miércoles, 9 de septiembre de 2026

Señor, si mi hermano me ofende...

 ¿Cuántas veces tengo que perdonarlo?...

13 de septiembre 2026

-«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».

Así comienza el texto del evangelio que leemos/escuchamos este domingo.

Lo hemos escuchado muchas veces. Hemos entendido, también, la pregunta que hace Pedro: -"¿Cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?"

Y nos ha parecido siempre una exageración. ¡Siete veces!

Sin embargo ahí está el mensaje de Jesús de Nazaret. Él no cuenta las veces. Setenta veces siete... es llevar el límite hasta el final. Y, después de contar esa parábola del siervo injusto, inmisericorde, vengativo y sin entrañas, añade: ...-"Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano".

Si no aprendemos a perdonar es que no hemos entendido nada del mensaje de Jesús ni hemos comprendido para nada lo que nos quiere hacer captar y asumir sobre Dios, nuestro padre (nuestro papá).

Juan, en su primera Carta, cuando habla de Dios lo describe y define como amor. Al decir eso nos está repitiendo lo que recibió de Jesús: Dios es puro amor. Y nos ama, no porque seamos buenos, porque seamos muy rezadores, vayamos mucho a misa o hagamos muy buenas acciones... Nos ama porque es así. Diría que sólo sabe amar.

Entonces, al aceptar el mensaje de Jesús, estoy diciendo sí a ese Dios. No al dios que yo me imagino. Incluso no a la figura del Dios del Antiguo Testamento. Ahí está la novedad. ¿Podemos pensar que Dios me perdone sólo setenta veces o siete mil veces...? El Dios de Jesús nos perdona siempre.

Por otra parte, estamos hablando de nosotros, los humanos. Como tales tenemos que asumir y aceptar que somos limitados, tenemos fallos, nos equivocamos, cometemos errores... Incluso, a veces, creemos que hacemos las cosas bien y no es cierto. Nos engañamos a nosotros mismos. Y así, todos y todas (sí, todas las personas) tenemos todas esas deficiencias... Entonces si no soy capaz de ver a mis hermanos y hermanas como me veo yo mismo... ¿cómo voy a ser capaz de aceptarlo tal como es? ¿cómo voy a entender que él/ella también se equivoca, también tiene limitaciones y errores y fallos?

Y añado un pensamiento que escribe Fray Marcos: -"La plenitud de humanidad no es incompatible con la limitación, sino con el engreimiento".

-"Con la conciencia que hoy tenemos de pecado como producto de una mala voluntad, es imposible pensar en el perdón. Si descubrimos que el pecado es siempre ignorancia, será relativamente fácil superar la ofensa"

-"Nuestro cristianismo occidental, troquelado por el racionalismo griego y encorsetado en la justicia romana, hace casi imposible que escapemos de las garras de la razón y del sentido arraigado que tenemos de la justicia..."

"¿Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo?"

Texto del evangelio de Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».

Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.

Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.

Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.

Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste ¿no debías tener tú también compasión de un compañero, como yo tuve compasión de ti?”.

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».


sábado, 5 de septiembre de 2026

Donde dos o más están reunidos apelando a mí...

...Allí, en medio de ellos , estoy yo

6 de septiembre 2026



(Al escribir mi reflexión para este domingo - 6 de septiembre 2026- equivoqué el texto de este año. Por eso propongo esta nueva reflexión).


Tomo estos comentarios del escrito por Fray Marcos:

-"El evangelio nos advierte que no partimos de una 

comunidad de perfectos, sino de una comunidad de hermanos, que reconocen sus limitaciones y necesitan el apoyo de los demás para superar sus fallos."


-"Queremos a los demás perfectos y en cuanto fallan ponemos el grito en el cielo. La verdad es que ninguna comunidad es posible sin aceptar y comprender que todos somos imperfectos y que antes o después fallaremos."


-“Donde dos estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Dios está identificado con cada una de sus criaturas, pero solo se manifiesta cuando hay comunidad."

"Sin verdadera comunidad, las propuestas evangélicas carecen de sentido. Debemos reconocer que hoy no existe comunidad. Tenemos una iglesia jerárquica que destroza las bases de una comunidad. La corrección fraterna solo se puede dar entre iguales. Si la hace el superior, será imposición. Si la hace el inferior, será rebeldía."

