miércoles, 29 de julio de 2026

No hace falta que se vayan...

...Dadles vosotros de comer

2 de agosto 2026

Acabo de leer el texto del evangelio del domingo próximo. Lo hemos escuchado muchas veces: "La multiplicación de los panes y los peces". Así nos lo anunciaban. Así nos lo explicaban. Y así lo hemos ido asumiendo. 

Y los comentarios más frecuentes, los que han ido quedando en nuestra mente y en nuestra imaginación, hacen referencia al milagro de la multiplicación, al poder de Jesús como hijo de Dios que podía solucionar los problemas (hambre, enfermedades, incluso la muerte) porque se conmovía ante la gente...
Y nos quedábamos maravillados. Nos parecía fantástico Y eso hacía que la figura de Jesús se elevaba hasta Dios mismo que tenía el poder de ayudarnos y salvarnos.

Fray Marcos  nos ayuda a centrarnos en lo que sería el mensaje oculto en esa narración. Es una narración que los evangelios recogen hasta seis veces. -"Hoy no podemos interpretar el texto como una multiplicación milagrosa de panes y peces. Entendido así nos quedamos sin el mensaje teológico, que es valioso."
-"Tampoco podemos utilizar estos relatos para demostrar la divinidad de Jesús. Esa necesidad que tenemos de que obrara con el poder divino es la mejor prueba de que no tenemos ni idea de lo que son Dios y Jesús".
-"En ningún momento de los relatos se dice que los panes y los pees de multiplicaran. Pero realmente fue un milagro portentoso que un número tan grande de personas fueran capaces de compartir todo lo que tenía cada uno."
-"Jesús invita a compartir. No pidió a Dios que solucionara el problema sino que se lo pidió a sus discípulos, aún sabiendo que no tenían ninguna posibilidad de hacerlo. Todo lo que tenían lo pusieron a disposición de todos. Esa actitud fue la que desencadenó el prodigio".

Cuando leemos el texto del evangelio como el milagro operado por Jesús, quizás, puede producir en nosotros asombro, maravilla, fascinación; pero es algo que no afecta a nuestra vida. Admiramos a la persona que es capaz de hacer esas maravillas; pero eso no cambia nuestra vida.
Si escuchamos atentamente el mensaje de Jesús y vemos su actitud ante las personas que le rodean, lo primero que nos tiene que llamar la atención es precisamente cómo sabe mirar... Esa mirada la encontraremos repetidamente: a los enfermos, a los leprosos, a los pobres, a las mujeres, a los niños, a la multitud de gente que se le acerca. -"Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella..."
Yo diría que el milagro de Jesús es precisamente esa atención, esa mirada profunda más allá de las apariencias, de los títulos, de las riquezas, de los conocimientos, de los cargos o de la fama...
Una mirada que es compasión, que es servicio, que es entrega.
Hoy, en mi mundo, en mi sociedad, en mi entorno, ése es el mensaje que debería cuestionarme: -¿Aprendo de Jesús a mirar? Mirar con la mirada de Dios, con el corazón de Dios, con la ternura y compasión de Dios. 
Podría decir que todo lo que Jesús nos comunica hace referencia a Dios, su padre, su Abbá (su papá) como así le nombra. Y es una invitación a vivir y actuar como él. Y nos lo cuenta en parábolas para que podamos captar mejor su significado: "El hijo pródigo" - "El buen samaritano" -"El viñador" - "El tesoro escondido" - "El sembrador" - "La levadura" - "El grano de mostaza"...
Porque no se trata de hacer o ver grandes milagros. Es la sencillez de la vida misma. Sólo que nuestra referencia viene cambiada: Dios es mi tesoro. Al aprender a mirar en profundidad empiezo a descubrir su presencia, su actividad, su aliento. Y descubro que es lo único importante. Más allá de todo lo que me anuncian y me proclaman los medios de comunicación. Más allá de tantas cosas que nos inquietan y nos preocupan.
-"No hace falta que se vayan, dadles vosotros de comer..."


Texto del evangelio de Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto.
Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados.
Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle:
«Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida».
Jesús les replicó:
«No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer».
Ellos le replicaron:
«Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».
Les dijo:
«Traédmelos».
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños

miércoles, 22 de julio de 2026

El reino de los cielos se parece a...

 

...Un tesoro escondido en el campo

26 de julio 2026

El texto del evangelio que escuchamos/leemos este domingo, al igual que otros muchos textos, ya los conocemos. Los hemos escuchado tantas veces...

