miércoles, 1 de abril de 2026

Os he dado ejemplo...


...Para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis

2 de abril 2026


La celebración de la Semana Santa tiene muchos aspectos y manifestaciones que responden a tradiciones, a devociones e importancia que la Iglesia y nosotros mismos hemos dado a la misma.

La Eucaristía o celebración de acción de gracias tiene una tradición muy antigua, prácticamente, desde las primeras comunidades cristianas.
Quizás no coincidamos en el sentido que tenía para aquellas personas que habían conocido a Jesús de Nazaret y que la Iglesia y nosotros hemos terminado danto a la celebración de la misa con su entorno, sus ceremonias y todos los ritos que la Iglesia y la Tradición han ido señalando como sagrados.

Al hacer mi reflexión, como siempre, vuelvo una vez más al mensaje primero de Jesús de Nazaret. Su proclamación del reino de Dios nos exige la conversión, el cambio de vida, el vivir como hijos-hijas de Dios. Eso nos lleva al mensaje que, también al final de su vida, se vuelve una exigencia para poder seguir sus huellas: Es el amor y el servicio.

Como comenta Fray Marcos: -"El amor, manifestado en el servicio, es la esencia del mensaje de Jesús que descubrimos en los evangelios. Si fallamos en eso, nos quedamos sin  fundamento alguno. (Hoy) es un día para la reflexión profunda y sosegada."
-"No sabemos el sentido que dio Jesús a aquellos gestos y palabras. Pero sabemos que el recuerdo de lo que hizo y dijo se convirtió en el sacramento principal de nuestra fe desde los primeros pasos del cristianismo."
-"Debemos tomar conciencia de que los sinópticos (evangelios de Mateo, Marcos y Lucas) hablan de los gestos que Jesús hizo con el pan y la copa y ni siquiera mencionan el lavatorio de los pies. En cambio Juan nos habla del lavatorio de los pies y no menciona el pan ni el cáliz."
-"La solemnidad del relato deja clara su intención: "Sabiendo Jesús que había llegado su hora...", el final: si os he lavado los pies, vosotros debéis hacer lo mismo."
-"En el gesto de lavar los pies, Jesús está tan presente como en ele pan y el vino. Esta resumiendo su vida. Un poco más adelante lo deja claro: Amaos como yo os he amado. El sacramento de la eucaristía dice lo mismo".

Entiendo que si nuestra celebración de la eucaristía no me lleva al servicio en entrega a los hermanos-as, mi celebración será sólo eso, una devoción, una ceremonia...; pero no será un seguimiento de Jesús de Nazaret. Siguiendo la tradición hemos sacralizado las palabras del pan y el cáliz y nos hemos olvidado de lavar los pies como nos mandó.
En más de una ocasión he sentido ese desfase en mi vida y en la tradición de la Iglesia. Declaramos como sagradas las cosas (la iglesia, las ceremonias de la misa, las vestiduras, las personas que se dedican al culto...) y pasamos al lado de los pobres, los marginados, los migrantes, los de otra raza, cultura o religión...

Creo que celebrar mi Jueves Santo tiene más de reflexión y meditación tratando de acercarme a esa actitud que nos pide Jesús: "Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis..."


Texto del evangelio de Juan 13, 1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Estaban cenando; ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

Llegó a Simón Pedro, y este le dice:
«Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?».

Jesús le replicó:
«Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde».

Pedro le dice:
«No me lavarás los pies jamás».

Jesús le contestó:
«Si no te lavo, no tienes parte conmigo».

Simón Pedro le dice:
«Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza».

Jesús le dice:
«Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos».

Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios».

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:
«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis».


miércoles, 25 de marzo de 2026

Hosanna al hijo de David

 "Es reo de muerte"

29 de marzo 2026

Domingo de Ramos

Con la celebración de este domingo damos comienzo a la Semana Santa. Según la tradición, después de los 40 días de Cuaresma, estos días se vivían como unos días santos especialmente el Jueves, Viernes y Sábado. La misma tradición ha recogido las grandes manifestaciones en los diferentes pueblos y ciudades mediante las procesiones, oraciones especiales, Horas Santas, Vía-Crucis, etc.

