miércoles, 10 de junio de 2026

 NUESTRO CREDO (actualizado)



Desde hace bastante tiempo me he acostumbrado a recitar el Credo "a mi manera"... Sencillamente la fórmula que utiliza la Iglesia, al que se suele recitar o rezar en la iglesia (en la misa) me resulta, no sólo anticuada, sino que es difícil de compaginar con el pensamiento moderno, con el conocimiento actual, con superar el pensamiento que llaman heterónomo, es decir eso de entender (desde nuestra manera de pensar como humanos) que existe un mundo arriba (el cielo), un mundo aquí abajo (la tierra) y otro más profundo (el infierno). Que Dios es el Señor Todopoderoso que vigila y controla todo, que nos juzgará para premiarnos o condenarnos, etc.,etc.

Incluso seguimos recitando expresiones que, a pesar de haberlas declarado como dogmas, difícilmente se pueden aceptar desde el conocimiento científico de hoy en día...

De ahí que lo rezo a mi manera saboreando aquello que Jesús mismo debía saborear cuando se retiraba a orar: Abbá, que mi vida y todo lo que hago, digo, pienso, sueño y deseo santifique tu nombre, te dé gloria.

Que llegue tu reino, tu presencia, a mi vida, a mi manera de hacer y relacionarme con los demás.

Que tu voluntad sea lo más importante en mí en todo momento y en toda circunstancia.

El pan que me das cada día no me guarde para mí solo. Que sepa compartir y esté pendiente de las personas que me rodean.

Ya sé que me miras con cariño y ternura y perdonas mis errores siempre como una mamá cariñosa. Que yo sepa mirar a los demás en profundidad, escucharles para comprender y comprender para amar. Así sabré perdonar como Tú lo haces siempre.

No me dejes caer en la tentación de la indiferencia hacia los demás, en el odio, el rencor, la rabia y la venganza. Que no caiga en el pesimismo porque sé que tú siempre estás ahí a mi lado y tu amor es mucho más fuerte que todo.

Abbá, líbrame del mal. Amén


Todas las mañanas, en mi rato de meditación, le rezo de esa manera. Es como empezar de nuevo cada vez que me levanto reconociendo que sigo siendo un aprendiz, un novato que no soy todavía discípulo del Maestro.


(Una propuesta de Roger Lenaers)

Creo en Dios, amor infinito

que expresa soberanamente su ser más profundo

en la evolución del cosmos y de la humanidad.


Y en Jesús, nuestro Mesías,

imagen única de Dios,

nacido de padres humanos, 

sin ser obra humana,

sino fruto enteramente de la gracia salvadora de Dios.


El recorrió el camino del sufrimiento y de la muerte,

fue crucificado por orden de Poncio Pilato,

murió y fue sepultado,

pero vive en plenitud,

porque se abrió y quedó absorbido enteramente en Dios,

llegando a ser por lo mismo una fuerza sanadora,

de manera que puede guiar a toda la humanidad a su plenitud.


Creo en la acción inspiradora del soplo de vida de Dios

y en la comunidad universal de la Iglesia,

en la que Jesús, el Cristo, sigue viviendo con rostro humano.


Creo en el don de Dios,

que nos salva y hace de nosotros una nueva creación, 

para llegar a ser, por fin, seres humanos.

Y creo en el futuro divino de la humanidad, un futuro que significa la vida sin límites. Amén.


Gratis habéis recibido, dad gratis

 "Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos"

14 de junio 2026

Estoy leyendo el evangelio de este domingo y me digo que, demasiado a menudo, he pensado que esa palabra de envío que hace Jesús a sus primeros seguidores o discípulos (y da los nombres de los 12) era exclusivamente para ellos... Ellos fueron los enviados. Quizás mi error está en pensar todo ello como un acontecimiento histórico que nos cuenta el evangelio para admirar (¿?), para valorar (¿?), para convencernos de que es el mensaje de Jesús (¿?)...

Entiendo que nos suele faltar el paso siguiente: -A tí, también te envío.

