el poder, la riqueza... Todo eso que es como construir sobre arena o agarrarse a cosas que hoy están y mañana desaparecen.
En el sentir de aquellos primeros seguidores de Jesús entendieron muy bien que responder a esa invitación les daba una vida que les llenaba, les daba toda la paz y la alegría que una persona podía desear: Ponen en boca de Jesús estas palabras: -"Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante..."
¿Acaso no es eso lo que todos nosotros andamos buscando siempre? Necesitamos ese tiempo de reposo y de tranquilidad para escuchar y rumiar en nuestro interior esa invitación que me hace cada día Jesús de Nazaret.
Texto del evangelio de Juan 10, 1-10
En aquel tiempo, dijo Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:
«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.
Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.
El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».
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