jueves, 30 de noviembre de 2023

Manteneos despiertos

No sabéis cuándo va a llegar

Primer domingo de Adviento

3 de diciembre 2023


Con este domingo arranca lo que se llama el "año litúrgico". Es como si se abriera el programa de la Iglesia, su agenda, en el que vamos a repasar o revivir los momentos más importantes de nuestra vida religiosa.
Es como un círculo que, mediante las celebraciones y fiestas, repasamos lo que se suele llamar la "historia de la salvación".
-Tiempo de Adviento (de preparación y espera)
-Navidad (nacimiento del Señor) y la alegría de tener al Enmanuel (Dios con nosotros)
-Cuaresma (revisión a fondo de nuestro caminar). ¿Seguimos a Jesús?
-Pascua (el paso del Señor), la nueva vida
-Pentecostés (la fuerza del espíritu) y proclamación del evangelio a todo el mundo.

Algo así sería la agenda que vamos a seguir. Sin grandes novedades, sin cambios especiales. Un programa que ya conocemos y que tiene el peligro de la repetición. Porque todo ese programa puede quedarse en eso: una repetición. Las celebraciones, los gestos, los adornos y colores, las canciones y ceremonias... son las mismas y puede que nos quedemos atrapados en ese círculo sin entender el mensaje profundo al que estamos invitados.

Como comenta Fray Marcos: -"El Adviento no es solamente un tiempo litúrgico, sino toda una filosofía de vida. Se trata de una actitud vital que tiene que atravesar toda nuestra existencia. Adviento viene de la palabra “adventum” del verbo “advenio” que no significa venir sin sobrevenir. Este matiz es muy importante, porque nos obliga a pensar en algo que se añade a lo que ya somos. Lo importante no es recordar la primera venida de Jesús; eso es solo el pretexto para descubrir que ya está aquí. Mucho menos prepararnos para la última, que solo es una gran metáfora..."

Quizás ésa es precisamente nuestra mayor dificultad. No tenemos esa filosofía de la vida. Porque lo que importa no es recordar los hechos o las palabras de Jesús sino vivir a su manera. Cuando Jesús nos dice (a todos nosotros, hombres y mujeres de ahora) manteneos despiertos, no lo dice para celebremos bien la Navidad o para que sintamos lástima de él durante las celebraciones de Semana Santa... Despiertos para ver y acercarnos a los hermanos que nos necesitan. Todavía resuenan en nuestros oídos lo que nos decía el evangelio de la semana pasada: "Venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre o sed, estaba enfermo o desnudo o en la cárcel... y me atendisteis..."
Todo ello significa estar atentos, mantenernos despiertos.

"Vigilad. Sigue el comentario de Fray Marcos: -"Para ver no solo se necesita tener los ojos abiertos, se necesita también luz. No se trata de contrarrestar el repentino y nefasto ataque de un ladrón. Se trata de estar despierto para afrontar la vida con una conciencia lúcida. Se trata de vivir a tope una vida que puede transcurrir sin pena ni gloria. Si consumes tu vida, dormido, no pasa nada. Esto es lo que tenía que aterrarte; que pueda transcurrir tu existencia sin desplegar las posibilidades de plenitud que te han dado. La alternativa no es salvación o condenación. Nadie te va a condenar. La alternativa es o plenitud humana o simple animalidad..."

-Afrontar la vida con una conciencia lúcida
-Vivir nuestra vida a tope
Desde la perspectiva del evangelio (seguimiento de Jesús de Nazaret) eso significaría aceptar su mensaje convirtiéndolo en el objetivo de mi vida y fijar mi escala de valores sobre la pauta que nos señala el Maestro.



Texto del evangelio de MARCOS 13, 33-37

jueves, 23 de noviembre de 2023

Venid, benditos de mi Padre

¿Cuándo te vimos con hambre o con sed...?

26 de noviembre 2023

Siguiendo con la lectura del evangelio de Mateo (cap. 25) hoy nos describe el "juicio final"... Una descripción amplia y detallada que nos tiene hacer reflexionar.
En domingos pasados escuchamos las parábolas de las vírgenes que esperan al esposo; la de los talentos... siempre con ese juicio que se pronuncia al final: Estad en vela porque no sabéis el día ni la hora.

