martes, 6 de octubre de 2026

La boda está preparada, pero los convidados...

 

..."Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda"

11 de octubre 2026

Reflexionando sobre el evangelio llego a la conclusión de que, muy a menudo, nos hemos entretenido en detalles sin demasiada importancia y dejamos de lado lo que debería ser el centro de nuestra vida: la invitación a la boda, a la nueva vida, a convertirnos y vivir al estilo de Dios.

Me parece entender que ése es precisamente el mensaje de Jesús de Nazaret. Una invitación a gozar y disfrutar de una vida nueva.
Y me temo que nosotros, nuestras comunidades cristianas, no siempre presentamos el aspecto de personas invitadas a una boda, a una fiesta.
Creo que nuestras misas, nuestra religiosidad, nuestras devociones han adquirido un aspecto y un estilo de cumplimiento, de hacer nuestras obligaciones, de hacer lo que está mandado. De ahí que el vocabulario que usamos, las palabras que escuchamos como ritual, reflejan algo que está lejos de la fiesta de una boda, de la alegría del encuentro de los hermanos y hermanas que gozan de esa vida nueva.

Entonces me pregunto: ¿Cómo traducir el mensaje de Jesús de Nazaret para hacerlo real y visible en mi vida? 
Día a día los afanes de la vida, del trabajo, de la casa, de la familia, de las dificultades que vamos encontrando terminan por apagar esa chispa que se encendía en nuestro corazón al escuchar la invitación de Jesús. Y volvemos a ese mundo de preocupación e inquietud que hacen que nuestra vida vaya perdiendo la alegría y dejemos la invitación olvidada en algún rincón... Porque, también nosotros, al igual que los primeros invitados a la boda, tenemos otras muchas preocupaciones...

“La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”

Ahí está. Los seguidores de Jesús no estamos llamados a hacernos de una religión, a cumplir toda una serie de mandamientos, a rellenar obligaciones y devociones... ¡No! Estamos llamados a vivir la alegría de una boda, a pensar y asumir en todo momento la actitud y el estilo de las personas que ya se ven metidas en la fiesta, en gozar de ese ambiente tan maravilloso. 
Y sí! Todos los que encontremos en nuestro camino, en nuestra vida, están invitados.

¡Cómo nos cuesta entender y aceptar que tenemos un tiempo bien limitado! Que nuestra vida está marcada por eso que llaman impermanencia. Aún sabiendo que somos limitados, imperfectos, con fallos y errores, equivocaciones y pasos en falso..., nos aferramos como si la vida nos fuera en ello. Y olvidamos esa invitación que está ahí esperando esa respuesta nuestra.

Y ese vestido, esa ropa de fiesta de la que habla la parábola, no es otra que el amor compartido, el servicio a los demás, el cariño y ternura que vamos entregando sobre todo a esas personas que más lo necesitan. Y es que, si Dios es amor, la invitación que nos hace no puede ser otra que la de vivir como hijos e hijas de Dios.

Texto del evangelio de Mateo 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:

«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo; mandó a sus criados para que llamaran a los convidados, pero no quisieron ir. Volvió a mandar otros criados encargándoles que dijeran a los convidados:

“Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas y todo está a punto. Venid a la boda”.

Pero ellos no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios, los demás agarraron a los criados y los maltrataron y los mataron.

El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego dijo a sus criados:
“La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”.

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:
“Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?”.

El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores:
“Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.

Porque muchos son los llamados, pero pocos los elegidos».

martes, 29 de septiembre de 2026

Había un propietario que plantó una viña...

...Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?

4 de octubre 2026

Este domingo leemos/escuchamos una parábola dura y acusadora. 