Todo ello, se supone, que era un medio de conversión, de santificación. Es cierto que, con el tiempo, buena parte de dichas manifestaciones se han convertido en una expresión de la devoción y del folklore popular. Algo que la gente (o por lo menos muchas personas) lo celebra como lo más grande y emocionante.

Confieso que, personalmente, me siento muy poco atraído por tales manifestaciones. Es más, creo que tienen poco que ver con el mismo evangelio.

Si la narración de la Pasión y Muerte de Jesús de Nazaret (contada por los cuatro evangelios) tenía un mensaje cargado de símbolos, de indicaciones y referencias al Antiguo Testamento, hoy en día nos hemos ido quedando con lo más llamativo, con un texto que parece preparado para dar compasión, emocionarse, entristecerse y, quizás, sentir que tenemos que arrepentirnos y pedir perdón por todo lo que hemos hecho mal.

Así pues, comenzamos el domingo con ese grito de "hosanna al hijo de David" y terminamos la celebración de la misa con la lectura de la Pasión y Muerte de Jesús según la narración de Mateo. Y escuchamos los gritos de la multitud "Es reo de muerte".

Para mi reflexión voy a echar mano del comentario de Fray Marcos: -"En la liturgia de hoy se mezcla la narración de un triunfo y la derrota absoluta de Jesús. Debe hacernos pensar en la idea que nosotros tenemos de ambas. Jesús ni fue derrotado ni triunfó como nosotros pensamos."

"Ningún aspecto de la vida de Jesús ha sido tan manipulado como su muerte. Pensar que Dios exige la muerte de su Hijo para salvarnos es una aberración."

"La muerte de Jesús no fue ni exigida ni programada ni permitida por Dios. La muerte de Jesús fue consecuencia de su vida. Desvinculada de la vida no tiene sentido. La muerte de Jesús no fue el paso obligado para llegar a la gloria. El ser capaz de morir por amor es la manifestación suprema de la gloria de un ser humano."

"Al demostrar que el amor era más importante que la muerte Jesús nos enseñó el camino de la plenitud, que es el amor incondicionado que hace presente a Dios. La muerte de Jesús deja claro que estoy aquí para desprenderme de todo lo que hay en mí de terreno y transitorio, para que lo que hay de Dios se manifieste."

Leer la Pasión y Muerte de Jesús de Nazaret teniendo todo eso en mente, me lleva a reflexionar sobre mi propia vida. Si soy seguidor de Jesús, mi vida debería ir marcada por su estilo, por su manera de pensar y de actuar. Porque lo que empujó a Jesús a recorrer los pueblos de Galilea fue la proclamación de la Buena Noticia del Reino de Dios. Es la invitación que nos hace a los que escuchamos su voz... Y, naturalmente, si acepto su invitación, también debo entender que corremos el riesgo de no ser aceptados, de quedar marginados, de no ser famosos, de no hacernos ricos, de tener que contentarnos con poco... "Que el amor es más importante que la muerte..." Y más importante que todo lo que nos proponen los medios de comunicación, las redes sociales, la propaganda, la moda, lo que me hace gozar y divertirme...

Por eso, durante estos días de Semana Santa, prefiero encontrar tiempo para reflexionar, para revisar mi propia vida, para re-escuchar la voz de Jesús y sentir las consecuencias de vivir como él vivió.

Y me atrevo a decir: Sí, Maestro, quiero seguir tus huellas y vivir a tu manera con todas sus consecuencias.


Pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Mateo 26, 14 – 27, 66

viernes, 20 de marzo de 2026

Yo soy la resurrección y la vida

"El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá"

22 de marzo 2026


Imma Calvo nos ofrece una bella introducción a la lectura y mensaje del evangelio que leemos este domingo: -"Seguimos con los grandes símbolos del evangelio de Juan. En esta ocasión se nos propone la vida. No haría falta que la liturgia nos invitase de vez en cuando a reflexionar sobre la vida y la muerte. De ello se encarga el goteo constante de seres queridos que nos van dejando. Es ley de vida y podemos resignarnos con ese pensamiento fácil. El evangelio de esta semana cuenta la resurrección de Lázaro y sus enseñanzas pueden sacarle brillo a este paso nuestro por la tierra. Seguir a Jesús marca la diferencia. No es lo mismo vivir que Vivir, creer o no creer. “Quién escucha mi mensaje y da fe al que me mandó, posee Vida definitiva”.
También me parece muy iluminador el comentario que hace Fray Marcos: -"Agua, luz, vida. Son tres grandes metáforas que intentan lanzarnos más allá de toda lógica. Si nos empeñamos en seguir entendiéndolas al pie de la letra, estamos distorsionando el texto y nos quedamos en ayunas del verdadero mensaje..."
-"Si nos preguntamos si Lázaro resucitó físicamente, es que seguimos muertos. La alternativa no es, esta vida aquí abajo u otra vida después, pero continuación de esta. La alternativa es: vida biológica sola, o Vida definitiva durante esta vida física, pero más allá de ella. Que Lázaro resucite para volver a morir no tiene sentido.
Yo soy la resurrección y la Vida. Jesús no vino a prolongar la vida física, vino a comunicar la Vida de Dios. Esa Vida anula los efectos catastróficos de la muerte biológica. Ante el hecho de la muerte natural, la Vida que sigue, aparece como renovación de la vida que termina. En realidad, es la única y verdadera Vida."

Cuántas veces hemos escuchado o leído este relato de la "resurrección de Lázaro"  y nos hemos quedado pensando en lo maravilloso del poder de Jesús que puede resucitar a un muerto... Lo hemos pensado y aceptado en el sentido más literal... Porque para Dios nada hay imposible.  Y, especialmente, cuando participamos en el funeral de algún familiar o conocido nos preguntamos cómo sería eso de que, también a nosotros, Jesús nos dijera lo mismo: -«Lázaro, sal afuera».
Pero, como nos comenta frecuentemente Fray Marcos, seguimos haciendo una lectura literal de los relatos del evangelio y equivocamos el mensaje.
Que vamos a morir. Eso ya lo sabemos. La dificultad que encontramos no es la de encontrar sentido al hecho de morir; sino a nuestra forma de vivir.
Comenta un gran maestro que, a menudo, las personas que andan preocupadas por lo que hay después de la muerte son aquellas que no saben qué hacer con su vida.
Y Jesús de Nazaret es quien nos trae el mensaje, la clave, para dar sentido a nuestra vida. Su llamamiento es, ante todo, a vivir. A vivir la vida de Dios mismo. Y esa vida es la que va más allá de las dificultades, de las enfermedades, de las preocupaciones, de las angustias..., de la misma muerte.
Creer en su mensaje. Aceptar su estilo de vida. Vivir volcado en el servicio, en la entrega, en el amor a los hermanos... ésa es la vida de Dios. Y salta hasta la vida eterna... Algo que el evangelio de Juan señala y destaca por encima de todo.
Esa palabra de Jesús ("Lázaro, sal afuera") también nos la está diciendo a nosotros cada día. Salir de nosotros mismos. Prestar atención a las personas que nos rodean, especialmente a los más desprotegidos, a los marginados, a los enfermos, a los oprimidos... Y no dejarnos atar por tantas cosas.

Texto del evangelio de Juan 11, 3-7. 17. 20-27. 33-45

En aquel tiempo, las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús diciendo:
«Señor, el que tú amas está enfermo».

Jesús, al oírlo, dijo:
«Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba.

Solo entonces dijo a sus discípulos:
«Vamos otra vez a Judea».

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa.

Y dijo Marta a Jesús:
«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».

Jesús le dijo:
«Tu hermano resucitará».

Marta respondió:
«Sé que resucitará en la resurrección en el último día».

Jesús le dijo:
«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».

Ella le contestó:
«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

Jesús se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó:
«¿Dónde lo habéis enterrado?».