La primera expresión de la comunidad de seguidores de Jesús de Nazaret la encontramos en los "Hechos de los Apóstoles" cuando la describen como personas que ponían todo en común, que vivían una atención y servicio hacia los más débiles y se reunían para la celebración de la memoria del Señor (en la oración, en la escucha de lo que explicaban los Apóstoles y en la fracción del pan.
Creo que es una buena referencia para captar mejor el sentido profundo de lo que hoy leemos en el evangelio de Mateo.

-"Dios está identificado con cada una de sus criaturas, pero sólo se manifiesta cuando hay comunidad..." Así comenta Fray Marcos. Y me parece importante poner atención a esas palabras. Porque, a Dios, casi siempre lo hemos ubicado en el cielo, o en las iglesias, o en las devociones y ceremonias religiosas... Siempre se nos decía y entendíamos que Dios está en todas partes. Sólo que la idea no es que estaba ahí vigilando y acechando a ver si cumplíamos los mandamientos. Dios está en cada aliento de vida: En cada uno de nosotros, en los animales, en las plantas, en el universo... Todo lo que hay de maravilloso en nuestro entorno es como el reflejo de Dios. Es su aliento, su espíritu, su fuerza... (como queramos llamarlo).
Entonces si no soy capaz de tomar conciencia de esa realidad, difícilmente conseguiré la actitud que necesito para unirme a las demás personas, para hacer comunidad. Porque hasta que no sea capaz de mirar como Jesús, prestar atención cómo él lo hacía, escuchar con el corazón y entender al prójimo... Sí, me reuniré con más gente; participaré en celebraciones (misas, novenas, rezos y demás devociones); pero no habrá esa corriente de unidad que hace la comunidad. Es la comunión. La unión de los corazones (no de los cuerpos). 
Cuando alcanzamos ese nivel, aunque sea a un nivel pequeño, creo que podremos sentir y gustar esa palabra de Jesús: -"Donde dos o más están reunidos en mi nombre (apelando a mí, como seguidores), allí, en medio de ellos, estoy yo..."

Que todos (hombres y mujeres) que nos decimos cristianos podamos gustar lo que es ser comunidad, común unión, amor-servicio y entrega.
¡Feliz domingo!



Mateo 18, 15-20

15 Si tu hermano te ofende, ve y házselo ver, a solas entre los dos. Si te hace caso, has ganado a tu hermano.

16 Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que toda la cuestión quede zanjada apoyándose en dos o tres testigos (Dt 19,15).

17 Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un recaudador.

18 Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

19 Os lo digo otra vez: Si dos de vosotros llegan a un acuerdo aquí en la tierra acerca de cualquier asunto por el que hayan pedido, surtirá su efecto por obra de mi Padre del cielo, 20 pues donde están dos o tres reunidos apelando a mí, allí, en medio de ellos, estoy yo.

martes, 1 de septiembre de 2026

El hijo del hombre...

 ...Es señor del sábado

5 de septiembre 2026

Las personas de más edad todavía recordarán tantas y tantas normas y preceptos que nos venían marcados desde todas las instancias de la Iglesia. Cómo vestir al ir a la iglesia. Qué prendas estaban permitidas y cuales no. Lo que se podía comer (además de toda la normativa en tiempos de Adviento y Cuaresma). Guardar silencio en la iglesia ("mi casa es casa de oración"). Cómo saludar a los sacerdotes y demás jerarquía de la Iglesia. El arrodillarse. El santiguarse... Y un largo  etcétera.

A veces, como para animarnos, nos dicen que los judíos tenían tantos y tantos mandamientos... Y nos decían: Nosotros sólo tenemos 10. Lo que no es del todo cierto. La lista de los diez se tomaron de la religión judía; pero luego los responsables de la Iglesia han ido añadiendo todas las normas y mandamientos que les parecieron necesarios.

Hoy escuchamos un texto del evangelio de Lucas. Una narración que parece más bien una anécdota que vivieron Jesús y sus seguidores. 

-"Era sábado, iba Jesús caminando por medio de un sembrado y sus discípulos arrancaban y comían espigas, frotándolas con las manos..."

