miércoles, 25 de febrero de 2026

Levantaos, no temáis

Éste es mi hijo, escuchadle

1 de marzo 2026

Siguiendo la dinámica de la Iglesia, en este segundo domingo de Cuaresma nos propone la narración del evangelio de Mateo: La Transfiguración. Una escenificación de lo que aquellos primeros seguidores de Jesús (recordando todo lo que habían escuchado, lo que habían sentido, lo que les llenaba el corazón) entendieron años después. Aquel Jesús de Nazaret que andaba por los pueblos, que les hablaba de Dios (nuestro padre, nuestro Abbá), que les quería abrir los ojos a un mundo nuevo, a una manera nueva de vivir...

Sí, a pesar del final tan desastroso en la cruz, ése era Jesús de Nazaret, Tan unido al sentir y a la voluntad de Dios, que les hacía entrever lo que significaba ser hijo de Dios.

Quizás tendríamos que decir que, en nuestro caminar tras las huellas de Jesús, nos hemos distraído contemplando la escena de la Transfiguración en el monte Tabor quedándonos con esa imagen allá en la nube (con Moisés y Elías) y con la voz de fondo que nos dice: Éste es mi hijo amado. ¡Escuchadle! Y de esa voz hemos deducido un mandato que nos anima a repetir una y otra vez las mismas palabras... Es el hijo de Dios. Es el hijo de Dios. Es el hijo de Dios... De ahí, la adoración, la admiración, el inclinarnos ante él, sentirnos pecadores...
Mirando hacia arriba, a ese cielo en el que vive con Dios Padre y el Espíritu Santo.

Entiendo que es un desenfoque que nos aleja del mensaje mismo que aquellas primeras comunidades quisieron transmitirnos.
Jesús clamó y anunció el Reino de Dios: la necesidad de cambiar de vida, de convertirnos para entrar en ese modo nuevo, de hijos-hijas de Dios.
Es como cuando escuchamos a un predicador que nos habla de la nueva humanidad, de ser hermanos, de mirar en nuestro entorno, de descubrir al prójimo, al desvalido, al marginado, a oprimido... y nos quedamos mirando al predicador y le alabamos lo bien que habla, su discurso, su modo de actuar...; pero no terminamos de escucharle, de prestar atención a su mensaje.

Como comenta muy bien Fray Marcos: -"En los relatos pascuales, se quiere resaltar que el Jesús que se les parece es el mismo que anduvo cono ellos en Galilea. En este relato se dice lo mismo, pero al contrario. Ese Jesús que vive con ellos es ya Cristo glorificado."
-"La voz dice que debemos escucharle a él. Pero seguimos aferrados al Dios del Antiguo Testamento. Yo diría: ¡Escuchad como Jesús escuchó!. La tarea de escuchar es más urgente que nunca."

Continuamente vamos diciendo que todo esto que leemos es palabra de Dios. Hemos hecho de la narración algo divino, algo definitivo y que no se puede cambiar. Nos aferramos a las palabras. Pero no hacemos nuestro el mensaje. 
La invitación de Jesús a la conversión, a entrar en el reino de Dios, es una exigencia a la que nos invita: Abrir nuestro corazón y escuchar a Dios... Sí, a Dios que está en los hermanos y hermanas. A Dios que está dentro de mí mismo. A Dios que actúa en el universo, en la naturaleza, en la vida que se desarrolla alrededor nuestro...
Nuestros ojos están como cerrados y nuestros oídos parece que están conectados a otras redes sociales, a otros mensajes, a otros canales que nos parecen más atractivos...
El que tenga oídos para oír, que oiga. Y el que tenga ojos para ver, que los abra bien abiertos y se deje deslumbrar de la maravilla que nos rodea.

Texto del evangelio de Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

lunes, 16 de febrero de 2026

Si eres hijo de Dios...

...No tentarás al Señor tu Dios

22 de febrero 2026

Avanzamos con nuestro tiempo, con las estaciones, como la hace la naturaleza y nuestras propias vidas. Y, siguiendo el calendario de la Iglesia, comenzamos el tiempo de Cuaresma.