El mensaje es para todos nosotros. Ir y proclamar que el reino de Dios o reino de los cielos ha llegado. Que ese mundo nuevo que deseamos y anhelamos ya ha llegado. (El reino de Dios o reino de los cielos es lo mismo que decir que Dios está aquí, entre nosotros. Más aún, dentro de nosotros).

Claro, es muy difícil anunciar algo que no sentimos y vivimos. Nos faltaría lo que los orientales llaman iluminación. Miramos sin ver y somos incapaces de descubrir esa presencia de Dios, su reino, su acción constante en nuestra vida, en nuestro entorno, en la naturaleza, en el universo. Su aliento, su espíritu, es el que crea y recrea todo; el que mueve la evolución misma de lo que llamamos la creación.

Tengo que detenerme, pararme, y observar, contemplar dejándome empapar de todo ello.

El siguiente paso es el que les dice Jesús a esos discípulos: "Gratis habéis recibido, dad gratis". Es la alegría de dar y compartir con las otras personas. Con la felicidad de que estamos dando la respuesta a tanto anhelo y ansia en pos de lo que creemos que es la felicidad, la solución a todos nuestros problemas... caminando como ciegos tras las voces y la propaganda que llegan a nuestros sentidos por todos los medios que la humanidad ha ido descubriendo en su evolución.

Pero no olvidemos que si yo mismo no siento y vivo el mensaje de Jesús, difícilmente podré dar nada que no sea mi propio "yo", es decir mi imagen, mi importancia, mis valores... Y mi yo, lo que sé, lo que he aprendido, lo que tengo y poseo, es sólo eso: mi yo, una ilusión, nada. No será el mensaje de Jesús, el reino de los cielos o de Dios (Dios mismo). Sólo ese ir creciendo en humanidad, en compasión y empatía, en atención a las otras personas, en cariño y ternura especialmente hacia las personas que más lo necesitan (migrantes, extranjeros, gentes de otra raza, de otra cultura, de otra manera de pensar)...

Dar gratis... Qué difícil se nos hace eso en una sociedad en la que todo se hace y se proclama por interés, por ganancia, por aparecer, por ser famoso, por ser más que las otras personas... 

Por ahí comenzamos nuestro camino. Seguir las huellas del Maestro. Y, cuando empezamos a vivir ese estilo nuevo, seguro que seremos capaces de anunciar y de dar gratis esa gran noticia de que el reino de los cielos ya ha llegado.

Texto el evangelio de Mateo 9, 36 – 10, 8

En aquel tiempo, al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos:
«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies». Llamó a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».

miércoles, 3 de junio de 2026

Yo vivo por el Padre

 

...El que come este pan vivirá para siempre

7 de junio 2026

Fiesta del Corpus Christi

He aquí una fiesta que siempre ha tenido una importancia extraordinaria en la vida de la Iglesia. Al igual que las fiestas que se suelen hacer con motivo de las Primeras Comuniones de los niños y niñas.

Procesiones, celebraciones con mucha ceremonia, muchos adornos, flores, luces, himnos y canciones... Todo para venerar y adorar la "presencia de Jesús en la eucaristía". Todos hemos vivido todo eso de una manera o de otra. Hemos vivido esa devoción. Hemos participado en celebraciones, procesiones y horas de adoración.

Ahora, al intentar hacer mi reflexión sobre la fiesta y sobre la Eucaristía, siento que toda esa fiesta, veneración y celebración, tienen una finalidad que se aleja del pensamiento mismo del evangelio. Es una fiesta pensada para nosotros. Es como si quisiéramos ver y tocar con nuestros sentidos algo que está más allá de lo que nosotros (hombres y mujeres) podemos llegar a comprender, a explicar o a expresar.

