jueves, 13 de abril de 2017

Actualizar mi eucaristía

Resultado de imagen de eucaristia del jueves santoMuchísimas veces me he cuestionado la eucaristía. La mía. La que comparto con las personas que acuden a nuestra parroquia. Qué sentido y en qué afecta a mi vida?
Para el comentario de este Jueves Santo quiero compartir este texto tomado de un artículo de Fray Marcos. Me ha gustado mucho y me parece que responde a muchas de esas preguntas que me he hecho tantas veces.
SOY PAN QUE ME PARTO Y ME REPARTO - SOY VIDA QUE ME DERRAMO PARA TODOS
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"...Debemos tomar conciencia de la importancia de lo que celebramos, como la toma el evangelista Jn cuando ha hecho esa grandiosa obertura: “Consciente Jesús de que había llegado su “hora”, la de pasar de este mundo al Padre, él que había amado a los suyos que estaban en el mundo, les demostró su amor en el más alto grado. Pero no es menos sorprendente el final del relato: “¿Entendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis el “Maestro” y el “Señor”; y decís bien, porque lo soy. Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, sabed que también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros”.
Comenzamos por el lavatorio de los pies. No porque sea más importante que la eucaristía, sino porque espero que esta reflexión nos ayude a comprenderla mejor. En ese gesto, Cristo está tan presente como en la celebración de la eucaristía. Lavar los pies era un servicio que solo hacían los esclavos. Jesús quiere manifestar que él está entre ellos como el que sirve, no como señor. Lo importante no es el hecho físico, sino el simbolismo que encierra. La plenitud de Jesús como ser humano, está en el servir a los demás. Fijaos que ese profundo simbolismo es lo que se quiere manifestar en el evangelio de Juan.
El más espiritual y místico de los evangelistas, el que más profundiza en el mensaje de Jesús, ni siquiera menciona la institución de la eucaristía. Sospecho que la eucaristía se había convertido ya en un rito mágico y formal, vacío de contenido, y Juan quiso recuperar para la última cena el carácter de recuerdo de Jesús como don, como entrega. Jesús denuncia la falsedad de la grandeza humana que se apoya en el poder o en el dominio de los demás, y proclama que la verdadera plenitud humana está en parecerse a Dios, que se da siempre y a todos sin condiciones ni reservas.
Poco después del texto que hemos leído, dice Jesús: “Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros como yo os he amado”. Esta es la explicación definitiva que da Jesús a lo que acaba de hacer. Para el que quiere seguir a Jesús, todo queda reducido a esto: ¡Amaos! No dijo que debíamos amar a Dios, ni siquiera que debíamos amarle a él. Tenemos que amar a los demás, eso sí, como Dios ama, como Jesús amó. Una eucaristía celebrada como una devoción más, que comienza y termina en la iglesia, no es la eucaristía que celebró Jesús. Debemos hacer un verdadero esfuerzo por superar la tentación de seguir oyendo misa y comprometernos en la celebración de la eucaristía.
En este relato del lavatorio de los pies, no se dice nada que no se diga en el relato del pan partido y del vino derramado; pero en la eucaristía corremos el riesgo de quedarnos en una visión espiritualista y abstracta que no afecta a mi vida concreta. La presencia real de Cristo en el pan y en el vino, entendida de una manera estática y física, nos ha impedido durante siglos, descubrir el aspecto vivencial del sacramento y dejarnos al margen de la verdadera intención de Jesús al compartir esos gestos con sus discípulos.
Tenemos que hacer un esfuerzo por descubrir el verdadero signifi­cado de la eucaristía a la luz del lavatorio de los pies. Jesús toma un pan y mientras lo parte y lo reparte les dice: esto soy yo. Recordemos que “cuerpo” en la antropología judía del tiempo de Jesús, quería decir persona, no carne. Como si dijera: meteos bien en la cabeza que yo estoy aquí para partirme, para dejarme comer, para dejarme masticar, para dejarme asimilar, para desaparecer dando mi propio ser a los demás. Yo soy sangre (vida) que se derrama por todos, es decir, que da Vida a todos, que saca de la tristeza y de la muerte a todo el que me bebe. Eso soy yo. Eso tenéis que ser vosotros.
Por haber insistido exclusivamente en la presencia real de Cristo en la eucaristía, nos acercamos al sacramento como a una realidad misteriosa, pero que no tiene valor de persuasión, no me lleva a ningún compromiso con los demás. La presencia real, por el contrario, debía potenciar el verdadero significado del gesto. Nos debía de recordar en todo momento lo que Jesús fue y lo que nosotros, como cristianos, debemos ser. El haber cambiado este sentido dinámico por una adoración, ha empobrecido el sacramento hasta convertirlo en algo aséptico, que nada me exige y nada me motiva.
Lo que Jesús quiso decirnos en estos gestos es que él era un ser para los demás, que el objetivo de su existencia era darse; que había venido no para que le sirvieran, sino para servir, manifestando de esta manera que su meta, su fin, su plenitud humana solo la alcanzaría cuando llegara a la donación total en la muerte asumida y aceptada. Solo un Jesús des-trozado puede ser asimilado e integrado en nuestro propio ser. Descubrir que destrozarnos para que nos puedan comer, es también la meta para nosotros, es el primer objetivo de un seguidor de Jesús. Pero de esto hablaremos mañana, Viernes Santo.