Le contestaron:
«Señor, ven a verlo».

Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:
«¡Cómo lo quería!».

Pero algunos dijeron:
«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?».

Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús:
«Quitad la losa».

Marta, la hermana del muerto, le dijo:
«Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días».

Jesús le replicó:
«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»

Entonces quitaron la losa.

Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:
«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».

Y dicho esto, gritó con voz potente:
«Lázaro, sal afuera».

El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:
«Desatadlo y dejadlo andar».

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

martes, 10 de marzo de 2026

¿Crees tú en el Hijo del hombre?

- Creo, Señor

15 de marzo 2026

El texto del evangelio de Juan que leemos este domingo nos presenta la narración del ciego de nacimiento.

Es toda una contemplación o mejor dicho la reflexión interna de toda la comunidad de seguidores/as de Jesús de Nazaret.
-Vio Jesús a un ciego de nacimiento...

-"Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo:
«Ve a lavarte a la piscina de Siloé"

-"Él fue, se lavó, y volvió con vista."

Toda la narración hace la especie de escenario: El lugar, los personajes, las preguntas e intervenciones, las aclaraciones, las negativas y acusaciones... Para llegar a la pregunta final:
-«¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
-«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»

Metidos en plena cuaresma, cada uno de nosotros puede hacerse esa misma pregunta. ¿Creo yo en el hijo del hombre? ¿Creo yo en ése que llaman Jesús de Nazaret?
Quizás estamos demasiado acostumbrados a responder lo que nos enseñaron en el Catecismo. Tenemos las respuestas aprendidas. Pero no es ésa la pregunta. ¿De verdad acepto yo el mensaje de Jesús? Eso del cambio de vida, de la conversión, de vivir como hermanos...
Todas esas afirmaciones que hacemos en la iglesia o en nuestros rezos, ¿significan un implicación en mi manera de vivir?

Confieso que, en muchos momentos, mi vida y mis actitudes están lejos de esa conversión y me pregunto si realmente me fío de las palabras de Jesús.
De ahí que para llegar a la afirmación final que pone en boca del que era ciego de nacimiento («Creo, Señor») tengo que adentrarme dentro de mí y hacer realmente mía la expresión que emplea el evangelio: -«Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es».

En la escena que escuchamos del monte Tabor (la Transfiguración), al final de la misma, se hacía oír la voz: "Éste es mi hijo amado, escuchadle". Hoy lo expresa con esta otra palabra: "el que te está hablando, ése es".
Escuchar la voz de Dios es mucho más que oír voces o palabras. Escuchar significa prestar atención, abrir los ojos para ver lo escondido, lo profundo, dejarme empapar de esa voluntad de Dios que nos hace descubrir su presencia dentro de nosotros y en todo nuestro entorno...

También yo quiero llegar a poder afirmar y decir: -"Creo, señor".

Texto del evangelio de Juan 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38

En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento.

Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo:
«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)».

Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
«¿No es ese el que se sentaba a pedir?».

Unos decían:
«El mismo».

Otros decían:
«No es él, pero se le parece».

El respondía:
«Soy yo».

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.

Él les contestó:
«Me puso barro en los ojos, me lavé y veo».

Algunos de Los fariseos comentaban:
«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado».

Otros replicaban:
«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?».

Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:
«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?».

Él contestó:
«Que es un profeta».

Le replicaron:
«Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?».

Y lo expulsaron.

Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
«¿Crees tú en el Hijo del hombre?».

Él contestó:
«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?».

Jesús le dijo:
«Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es».

Él dijo:
«Creo, Señor».

Y se postró ante él.

miércoles, 4 de marzo de 2026

El que bebe de esta agua vuelve a tener sed

...Pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed

8 de marzo 2026

El texto del evangelio de Juan que leemos este domingo nos ofrece el relato del encuentro de la Samaritana con Jesús.

Diría que es un relato hermoso, lleno de sentido y con el mensaje más profundo de la Buena Noticia que nos ofrece siempre Jesús de Nazaret.
Quizás, como en tantas ocasiones, nos hemos entretenido en la escena para luego quedarnos con pensamientos que se van alejando de lo que es el sentir profundo de lo que transmitieron los autores de la narración.