Ya se celebró el Miércoles de Ceniza. Y con este domingo damos comienzo a ese tiempo que siempre, a través de los mensajes, sermones y explicaciones de los dirigentes de las iglesias, iniciamos el tiempo de penitencia... Marcado, quizá, por el mismo lenguaje de la ceniza. Eso que se nos dice en la imposición de la misma: Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás... Y con ese pensamiento se nos proponía todas las prácticas piadosas (oraciones, viacrucis, penitencias y mortificaciones, privaciones, limosnas...). Todo ello para alcanzar el perdón de los pecados... Que Dios tenga piedad de nosotros y nos perdone. Que no tenga en cuenta nuestros pecados y miserias...

Hoy, mi reflexión apunta en otra dirección. Me pregunto si todo eso (tan recomendado, tan religioso y tan piadoso) es, de verdad, el camino del evangelio.
Y, sinceramente, creo que no. El mensaje de Jesús de Nazaret no es ése. En la voz de Jesús su mensaje sonaba y debe sonar a Buena Noticia, a invitación a una fiesta, a un regalo especial, a algo que es más rico y más importante que todo lo que tengo...
Jesús nos invita y nos llama a un cambio. Cambio, no por la penitencia, por las mortificaciones y privaciones que pueda imponerme; sino por el sentido profundo de mi vida. Por el objetivo al que la voy a enfocar.

Si no entiendo eso, si no capto el mensaje... puedo, incluso, (como dirá Pablo) quemar mi cuerpo en la hoguera, hablar lenguas, tener todos los conocimientos, saber de memoria la Biblia entera... Si no tengo amor... De nada me sirve.

Descubrir y profundizar en el amor (que es Dios mismo). Hacerme uno con Él. Ver y escuchar esa voz que me habla desde las personas (hombres y mujeres), desde la naturaleza, desde todas las maravillas que son como ese aliento vital de ese Ser al que llamamos Dios (o como queramos llamarlo).

Comenta Fray Marcos: -"Se nos ha insistido que la cuaresma era un tiempo de examen de conciencia para descubrir nuestros fallos y sentirnos pecadores. Pero se trata de tomar conciencia de nuestro error y enderezar los pasos hacia la meta..." -"Más importante que mortificarnos mirando los fallos del pasado, es descubrir dónde está la meta y dirigirnos a ella..."

Si entendiéramos la vivencia de Jesús de Nazaret: que Dios es amor, es nuestro Abbá -papá/mamá- (alguien tan superior a la imagen que podamos hacernos de un padre o una madre según nuestra manera humana de pensar e imaginar) creo que quedaríamos tan enamorados de Él, tan agarrados a Él, que no sabríamos vivir si su continua referencia. Algo de eso fue la vivencia de Jesús de Nazaret. Y de tantos hombres y mujeres que se vieron transformados (les llamamos místicos).

Creo que es a eso a lo que estamos llamados e invitados (no sólo en el tiempo de cuaresma; sino siempre)

Texto del evangelio de Mateo 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El tentador se le acercó y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».
Pero él le contestó:
«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».
Jesús le dijo:
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los
reinos del mundo y su gloria, y le dijo:
«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».
Entonces le dijo Jesús:
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

miércoles, 11 de febrero de 2026

Habéis oído que se dijo a los antiguos...

...Pero yo os digo: ...Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no

15 de febrero 2026

Después de leer y escuchar las Bienaventuranzas, el texto del evangelio de Mateo que escuchamos este fin de semana es como desmenuzar y profundizar el mensaje que nos trae Jesús de Nazaret.

"Habéis oído que se dijo a los antiguos..."  Y comenta los mandamientos. Sí, los mismos que aprendimos en el Catecismo cuando íbamos a hacer la Primera Comunión: "No matarás..." "No cometerás adulterio..."“No jurarás en falso”... “Cumplirás tus juramentos al Señor”...