Como siempre, había algunos fariseos por allí y lo vieron... Como vigilantes del cumplimiento de las normas y mandamientos: -"«¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?».

Y ahí tenemos la respuesta de Jesús... Un pequeño repaso a algo que cuenta la biblia y una afirmación seria e importante: «El Hijo del hombre es señor del sábado».

Es posible que los que escribieron los textos de los evangelios interpretaran esa afirmación en un sentido diferente al que se nos ha transmitido. Personalmente creo que esa frase de Jesús no es para decirles a los fariseos que "Él es el Señor del Sábado...";  sino que el hombre (todo hijo de hombre -hijos e hijas) son señores del sábado.

Algo así como decir que no es lo sagrado lo que debe dominar el pensamiento y manera de vivir y de actuar del hombre y de la mujer. Que en la vida humana el centro es el mismo hombre-mujer- Que no son las normas y preceptos de la religión los que deben marcar nuestra conducta.

Basta que recordemos tantas parábolas y comentarios que iba haciendo Jesús a lo largo de su vida: -"Si vas a presentar tu ofrenda ante el altar y recuerdas que tu hermano tiene algo contra tí..., deja tu ofrenda y ve a reconciliarte con tu hermano". -"La parábola del buen samaritano... (el sacerdote, el levita que pasan de largo... para no contaminarse y volverse impuros)" -"El caso de la mujer adúltera... Hay que apedrearla! según dice la Ley. -"El que esté libre de pecado..." -"Tus discípulos no ayunan?, le preguntan. -Viviendo la buena noticia del reino... no tienen necesidad de ayunar..." 

Tantos y tantos momentos en los que Jesús les hace ver (y nos lo dice a nosotros también) que prestar atención a los hermanos y hermanas (en especial a los más débiles y necesitados) es el único camino para entender su manera de vivir y de actuar. La compasión, la misericordia, la solidaridad, echar una mano al marginado, al pobre, al despreciado, al inculto, al oprimido... Ahí anda Dios. Me refiero al "Dios de Jesús". Porque nosotros, muy a menudo, nos hemos fabricado un dios juez, castigador y vengador, que nos exige un cumplimiento al pie de la letra de los mandamientos sin acordarnos ni pensar en el resto de la humanidad... Que, además, nos premiará a nosotros (los buenos cumplidores) y nos llevará al cielo.

Seguir las huellas del Maestro no es cómodo y siempre nos está invitando a cambiar, a vivir de otra manera, a tener como única referencia a ese Dios que es amor, compasión, entrega y atención cariñosa a la gente que nos rodea.

Texto del evangelio de Lucas 6, 1-5

Un sábado, iba Jesús caminando por medio de un sembrado y sus discípulos arrancaban y comían espigas, frotándolas con las manos.

Unos fariseos dijeron:
«¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?».

Respondiendo Jesús, les dijo:
«¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros sintieron hambre?

Entró en la casa de Dios, y tomando los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, comió él y dio a los que estaban con él».

Y les decía:
«El Hijo del hombre es señor del sábado».

jueves, 27 de agosto de 2026

Meditación cristiana ante el XXV aniversario

ECLESALIA, 02/03/05.- El XXV aniversario del martirio de Monseñor Romero hay que celebrarlo bien.

Unos no lo harán, los que le insultaron en vida y celebraron con champán su asesinato, aunque ahora están más comedidos y se muestran como condescendientes y comprensivos ciudadanos. Y como también son populistas, si es necesario, irán a Roma cuando lo beatifiquen, pues captan que Monseñor es querido por muchos salvadoreños.

Otros se alegrarán de celebrar un año más a Monseñor. Lo recordarán de corazón, participarán en eucaristías, charlas y conferencias, exposiciones y conciertos, y en la gran vigilia del 2 de abril. Lucirán camisetas con su figura, pondrán un afiche en su casa y escucharán su palabra por la YSUCA. De fueran vendrán centenares, y en total serán miles los que participen en el aniversario. Y nada digamos si se da alguna señal de que la beatificación puede estar cerca. Pero, con todo, todavía falta una cosa, que queremos explicar, recordando lo ocurrido tras la muerte y resurrección de Jesús de Nazaret.