Quiero centrarme, ante todo, en ese primer pensamiento: A la petición de Jesús (Dame de beber), le responde la mujer samaritana con su sorpresa de que se lo pida a ella (samaritana) siendo él judío.
Y ahí viene esa respuesta de Jesús: -"El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed..."
Entiendo que esa expresión nos lleva al sentir de aquella comunidad de seguidores de Jesús (la comunidad de Juan?) que habían experimentado y hecho vivencia de esa realidad. Ellos y ellas (al igual que nosotros ahora) habían pasado por eso. La sed de muchas cosas de este mundo. La sed insaciable de tener, de gozar, de disfrutar, de acaparar, de mandar y dominar... Es algo que lo comprobamos nosotros mismos.
Ellos y ellas habían llegado a esa profundidad del mensaje de Jesús. Una vez que aceptaban la invitación de la Buena Noticia del evangelio (la conversión y cambio de vida) toda tu sed era Dios mismo. Y el agua que recibían hacía que ya no tuvieran más sed.


El comentario sobre el lugar de adoración a Dios.
Éste es otro punto que me parece importante: Resulta curioso que, nosotros (los y las seguidoras de Jesús de Nazaret) hemos terminado adoptando el "Templo" como punto o lugar central de nuestra religión o comunidad de cristianos.
La comunidad de Juan (donde se escribió el cuarto evangelio), todos ellos y ellas eran judíos. Sabían y habían experimentado lo que significaba el Templo para todo judío. Y, sin embargo, el relato que nos transmiten pone en boca de Jesús algo que tuvo que significar un gran impacto para todos ellos y ellas: -"Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre... los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así..."
Creo que la Iglesia, a lo largo de los siglos, ha ido adoptando el estilo y maneras del Antiguo Testamento: El Templo (en cada lugar, en cada pueblo o ciudad), el Sumo Sacerdote (el Papa), los Sacerdotes y Levitas (como entre nosotros:Obispos, Cardenales, sacerdotes), la Ley (tantas normas y leyes de Dios y de la Iglesia) y una gran cantidad de requisitos y maneras de comportarse que tienen que ver con la moral, con la relación de las personas, con el modo de entrar en la iglesia, etc. 
El espíritu que se respira en los evangelios, diría yo, ha desaparecido. Ya Pablo (san Pablo) fue imponiendo a las comunidades a las que el se dirigía toda una serie de normas y preceptos... Aquello de que la mujer no puede hablar en las asambleas de los cristianos, tiene que estar sujeta al marido, etc. Todo ello eran adaptaciones a la cultura griega o romana; pero no era eso lo que sentía y respiraba Jesús.

Entonces, sin extenderme más sobre otros puntos, me hace pensar y sentir que (siguiendo la norma de Jesús) mi manera de encontrar a Dios, nuestro padre-madre, está dentro de mí. A Dios tengo que descubrirlo en mi propio ser, en mi entorno, en los hermanos y hermanas, en todas las circunstancias que me toca vivir... Y, sí, especialmente, al estar atento a los "prójimos" (los desvalidos, los oprimidos, los marginados, los despreciados, los padecen por causa de su raza, su cultura, su manera de ser). Adorar a Dios es, ante todo, esa actitud de acercamiento, de compasión, de empatía, de comprensión y solidaridad...
Y esa adoración se convierte en esa agua que nos quita toda sed y que os permite poner nuestra propia vida en sus manos. Porque yo soy, de verdad, lo que hay de Dios en mí. Y si no llego a descubrirlo, andaré como perdido y muerto de sed,

Texto del evangelio de Juan 4, 5-42

En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.

Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.

Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
«Dame de beber».

Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:
«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).

Jesús le contestó:
«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».

La mujer le dice:
«Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».

Jesús le contestó:
«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».

La mujer le dice:
«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».

Él le dice:
«Anda, llama a tu marido y vuelve».

La mujer le contesta:
«No tengo marido».

Jesús le dice:
«Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».