Si todo el mensaje de Jesús de Nazaret es una invitación a convertirnos y entrar en el reino de Dios, todo lo que hizo sigue siendo esa invitación. Signos, gestos, parábolas y expresiones... Todo para que nos vayamos iniciando en ese cambio de mentalidad, en hacernos a ese nuevo estilo de vida.
¿Cómo expresar todo eso?
Tengo que echar mano de los entendidos y maestros que tienen conocimiento y vivencia en el seguimiento de Jesús.
Fray Marcos escribe: -"Debemos tomar conciencia de que la tradición que prevalece hoy no es la original. La tarea más urgente es el dejar de dar valor a lo accidental que se adhirió a ella."
-"Necesitamos el signo para hacer presente la realidad transcendente que no puede llegarnos por los sentidos. La realidad divina está siempre ahí, ni se crea ni se destruye, ni se trae ni se lleva, ni se pone ni se quita."
-"Dios no está más presente en nosotros después de comulgar que antes de hacerlo. El sacramento me tiene que ayudar a descubrir esa presencia y a vivirla."
-"El partir el pan forma parte de la esencia del signo. El "esto" ("Esto es mi cuerpo") no hace referencia a un trozo de pan sino al gesto de partirlo. Si lo partimos, es para ser comido y digerido."

La Cena del Señor. El Memorial. El encuentro de los hermanos y hermanas (seguidores de Jesús) que reviven su presencia y en ese signo refuerzan su esperanza, su confianza y su deseo de seguir sus huellas.
Roger Laeners escribe: -"El objetivo de ese comer y beber es recordar a Jesús. Lo que significa despertar un recuerdo vivo suyo, como el de alguien que quiso ser como pan y vino para quienes vivieron con él... El objetivo de la eucaristía está en el memorial, el recuerdo vivo de Jesús."
-"El pan se vuelve un signo expresivo de que él es realmente pan para sus discípulos..., signo de un encuentro y una unión intensos entre los discípulos y su "Señor y Maestro".
-"...La fuerza de la eucaristía se despliega enteramente  en el comer y el beber..."

Participar en la eucaristía tendría, pues, su fuerza y su expresión en el acto de comer juntos el pan (de la Cena del Señor) reviviendo su modo de vivir y de actuar, haciendo realidad esa unión y hermandad. Es unir nuestras manos, darnos el abrazo, comprometernos con los hermanos y hermanas y tratar de vivir esa presencia de Dios, nuestro padre, tal como hacía Jesús de Nazaret.
Me gustaría añadir que la eucaristía no es "algo santo o sagrado" para tener ahí, como en una caja fuerte, para venerar y adorar. No, es algo activo y vital. Sí, puedo llevar un trozo de pan a algún hermano o hermana que no haya podido participar en el encuentro, en el memorial; pero no es algo para guardar como algo sagrado y divino.
Lo divino de Dios está dentro de cada uno de nosotros y nosotras. Precisamente eso debería hacernos cambiar de perspectiva al relacionarnos con los hermanos y hermanas. Ser capaces de "ver a Dios" en todos y en todo.

Comer ese pan y vivir para siempre... Así se escribe en el evangelio de Juan. Una comunidad que vive esa unión al Maestro y experimenta la nueva vida..., la vida de Dios. A eso estamos llamados.

Texto del evangelio de Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».
Disputaban los judíos entre sí:
«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

martes, 26 de mayo de 2026

Tanto amó Dios al mundo...

...Que entregó a su unigénito... para que tenga vida eterna

31 de mayo 2026

DIOS AMA el MUNDO - CVX en España

Dentro del ciclo litúrgico la Iglesia nos propone para el domingo que sigue a Pentecostés la fiesta de la Santísima Trinidad.

Supongo que tenía, y seguramente tiene, sentido dentro de la doctrina y dogmas de la Iglesia (por no decir de todas las iglesias que se proclaman seguidoras de Jesús de Nazaret). Pero el tema está en que de Dios no sabemos nada. Es decir, no podemos conocer ni explicar el sentido y la profundidad de Dios...
El texto que leemos y escuchamos está tomado del evangelio de san Juan. Un evangelio que tiene más de reflexión y de vivencia de toda una comunidad de seguidores de Jesús. Hace referencia a la conversación que tuvo Jesús con Nicodemo... Y le decía que había que volver a nacer. Que es el espíritu lo que importa... Y dentro de esa conversación le dice que Dios amó tanto al mundo que entregó a su unigénito para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.


Ese mensaje que se pone en boca de Jesús es la vivencia y el convencimiento que tenía la comunidad de Juan. Y eso mismo tendría que ser para nosotros: vivencia y convencimiento. Fe y confianza total en el mensaje de Jesús de Nazaret.