Como explican los conocedores de la biblia y de su lenguaje, es una parábola dirigida, ante todo, a los dirigentes del pueblo (a los sacerdotes, levitas, doctores de la Ley). Señalan, además, que cuando se escribía el evangelio de Mateo ya se entendía claramente que la comunidad de seguidores de Jesús estaba enfrentada a la clase dirigente del pueblo judío (sacerdotes, levitas, doctores de la Ley) que no aceptaban de ninguna manera el movimiento de los seguidores de Jesús de Nazaret...
Incluso señalan que toda esa parábola es como una copia de otra del profeta Isaías (que también escuchamos como primera lectura en este domingo):
    "-Voy a cantar a mi amigo
    el canto de mi amado por su viña.
    Mi amigo tenía una viña en un fértil collado.
    La entrecavó, quitó las piedras y plantó buenas cepas;
    construyó en medio una torre y cavó un lagar.
    Esperaba que diese uvas, pero dio agrazones.
    Ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá,
    por favor, sed jueces entre mí y mi viña.
    ¿Qué más podía hacer yo por mi viña que no hubiera hecho?
    ¿Por qué, cuando yo esperaba que diera uvas, dio             agrazones?..."

Nos toca a nosotros escuchar y reflexionar sobre nuestro modo de vivir el mensaje de Jesús y nuestra actitud hacia los demás.
El Señor nos ha regalado la invitación para unirnos a Jesús y seguir sus huellas. Sólo somos invitados. De ningún modo somos dueños. O creer que nos pertenece.
La Iglesia, nuestra iglesia, nuestra comunidad, es una servidora atenta a los demás. Pendientes de los hermanos y hermanas más débiles y necesitados. En una actitud de servicio gratuito y voluntario.
Sólo así daremos frutos que serán una ofrenda, feliz y llena de compasión y ternura que entregaremos a nuestro Padre.

Hace tiempo me comentaban que teníamos que defendernos de los migrantes musulmanes que nos estaban invadiendo... Yo les dije que no entendía yo eso de defendernos. Lo nuestro (como seguidores de Jesús de Nazaret) es vivir y ser consecuentes con la Buena Noticia, una invitación que va dirigida a todas las personas no como una imposición, tampoco como un adoctrinamiento; sino como una vida que se contagia porque es una manera nueva de vivir.

¿Cómo es nuestra viña? El Señor ha sido y sigue siendo un don total para nosotros. Invitados a su viña, ¿cuáles son nuestros frutos?


Texto del evangelio de Mateo 21, 33-43

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.

Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.

Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.

Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».

Le contestan:
«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».

Y Jesús les dice:
«No habéis leído nunca en la Escritura:

“La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente”

Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

lunes, 28 de septiembre de 2026

 

EL BUEN VIVIR FELICITANTE

ECLESALIA, 28/09/26.- Hoy, en esta nueva mañana de mi vida, deseo renovar
mi confianza en todas las mujeres y los hombres que mantienen
en alto los letreros luminosos que anuncian la bondad y la justicia.
Mi canto de hoy es para todos ellos y ellas, pues nos enseñan
el camino perfecto: el de darse y mantenerse siempre agradecidos.

Deseo seguir sus estelas dentro de mi corazón,
en mi casa, en mi vida, sin poner mis ojos en lo que deslumbra,
sino en la simplicidad de las pequeñas cosas de cada día,
y alejando de mí el egoísmo, la opresión, la riqueza y la vanagloria.

Haré oídos sordos a las proclamas de los arrogantes,
a los programas que solo invitan a la superficialidad,
a las noticias engañosas, a quienes alaban la corrupción,
la violencia, la xenofobia o la exclusión.

No permitiré que se hospede en mi interior
la apatía, la ambición o la voracidad,
para dar paso al buen vivir felicitante,
en lugar del vivir bien a costa de los demás.


MIGUEL ÁNGEL MESA

martes, 22 de septiembre de 2026

Un hombre tenía dos hijos...

-...“Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero». Pero después se arrepintió y fue.
Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.

27 de septiembre 2026

Leo el texto del evangelio del domingo (27 de septiembre) y me digo que, también yo, ando reflejado en esos dos hijos.


Como siempre, Jesús de Nazaret a través de sus parábolas nos obliga a reflexionar y a cuestionarnos sobre nuestra propia actitud ante Dios.
Aprendimos los Mandamientos cuando éramos pequeños y, más o menos, creemos que los vamos cumpliendo. Como que, también más o menos, estamos convencidos que somos buenos...