Durante mucho tiempo hemos venido celebrando la Fiesta de Cristo Rey con la que parece que queríamos encumbrar a Jesús de Nazaret y poner su poder, su gloria y su inmortalidad por encima de todos los hombres, de todos los reyes y jefes de estado, de todos los poderosos del mundo a lo largo de la historia.
Sin duda la intención de la Iglesia debió de ser la mejor: deseo de reconocerlo como la persona más entregada, más humana y más parecida a Dios mismo... Pero me parece que no está en la línea del evangelio. El Reino de Dios es otra cosa. Y todos los símbolos que hemos venido utilizando en la Iglesia (en nuestros templos y celebraciones) se han desviado demasiado. Al final casi casi hemos identificado la riqueza, el oro, la plata y la belleza de los retablos de las iglesias con el "reino de Dios".

Todo eso está muy alejado del modelo real: Jesús de Nazaret.
Como escribe José Antonio Pagola: "Jesús vive volcado hacia aquellos que ve necesitados de ayuda. Es incapaz de pasar de largo. Ningún sufrimiento le es ajeno. Se identifica con los más pequeños y desvalidos y hace por ellos todo lo que puede. Para él, la compasión es lo primero. El único modo de parecernos a Dios: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo».

Por eso, al escuchar el evangelio de este domingo, nos vemos obligados a reflexionar sobre ese juicio al que estamos llamados.

"El evangelista no se detiene propiamente a describir los detalles de un juicio. Lo que destaca es un doble diálogo que arroja una luz inmensa sobre nuestro presente, y nos abre los ojos para ver que, en definitiva, hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos o nos desentendemos y los abandonamos."

"Nuestra vida se está jugando ahora mismo. No hay que esperar ningún juicio. Ahora nos estamos acercando o alejando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o alejando de Cristo. Ahora estamos decidiendo nuestra vida."

Sería terrible que, en ese juicio, nos dijeran: "-Apartaos de mí, malditos... Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me recogisteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis."
A nosotros que dijimos y gritamos: -¡Viva Cristo Rey!... y nos esforzamos en tener las iglesias más bellas, los adornos, el sagrario y los ornamentos más espléndidos... buscando siempre la mayor gloria del Señor.
¿Nos hemos equivocado?

El comentario de Fray Marcos nos puede ayudar a reflexionar y profundizar en todo ello: "-Para celebrar la gloria de Jesús recordamos el momento de su vida donde mejor dejó reflejada su actitud vital, la eucaristía. Yo, como el pan, me parto y me reparto para que me coman. Me dejo masticar, tragar, asimilar para alimentar a otros, a costa de desaparecer. Yo entrego mi vida (sangre) a los demás para que la hagan suya y puedan transformar su propia vida. La sangre solo se puede entregar a costa de la propia vida. Si la doy a los demás, me quedaré sin ella."

Nosotros (hombres y mujeres) llamados e invitados a seguir a Jesús de Nazaret tenemos que asumir ese estilo de vida al que hace referencia el juicio final. Porque éso es lo único importante: la compasión y la atención a los demás, a todas esas personas que pasan hambre y sed, a los migrantes y forasteros, a los que carecen de vivienda y trabajo, a los que sufren opresión o desprecio...
Cada vez que actuamos de esa manera resuenan en nuestra cabeza y en nuestro corazón las palabras: "- Venid, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo."

Texto del evangelio de MATEO 25, 31-46

miércoles, 15 de noviembre de 2023

Señor, cinco talentos me dejaste...

...He ganado otros cinco

19 de noviembre 2023


La parábola que leemos/escuchamos en el texto del evangelio de Mateo es la de los talentos... El señor que, al irse de viaje, deja a sus empleados unas cantidades (de dinero) para que lo gestionen. Y, como ocurre en tantos casos, cada uno lo gestionó a su manera.

Uno recibió cinco talentos, otro dos talentos, y el tercero recibió uno solo.


Nuestro estilo de vida y la manera de funcionar de nuestra sociedad nos ha hecho fijarnos en la rentabilidad y el premio que recibe cada uno. Pero, nuevamente, tendríamos que preguntarnos si realmente el mensaje de Jesús va en esa dirección.


Como en todas las parábolas deberíamos añadir al comienzo de la misma las palabras que suelen ser el comienzo de las mismas: El reino de los cielos se parece a... A partir de ahí quizás podamos entender mejor que, como en tantas otras parábolas, señala la actitud de los personajes. Porque todos hemos recibido unos talentos. Todas las personas están llamadas e invitadas a participar y vivir el nuevo estilo del evangelio.

En otras parábolas (de la boda, por ejemplo) hay invitados que se excusan porque tienen otros negocios que atender, porque no tienen tiempo... ¿Acaso no nos ocurre a nosotros lo mismo?


