...Un tesoro escondido en el campo
26 de julio 2026

El texto del evangelio que escuchamos/leemos este domingo, al igual que otros muchos textos, ya los conocemos. Los hemos escuchado tantas veces...
La dificultad que encontramos en nuestra vida cristiana, como seguidores de Jesús, no está en nuestra falta de conocimiento. Iba a decir que sabemos demasiado. Hemos escuchado a muchos maestros y doctores. Nos han explicado tanto y de tantas maneras que nuestra primera reacción es la de...Sí, ya lo sé. Conozco todo eso.
Quizás nuestro problema es que, al igual que muchos de aquellos hombres, conocedores y doctores de la Ley, seguimos prefiriendo ser maestros de la Ley, cumplidores de esos escritos y sabernos y sentirnos merecedores del premio de la vida eterna... Porque cumplimos con lo mandado.
Pero seguimos siendo ciegos y sordos. Ni vemos, ni oímos. En ningún momento hemos descubierto ningún tesoro, ni encontrado ninguna perla preciosa...
Buscamos fuera lo que llevamos dentro. Investigamos libros y volúmenes como si fuéramos científicos y somos incapaces de percibir la grandeza de Dios en nosotros y en todo lo que nos rodea.
Cuando Jesús habla del reino de los cielos está hablando de Dios, de su experiencia y vivencia profunda de Dios. Lo es todo en su vida. Vale más que todo lo que le rodea. Deja todo atrás. Ve en lo profundo. Escucha y trata de captar el paso de Dios en ese mundo de flores, de pájaros, de gentes que van y vienen, de niños que juegan, de mamás que cuidan de su familia y de su casa... Y le resulta tan maravilloso que, a la hora de compartirlo, utiliza imágenes, gestos y actitudes que ha visto u oído a lo largo de su vida. El reino de los Cielos se parece a... Y esa persona, una vez que descubre el tesoro o la perla preciosa...va a vender todo lo que tiene y compra el campo o la perla preciosa.
Vende todo lo que tiene... Todo es menos importante que lo que acaba de encontrar. Lo más importante en su vida ya no es la casa, ni el trabajo, ni las relaciones sociales, ni el dinero, ni el poder, ni el estar por encima de los demás, ni ser famoso, ni ser tenido por bueno, por santo, por muy religioso...
Cuando Dios es lo más importante para mí, todo lo demás deja de tener la urgencia de ver, de saber, de tener, de dominar...
Eso me lleva a vivir centrado en este momento (que, además, es lo único que tengo). En vivirlo con la máxima intensidad... Porque ahí anda Dios.
Muchas veces revivo algo que me enseñaron hace tiempo y me digo y repito: "Este momento es maravilloso. Soy feliz". Feliz porque toda mi vida es un regalo, algo maravilloso que me han dado. Porque respiro y mi corazón sigue latiendo (día y noche)...sin que yo haga ningún esfuerzo. Porque todo a mi alrededor es mucho más maravilloso y milagroso de lo que yo podría soñar: Las flores, los pájaros, las plantas, todas las personas que encuentro... Todo eso es vida. Y ese aliento es sólo el reflejo de Dios mismo.
Entonces, qué fácil es rezar al estilo de Jesús... "Que sea santificado tu nombre. Que tu reinado se haga presente en mi vida. Que sepa hacer lo que esperas de mí..."
Y voy entendiendo que tengo que ir cambiando. Que lo más importante es que en este momento ponga todo mi corazón en amar, en servir, en entregarme, en mirar como Dios nos mira, en ser compasivo y lleno de ternura, en perdonar y en cuidar de las otras personas...
El reino de los cielos se parece a... Y se fue a vender todo lo que tenía para comprarlo.
Texto del evangelio de Mateo 13, 44-52
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.
El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Habéis entendido todo esto?».
Ellos le responden:
«Sí».
Él les dijo:
«Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».
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