La dificultad que encontramos en nuestra vida cristiana, como seguidores de Jesús, no está en nuestra falta de conocimiento. Iba a decir que sabemos demasiado. Hemos escuchado a muchos maestros y doctores. Nos han explicado tanto y de tantas maneras que nuestra primera reacción es la de...Sí, ya lo sé. Conozco todo eso.

Quizás nuestro problema es que, al igual que muchos de aquellos hombres, conocedores y doctores de la Ley, seguimos prefiriendo ser maestros de la Ley, cumplidores de esos escritos y sabernos y sentirnos merecedores del premio de la vida eterna... Porque cumplimos con lo mandado.
Pero seguimos siendo ciegos y sordos. Ni vemos, ni oímos. En ningún momento hemos descubierto ningún tesoro, ni encontrado ninguna perla preciosa...
Buscamos fuera lo que llevamos dentro. Investigamos libros y volúmenes como si fuéramos científicos y somos incapaces de percibir la grandeza de Dios en nosotros y en todo lo que nos rodea.

Cuando Jesús habla del reino de los cielos está hablando de Dios, de su experiencia y vivencia profunda de Dios. Lo es todo en su vida. Vale más que todo  lo que le rodea. Deja todo atrás. Ve en lo profundo. Escucha y trata de captar el paso de Dios en ese mundo de flores, de pájaros, de gentes que van y vienen, de niños que juegan, de mamás que cuidan de su familia y de su casa... Y le resulta tan maravilloso que, a la hora de compartirlo, utiliza imágenes, gestos y actitudes que ha visto u oído a lo largo de su vida. El reino de los Cielos se parece a...  Y esa persona, una vez que descubre el tesoro o la perla preciosa...va a vender todo lo que tiene y compra el campo o la perla preciosa.
Vende todo lo que tiene... Todo es menos importante que lo que acaba de encontrar. Lo más importante en su vida ya no es la casa, ni el trabajo, ni las relaciones sociales, ni el dinero, ni el poder, ni el estar por encima de los demás, ni ser famoso, ni ser tenido por bueno, por santo, por muy religioso...
Cuando Dios es lo más importante para mí, todo lo demás deja de tener la urgencia de ver, de saber, de tener, de dominar...

Eso me lleva a vivir centrado en este momento (que, además, es lo único que tengo). En vivirlo con la máxima intensidad... Porque ahí anda Dios.
Muchas veces revivo algo que me enseñaron hace tiempo y me digo y repito: "Este momento es maravilloso. Soy feliz". Feliz porque toda mi vida es un regalo, algo maravilloso que me han dado. Porque respiro y mi corazón sigue latiendo (día y noche)...sin que yo haga ningún esfuerzo. Porque todo a mi alrededor es mucho más maravilloso y milagroso de lo que yo podría soñar: Las flores, los pájaros, las plantas, todas las personas que encuentro... Todo eso es vida. Y ese aliento es sólo el reflejo de Dios mismo.
Entonces, qué fácil es rezar al estilo de Jesús... "Que sea santificado tu nombre. Que tu reinado se haga presente en mi vida. Que sepa hacer lo que esperas de mí..." 
Y voy entendiendo que tengo que ir cambiando. Que lo más importante es que en este momento ponga todo mi corazón en amar, en servir, en entregarme, en mirar como Dios nos mira, en ser compasivo y lleno de ternura, en perdonar y en cuidar de las otras personas...

El reino de los cielos se parece a... Y se fue a vender todo lo que tenía para comprarlo.


Texto del evangelio de Mateo 13, 44-52

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
«El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra.
El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
Lo mismo sucederá al final de los tiempos: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
¿Habéis entendido todo esto?».
Ellos le responden:
«Sí».
Él les dijo:
«Pues bien, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo».

sábado, 18 de julio de 2026

Dios, la patria y el bolsillo

 

Dios, la patria y el bolsillo: La peligrosa alianza entre la ultraderecha y la teología de la prosperidad

Jesús Lozano Pino


La justificación moral perfecta de la ultraderecha para su agenda de recortes, exclusión e individualismo salvaje

Hay matrimonios por conveniencia que terminan cambiando el rumbo de la historia, y no precisamente para bien. Hoy asistimos a uno de los pactos más desconcertantes y destructivos de nuestro tiempo: el idilio cada vez más evidente entre los movimientos políticos de ultraderecha y la teología de la prosperidad. Esta corriente religiosa, nacida en los laboratorios evangélicos de los Estados Unidos y con raíces en un calvinismo mal digerido, ha encontrado en el nacionalismo radical su aliado perfecto para desembarcar en Europa y colonizar nuestras sociedades.