La mujer le dice:
«Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».

Jesús le dice:
«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».

La mujer le dice:
«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».

Jesús le dice:
«Soy yo, el que habla contigo».

En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?».

La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:
«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?».

Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían:
«Maestro, come».

Él les dijo:
«Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis».

Los discípulos comentaban entre ellos:
«¿Le habrá traído alguien de comer?».

Jesús les dice:
«Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.

¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador.

Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos».

En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».

Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:
«Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».

miércoles, 25 de febrero de 2026

Levantaos, no temáis

Éste es mi hijo, escuchadle

1 de marzo 2026

Siguiendo la dinámica de la Iglesia, en este segundo domingo de Cuaresma nos propone la narración del evangelio de Mateo: La Transfiguración. Una escenificación de lo que aquellos primeros seguidores de Jesús (recordando todo lo que habían escuchado, lo que habían sentido, lo que les llenaba el corazón) entendieron años después. Aquel Jesús de Nazaret que andaba por los pueblos, que les hablaba de Dios (nuestro padre, nuestro Abbá), que les quería abrir los ojos a un mundo nuevo, a una manera nueva de vivir...

Sí, a pesar del final tan desastroso en la cruz, ése era Jesús de Nazaret, Tan unido al sentir y a la voluntad de Dios, que les hacía entrever lo que significaba ser hijo de Dios.

Quizás tendríamos que decir que, en nuestro caminar tras las huellas de Jesús, nos hemos distraído contemplando la escena de la Transfiguración en el monte Tabor quedándonos con esa imagen allá en la nube (con Moisés y Elías) y con la voz de fondo que nos dice: Éste es mi hijo amado. ¡Escuchadle! Y de esa voz hemos deducido un mandato que nos anima a repetir una y otra vez las mismas palabras... Es el hijo de Dios. Es el hijo de Dios. Es el hijo de Dios... De ahí, la adoración, la admiración, el inclinarnos ante él, sentirnos pecadores...
Mirando hacia arriba, a ese cielo en el que vive con Dios Padre y el Espíritu Santo.

Entiendo que es un desenfoque que nos aleja del mensaje mismo que aquellas primeras comunidades quisieron transmitirnos.
Jesús clamó y anunció el Reino de Dios: la necesidad de cambiar de vida, de convertirnos para entrar en ese modo nuevo, de hijos-hijas de Dios.
Es como cuando escuchamos a un predicador que nos habla de la nueva humanidad, de ser hermanos, de mirar en nuestro entorno, de descubrir al prójimo, al desvalido, al marginado, a oprimido... y nos quedamos mirando al predicador y le alabamos lo bien que habla, su discurso, su modo de actuar...; pero no terminamos de escucharle, de prestar atención a su mensaje.

Como comenta muy bien Fray Marcos: -"En los relatos pascuales, se quiere resaltar que el Jesús que se les parece es el mismo que anduvo cono ellos en Galilea. En este relato se dice lo mismo, pero al contrario. Ese Jesús que vive con ellos es ya Cristo glorificado."
-"La voz dice que debemos escucharle a él. Pero seguimos aferrados al Dios del Antiguo Testamento. Yo diría: ¡Escuchad como Jesús escuchó!. La tarea de escuchar es más urgente que nunca."

Continuamente vamos diciendo que todo esto que leemos es palabra de Dios. Hemos hecho de la narración algo divino, algo definitivo y que no se puede cambiar. Nos aferramos a las palabras. Pero no hacemos nuestro el mensaje. 
La invitación de Jesús a la conversión, a entrar en el reino de Dios, es una exigencia a la que nos invita: Abrir nuestro corazón y escuchar a Dios... Sí, a Dios que está en los hermanos y hermanas. A Dios que está dentro de mí mismo. A Dios que actúa en el universo, en la naturaleza, en la vida que se desarrolla alrededor nuestro...
Nuestros ojos están como cerrados y nuestros oídos parece que están conectados a otras redes sociales, a otros mensajes, a otros canales que nos parecen más atractivos...
El que tenga oídos para oír, que oiga. Y el que tenga ojos para ver, que los abra bien abiertos y se deje deslumbrar de la maravilla que nos rodea.