Los primeros cristianos celebraban su recuerdo en la eucaristía, entonaban himnos en su honor, desarrollaron una teología llena de entusiasmo, le empezaron a llamar “Señor”, “Hijo de Dios”, “Cabeza de la creación”, y tenían la esperanza de su pronta venida. Pero los cristianos más clarividentes  vieron que “sólo” eso no bastaba. Más aún, que “sólo” eso  era peligroso. Y entonces apareció Marcos con su evangelio.  Vino a “molestar” a cristianos demasiado complacientes, y nada digamos a cristianos que se habían olvidado de Jesús, y hasta renegaban de él, como ocurría en la comunidad de Corinto porque habían encontrado otra cosa mejor: un vaporoso espíritu.

El evangelio de Marcos, por supuesto, “celebra” a Jesús y le llama “Hijo de Dios”, pero no pone la invocación en labios de gente piadosa que espera prodigios, sino sólo en labios de un pagano, el centurión romano, y al pie de la cruz. También le llama “Mesías”, pero, cundo eso ocurre, Jesús dice a la gente que no lo digan a nadie. Marcos nos dice también que la fe en Jesús no fue nada fácil, ni para sus familiares, ni para los discípulos -en especial para Pedro-, y ciertamente no lo fue para los teólogos y sacerdotes de aquel tiempo. Por último, su evangelio termina abruptamente en Mc 16, 8:  junto a la tumba las mujeres “tuvieron miedo y no dijeron nada a nadie”. Tan chocante fue ese final que, más tarde, se le añadieron unos versículos para amortiguar el susto.

¿Por que traer a colación a Marcos en este XXV aniversario? Para aprender una importante lección. No basta la celebración ni la alegría, aunque son bienvenidas como brisa de aire fresco en medio de tantos sufrimientos de la vida. Ni siquiera bastará el aplauso que responderá al anuncio de su posible beatificación. Y si no basta, ¿qué es lo que falta? Volvamos a Marcos. El Jesús que no está interesado en que le llamen Mesías, sí está interesado en una cosa: el seguimiento.

Volvamos a Monseñor Romero. Celebrarlo significa ante todo “seguirle”. ¿Y cómo hacerlo? En primer lugar, hay que pasar por el cambio -o conversión- por el que él pasó. Y en segundo lugar hay que  re-hacer su vida. Ambas cosas son difíciles, pero son necesarias para el país y para la Iglesia -en lo que ahora nos vamos a centrar- y traen salvación. Por lo que toca a la “conversión”, baste con recordar las siguientes palabras:

“El profeta denuncia también los pecados internos de la Iglesia. ¿Y por qué no? Si obispos, papa, sacerdotes, nuncios, religiosas, colegios católicos estamos formados por hombres, y los hombres somos pecadores y necesitamos que alguien nos sirva de profeta para que nos llame a conversión… Sería muy triste una Iglesia que se sintiera tan dueña de la verdad que rechazara todo lo demás. Una Iglesia que sólo condena, una Iglesia que sólo mira pecado en los otros y no mira la viga que lleva en el suyo, no es la auténtica Iglesia de Cristo” (Homilía del 8 de julio de 1979).

Y tras la conversión, la praxis. No es el momento de exponer en detalle cómo debe ser la praxis de una Iglesia  fiel a Monseñor Romero, pero podemos mencionar los impulsos de lucidez, ánimo, firmeza, resistencia y esperanza que de él nos llegan.