No estamos ante una simple coincidencia de agendas; estamos ante una fusión ideológica que busca cambiar la idea misma de lo que es justo, lo que es moral y lo que es sagrado.

El "Evangelio del dólar": El calvinismo despojado de comunidad

Para entender este fenómeno, hay que mirar el ADN de la teología de la prosperidad. Esta corriente tomó la antigua idea calvinista de que el éxito material en el trabajo podía ser una señal del favor divino. Pero la despojó de toda la ética de austeridad, sobriedad y responsabilidad comunitaria que los puritanos originales defendían.

El resultado fue una caricatura hipercapitalista: Si tienes fe, si pactas con Dios (y si dejas tu dinero en la mega-iglesia), Dios te lo devolverá multiplicado con riqueza, salud y éxito. El gran peligro de este discurso no es solo su vaciedad espiritual, sino su brutalidad humana, ya que convierte la pobreza en un pecado. Bajo esta lógica, el que es pobre, el que está desempleado o el que enferma es porque carece de fe o no se ha esforzado lo suficiente. La compasión desaparece y la desigualdad queda bendecida desde el púlpito.

El pacto de conveniencia con la ultraderecha

¿Por qué la ultraderecha europea ha decidido arrimarse a esta dinámica importada de América? La respuesta es sencilla: porque les ofrece la justificación moral perfecta para su agenda de recortes, exclusión e individualismo salvaje.

En Europa, la tradición social siempre ha defendido que cuidar del débil —a través de la sanidad pública, las ayudas sociales o los servicios comunes— es un deber de justicia. La ultraderecha necesita romper ese consenso solidario para imponer sus políticas. Y es ahí donde el caballo de Troya de la prosperidad les resulta utilísimo.

No estamos ante una influencia puramente espiritual, sino ante una infraestructura financiera real. Las técnicas de recaudación masiva y el capital de las corporaciones religiosas de EE.UU. nutren hoy a grandes redes internacionales que inyectan fondos en Europa. Financian cumbres políticas, patrocinan campañas en redes sociales y asesoran a los líderes de la extrema derecha europea en estrategias para movilizar el voto basándose en el miedo.

En Europa, la tradición social siempre ha defendido que cuidar del débil —a través de la sanidad pública, las ayudas sociales o los servicios comunes— es un deber de justicia. La ultraderecha necesita romper ese consenso solidario para imponer sus políticas. Y es ahí donde este caballo de Troya de la prosperidad les resulta utilísimo, desplegando su estrategia en cuatro frentes claros:

Legitimar el egoísmo: Al predicar que el éxito es un premio divino individual, los impuestos y el gasto social empiezan a verse como un robo al ciudadano que Dios ha bendecido.

El desprecio al vulnerable: La xenofobia y el rechazo al inmigrante o al marginado ya no se presentan como crueldad, sino como una defensa de los valores de los ciudadanos de bien. El discurso de la ultraderecha aporta el muro; la teología de la prosperidad le pone el crucifijo encima.

La religión como arma de identidad: No les interesa el mensaje revolucionario del Evangelio, sino la religión como una etiqueta cultural para señalar quiénes están dentro y quiénes están fuera de la patria.

La cortina de humo de la "guerra cultural": Utilizan la obsesión por la agenda anti-género y la supuesta defensa de la familia tradicional como un imán para captar creyentes. Una vez dentro de la red, el mensaje se transforma sutilmente: para defender la fe, hay que defender el libre mercado y los recortes. La moralidad sexual se convierte en la anestesia perfecta para que el ciudadano acepte la pérdida de sus propios derechos laborales y sociales.

Las consecuencias: Un templo sin alma

Las consecuencias de que este virus político-religioso eche raíces en nuestro suelo son devastadoras. La fe se vacía de toda su fuerza profética y se convierte en una simple herramienta de marketing político. Se destruyen los puentes de la empatía y la convivencia, sustituyéndolos por el miedo al futuro y la adoración al éxito material.

El mayor logro de esta alianza ha sido unificar el vocabulario de la exclusión a nivel global. El mismo concepto de "ciudadanos de bien" que acuñó el trumpismo en EE.UU. y que Bolsonaro repitió hasta la saciedad en Brasil para justificar el abandono de los más vulnerables, es el que hoy utiliza la ultraderecha en nuestro continente. Una etiqueta perversa que divide el mundo entre los que producen y tienen éxito (los supuestos bendecidos) y los que necesitan ayuda del Estado (los eternos sospechosos).