Lo que quizá no llegamos a hacer, ni a cuestionar, es si nuestro estilo de vida es realmente el de Dios. Porque se trata de eso. La invitación de la Buena Noticia del Reino de Dios es, precisamente, a vivir al estilo del padre, a ser sus hijos.
Jesús de Nazaret asume un estilo y una manera cuya referencia es siempre Dios (nuestro padre): Su manera de escuchar, de prestar atención, de interesarse por los más débiles, por los enfermos, por los marginados, por los oprimidos... Y celebrar la vida, hacer fiesta con los que van descubriendo que hay otra manera de hacer y de relacionarse. Porque ahí está el tesoro escondido, la perla preciosa, lo que vale más que todo...

Sí, muy a menudo he vivido adoptando unas veces la actitud del hijo primero y otras veces la del segundo.
La del primero porque metido como estoy en tantas cosas, cuando me dice de ir a trabajar a su viña, lo primero que me sale es decirle: -No quiero..., aunque luego me paro a pensar y decido ir.
Otras veces soy como el segundo. Me lo pide a mí también y, sin pensarlo, le contesto que: -"Voy, señor"...; pero luego se me olvida y sigo con lo mío.

Si el domingo pasado escuchábamos aquello de dar a los últimos la misma paga que a los primeros, hoy nos hace ver y entender que Dios, el Dios que nos transmite Jesús, es un Dios de las segundas oportunidades. Siempre estás a tiempo de volver a empezar.

Tengo una anécdota personal que bien podía contarla mi propia madre. Como era el hijo mayor, la madre me mandaba a mí a hacer los recados o encargos que tenía: -Vete a la tienda... -Vete a casa de la vecina... -Vete a comprar esto o lo otro... Me molestaba que siempre me tocara a mí y por eso le contestaba sin siquiera pensarlo: -No quiero! -No he de ir! La madre ya no me decía más. Seguía con sus cosas y seguro que sonreía... Yo me quedaba allí, en un rincón para que viera que no quería ir... Pero luego salía corriendo, hacía lo mandado, volvía y me volvía a colocar en el mismo sitio (como si no hubiera ido). Entonces la madre me decía: -¿Pero todavía estás ahí? (con una gran sonrisa en su cara). Bien sabía ella que ya lo había hecho...
Por eso, hoy, esa parábola tiene tanto eco en mi vida y en mis recuerdos.
Y me anima a repensar y cuestionarme si estoy atento a esa invitación que siempre me está brindando el Señor: -Vivir como hijo suyo.


Texto del evangelio de Mateo 21, 28-32

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero». Pero después se arrepintió y fue.
Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor”. Pero no fue.
¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?».
Contestaron:
«El primero».
Jesús les dijo:
«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Id también vosotros a mi viña

 

...Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos

20 de septiembre 2026

El domingo pasado Jesús de Nazaret nos hablaba de la misericordia de Dios, de su perdón, de ese amor que no tiene en cuenta las veces que fallamos... Y nos decía aquello de perdonar setenta veces siete...

Este domingo, 20 de septiembre escuchamos otra parábola que viene a subrayar lo mismo.
De verdad, que no teneos ni idea de cómo es Dios. Como que nos encontramos más a gusto con el estilo del Antiguo Testamento o con la idea que nosotros nos hemos hecho de Dios: Ojo por ojo, diente por diente... Que pague a cada uno según sus obras... Que premie a los buenos (o sea nosotros) y castigue a los malos malísimos... Es que, si no, no es justo.

Así lo pensamos. Y así exigimos a Dios que cumpla.

-"¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?"
El sindicato de los campesinos y agricultores haría una manifestación para protestar. "¡No es justo!" "¡Tenemos derechos!" Y nosotros nos uniríamos a la manifestación... ¿A que sí?