Como seguidores de Monseñor, hay que decir la verdad, no sólo predicar una doctrina, aunque sea verdadera. Y entonces la  verdad se convierte en denuncia profética de los males que existen en el país, se nombra a los victimarios y a las victimas. Aunque algo han cambiado las cosas en estos 25 años, Monseñor Romero nos sigue  remitiendo a los ámbitos donde campea el mal: 1) la idolatría del dinero, la oligarquía antes agrícola, ahora financiera, 2) la idolatría del poder militar, más latente aquí y más patente en Estados Unidos, a lo que hay que añadir la espantosa violencia actual -de 8 a 10 homicidios diarios en los últimos tiempos, 3) la connivencia de unos partidos políticos con la injusticia y la irresponsabilidad de la mayoría de ellos ante la miseria y el sufrimiento, a lo que hay que añadir la corrupción, 4)  el imperialismo de Estados Unidos, en el comercio, en nuestra política internacional y, sobre todo, en los pseudovalores que nos impone: individualismo, éxito, buen vivir, 5) la corrupción de la administración de justicia, que no ha esclarecido todavía ni siquiera quién mató a Monseñor, 6) los medios de comunicación, con la  mentira, las verdades a medias, el encubrimiento, según los casos, 7) el falseamiento de la religión, el espiritualismo exagerado, que no es la vida con espíritu; el individualismo alienante, que no es la apropiación personal de la fe; el gregarismo que llena estadios, que no es la comunidad y el llevarse mutuamente; la infantilización de lo religioso, que no es la sencillez -como niños- ante el misterio de Dios.

Hay que volver a  una praxis, la de la misericordia, señal última de nuestro ser cristiano, y volver a promover la justicia, la transformación de estructuras. Hay que recuperar la opción por los pobres, en serio, sin aguarla, arriesgando por ella, recordando y honrando a quienes la vivieron hasta el final: nuestros mártires. Hay que recobrar la parcialidad de Dios y de su Cristo hacia los pobres de este mundo.

Hay que recuperar la evangelización, en el sentido primigenio que tiene en Jesús: el anuncio de una buena noticia a los pobres, sin que la novedad en métodos y lenguaje sustituya a lo esencial. Hay que anunciar ese reino con credibilidad, sin pensar que hay cosas más importantes que hacer, algunas de ellas buenas, como la vida sacramental; otras ambiguas, como el sinnúmero de concentraciones, fiestas, jubileos, años dedicados a algo, de modo que todo eso se acumula como si hubiese un horror vacui, un miedo a dejar vacíos en el tiempo, lo que puede acabar ocultando la buena noticia de Jesús. Y otras son peligrosas y pueden llegar a ser pecaminosas: proselitismo competitivo, buscar  triunfos, basarse en apoyos financieros en los ricos de este mundo.

Hay que recuperar y promover la organización del pueblo, en la sociedad y en la Iglesia. No hay por qué volver a los años 80, pero sí hay que volver a la intuición fundamental: como Iglesia somos antes que nada comunidad, cuerpo; y para influir en la sociedad desde la base esa comunidad debe estar estructurada, organizada, relacionada con otras fuerzas sociales. Es difícil, pero por lo menos hay que pensarlo e intentarlo.

Comenzamos así, pues en esto cojeamos, siendo así que en eso era eximio Monseñor, y no se ve cómo podemos celebrarlo sin al menos plantearnos estas cosas. Pero sobre todo hay que levantar el espíritu de la gente. Dicho con sus palabras, hay que llevar cercanía: “¡Cómo me da gusto en los pueblecitos humildes que las gentes y los niños se agolpan a uno, vienen a uno!” (12 de agosto, 1979). Consuelo: “Para mí son nombres muy queridos: Felipe de Jesús Chacón, ‘Polín’. Yo les he llorado de veras” (15 de febrero, 1980). Dignidad: “Ustedes son el divino traspasado” (19 de julio, 1977). Gozo: “Con este pueblo no cuesta ser buen pastor” (18 de noviembre, 1979). Esperanza: “Estoy seguro de que tanta sangre derramada y tanto dolor no será  en vano” (27 de enero, 1980). Y todo eso con humildad: “Yo creo que el obispo siempre tiene que aprender del pueblo” (9 de septiembre, 1979) y con credibilidad: “El pastor no quiere seguridad mientras no se la den a su rebaño” (22 de julio, 1979).  Es el consuelo que nace de la compasión, el gozo que nace de la cercanía y la solidaridad, la esperanza que nace de la credibilidad.

Todos sabemos cuán difícil es esto, pero en este aniversario al menos no lo declaremos imposible, y pidamos que ésta sea nuestra utopía. Monseñor ni ofreció ni ofrece recetas, pero sí ofrece caminos, luces, impulsos.