Cuando la política del odio se abraza con la teología del dinero, la sociedad se vuelve un lugar mucho más frío y hostil. Las iglesias y los partidos que caen en esta red terminan defendiendo un sistema donde el ser humano solo vale por lo que produce o por lo que tiene en el banco. Al final, este Dios a la medida de la ultraderecha y los mercados no es el Dios que libera y acompaña; es, simplemente, el viejo becerro de oro vestido con la bandera nacional.

jueves, 16 de julio de 2026

El Reino de los Cielos se parece a...

 

...Un hombre que sembró buena semilla en su campo

19 de julio 2026

Jesús era un hombre de campo. Conocía la vida de su gente: los trabajos, las preocupaciones, las condiciones y tiempos de la siembra y de la cosecha. Lo había visto muchas veces y, seguro, también había participado en esas labores.

Así pues, a la hora de hacer llegar el mensaje de la Buena Noticia del Reino de Dios, echa mano de lo que todos saben y conocen.
Este domingo leemos (escuchamos) el texto del evangelio de Mateo: "El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo..."
Pero luego, cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña...
(Cizaña o falso trigo: Planta de tallo alto y flores en espiga, que crece como mala hierba en los sembrados y puede ser venenosa)

Sí, esas cosas pasan. Siembras buena semilla y... El texto del evangelio, en su sentido profundo y espiritual, sugiere que "el enemigo"  lo ha hecho. Así, sin aclarar más.
El mensaje que quiere transmitir la parábola está en la respuesta que da a los criados: -“¿Quieres que vayamos a arrancarla?”.
Pero él les respondió:
No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”

Tenemos tendencia a juzgar, a encasillar, a clasificar... Buenos y malos. Gente buena y gente mala. Los que son buena semilla y los que son malas hierbas, cizaña, cardos y abrojos. A nosotros nos gustaría ser los jueces para señalar, denunciar y condenar... a todos esos cizañosos que vamos encontrando en nuestro camino.
Pero Dios no es así. Tal vez el Dios del Antiguo Testamento tenía ese aire y esas maneras de Juez, Vigilante y Castigador que premiaba, sí, las buenas obras; pero que también vengaba y castigaba duramente las malas acciones...
Jesús, en su mensaje, en su buena noticia del Reino de Dios (es decir al querer transmitirnos su vivencia de Dios) nos dice que Dios es nuestro padre y que mira a todas sus criaturas con unos ojos tan llenos de ternura, de amor, de compasión y de cariño que nos ve y nos tiene en cuenta como sus hijos e hijas, que sabe que somos débiles, que fallamos, que nos equivocamos, que cometemos errores... Y sonríe ante nuestras travesuras, nuestros enfados, nuestras rabietas, nuestros caprichos en los que nos dejamos llevar de nuestro egoísmo, de nuestros deseos de vivir, gozar y disfrutar sin pensar en nadie más...

Claro que en nuestro corazón, en nuestra vida, en nuestro ser, se sembró buena semilla... Pero el enemigo durante la noche sembró también la cizaña... (la noche: esos momentos en los que el egoísmo, los deseos de gozar y de placer, el ansia por tener y poseer, esos impulsos de dominar y estar por encima de los demás).
Nos gustaría precipitarnos a arrancarla... Denunciar, juzgar, castigar...

Nos toca aprender a mirar como lo hace Dios mismo. También ser consciente de que, también en nosotros está presente la cizaña, los errores, las equivocaciones, los enfados y caprichos... La paciencia de Dios, al igual que su amor, es infinita. Y el tiempo que nos da, ese tiempo que nos regala cada día, es para que vaya tomando conciencia de su reino, de su presencia en mi vida y en la de todas las personas que me encuentro.


Texto del evangelio de Mateo 13, 24-30

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente diciendo:
«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo:
“Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”.
Él les dijo:
“Un enemigo lo ha hecho”.
Los criados le preguntan:
“¿Quieres que vayamos a arrancarla?”.
Pero él les respondió:
“No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».

lunes, 6 de julio de 2026

Salió el sembrador a sembrar...

 

"El que tenga oídos, que oiga"

12 de julio 2026

Los textos del evangelio que escuchamos y leemos regularmente están llenos de parábolas y comparaciones.