Me gusta el comentario que escribe Fray Marcos: -"El Dios Todopoderoso, el que ordena y manda, el que premia y castiga, el que da miedo, es lo más contrario al Dios de Jesús de Nazaret. Dios es amor y nada más que amor. No le demos más vueltas."
-"La gran enseñanza de la Trinidad es que solo vivimos si convivimos. La Trinidad no es una verdad para creer sino una Realidad para vivir. No hay nada que explicar".

Quizás lo que nos falta es tiempo para contemplar, para mirar y admirar, para dejar que toda la maravilla de la vida, de nuestro entorno, de la naturaleza, del universo nos asombre y lleguemos a percibir ese paso de Dios, de su aliento que sopla sobre todo ello y respire... Como lo hago yo mismo. Inspiro y expiro. Tomo aliento y mi corazón sigue latiendo...
Ni nos damos cuenta. Día y noche. Dormido y despierto. Todo nuestro cuerpo responde a esos latidos, a esa respiración... ¿Quién me enseñó a respirar? ¿Quién mueve mi corazón?

Por eso digo que no son palabras, explicaciones o dogmas lo que necesitamos. Vivir y sentir lo que Jesús sentía y vivía. Hablaba de él utilizando imágenes y parábolas: Mirad y ved los lirios del campo, los pajarillos del cielo... Tantas parábolas que quieren expresar lo que él mismo sentía al llamarle Abbá-papá...


Texto del evangelio de Juan 3, 16-18

Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

miércoles, 20 de mayo de 2026

Paz a vosotros

"Como el Padre me ha enviado, así os envío yo"

24 de mayo 2026

Fiesta de Pentecostés

Desde siempre guardo en mis recuerdos la celebración que nos ofrece la Iglesia a los cuarenta días de la Pascua: Pentecostés. La venida del Espíritu Santo. Y, quizás pensando en la bajada del Espíritu sobre los primeros discípulos, esperaba que algo de eso nos sucediera a nosotros. 
En otras ocasiones y celebraciones he vuelto a escuchar las oraciones y los cantos pidiendo la venida del Espíritu.
Ahora al hacer mi reflexión me pregunto si todo eso tiene alguna razón de ser.
¿Tiene que bajar o venir el Espíritu Santo?
¿Tenemos que pedir que Jesús o Dios nos lo mande?
¿Qué significa eso de tener el Espíritu?

Para empezar, una vez más, tengo que recordar que toda la narración que nos hace y describe el texto del evangelio de Juan (o de cualquier otro escrito) no es algo ocurrido físicamente, literalmente.
Como escribe Fray Marcos: -"Ni estamos celebrando una fiesta del Espíritu Santo ni recordando un acontecimiento físico que pudieran ver. Las distintas promesas y venidas del Espíritu que se narran, indican que no tiene que venir de alguna parte."
-"Estamos ante la expresión más completa de experiencia pascual. Los seguidores de Jesús saben que todo lo que estaba pasando dentro de ellos era obra del Espíritu. No vino a ellos sino que se dejaron empapar de él."
-"El Espíritu no es un privilegio de algunos. Todos tenemos como fundamento de nuestro ser el Espíritu aunque no seamos conscientes de ello. Dios no tiene nada que dar, simplemente se da él mismo y en ese don está todo don."
-"...Se nos ha dado para que vivamos lo indecible y tratemos  de traducir esa experiencia al lenguaje de hoy."

Y ésa es la misión que nos da. Es el mensaje que hemos recibido. Vivir, vivir y vivir. Jesús de Nazaret marchó delante. Ahora nos toca a cada uno de nosotros.
Empezar a profundizar dentro de nosotros mismos y captar ese "aliento" que está en nosotros y sin el cual no podemos vivir. Nuestra realidad más cotidiana: nuestro aliento, nuestro corazón, nuestros sentidos... Y la realidad de vida que nos rodea. Todo ese conjunto de seres en nuestro entorno. Ahí anda Dios. Ahí alienta su espíritu. Lo que nos pasa es que no nos damos cuenta, no somos conscientes. Y andamos ocupados y preocupados con pequeñitas cosas, con detalles que no tienen ninguna importancia, con muchas, muchas cosas que nos anuncian y hacen propaganda de felicidad, de plenitud, de llegar al máximo nivel... Y terminamos descubriendo que son cosas engañosas que nos dejan vacíos y nos hacen perder la serenidad, la paz y la esperanza.