Muchas otras cosas se pueden decir sobre cómo celebrar este XXV aniversario. Sólo queremos añadir una última cosa, de la que sólo pueden hablar “con autoridad” quienes han vivido situaciones cercanas a la de Monseñor. A mediados de los años ochenta las madres de desaparecidos me pidieron que dijera una misa para recordar a Monseñor Romero. Cuando estaba para salir de mi casa, una sencilla trabajadora de la UCA me dijo: “en la misa de Monseñor, recuerde a mi hijo”. Su hijo había sido asesinado por los cuerpos de seguridad. Pensar que estaba con Monseñor era su mayor consuelo.

No sabemos que ocurrirá dentro de otros 25 años, pero todavía hoy hay mucha gente que el 24 de marzo recuerda a sus hijos e hijas, esposos, padres, hermanos y hermanas, que también fueron asesinados. Y piden a Monseñor que ahora cuide de ellos. A ese Monseñor le hablan como se habla a un padre. Quizás le piden favores, milagros, pero pienso que no lo hacen porque ven en Monseñor a un santo “milagrero”, con poder, sino porque ven a un hombre bueno, alguien que les quiere de verdad. Sigue siendo para ellos buena noticia. Eso ocurre “en lo escondido”, pero es lo más importante, pienso, en este XXV aniversario.

lunes, 24 de agosto de 2026

¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero...

 

...Si pierde su alma?

30 de agosto 2026

El domingo pasado nos quedamos con la pregunta (que nos hacía Jesús de Nazaret): -" Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?"...

Nos cuesta mucho dar ese paso de confianza, fiarnos de su palabra, de su mensaje... Como que nos resulta más cómodo seguir con nuestras prácticas religiosas, devociones, cumplimiento de leyes y mandamientos que eso de fiarnos, creer de verdad su mensaje del reino de Dios.

-¿Quién es para nosotros Jesús de Nazaret? ¿Qué importancia le damos en nuestra vida, en nuestra actividad, en nuestras relaciones sociales?

El texto del evangelio de este domingo pone en boca de Jesús ese adelanto de la pasión... (que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día).
No. Ni Pedro, ni ninguno de sus discípulos o seguidores, entendió nada de todo eso. El evangelio de Mateo trata de destacar a Pedro (como lo hizo el domingo pasado al escribir aquello de que "tú eres Pedro y sobre tí edificaré mi iglesia..."). Ni comprendieron el peligro que amenazaba a Jesús, el peligro de que lo arrestaran, lo encarcelaran, lo torturaran, lo mataran... Era impensable. Creían más bien que era el Mesías, el salvador, el que conseguiría que el pueblo de Israel volviera a ser grande, como el escogido de Dios...
Tendrían que perder toda seguridad, todo sueño de grandezas, de reino, de sentarse a la derecha y la izquierda... De ser algo grande junto al Maestro. Y eso llegaría en el tiempo que llamamos la Pascua.

Además de todo eso, me atrae como reflexión esas otras palabras de Jesús: -"¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?" "¿O qué podrá dar para recobrarla?"
En el lenguaje de Jesús, de la mentalidad judía, perder el alma significa perder la vida. (Hablar de cuerpo y alma forma parte de la cultura helénica o griega. Y es la que nosotros solemos utilizar). 
Si lo entendemos así, nos damos cuenta de que lo que más queremos, lo que más apreciamos es nuestra vida... Y ahí nos cuestiona Jesús de Nazaret: -"¿De que te sirve ganar todo el mundo, si pierdes tu vida?
Negocios, dinero, poder, fama, casas, campos... Todo eso que nos suele ofrecer el mundo, nuestra sociedad... para ser feliz, para llegar al más alto nivel, para estar por encima de todos.
-"¿Y si pierdes tu vida...?
Ha habido hombres y mujeres que se lo plantearon muy en serio: Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Teresa de Jesús, Francisco de Asís, Pedro Claver, Pedro Casaldáliga... La lista es muy larga. Hombres y mujeres que pusieron toda su confianza en el Maestro y siguieron sus huellas. Ya he conocido unos cuantos hombres y mujeres que decidieron vivir de esa manera. Ellos y ellas, siguiendo los pasos de Jesús, son también mi referencia.