El evangelio, el mensaje de Jesús de Nazaret, nos vuelve el mundo del revés. La buena noticia es que todos estamos invitados a la viña... Da igual la hora... No son necesarios estudios, ni cualidades especiales, ni preparación adecuada, ni origen, ni raza, ni color, ni lengua...
Y todos reciben su premio.
Cierto. Durante siglos se nos ha hablado en la Iglesia del premio del cielo, de la vida eterna...; pero, quizás, hemos dejado a un lado el importante premio, el único, el especial... El amor de Dios. Dios mismo que se nos da.
-"¿Acaso vamos a tener envidia porque es bueno con todas las personas?"

Se entiende, así, que "los últimos serán primeros y los primeros, últimos". Por aceptar esa invitación sea a la hora que sea. Por acogerse a la invitación de ese estilo nuevo de vivir.
Es todo un reto para nosotros, aunque seamos "cristianos de toda la vida" y tengamos tantos conocimientos y sepamos todas las oraciones...

Texto del evangelio de Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo:
“Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido».
Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:
“Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”.
Le respondieron:
“Nadie nos ha contratado”.
Él les dijo:
“Id también vosotros a mi viña».
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:
“Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo:
“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.
Él replicó a uno de ellos:
“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.
Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Señor, si mi hermano me ofende...

 ¿Cuántas veces tengo que perdonarlo?...

13 de septiembre 2026

-«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».

Así comienza el texto del evangelio que leemos/escuchamos este domingo.

Lo hemos escuchado muchas veces. Hemos entendido, también, la pregunta que hace Pedro: -"¿Cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?"

Y nos ha parecido siempre una exageración. ¡Siete veces!

Sin embargo ahí está el mensaje de Jesús de Nazaret. Él no cuenta las veces. Setenta veces siete... es llevar el límite hasta el final. Y, después de contar esa parábola del siervo injusto, inmisericorde, vengativo y sin entrañas, añade: ...-"Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano".

Si no aprendemos a perdonar es que no hemos entendido nada del mensaje de Jesús ni hemos comprendido para nada lo que nos quiere hacer captar y asumir sobre Dios, nuestro padre (nuestro papá).

Juan, en su primera Carta, cuando habla de Dios lo describe y define como amor. Al decir eso nos está repitiendo lo que recibió de Jesús: Dios es puro amor. Y nos ama, no porque seamos buenos, porque seamos muy rezadores, vayamos mucho a misa o hagamos muy buenas acciones... Nos ama porque es así. Diría que sólo sabe amar.

Entonces, al aceptar el mensaje de Jesús, estoy diciendo sí a ese Dios. No al dios que yo me imagino. Incluso no a la figura del Dios del Antiguo Testamento. Ahí está la novedad. ¿Podemos pensar que Dios me perdone sólo setenta veces o siete mil veces...? El Dios de Jesús nos perdona siempre.

Por otra parte, estamos hablando de nosotros, los humanos. Como tales tenemos que asumir y aceptar que somos limitados, tenemos fallos, nos equivocamos, cometemos errores... Incluso, a veces, creemos que hacemos las cosas bien y no es cierto. Nos engañamos a nosotros mismos. Y así, todos y todas (sí, todas las personas) tenemos todas esas deficiencias... Entonces si no soy capaz de ver a mis hermanos y hermanas como me veo yo mismo... ¿cómo voy a ser capaz de aceptarlo tal como es? ¿cómo voy a entender que él/ella también se equivoca, también tiene limitaciones y errores y fallos?

Y añado un pensamiento que escribe Fray Marcos: -"La plenitud de humanidad no es incompatible con la limitación, sino con el engreimiento".

-"Con la conciencia que hoy tenemos de pecado como producto de una mala voluntad, es imposible pensar en el perdón. Si descubrimos que el pecado es siempre ignorancia, será relativamente fácil superar la ofensa"

-"Nuestro cristianismo occidental, troquelado por el racionalismo griego y encorsetado en la justicia romana, hace casi imposible que escapemos de las garras de la razón y del sentido arraigado que tenemos de la justicia..."

"¿Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo?"

Texto del evangelio de Mateo 18, 21-35

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».

Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.

Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.

Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.

Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste ¿no debías tener tú también compasión de un compañero, como yo tuve compasión de ti?”.

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».


sábado, 5 de septiembre de 2026

Donde dos o más están reunidos apelando a mí...