Sí, vamos buscando fuera, pidiendo que nos llegue de algún lugar, lo que ya tenemos dentro. ¡Qué pena!, ¿verdad?
Quiero hacer silencio dentro de mí (y a mi alrededor) para ser capaz de conectar con ese aliento divino que ya está en mi vida...
También voy siendo consciente de que todo eso lo tengo que vivir ahora, mientras vivo... Lo podré hacer mientras soy humano, mientras mi corazón late, mientras mi aliento respira... No puedo dejarlo para cuando ya no sea hombre/mujer y mi cuerpo se vea reducido a cenizas... Ahora es el tiempo de vivir...al estilo de Jesús de Nazaret.


Texto del evangelio de Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

martes, 12 de mayo de 2026

Sabed que estoy con vosotros todos los días

...Hasta el final de los tiempos

Ascensión del Señor

17 de mayo 2026

Hay una recomendación que Fray Marcos suele hacer con mucha frecuencia: "-No podemos seguir entendiendo literalmente un lenguaje mítico que nosotros ni entendemos bi necesitamos. Esta fiesta (La Ascensión), entendida como subida física, es desconcertante."

"-Debemos entender esta fiesta, como las demás fiestas del tiempo pascual, como una realidad espiritual. Ni la resurrección, ni la ascensión, ni la venida del Espíritu Santo son hechos que se puedan. separar. No acontecieron en el tiempo sino en la realidad."

Entonces, ¿qué es lo que celebramos? Creo que lo que realmente celebramos es la vida de Jesús. ¡Cómo Jesús de Nazaret, a lo largo de su vida, se fue identificando con la voluntad de Dios, viviendo y teniendo por centro lo que él llamaba "el reino de Dios". Su modo de hacer, de escuchar, de hablar, de tratar a las demás personas, de acercarse y tener compasión...
De ahí que, al tratar de decir cómo había vivido, leemos en el evangelio y en los Hechos de los Apóstoles que pasó haciendo el bien y curando a todos. Sintieron que no era como los demás. Había en su vida algo de divino, algo de Dios que no sabían explicar... De hecho sus seguidores no terminaban de entenderle. Seguían agarrados a lo que se decía y a lo que esperaban del Mesías libertador de Israel... Y así siguieron hasta el final tan terrible de su juicio, condena y muerte ajusticiado en la cruz. ¿Cómo era posible? 
Ese shock final les llevó a una revisión total de lo que recordaban de él. Lentamente fue madurando en ellos y ellas el mensaje de Jesús de Nazaret. ¿Cómo traducirlo en un mensaje hablado, en un lenguaje que la gente de su tiempo pudiera entender...? Así ha llegado hasta nosotros la Buena Noticia del Evangelio.
Por eso "el tema de la misión es crucial en todos los relatos pascuales. Quiere decir que la obsesión por llevar el mensaje a todos no fue una ocurrencia de la comunidad..."
-"Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado."

Y ahí estamos nosotros. Quizás nuestro error ha sido el entender que la misión (de los misioneros y de todos los cristianos) era enseñar. Como quien enseña una doctrina, una ciencia, unos conocimientos.
Tenemos que asumir que "enseñar no hace referencia a doctrinas sino a vivir como vivió él, poniendo por encima de todo el servicio..."
Y la palabra que puse en la cabecera de la reflexión: "Sabed que estoy con vosotros todos los días; hasta el final de los tiempos", estoy convencido que es un pensamiento y un sentimiento que Jesús de Nazaret llevó en lo más hondo de su corazón... Que Dios, Abbá, está siempre con nosotros. Todos los días... Hasta el final de nuestra vida.
Necesitamos reflexionar y ahondar en este pensamiento y haciéndolo nuestro...Todos los días!


Texto del evangelio de Mateo 28, 16-20

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.

Al verlo, ellos se postraron, pero algunos dudaron.

Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

miércoles, 6 de mayo de 2026

Cuando venga el Espíritu...

