miércoles, 21 de enero de 2026

«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos»

..."Recorría toda Galilea proclamando el evangelio del Reino"

25 de enero 2026

Para mí, éste es el mensaje primero y principal de Jesús de Nazaret. Ya estamos en el 3º domingo de lo que llamamos el "tiempo ordinario" del calendario de la Iglesia. Y, poco a poco nos va a ir desplegando las enseñanzas y el mensaje del Maestro.

Pero, como digo, esta proclamación de su mensaje es el primer y principal paso para iniciarnos en el reino de Dios. Ese grito, esa voz: Convertíos!, cambiad vuestro estilo de vida. Dad la vuelta. Modificad vuestros planes y objetivos...
Y esa invitación es la que nos dirige a cada uno de nosotros. Es nuestra vocación o llamada. 
La estructura y organización de la Iglesia, después de tantos siglos, nos ofrece una mecánica y unos pasos que hacen que lo importante sea seguir la secuencia de los sacramentos... Con ello tendríamos asegurada la entrada en el reino de Dios y la salvación. 
Bautizados siendo bebés, nadie nos exige una conversión. La damos por descontado. Seguiremos con la catequesis y primera comunión. Luego será el momento de la confirmación (si la recibimos) y más adelante el matrimonio... 
-¿Dónde quedó la conversión? Nos referiremos a ella durante la Cuaresma. Y nos hablarán de la confesión y de los actos de penitencia...
Pero, a mi entender, ese primer paso, esa exigencia primera, es primordial. Seguir las huellas del Maestro nos pide ese cambio de mentalidad. Y, cada vez que nos reunimos (en su nombre) para la oración, para la eucaristía, para lo que sea... debemos decirnos unos a otros el mensaje de Jesús: "Convertíos, porque el reino de Dios está cerca..." (está entre nosotros o dentro de nosotros).
A veces oigo decir (o predicar) sobre el regalo de la fe... Y me digo a mí mismo: Dios es un regalo constante. Dios es todo el amor que nos envuelve. Y, siguiendo los pasos de Jesús, todos estamos llamados a esa conversión... para vivir como verdaderos hijos e hijas de nuestro padre-madre Dios. El regalo está ahí... Falta que yo lo acoja, lo acepte, lo haga mío, se convierta en algo vital para mí, en algo que me motiva en cada momento de mi existir... Porque ¿de qué sirve que me ofrezcan un regalo si no lo acepto? ¿de qué sirve que me llegue una invitación a una fiesta maravillosa, si me niego a ir?


Texto del evangelio de Mateo 4, 12-23

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,
una luz les brilló».

Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».

Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.

Les dijo:

«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.

Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.

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