lunes, 10 de abril de 2017

Una lectura diferente

Domingo 9 de Abril de 2017

Ya estamos en Semana Santa y vuelven a ser noticia las procesiones, las ceremonias religiosas y tantas manifestaciones que de una manera o de otra vivimos cada año.
Resultado de imagen de la cruz de jesúsQuizás una de las cosas que más me cuesta aceptar es la manera de explicar y presentar la Pasión de Jesús de Nazaret.
Aquellas primeras comunidades de seguidores de Jesús de Nazaret sufrieron tal choc con ese final tan terrible del Maestro que echaron mano a todo lo que sabían y podía ayudarles: los textos de los profetas, ciertas tradiciones del pueblo judío, los salmos... Incluso las cartas que escribe Pablo a las comunidades están llenas de razonamientos y argumentos que intentan ayudar a asumir ese final en el que Jesús termina "como un esclavo", con una "muerte en la cruz" como un malhechor.
A partir de ahí, la iglesia ha elevado de tal forma la figura de la cruz que ya ha perdido toda la fuerza y el impacto que supuso. Se habla de categoría de Dios, de una muerte por los pecados de los hombres, de la cruz que nos salva, del sufrimiento como camino hacia la resurrección... Y de ahí, la adoración, el convertir en sagrado el templo, los ritos, las ceremonias, las personas que lo rodean alejándonos más y más del mensaje y proyecto de Jesús de Nazaret.
Y es que la pasión y muerte violenta de Jesús es consecuencia de su opción por el reino de Dios, por la buena noticia, por ese estilo nuevo de humanidad en el que la persona (hombre, mujer, niño, niña) son más importantes que los ritos y ceremonias; que "el sábado es para el hombre y no al revés..."; que más vale la compasión que las ofrendas; que si vas al templo o a misa y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra tí, deja todo eso y ve a reconciliarte con tu hermano...; que lo sagrado y donde debemos adorar a Dios, en espíritu y verdad, no es en Jerusalén o en Roma o en la iglesia de tu pueblo... sino en la vivencia de la fraternidad, la solidaridad y la justicia.
De ahí que nos haga falta una lectura diferente. Por eso voy a citar a personas que nos entender mejor y a vivir la semana santa siguiendo las huellas de Jesús de Nazaret.

José Antonio Pagola comenta: "La ejecución del Bautista no fue algo casual. Según una idea muy extendida en el pueblo judío, el destino que espera al profeta es la incomprensión, el rechazo y, en muchos casos, la muerte. Probablemente, Jesús contó desde muy pronto con la posibilidad de un final violento... Pero Jesús no fue un suicida. Tampoco buscaba el martirio. Nunca quiso el sufrimiento ni para él ni para nadie. Dedicó su vida a combatirlo en la enfermedad, las injusticias, la marginación o la desesperanza. Vivió entregado a «buscar el reino de Dios y su justicia»: ese mundo más digno y dichoso para todos que busca su Padre."

