¿Cuántas veces tengo que perdonarlo?...
13 de septiembre 2026
-«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».
Así comienza el texto del evangelio que leemos/escuchamos este domingo.
Lo hemos escuchado muchas veces. Hemos entendido, también, la pregunta que hace Pedro: -"¿Cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?"
Y nos ha parecido siempre una exageración. ¡Siete veces!
Sin embargo ahí está el mensaje de Jesús de Nazaret. Él no cuenta las veces. Setenta veces siete... es llevar el límite hasta el final. Y, después de contar esa parábola del siervo injusto, inmisericorde, vengativo y sin entrañas, añade: ...-"Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano".
Si no aprendemos a perdonar es que no hemos entendido nada del mensaje de Jesús ni hemos comprendido para nada lo que nos quiere hacer captar y asumir sobre Dios, nuestro padre (nuestro papá).
Juan, en su primera Carta, cuando habla de Dios lo describe y define como amor. Al decir eso nos está repitiendo lo que recibió de Jesús: Dios es puro amor. Y nos ama, no porque seamos buenos, porque seamos muy rezadores, vayamos mucho a misa o hagamos muy buenas acciones... Nos ama porque es así. Diría que sólo sabe amar.
Entonces, al aceptar el mensaje de Jesús, estoy diciendo sí a ese Dios. No al dios que yo me imagino. Incluso no a la figura del Dios del Antiguo Testamento. Ahí está la novedad. ¿Podemos pensar que Dios me perdone sólo setenta veces o siete mil veces...? El Dios de Jesús nos perdona siempre.
Por otra parte, estamos hablando de nosotros, los humanos. Como tales tenemos que asumir y aceptar que somos limitados, tenemos fallos, nos equivocamos, cometemos errores... Incluso, a veces, creemos que hacemos las cosas bien y no es cierto. Nos engañamos a nosotros mismos. Y así, todos y todas (sí, todas las personas) tenemos todas esas deficiencias... Entonces si no soy capaz de ver a mis hermanos y hermanas como me veo yo mismo... ¿cómo voy a ser capaz de aceptarlo tal como es? ¿cómo voy a entender que él/ella también se equivoca, también tiene limitaciones y errores y fallos?
Y añado un pensamiento que escribe Fray Marcos: -"La plenitud de humanidad no es incompatible con la limitación, sino con el engreimiento".
-"Con la conciencia que hoy tenemos de pecado como producto de una mala voluntad, es imposible pensar en el perdón. Si descubrimos que el pecado es siempre ignorancia, será relativamente fácil superar la ofensa"
-"Nuestro cristianismo occidental, troquelado por el racionalismo griego y encorsetado en la justicia romana, hace casi imposible que escapemos de las garras de la razón y del sentido arraigado que tenemos de la justicia..."
"¿Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo?"
Texto del evangelio de Mateo 18, 21-35
En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le contesta:
«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda.
Pero al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo:
“Págame lo que me debes”.
El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba diciendo:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.
Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido.
Entonces el señor lo llamó y le dijo:
“¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo rogaste ¿no debías tener tú también compasión de un compañero, como yo tuve compasión de ti?”.
Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada cual no perdona de corazón a su hermano».