Texto del evangelio de Mateo 17, 1-9

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.
Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.
De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía:
«Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:
«Levantaos, no temáis».
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó:
«No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

lunes, 16 de febrero de 2026

Si eres hijo de Dios...

...No tentarás al Señor tu Dios

22 de febrero 2026

Avanzamos con nuestro tiempo, con las estaciones, como la hace la naturaleza y nuestras propias vidas. Y, siguiendo el calendario de la Iglesia, comenzamos el tiempo de Cuaresma.

Ya se celebró el Miércoles de Ceniza. Y con este domingo damos comienzo a ese tiempo que siempre, a través de los mensajes, sermones y explicaciones de los dirigentes de las iglesias, iniciamos el tiempo de penitencia... Marcado, quizá, por el mismo lenguaje de la ceniza. Eso que se nos dice en la imposición de la misma: Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás... Y con ese pensamiento se nos proponía todas las prácticas piadosas (oraciones, viacrucis, penitencias y mortificaciones, privaciones, limosnas...). Todo ello para alcanzar el perdón de los pecados... Que Dios tenga piedad de nosotros y nos perdone. Que no tenga en cuenta nuestros pecados y miserias...

Hoy, mi reflexión apunta en otra dirección. Me pregunto si todo eso (tan recomendado, tan religioso y tan piadoso) es, de verdad, el camino del evangelio.
Y, sinceramente, creo que no. El mensaje de Jesús de Nazaret no es ése. En la voz de Jesús su mensaje sonaba y debe sonar a Buena Noticia, a invitación a una fiesta, a un regalo especial, a algo que es más rico y más importante que todo lo que tengo...
Jesús nos invita y nos llama a un cambio. Cambio, no por la penitencia, por las mortificaciones y privaciones que pueda imponerme; sino por el sentido profundo de mi vida. Por el objetivo al que la voy a enfocar.

Si no entiendo eso, si no capto el mensaje... puedo, incluso, (como dirá Pablo) quemar mi cuerpo en la hoguera, hablar lenguas, tener todos los conocimientos, saber de memoria la Biblia entera... Si no tengo amor... De nada me sirve.

Descubrir y profundizar en el amor (que es Dios mismo). Hacerme uno con Él. Ver y escuchar esa voz que me habla desde las personas (hombres y mujeres), desde la naturaleza, desde todas las maravillas que son como ese aliento vital de ese Ser al que llamamos Dios (o como queramos llamarlo).

Comenta Fray Marcos: -"Se nos ha insistido que la cuaresma era un tiempo de examen de conciencia para descubrir nuestros fallos y sentirnos pecadores. Pero se trata de tomar conciencia de nuestro error y enderezar los pasos hacia la meta..." -"Más importante que mortificarnos mirando los fallos del pasado, es descubrir dónde está la meta y dirigirnos a ella..."

Si entendiéramos la vivencia de Jesús de Nazaret: que Dios es amor, es nuestro Abbá -papá/mamá- (alguien tan superior a la imagen que podamos hacernos de un padre o una madre según nuestra manera humana de pensar e imaginar) creo que quedaríamos tan enamorados de Él, tan agarrados a Él, que no sabríamos vivir si su continua referencia. Algo de eso fue la vivencia de Jesús de Nazaret. Y de tantos hombres y mujeres que se vieron transformados (les llamamos místicos).

Creo que es a eso a lo que estamos llamados e invitados (no sólo en el tiempo de cuaresma; sino siempre)

Texto del evangelio de Mateo 4, 1-11

En aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre.
El tentador se le acercó y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes».
Pero él le contestó:
«Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo:
«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”».
Jesús le dijo:
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los
reinos del mundo y su gloria, y le dijo:
«Todo esto te daré, si te postras y me adoras».
Entonces le dijo Jesús:
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían.

Os he dado ejemplo...

...Para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis 2 de abril 2026 La celebración de la Semana Santa tiene muchos aspec...