Y Fray Marcos nos ofrece estos comentarios: "Pocos aspectos de la vida de Jesús han sido tan manipulados como su muerte. Llegar a pensar que a Dios le encanta el sufrimiento humano y que por lo tanto no solo hay que aceptarlo, sino buscarlo voluntariamente, ha sido tal vez la mayor tergiversación del Dios de Jesús. Desde esta perspectiva, es lógico que se pensara en un Dios que exige la muerte de su propio hijo para poder perdonar los pecados de los seres humanos. Esta idea es lo más contrario a la predicación de Jesús sobre Dios que pudiéramos imaginar.
1º La muerte de Jesús no fue ni exigida, ni programada, ni permitida por Dios. El Dios de Jesús no necesita sangre para poder perdonarnos. Seguir hablando de la muerte de Jesús como condición para que Dios nos libre de nuestros pecados, es la negación más rotunda del Dios de Jesús. Esa manera de explicar el sentido de la muerte de Jesús no nos sirve hoy de nada, es más, no mete en un callejón sin salida. La muerte de Jesús, desvinculada de su predicación y de su vida no tiene el más mínimo valor o significado.
2º La muerte en la cruz no fue el paso obligado para llegar a la gloria. El domingo pasado veíamos que la muerte biológica no quita ni añade nada a la verdadera Vida. Con vida plena puede uno estar muerto, y en la misma muerte biológica puede haber plenitud de Vida. Jesús murió por ser fiel a Dios. Jesús quiso dejar claro, que seguir amando como Dios ama, es más importante que conservar la vida biológica. No murió para que Dios nos amara, sino para demostrar que ya nos ama, con un amor incondicional."

Agradezco inmensamente a estos autores (y otros como ellos) que me ayudan a crecer en la fe y en la esperanza tratando de seguir al Maestro
Texto del evangelio de Mateo (26,14–27,66)

domingo, 2 de abril de 2017

La vida y la muerte

Domingo 2 de Abril de 2017

Nuevamente escuchamos un texto del evangelio de Juan. Es la narración de la resurrección de Lázaro. Aunque lo hemos escuchado muchas veces siempre nos produce una sensación especial, incluso extraña. Y resuena en nuestros oídos y en nuestro corazón lo que las hermanas (Marta y María) le dicen a Jesús: "Si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano"...
Imagen relacionadaLa vida y la muerte.
Cada vez que me ha tocado acompañar a algún familiar o amigo en la despedida de alguna persona querida, sea en el tanatorio o en el cementerio mismo, me viene a la mente ese pasaje del evangelio de Juan... "Si hubieras estado aquí, no habría muerto..."
Y comienzo a entender que todo lo que nos quiere decir es mucho más profundo y más importante que todo eso.
Comenta Fray Marcos: "Si seguimos preguntando si Lázaro resucitó o no, físicamente, es que seguimos muertos. La alternativa no es, esta vida, solamente aquí abajo u otra vida después, pero continuación de esta. La alternativa es: vida biológica sola, o Vida definitiva durante esta vida y más allá de ella. Que Lázaro resucite para volver a morir unos años después, no soluciona nada. Sería ridículo que ese fuese el objetivo de Jesús. Es realmente sorprendente, que ni los demás evangelistas, ni ningún otro escrito del NT, mencione un hecho tan espectacular como la resurrección de un cuerpo ya podrido..."
Todos entendemos que nuestro cuerpo tiene unos límites y una duración. Que los años nos van diciendo nuestras debilidades y nuestra caducidad. ¿Pedirle a Dios un milagro? ¿Que mi vida dure... cien, ciento diez años...? ¿Y después? Vamos recordando a los padres, a los abuelos, bisabuelos... nuestros antepasados. También a otras personas (parientes, amigos, conocidos). Y siempre nos topamos con ese punto "final" de la muerte. ¿Es el final? ¿Desaparecer como tantos antes que nosotros?
"El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá... Y que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre... ¿Crees esto?"
Si nos preguntaran esto en la celebración de la eucaristía, o en el tanatorio, o en el cementerio... ¿qué responderíamos?
Sigue el comentario de Fray Marcos: "Jesús no viene a prolongar la vida física, viene a comunicar la Vida de Dios que él mismo posee. Esa Vida anula los efectos catastróficos de la muerte biológica. Es la misma Vida de Dios. Resurrección es un término relativo, supone un estado anterior de vida física. Ante el hecho de la muerte natural, la Vida que sigue, aparece como renovación de la vida que termina. “Yo soy la resurrección” está indicando que es algo presente, no futuro y lejano. No hay que esperar a la muerte para conseguir Vida..."