Jesús que andaba lleno de esa vivencia de lo que llamaba "el reino de Dios" (referencia a Dios mismo en su vida) quería comunicar a toda aquella gente qué podía significar dejarse invadir de Dios, que Dios fuera el objetivo de su vida. Y para hacérselo comprender se lo iba contando en parábolas, pequeñas historias y ejemplos de actitudes, gestos y realidades que ellos y ellas tocaban con sus manos y lo vivían cada día.

Hoy escuchamos la parábola del sembrador... "Salió el sembrador a sembrar..." Era algo super-conocido. Lo hacían o lo veían hacer cada año al llegar el tiempo.
Se sembraba de la manera que llaman "a voleo": "La siembra al voleo consiste en esparcir semillas al azar sobre un terreno...Se hacía a mano  y era el modo más antiguo que utilizaban los agricultores y campesinos."
Claro, al lanzar la semilla, como explica la parábola, "una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta."

Es una parábola que hemos escuchado muchas veces. Y también son muchas las explicaciones que nos han ido dando...
-Que Dios es el sembrador
-Que la semilla es su palabra
-Que la tierra es cada uno de nosotros
-Que hay buena  y mala tierra...

Al final, a mi modo de entender, salíamos con el corazón un poco encogido y preocupado. Porque, tal vez, yo era mala tierra o estaba lleno de piedras o tenía muchas malas hierbas y abrojos o espinos...  O quizás mi corazón y mi alma era duros como el camino...

Como comenta Fray Marcos: -"No debemos pensar en buenos y malos sino buscar en nosotros mismos la tierra dura, las zarzas, las piedras."
-"Dar fruto no es hacer obras buenas. La principal labor de todo ser humano no es hacer cosas sino hacerse, dar sentido a mi existencia, viviendo la Unidad que Dios realiza en mí. El éxito no es el objetivo de mi vida. Si vivo la presencia de Dios en mí, la manifestaré en todo."

Es algo que me parece profundo y con un gran sentido de evangelio. Quizás, durante mucho tiempo, hemos creído que seguir las huellas del Maestro era hacer obras buenas, ser buena gente, cumplir lo que mandaban... sin captar la vivencia de Jesús, la que nos quería mostrar a través de las parábolas. Como dice Fray Marcos: dar sentido a mi existencia, viviendo la Unidad que Dios realiza en mí...
-"Si vivo la presencia de Dios en mí..."
El acertar, el tener éxito, el que me acepten, el que me admiren... Muchas veces todo eso se ha convertido en el objetivo de nuestra vida. Y si no es así, nos entristece, nos desanimamos, vemos todo en negativo...
Y olvidamos lo principal: La presencia de Dios en nuestra vida.
"Salió el sembrador a sembrar..."
Por eso, como dice Jesús: "El que tenga oídos, que oiga"

Texto del evangelio de Mateo 13, 1-23

Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó y toda la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló muchas cosas en parábolas:
«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, una parte cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se la comieron. Otra parte cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y como la tierra no era profunda brotó enseguida; pero en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otra cayó entre abrojos, que crecieron y la ahogaron. Otra cayó en tierra buena y dio fruto: una, ciento; otra, sesenta; otra, treinta.
El que tenga oídos, que oiga».
Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:
«Por qué les hablas en parábolas?».
Él les contestó:
«A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no.
Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumple en ellos la profecía de Isaías:
“Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver;
porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos;
para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón,
ni convertirse para que yo los cure”.
Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.
Vosotros, pues, oíd lo que significa la parábola del sembrador:
si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.
Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que escucha la palabra y la acepta enseguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, enseguida sucumbe.
Lo sembrado entre abrojos significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas ahogan la palabra y se queda estéril.
Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno».


miércoles, 1 de julio de 2026

Te doy gracias, Padre

"...porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños"

5 de julio 2026

El texto de Mateo que leemos y escuchamos este domingo nos ofrece una sencilla oración de Jesús: -"Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños..."

Y es, al mismo tiempo, un toque de atención para todos los que creemos saber todo sobre Dios, la religión, la espiritualidad, las cosas de la Iglesia... -"Te doy gracias... porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos..."