...Allí, en medio de ellos , estoy yo

6 de septiembre 2026



(Al escribir mi reflexión para este domingo - 6 de septiembre 2026- equivoqué el texto de este año. Por eso propongo esta nueva reflexión).


Tomo estos comentarios del escrito por Fray Marcos:

-"El evangelio nos advierte que no partimos de una 

comunidad de perfectos, sino de una comunidad de hermanos, que reconocen sus limitaciones y necesitan el apoyo de los demás para superar sus fallos."


-"Queremos a los demás perfectos y en cuanto fallan ponemos el grito en el cielo. La verdad es que ninguna comunidad es posible sin aceptar y comprender que todos somos imperfectos y que antes o después fallaremos."


-“Donde dos estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Dios está identificado con cada una de sus criaturas, pero solo se manifiesta cuando hay comunidad."

"Sin verdadera comunidad, las propuestas evangélicas carecen de sentido. Debemos reconocer que hoy no existe comunidad. Tenemos una iglesia jerárquica que destroza las bases de una comunidad. La corrección fraterna solo se puede dar entre iguales. Si la hace el superior, será imposición. Si la hace el inferior, será rebeldía."

La primera expresión de la comunidad de seguidores de Jesús de Nazaret la encontramos en los "Hechos de los Apóstoles" cuando la describen como personas que ponían todo en común, que vivían una atención y servicio hacia los más débiles y se reunían para la celebración de la memoria del Señor (en la oración, en la escucha de lo que explicaban los Apóstoles y en la fracción del pan.
Creo que es una buena referencia para captar mejor el sentido profundo de lo que hoy leemos en el evangelio de Mateo.

-"Dios está identificado con cada una de sus criaturas, pero sólo se manifiesta cuando hay comunidad..." Así comenta Fray Marcos. Y me parece importante poner atención a esas palabras. Porque, a Dios, casi siempre lo hemos ubicado en el cielo, o en las iglesias, o en las devociones y ceremonias religiosas... Siempre se nos decía y entendíamos que Dios está en todas partes. Sólo que la idea no es que estaba ahí vigilando y acechando a ver si cumplíamos los mandamientos. Dios está en cada aliento de vida: En cada uno de nosotros, en los animales, en las plantas, en el universo... Todo lo que hay de maravilloso en nuestro entorno es como el reflejo de Dios. Es su aliento, su espíritu, su fuerza... (como queramos llamarlo).
Entonces si no soy capaz de tomar conciencia de esa realidad, difícilmente conseguiré la actitud que necesito para unirme a las demás personas, para hacer comunidad. Porque hasta que no sea capaz de mirar como Jesús, prestar atención cómo él lo hacía, escuchar con el corazón y entender al prójimo... Sí, me reuniré con más gente; participaré en celebraciones (misas, novenas, rezos y demás devociones); pero no habrá esa corriente de unidad que hace la comunidad. Es la comunión. La unión de los corazones (no de los cuerpos). 
Cuando alcanzamos ese nivel, aunque sea a un nivel pequeño, creo que podremos sentir y gustar esa palabra de Jesús: -"Donde dos o más están reunidos en mi nombre (apelando a mí, como seguidores), allí, en medio de ellos, estoy yo..."

Que todos (hombres y mujeres) que nos decimos cristianos podamos gustar lo que es ser comunidad, común unión, amor-servicio y entrega.
¡Feliz domingo!



Mateo 18, 15-20

15 Si tu hermano te ofende, ve y házselo ver, a solas entre los dos. Si te hace caso, has ganado a tu hermano.

16 Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que toda la cuestión quede zanjada apoyándose en dos o tres testigos (Dt 19,15).

17 Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un recaudador.

18 Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

19 Os lo digo otra vez: Si dos de vosotros llegan a un acuerdo aquí en la tierra acerca de cualquier asunto por el que hayan pedido, surtirá su efecto por obra de mi Padre del cielo, 20 pues donde están dos o tres reunidos apelando a mí, allí, en medio de ellos, estoy yo.

La boda está preparada, pero los convidados...

  ..."Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda" 11 de octubre 2026 Reflexionando sob...