Plantear nuestra vida en esos términos significa que damos más importancia al mensaje de Jesús, a vivir teniendo a Dios (nuestro padre) como único referente, a descubrir y estar atentos a los hermanos y hermanas. Sin prejuicios, sin distinción, sin razas, ni lenguas, ni origen, ni cultura ni religión... Porque por ahí anda Dios. Y si no sé poner atención y amar, eso significa que no he comprendido el lenguaje de Jesús.


Texto del evangelio de Mateo 16, 21-27

En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».

Jesús se volvió y dijo a Pedro:
«Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».

Entonces dijo a los discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.

Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.

¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?

Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»

lunes, 17 de agosto de 2026

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

 


«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.

23 de agosto 2026

Leo el texto de Mateo (el que escuchamos este domingo) y me pregunto qué pasaría si, una vez en la iglesia, el cura nos hiciera esa pregunta:

-«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».

Seguramente encontraríamos respuestas de todo tipo. Aunque, en muchos casos, podríamos decir que la gente de hoy en día se desentiende de los temas de religión. Que no lo sabe. Que no tiene ni idea. Que, quizás, fue un personaje antiguo importante... O que fundó la religión cristiana...

En cambio la siguiente pregunta, tal vez, nos pillaría algo desprevenidos. 

-«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».

Acostumbrados a lo aprendido en el Catecismo o a lo que tantas veces nos han predicado, tal vez nos parezca de lo más simple. Y podríamos decir la respuesta que el evangelista Mateo pone en boca de Pedro: -«Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».

Como comenta Fray Marcos: -"Antes de la experiencia pascual, Pedro nunca pudo decir que Jesús era el Hijo de Dios. Un judío, lo más que podía decir de un ser humano es que era ungido..."  Y eso se aplicaba al rey o al sumo sacerdote (ungido para desempeñar sus funciones)... De ahí surgió entre los cristianos el nombre de Hijo de Dios aplicado a Jesús, pero nunca con el significado que le atribuyeron los obispos griegos en los Concilios que siguieron..."

-"A Jesús, como judío, nunca se le pasó por la cabeza fundar una iglesia. Lo que intentó fue purificar su religión de todas las adherencias que le impedían ser fiel a Dios..."

Acostumbrados a la seguridad de los dogmas de la Iglesia y a la rotundidad de las enseñanzas que siempre nos han predicado, me imagino que escuchar ciertas afirmaciones nos pueden dejar descolocados y como perdidos.

Me gusta escuchar o leer los comentarios de personas más conocedoras del evangelio, del lenguaje que utiliza, de la mentalidad de aquellos tiempos. Después vuelvo a mi reflexión, vuelvo al mensaje de Jesús de Nazaret:-"El reino de Dios está cerca. Convertíos, cambiad de vida" Luego trato de recordar las parábolas, las historias, las explicaciones que daba Jesús.
Todos estamos llamados. Somos invitados a entrar en el reino de Dios, a vivir como hijos e hijas, a hacer nuestro el estilo de Jesús, a centrar  nuestras vidas en Dios, nuestro padre (abbá-ammá) con confianza, con esperanza y tranquilidad... Porque venimos de Él y volvemos a Él. Y lo que importa es que vivamos como hermanos, pendientes de los otros (de nuestro prójimo), en especial de los más débiles y necesitados.

Los dogmas, las definiciones, las doctrinas, los grandes saberes... no tienen importancia. Eso ya les pasaba a los primeros seguidores de Jesús y un día les dijo aquello de que "bendito sea Dios que ha revelado todo esto a los pequeños, a los humildes, a los desposeídos, a los don-nadie...
Y cuando entendemos eso, qué felicidad olvidarnos de tantas leyes, doctrinas, dogmas y enseñanzas... Lo importante es otra cosa. Creo que, realmente, ni siquiera la Iglesia como institución tiene mayor importancia. Toda esa corte de Papa, Cardenales, Arzobispos, Obispos y todo el etcétera que podemos poner... no son el reflejo de lo que Jesús indicaba a sus seguidores: El que quiera ser el mayor, que sea vuestro. esclavo... Ser servidores, atentos a las demás personas (a las que pasan hambre, sed, enfermedad, carecen de lo necesario, sufren persecución, son despreciadas por su raza, por su cultura, su origen o simplemente por ser mujer...