 ..."También vosotros daréis testimonio"

11 de mayo 2026

Nos acercamos a la fiesta de Pentecostés. A lo largo de todos estos domingos que llamamos de Pascua, los textos del evangelio de Juan nos han ido guiando y dándonos pistas para que nosotros también podamos captar ese mensaje que ellos mismos (seguidores y seguidoras de Jesús) habían asumido y lo habían convertido en su vida: Parábolas, símbolos, imágenes... (el pastor, la puerta; el camino, la verdad y la vida; la viña, los sarmientos; el pan).

Y, por si acaso nos quedan dudas todavía... Preguntas como las que escuchábamos en boca de Tomás o de Felipe: -"No sabemos a dónde vas..." -"Enséñanos el camino..."  Hoy escuchamos esa afirmación: -"Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio..."

Siguiendo una larga tradición, a través de la predicación, de la instrucción religiosa, de las charlas y comentarios a lo largo de nuestra formación en la Iglesia, nos preparamos para que nos venga el Espíritu, baje hasta nosotros y nos traiga todos sus dones. Así hemos entendido nuestro Pentecostés.
Al igual que la salvación, nos hemos convencido de que alguien nos va a salvar... Desde fuera, desde el mundo del más allá, bajará y nos salvará...

Creo que esa actitud pasiva ha hecho de nosotros una clase de  cristianos, unos seguidores pasivos. Nos basta con recibir los sacramentos, con acudir a la misa los domingos, rezar nuestras oraciones, cumplir los mandamientos y...nos sentiremos salvados.
Me temo que esa pasividad provoca en nosotros lo que podríamos llamar una espera carente de alicientes, vacía, hecha de rutinas y de prácticas religiosas que no conducen a la Buena Noticia del reino de Dios.

Como escribe Fray Marcos: -"Es preciso que descubramos el verdadero mensaje del evangelio y tomemos conciencia de que es "buena noticia". El descubrimiento de que lo que nos dice nos puede llevar a descubrir nuestro verdadero ser."
"...Esa buena noticia no es una programación venida de fuera, sino la exigencia más profunda de mi ser."
"-...Ser cristiano significa hacer nuestra la manera de ser y de vivir de Jesús. Sería descubrir en nosotros lo que Jesús descubrió en sí mismo. Tomar conciencia de que lo divino es nuestro verdadero ser... El adorarle como Dios, el glorificarle como exaltado, el tenerlo como modelo de la divinidad no nos sirve para nada."
"-...Sólo la convicción de que lo que el vivió está en nosotros y podemos vivirlo como lo vivió él, nos garantizará una salvación como la que él consiguió, dando pleno sentido a la vida humana y llevándola a su plenitud también humana..."

Todo ello supone un crecimiento interior que nos hace acercarnos poco a poco al Dios de Jesús, a esa vida tan intensa y entregada que reflejaba a Dios mismo. De ahí la fuerza de su persona; la compasión con la que miraba a los humildes y desprotegidos; la atención con la que se acercaba a los lisiados, a los enfermos, a los leprosos, a los marginados; el cariño y amor que sabía acoger incluso a los que la sociedad rechazaba (prostitutas, recaudadores de impuestos, samaritanos, extranjeros...).

Cierto que todos esperamos y necesitamos ese "Espíritu" (aliento y fuerza de Dios mismo) que nos haga captar el mensaje de buena noticia, que nos impulse y dé ánimo y fuerza para seguir los pasos de Jesús de Nazaret. Pero no es algo que nos llega desde fuera. Ya está en nosotros; pero no somos capaces de descubrirlo...

Es toda una invitación a hacer silencio en nuestra vida y dejarnos llenar por ese Dios que ya lo es todo en mí y en las demás personas. Al igual que en todo el cosmos, en toda la creación...
Que esa buena noticia nos llene de esa vida plena que es Dios mismo.


Texto del evangelio de Juan 15, 26 — 16, 4a

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo.

Os he hablado de esto, para que no os escandalicéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí.

Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho».

  NUESTRO CREDO (actualizado) Desde hace bastante tiempo me he acostumbrado a recitar el Credo "a mi manera"... Sencillamente la f...