Como comenta Fray Marcos: -"Para aquella élite religiosa (de su tiempo), los sencillos eran unos malditos porque no conocían la Ley, así no podían cumplirla. Por eso eran despreciados e ignorados..."
Y Jesús, que miraba más en lo profundo, nos quiere hacer entender que para acercarse a Dios, para vivir como verdaderos hijos e hijas suyos, no necesitamos ni grandes conocimientos, ni grandes estudios, ni demasiadas palabras.
Así lo comenta Fray Marcos: -"El fallo de nuestra teología está en que creemos conocer a Jesús porque sabemos muy bien lo que es Dios. El evangelio dice todo lo contrario: Hay que acercarse a Jesús si de verdad quiero enterarme de lo que es Dios."

Toda la vivencia de Jesús, lo que nos va revelado a través de sus parábolas, de sus gestos, de sus actitudes, no son lecciones de teología. No nos explica qué o quién es Dios. Él es siempre su referencia, su objetivo y su punto de mira: -"Sea santificado tu nombre. Venga tu reino. Que haga tu voluntad siempre. El pan de cada día que tú nos das, que sepa compartirlo. Saber mirar al hermano como tú lo haces, con compasión, con empatía, con cariño y ternura. No dejes que me arrastre la tentación de querer más, de tener más, de ponerme por encima de los demás... Líbrame del mal."

Y con todo ello Jesús pone a la persona en el centro de su atención... Porque ahí está Dios mismo. Y es más importante que la Ley, que el Templo, que los ritos y ceremonias y los rezos... La atención al débil, al despreciado, al migrante, al marginado, al pobre y enfermo... Y todo eso la gente sencilla lo entiende muy bien. Dios se revela a toda esa gente humilde, analfabeta, pobre y marginada. No necesita grandes discursos y sermones. No le hacen falta largos cursos de catequesis.

¿Seremos capaces de entender lo que nos dice Jesús? ¿Aprenderemos a ver en profundidad para descubrir al Dios de Jesús?

-"Te doy gracias, Padre, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños..."

Y un poco más adelante Jesús reza también: "-Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas..."

Sólo hay una cosa que Jesús podía ofrecer: su vivencia, su modo de vivir, de hacer y de entender su paso por el mundo. Y es su referencia constante a Dios, nuestro padre.
Muchas veces me viene a la mente lo que Jesús le dijo a Marta: -"Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas. Sólo una es necesaria..."
Captar y entender su mensaje ese es el punto. Muchas veces andamos cansados y agobiados... Y no sabemos qué hacer. 
-"Venid a mí..."

Texto del evangelio de Mateo 11, 25-30

En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».

No me dejes, Señor

NO DEJES QUE ME ARRASTRE LA CORRIENTE
A propósito del salmo 68
MIGUEL ÁNGEL MESA


(Una reflexión para leer y meditar...)

¡Dios mío!,
¿dónde estabas cuando una ola terrorífica
provocó el apocalíptico tsunami de Japón,
cuando tembló la tierra
y asoló la nación de Haití y Venezuela,
cuando asesinaban a miles de personas
en Ruanda, en la República del Congo, en Palestina
o en el campo de exterminio de Auschwitz?

Los niños y niñas hambrientas de África,
las millones de personas desplazadas y refugiadas
por las guerras y por la persecución,
no tienen ya fuerzas ni lágrimas para gritar,
suplicar y se les nublan los ojos
de tanto mirar al horizonte,
esperando un solo motivo para no desesperar,
un mesías que les libere de tanta angustia.

Lo único que te pido, ¡oh Fuente de toda vida!
es que no me dejes ser cómplice ante
tanto horror, tanta violencia,
tanta injusticia, tanta miseria,
que no defraude la esperanza
que tienen puesta en mi cercanía,
en mi solidaridad, en mi responsabilidad de hermano.

Mi verdadero ayuno, mi auténtico sacrificio
es intentar vivir con el corazón esponjado,
con los ojos abiertos, con la sencillez de vida,
con mi apertura hacia cualquier persona
que llame a mi puerta, que venga de otra tierra
para poder sobrevivir en la mía, que también es suya.

Lo único que te pido, ¡oh Padre y Madre mía!,
es que no me deje arrastrar por la corriente
de este mundo, por la trivialidad,
por la apariencia y el consumo
y que no se cierre el hondón personal
que hay en mí.

Aunque estoy herido por todo lo que me rodea,
sé que Tú y las personas más empobrecidas e indefensas,
me liberaréis de todas mis incoherencias
y, solo entonces, viviré con un corazón renovado.

No hace falta que se vayan...

...Dadles vosotros de comer 2 de agosto 2026 Acabo de leer el texto del evangelio del domingo próximo. Lo hemos escuchado muchas veces: ...