La vida de Dios. Entiendo que Jesús de Nazaret, desde su más profunda experiencia, nos comunica la buena noticia del reino de Dios: un modo y estilo de vivir que nos acerca a Dios, que nos hace percibir que Dios está entre nosotros, dentro de nosotros. ¿Y eso cuándo sucede? Creo que no es cuando estoy celebrando ritos y ceremonias, o tal vez en los rezos y plegarias acostumbradas, o en la emoción de las procesiones (pronto será Semana Santa)... Jesús de Nazaret nos señala a los débiles y necesitados, al hambriento, al sediento, al desnudo o en la cárcel, al marginado, al despreciado... Ahí anda Dios. Y al actuar así, Dios se hace presente. Su vida empieza a ser la mía... Y ésa es la que salta a la muerte física. No sabemos cómo. Es como si la chispa de vida que recibimos volviera de nuevo a su origen de donde procede...
"¿Crees esto?

Texto del evangelio de Juan (11, 1-45)

domingo, 26 de marzo de 2017

Desgraciados y excluidos



Domingo 26 de Marzo de 2017
Resultado de imagen de ciego de nacimientoEl texto que hemos escuchado en la eucaristía de este fin de semana, tomado del evangelio de Juan (cap.9) nos habla del ciego de nacimiento y su curación...
Al igual que en otros pasajes de este evangelio, toda la narración es como la catequesis que se daba a aquellas primeras comunidades. 

Fray Marcos lo explica así: "Todo el relato es simbólico. Se propone un proceso catecumenal que lleva al hombre de las tinieblas a la luz; de la opresión a la libertad; de no ser nada a ser plenamente hombre. Jesús acaba de decir: “Yo soy la luz del mundo”. Lo repite y lo va a demostrar con hechos, dando la vista al ciego..."

La mentalidad de aquellos tiempos daba por cierto y comprobado que los males, las enfermedades y las desgracias eran como un castigo de Dios por sus pecados. Todavía existe entre nosotros una mentalidad que arrastra parte de ese sentir... Los discípulos de Jesús se lo preguntan: Quién pecó? Él o sus padres?...
Me quedo pensando en la actitud de Jesús de Nazaret. Por un lado anuncia la Buena Noticia del reino de Dios. Por otro, día a día, se va fijando en los enfermos, en los lisiados, en los leprosos, en la mujer que van a matar a pedradas, en la viuda que acaba de perder a su único hijo, en los niños... Y habla en parábolas: la oveja perdida, el hijo pródigo, los pobres y mendigos que no han sido invitados a la boda y, al final, terminan entrando...
La mirada de Jesús. Es totalmente especial. No mira ni admira a los grandes y poderosos, a los famosos de su tiempo, a los ricos, a los jefes y maestros de la Ley... Es como si su punto de mira fueran los "desgraciados y excluidos"...
Qué raro nos parece ahora. Pensar en el reino de Dios, en la comunidad de seguidores de Jesús de Nazaret, con gentes así... Desgraciados y excluidos!

José A. Pagola lo comenta así: "Jesús lo mira de manera diferente. Desde que lo ha visto solo piensa en rescatarlo de aquella vida de mendigo, despreciado por todos como pecador. Él se siente llamado por Dios a defender, acoger y curar precisamente a los que viven excluidos y humillados..."

Nuestro mundo y nuestra sociedad también va dejando al margen a muchos hombres y mujeres. Son los desgraciados y excluidos: Los sin techo; los sin trabajo; los sin papeles; los explotados laboralmente, sexualmente; los olvidados (ancianos arrinconados en sus casas)... Y la lista se va alargando.
Si no aprendemos a mirar como Jesús de Nazaret, difícilmente podremos entrar en el estilo nuevo del reino de Dios. Seremos como ciegos que no saben a dónde van. Vamos a necesitar lavarnos los ojos, como el ciego de nacimiento, para descubrir al "hijo del hombre" y emprender el nuevo camino.



Texto del evangelio de Juan (9, 1-41)

sábado, 18 de marzo de 2017

El Dios de Jesús de Nazaret

Domingo 19 de Marzo de 2017

Imagen relacionadaHoy el texto que nos ofrece la celebración de la eucaristía está tomado de Juan (capítulo 4) y es sobre el encuentro de Jesús de Nazaret y la mujer samaritana. Todo el texto está lleno de imágenes y pensamientos que van mucho más allá de la escena misma.
-Mujer, dame de beber
-Si conocieras el don de Dios y quién te lo pide...
-Él te daría agua viva...
-Señor, dame de esa agua...
-Llega la hora en la que los que adoran a Dios lo harán en espíritu y verdad...