El hablar de talentos no es para comparar o valorar más a una persona que a otra. Todas las personas (a partir de ese estilo nuevo de vida) tienen el mismo valor y la misma importancia. Incluso Jesús de Nazaret nos dice que el que quiera ser el mayor o más importante que sirva a los demás, que sea como su esclavo... Y que los últimos es muy posible que entiendan mejor el mensaje y vayan delante en el reino de los cielos.


Como expresa Fray Marcos: -"El mayor talento que todos poseemos es la capacidad de ser más humanos. Y ya sabemos que ser más humano es ser capaz de amar más, de darse a los demás...


Si no hago nada con mi vida, si todo mi afán es acumular cosas y riquezas, si entiendo que mis valores o talentos son para estar por encima de las demás personas, para ser más importante, para figurar y ser más grande que las otras... Es que no he entendido nada.

Con todos esos trabajos, con todo ese saber, con todo ese figurar, no he conseguido ser más humano, soy incapaz de ver a las otras personas y mucho menos de amarlas... Me he convertido en el centro de mí mismo. Y ese egoísmo hace que mi vida carezca de valor...


Cinco talentos me dejaste, Señor. He ganado otros cinco.



Texto del evangelio de Mateo (25,14-30)


jueves, 9 de noviembre de 2023

Velad porque no sabéis el día ni la hora

Las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas
12 de noviembre 2023
Este domingo el evangelio de Mateo nos trae la parábola de las diez doncellas que salieron a esperar al esposo... Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas...
Es una parábola. Y Jesús compara el reino de los cielos a esas doncellas. Cuando llegó el esposo cinco de ellas se encontraron con que ya no les quedaba aceite. Fueron a comprar más y para cuando volvieron ya se había cerrado la puerta...
Toda una reflexión para meditar, especialmente en estos tiempos en los que los medios de comunicación nos ponen al día de acontecimientos tan terribles: guerras, asesinatos, abusos, opresión, injusticias que se traducen en tantísima gente que tiene que emigrar... y la falta de acogida de países que disponen de todos los medios y riquezas.

El significado de la parábola no apunta al momento final de nuestra vida. El énfasis que, en algunas ocasiones, se ha puesto sobre el momento de nuestra muerte ("Que Dios nos pille confesados...") no me parece acertado y se aleja del mensaje del evangelio.
Cuando se inicia la proclamación de la Buena Noticia insiste Jesús en la conversión, en el cambio de mentalidad, en un nuevo estilo de vida. Estamos llamados e invitados a vivir siguiendo las huellas de Jesús. No es cuestión de llamar a última hora al sacerdote para arreglar las cuentas: confesarme, comulgar y que me dé la extremaunción. 

Vivir con la confianza puesta en Dios nuestro padre y hacer de mi existencia un acto de entrega y comunión tal y como nos enseñó Jesús a lo largo de su vida. Es el gesto que simboliza lo que celebramos todos los domingos en la Cena del Señor. Entrega como de ese pan que se parte y se reparte entre los que más nos necesitan.

Velad, dice el Señor, porque no sabéis el día ni la hora... Hubo un tiempo en el que llegué a pensar que eso de velar significaba no dormirse, rezar más, hacer más penitencia... Creo que es mucho más que todo eso. Se trata más bien de mi actitud en el día a día. Dice la parábola que las doncellas sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas... Es muy posible que sea precisamente eso lo que nos falta: el aceite. La atención al marginado, al enfermo, al anciano olvidado, a ese inmigrante que ni siquiera vemos... El aceite de nuestro cariño, el esfuerzo en ayudar a esas personas que son nuestros prójimos.

Fray Marcos nos ofrece este comentario: -"¿Cuál es el aceite que arde en la lámpara? Si acertamos con la respuesta, tenemos resuelto el significado de la parábola. En (Mt 7,24-27) se dice: Todo aquel que escucha estas palabras mías y las pone por obra, se parece al hombre sensato que edificó su casa sobre roca. Y todo aquel que no las pone por obra, se parece al necio que edificó sobre arena. La luz son las obras. El aceite que alimenta la llama es el amor. El ser sensato no depende de un conocimiento mayor sino de la plenitud de Vida."

"Así se entiende que las sensatas no compartan el aceite con las necias. No es egoísmo. Es que resulta imposible amar en nombre de otro. Nuestra lámpara no puede arder con aceite prestado. Dar sentido a la vida no se puede improvisar en un instante. Solo con lo que hay de Dios en mí, descubierto, reconocido, desplegado, puedo considerarme encendido."