Y yo mismo me digo si, en estos momentos, no me estará diciendo lo mismo a mí y a toda la comunidad de cristianos/as que vamos a la misa de los domingos. 
"Habéis oído que se dijo a los antiguos (que os dijeron cuando erais niños(as)..." Pero yo os digo... Esas palabras son las que suenan fuerte y marcan el camino.
Si, tal y como yo creo, el primer paso para seguir las huellas del Maestro es la conversión, el cambio de mentalidad y de manera de vivir, entonces, según mi opinión, las palabras de Jesús tienen que hacernos reflexionar y ver mi nivel de conversión...
"-...Todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego... Y si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda..."

Lo mismo con referencia a los otros mandamientos. Porque no es la letra de los mandamientos (de la Ley) la que nos salva. Nos salvamos cuando vemos al prójimo... (como hermano/a). Cuando somos compasivos. Cuando nos paramos a escuchar. Cuando echamos una mano. Cuando perdonamos. Cuando somos sal y luz en la vida y en nuestro entorno. Cuando descubrimos a Dios (nuestro padre-madre) en medio de mis tareas diarias, en mi entorno, en mi trabajo, en mí mismo...

Si sólo cumplimos los mandamientos... (olvidando o siendo indiferente hacia las otras personas), puedo decir que hemos equivocado el camino. No somos seguidores de Jesús de Nazaret.

Ése es el punto de reflexión de este domingo. Ése es también nuestro compromiso y nuestro objetivo.

Texto del evangelio de Mateo 5, 17-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.

El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.

Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos.

Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio.

Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego.

Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo. Habéis oído que se dijo:
“No cometerás adulterio”.

Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón.

Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”.

Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”.

Se dijo: “El que se repudie a su mujer, que le dé acta de repudio.” Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer -no hablo de unión ilegítima- la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio.

También habéis oído que se dijo a los antiguos: “No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.

Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».

jueves, 5 de febrero de 2026

Vosotros sois la sal de la tierra


...Si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

8 de febrero 2026

Una vez comienza Jesús su caminar por los pueblos de Galilea anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios... ("Convertíos. El reino de Dios está cerca..."), trata de explicar a la gente su significado y su importancia.

Tenemos que cambiar. El reino de Dios no es algo que tenga que venir de lejos, de fuera. Dios, su reino, estará entre nosotros si cambiamos nuestra manera de vivir, nuestro comportamiento, nuestra manera de relacionarnos. Y nos habla en parábolas. Pequeños cuentos que cualquiera puede entender.

Así, este domingo, escuchamos: "Vosotros sois la sal de la tierra... Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente." Y la gente asentía con la cabeza. Tiene razón. O sea que soy yo el que tiene que dar sabor a la vida. Y si no doy sabor, si soy una persona sosa... Ese detalle dirá mi grado de humanidad. Si vivo de manera que el reino de Dios vaya apareciendo entre nosotros.

Y sigue otra comparación: -"Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa."

Como comenta Fray Marcos: -"Dos comparaciones aparentemente sin importancia, pero que tiene un mensaje de gran valor para el cristiano (para toda persona que quiera seguir a Jesús), pues su tarea más importante sería sazonar e iluminar." 

-"La sal para salar, tiene que disolverse, dejar de ser lo que era. La lámpara produce luz, pero el aceite o la cera (que es lo que se usaba en tiempos de Jesús) se consumen. Resulta que mi existencia sólo tendrá sentido en la medida en que me consuma en beneficio de los demás."

De manera que así responde a nuestra pregunta: -"Qué tenemos que hacer?" Ser como la sal o como la luz. Todos entendemos y sabemos comprobar si nuestra comida está bien condimentada. La sal... Casi ni nos acordamos que nuestra comida lleva sal... Desapareció en la comida para darle el sabor justo. Así tiene que ser nuestra vida: Dando sabor, alegría, paz, compasión y empatía. 

Y somos luz sin necesidad de grandes palabras.  Simplemente estamos ahí y nos vamos consumiendo mientras iluminamos la vida de los que nos rodean.

Creo que ése es el mayor cambio que tenemos que ir dando a los días de nuestra vida.

Texto del evangelio de Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?

No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.

Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.

Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

Yo soy la resurrección y la vida

"El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá" 22 de marzo 2026 Imma Calvo nos ofrece una bella introducción a la lectura y mensa...