Estoy pensando que también ahora, al igual que entonces, muchos son (y somos) los que de una manera o de otra nos hemos acercado a la iglesia, a la religión, a la práctica de unos ritos y creencias que se fueron convirtiendo en costumbre, en cultura, en modo de vida... Pero creo que pocos hemos llegado a la experiencia de "encontrar" a Jesús de Nazaret, a la experiencia del "Dios de Jesús".
Entre los comentarios que hace José Antonio Pagola..."Son muchas las personas que, a lo largo de estos años, se han ido alejando de Dios sin apenas advertir lo que realmente estaba ocurriendo en su interior. Hoy Dios les resulta un «ser extraño». Todo lo que está relacionado con él les parece vacío y sin sentido: un mundo infantil cada vez más lejano..."

Efectivamente. Dios llega a ser un ser extraño, algo que deja de afectarnos en nuestro modo de vida, en nuestros valores, en nuestras decisiones.
¿Cómo sería si en lugar del dios infantil que aprendimos en el catecismo hiciéramos la experiencia del Dios de Jesús?
Jesús, creo yo, había interiorizado tan profundamente el modo de mirar y de sentir de Dios (al que llama "papá") que terminó actuando como Él. La ternura, la compasión, el no distinguir a las personas, solidarizarse con los más débiles, con los marginados... Una propuesta y proyecto de vida humana tan humana y tan distinta que exigía un cambio radical, una conversión... Esa "buena noticia" que le costó la vida (acusado, juzgado y condenado a muerte de cruz...). Y ahí viene lo grande y maravilloso: Su vida sigue atrayendo y provocando (al menos en algunas personas) verdaderas revoluciones...

Nos hace falta pararnos, detenernos unos minutos cada día... Sí, tiempo de meditación, de serenidad y de paz, para encontrarnos con el Dios de Jesús de Nazaret. Hacer que su modo de entender y de sentir vaya penetrando en nuestro interior, en nuestro subconsciente... Así podremos acercarnos a la "buena noticia" del Maestro.

Un comentario más de J. A. Pagola: "Creo que la experiencia primera y más importante es encontrarnos a gusto con Dios porque lo percibimos como una «presencia salvadora». Cuando una persona sabe lo que es vivir a gusto con Dios, porque, a pesar de nuestra mediocridad, nuestros errores y egoísmos, él nos acoge tal como somos, y nos impulsa a enfrentarnos a la vida con paz, difícilmente abandonará la fe..."
Texto del evangelio de Juan (4,5-42)

domingo, 12 de marzo de 2017

Escuchadlo

Domingo 12 de Marzo de 2017

Aquellas primeras comunidades de seguidores de Jesús de Nazaret se debieron preguntar muchas veces lo mismo que una vez preguntó él mismo: "Vosotros quién decís que soy yo?"  Y el texto que hemos escuchado hoy (tomado de Mateo en el capítulo 17) es como la respuesta, desde la fe, de lo que sentían y creían: "Es mi hijo amado, el amado, mi predilecto. Escuchadlo".

Resultado de imagen de escucharImagino que todos, de una manera o de otra, hemos encontrado en nuestra vida a otras personas que se han convertido en nuestra referencia por su manera de ser, por su modo de actuar, por su estilo de vida... Y, hoy, después de escuchar el texto del evangelio, me pregunto si Jesús de Nazaret es una referencia para mí. No me refiero a la vida espiritual o religiosa; sino a mi vida, a la manera de ver y entender, a mi actitud ante la sociedad que me rodea, el mundo en el que me ha tocado vivir.

Entiendo que Jesús entendió, sintió y vivió una experiencia de Dios tan especial, tan profunda y entregada que le impulsó a proclamar la "buena noticia" del reino de Dios. Todo su mensaje, al igual que su propia vida, está enfocado a darnos a conocer la ternura y compasión de Dios, nuestro padre que desea que la vida de las personas sea tan humana como Dios mismo. Y nos indica que Dios se encarna (se hace carne) en nuestro prójimo (el que cayó en manos de ladrones... -el buen samaritano-), en las personas marginadas y despreciadas... (Zaqueo, la mujer adúltera, los leprosos, los niños...). Y todas sus parábolas abundan en la misma idea. Así de sencillo, así de transparente. Sin la necesidad de dar razones y argumentos como solemos escuchar muchas veces a los maestros de religión.