Y cuando comencemos a pensar y a sentir como lo hacía Jesús y vayamos captando su estilo de vida..., estoy seguro que eso será como dicen que Jesús le dijo a Pedro: -«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos..." Es algo que no nos vendrá de los libros, de las enseñanzas, de las misas que oímos o las oraciones que recitamos... Eso nos llega desde dentro al ir encontrando y descubriendo a Dios nuestro padre.
-Bienaventurados nosotros!

Texto del evangelio de Mateo 16, 13-20

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».
Ellos contestaron:
«Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».
Jesús le respondió:
«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

miércoles, 12 de agosto de 2026

Mujer, qué grande es tu fe...

 ..."Que se cumpla lo que deseas

16 de agosto 2026

El texto que leemos/escuchamos este domingo casi diría que me hace gracia. El diálogo entre Jesús y la mujer cananea tiene, por otra parte, una profundidad que demasiado a menudo me ha pasado desapercibida. 

Veamos. Se trata de una mujer, además "cananea". O sea una mujer gentil, pagana. Vaya, que no es judía, ni cree en la biblia, en los profetas, en todo eso que el pueblo judío profesaba una fe estricta.

Además Jesús, en su diálogo, se lo hace notar: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».

Los discípulos estaban molestos con la mujer que iba detrás de ellos gritando y armando escándalo... Parece que hasta Jesús lo tenía claro: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».

Hasta ahí todo parece seguir el guión establecido por la religión judía. El pueblo elegido eran ellos. Su Dios era el verdadero. Los otros no tenían más opción que la de convertirse y hacerse judíos... Porque eran paganos.

Y todo eso me suena a un estilo y una manera propia de la que llamamos nuestra Iglesia. Es cierto que, a lo largo y a lo ancho de la historia y de los países, siempre ha habido personas (hombres y mujeres) que profundizaron en el mensaje de Jesús y se entregaron al servicio de tantas y tantas personas descubriendo en ellas al mismo Dios.

Lo que me llama la atención es el cambio que se opera en el diálogo: La mujer cananea (bien sabía ella lo que podían pensar aquellos judíos: cananea y mujer) muestra su actitud y preocupación, no por ella, sino por la hija: -"Señor, ayúdame". Ya sé que soy cananea, que sólo soy una mujer... Y tienes razón, no merezco el pan de los hijos... «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».

Nuestra sociedad, nuestro mundo, se mueve hoy en día siguiendo unas ideas en las que los poderosos (los países ricos), a través de las redes sociales, los medios de comunicación, sus discursos políticos, pretenden marcar divisiones entre los pueblos. Se marcan y se vigilan las fronteras. Se pretende etiquetar y catalogar a los extranjeros. Si no alcanzas cierto nivel económico... entonces se marcará tu ficha como delincuente, persona a la que es mejor expulsar o meter en la cárcel...

Jesús debió de sonreír al escuchar a aquella mujer cananea... «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». Sí, qué confianza vio en la mujer... No era la primera vez que Jesús se admiraba de la fe y confianza de gentes paganas.

Como comenta Fray Marcos: -"Aquella mujer tenía más confianza en él que los que le seguían desde hacía mucho tiempo."

-"El relato nos enseña que ser cristiano (seguidor de Jesús) es acercarse al otro, que prójimo es siempre el débil que me necesita. Aún no tenemos esto nada claro Nos sigue costando demasiado aceptar al otro y dejar que sea diferente..."

Nos cuesta mirar en profundidad, descubrir a la persona (sea la que sea) como parte de mi humanidad, como parte de Dios mismo. Sin importar su raza, su lengua, su manera de actuar, de vestir o de relacionarse. Sin importar su religión o sus costumbres. Descubrir eso y sentirme unido a ella. Porque es parte de mí mismo (aliento de Dios nuestro padre).

«Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».

Jejeje... Tiene toda la razón.

Texto del evangelio de Mateo 15, 21-28

En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón.

Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
«Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo».

Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:
«Atiéndela, que viene detrás gritando».

Él les contestó:
«Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».

Ella se acercó y se postró ante él diciendo:
«Señor, ayúdame».

Él le contestó:
«No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos».

Pero ella repuso:
«Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos».

Jesús le respondió:
«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».

En aquel momento quedó curada su hija.

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