Si actuamos así, dichosos nosotros porque estaremos entrando en el banquete de bodas. Sea cual sea nuestro final ahí estaremos preparados. -"¿Ya tienes la maleta preparada?, le preguntaba mi madre a una persona enferma... Y así mismo respondió ella cuando vivía sus últimos días y se lo preguntaron: "Sí, creo que me recibirán bien"

Velad! Vivir con el corazón puesto en ese tesoro que es el reino de Dios.

SI TU LÁMPARA ESTÁ APAGADA, ERES UN CACHARRO INÚTIL


Texto del evangelio de Mateo (25,1-13)



jueves, 2 de noviembre de 2023

Todos sois hermanos

El más grande vosotros será vuestro servidor

5 de noviembre 2023

Seguimos escuchando y leyendo el evangelio de Mateo. Hoy nos presenta dos imágenes contrapuestas: En la cátedra de Moisés han tomado asiento los Letrados y los Fariseos... Y va desgranando actitudes y gestos que nos hablan del poder, de las apariencias, de su presentación ante el público... con una gran exigencia en todo lo referente a las Leyes y a la práctica de la religión.

Siempre nos ha gustado esa manera de echar en cara a los de arriba su falta de coherencia, su fariseísmo (como decimos ahora), su decir y no hacer, reclamar a los otros lo que ellos no hacen. 


Lo fuerte es que todo eso seguimos viéndolo ahora mismo: En los grandes y poderosos (dentro y fuera de la Iglesia), en los políticos, en los gobernantes que cargan y exigen a los demás lo que ellos mismos no hacen nunca.

Así pues, nos consolamos cuando escuchamos esas palabras. Pero hay una segunda parte que va dirigida a todos nosotros, a todas las personas que decimos que somos seguidores del Maestro. En este capítulo y en otros del evangelio Jesús nos marca las líneas que deben dirigir nuestra manera de vivir y de actuar: -A nadie llaméis "Rabbí" (maestro) porque uno solo es vuestro Maestro... - A nadie llaméis "padre", porque uno solo es vuestro Padre... -El más grande de vosotros será vuestro servidor ... --Todos sois hermanos.


¿Cómo nos comportamos nosotros? Seguimos mirando a los de arriba como dependientes, como personas sometidas, halagando y alabando a dichas personas porque están arriba, porque mandan, porque tienen el poder... Y los vemos como superiores. En la política y en la Iglesia.


Como escribe José Antonio Pagola: -"La Iglesia tendrá que cambiar mucho, pero lo importante es que cada uno reavivemos nuestra fe, que aprendamos a creer de manera diferente, que no vivamos eludiendo a Dios, que sigamos con honestidad las llamadas de la propia conciencia, que cambie nuestra manera de mirar la vida, que descubramos lo esencial del evangelio y lo vivamos con gozo."


En más de una ocasión me ha parecido ver en nuestra comunidad cristiana una actitud de refugiados. En el entorno de nuestra Iglesia, en sus celebraciones, su religiosidad, en sus oraciones y devociones... Es como si todo eso ya respondiera por mí. Y yo viviría mi fe como un eco de todo ello. Incluso he llegado a percibir cierto miedo a que nos arrebaten todo eso... Que si aumentan los seguidores del Islam, que algunos atacan nuestra religión, que la prensa y los medios de comunicación se agarran a los escándalos que aparecen en la Iglesia…


Sigue comentando José A. Pagola:  -"La Iglesia tendrá que despertar su confianza y liberarse de cobardías y recelos que le impiden contagiar esperanza en el mundo actual, pero cada uno somos responsables de nuestra alegría interior. Cada uno hemos de alimentar nuestra esperanza acudiendo a la verdadera fuente."


Cada uno de nosotros está invitado a seguir al Maestro. La invitación a la fiesta, a la boda, a la nueva vida del Reino de Dios, va dirigida de manera personal. Ni las oraciones, ni los sacramentos, ni la práctica religiosa llegarán a ser una verdadera respuesta si no hago mía la vivencia de Dios, nuestro Padre, que me invita a vivir como hermano, a mirar con compasión al que me necesita, a rehacer y repensar los Valores de mi vida. Porque cuando digo: Dios es mi padre (mi papá) y me quiere... ¿Me ha llegado bien adentro? ¿Lo creo y lo siento así?...

Desde esa mentalidad y vivencia Jesús de Nazaret proclamaba: "Felices los pobres..., los mansos..., los que trabajan por la justicia..., los que lloran..." Esos son los hijos de Dios, los que han encontrado el tesoro escondido, la perla preciosa, los que albergan en su interior una alegría que nadie les puede quitar... 