Entonces, una vez que empiezas a entenderlo, resuena dentro de tí esa palabra final del mensaje: "Escuchadlo".
Ahora mismo tengo en mi mente e imaginación la imagen de niños y niñas "escuchando" una historia, un cuento...con esa atención que ponen, con la intensidad que tienen en su mirada metidos de lleno en la narración... Escuchadlo!
Algo así tiene que ser mi vida porque eso es lo que importa, lo que vale la pena.

Texto del evangelio de Mateo (17, 1-9)


domingo, 5 de marzo de 2017

No me dejes caer en la tentación

Domingo 5 de Marzo de 2017

Resultado de imagen de no sólo de pan vive el hombreHace ya mucho tiempo leí un comentario sobre las "tentaciones de Jesús". No recuerdo el autor. Venía a decir que lo más probable es que no fueran una anécdota vivida en el desierto antes de comenzar su vida pública (como se suele decir y como lo presenta el evangelio de Mateo). Es muy posible que esas tentaciones las tuvo a lo largo de su vida.
-"Si eres hijo de Dios..."
-"Si tanto confías en Dios..."
-"Todo será tuyo... si me adoras..."
Hemos metido a Jesús de Nazaret tanto en su papel de "Hijo de Dios", que todo resulta demasiado fácil: las tentaciones, los milagros, las discusiones con los rabinos y escribas, su condena y ejecución... Tenemos miedo de asumir que Jesús fue un hombre como nosotros. Como si al admitir su humanidad perdiera valor su mensaje y dejara de ser verdadero el anuncio de Buena Noticia del reino de Dios.
Me  parece muy importante releer el evangelio desde esa perspectiva.
Jesús de Nazaret se siente movido por el "espíritu", experimenta en sí mismo el modo de entender de Dios (ver toda la tradición de los grandes profetas de Israel sobre la compasión y ternura de Dios; sobre la proclamación del año sabático de Dios; sobre la acogida a los extranjeros, atención a las viudas e indigentes). Siente que Dios (el único, el verdadero) quiere algo que está por encima de toda religión, de todas normas y mandatos: el amor al prójimo, la solidaridad, el poner como centro de nuestra vida a las personas comenzando por los más débiles y necesitados...
Y claro, siempre estaba la tentación ahí... Si eres hijo de Dios... Casi como una burla a su mensaje de buena noticia, a su proclamación de la llegada del reino de Dios.

Creo que también nosotros que intentamos seguir su camino, nos encontramos con las mismas tentaciones.
Clamo a Dios por los desastres que vemos en nuestro mundo. Me indigna el abuso de los poderosos. Me desanima ver la ostentación de dirigentes religiosos. Creo que es escandaloso el drama de la emigración. 
Nuestra sociedad me presenta constantemente un camino y un modelo en los que lo más importante es "tener", consumir, alcanzar las mayores comodidades, gozar, disfrutar...

José Antonio Pagola lo comenta así: "Nuestra gran tentación es hoy convertirlo todo en pan. Reducir cada vez más el horizonte de nuestra vida a la satisfacción de nuestros deseos; vivir obsesionados por un bienestar siempre mayor o hacer del consumismo indiscriminado y sin límites el ideal casi único de nuestras vidas..."

Antes se nos ponía "el cielo" como meta y como premio. Para ello servía la resignación, la penitencia, el sufrimiento, el aguantar... porque al final entraríamos en la gran fiesta del cielo.
Ahora parece como si hubieran suprimido el cielo... Y lo que importa es todo el consumo de aquí y ahora... Y ahí estamos: "si eres hijo de Dios, haz que estas piedras se conviertan en pan..."
"La llamada de Jesús, sigue comentando J.A. Pagola, nos puede ayudar a tomar más conciencia de que no solo de bienestar vive el ser humano. También los hombres y mujeres de hoy necesitamos cultivar el espíritu, conocer el amor y la amistad, desarrollar la solidaridad con los que sufren, escuchar nuestra conciencia con responsabilidad, abrirnos al Misterio último de la vida con esperanza..."

No me dejes caer en la tentación.
Texto del evangelio de Mateo (4,1-11)

Sabed que estoy con vosotros todos los días

...Hasta el final de los tiempos Ascensión del Señor 17 de mayo 2026 Hay una recomendación que Fray Marcos  suele hacer con mucha frecuencia...