Todos somos hermanos. Y cuando llegamos a ese nivel mis ojos ven a los hermanos y hermanas (especialmente en aquellas personas que más nos necesitan). Ni religión, ni raza, ni sexo, ni color, ni riqueza, ni pobreza, ni lengua ni costumbres... Nada de todo eso puede ser una barrera. Todos somos hermanos.


Texto del evangelio de MATEO 23, 1-12


jueves, 26 de octubre de 2023

Amarás al Señor tu Dios

...y a tu prójimo como a ti mismo

29 de octubre 2023

Domingo a domingo leemos y escuchamos el evangelio que nos ayuda a reflexionar y hacer nuestro el mensaje de la Buena Noticia de Jesús de Nazaret. Parábolas, comentarios, modos de actuar... Todo ello nos encamina hacia una purificación de nuestro modo de pensar y de vivir.

Hoy, el texto de Mateo (cap. 22), nos propone la pregunta que le hacen a Jesús: «Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley?» Todos conocemos la respuesta. La aprendimos en el Catecismo y nos la han comentado muchas veces.

Quizás la dificultad mayor que encontramos es la misma que tenían los que escuchaban a Jesús. Como bien explica Fray Marcos: "Para un judío, prójimo era el que pertenecía al pueblo y, a lo sumo, el prosélito. Jesús desbarata esa barrera y postula que todos somos exactamente iguales para Dios. El cristianismo no siempre ha sabido trasmitir esta idea de igualdad y hemos seguido creyendo, como los judíos de todos los tiempos, que nosotros somos los elegidos y que Dios es nuestro Dios."

La propuesta que nos hace el evangelio, el mensaje de Jesús, debería ser tan sencillo como eso: Amar como él mismo amaba. Vivir a su manera. Adoptar y hacer nuestro el estilo de hijos de Dios. Viendo y escuchando a nuestras comunidades cristianas daría la impresión de que nos refugiamos en el mandamiento de "Amar a Dios sobre todas las cosas... y porque amo a Dios voy a misa los domingos (incluso entre semana), doy limosna a algún pobre, hago caridad dando la ropa que ya no me sirve o está pasada de moda..." Y así  Sería toda una adaptación a medida para nosotros.

Pero ¿es ésa la respuesta de Jesús?

Fray Marcos nos ayuda con su comentario: "Jesús no propone amor a Dios ni un amor a él mismo. Dios ni ama ni puede ser amado; es amor. La exigencia de Jesús no es con relación a Dios sino con relación al hombre. Cuando seguimos proponiendo los mandamientos de la “Ley de Dios” como marco para la vida de la comunidad, es que no hemos entendido el mensaje de Jesús. S. Agustín dijo: Ama y haz lo que quieras. Y Pablo: Quien ama ha cumplido el resto de la Ley. No se trata de una nueva Ley, sino de hacer inútil toda ley, toda norma, todo precepto".

Pienso que hemos aprendido mucha religión y hemos seguido un montón de normas y leyes que nos han distraído de lo que es esencial, de lo único importante. Cantábamos una canción que decía que "al atardecer de la vida me examinarán del amor". Me digo a mí mismo que, día a día, tengo que preparar mi examen porque superarlo en mi vida, en todas las pequeñas cosas que voy haciendo, tiene que ser el objetivo de mi existencia.

Como escribe Fray Marcos: "El mayor peligro a la hora de comprender el amor evangélico es que lo confundimos con el deseo de que el otro me quiera. El deseo de que otro me ame es instintivo y no va más allá del egoísmo. La mayoría de las veces, cuando decimos te amo, en realidad queremos decir: “quiero que me quieras”. Esto no tiene nada que ver con el mensaje de Jesús."

Ver a las otras personas como prójimos, como mi otro yo, en los que se refleja Dios mismo. Y amarlos porque crece en mí la empatía, la solidaridad, la compasión, incluso la preocupación por lo que les pasa. Cuando sólo veo al extranjero, al africano, al inmigrante, al pordiosero... estaré haciendo caridad, pero me faltará ese paso último: el de amarlo. ¿Me importa quién es? ¿De dónde viene? ¿Qué le pasa? ¿Qué puedo hacer por esa persona?

"Al atardecer de la vida..., me examinarán del amor"

Texto del evangelio de Mateo (22,34-40)



viernes, 20 de octubre de 2023

Maestro sabemos que enseñas el camino de Dios

...Y no miras lo que la gente sea

22 de octubre 2023


El texto del evangelio de este domingo nos trae la escena en la que le plantean a Jesús aquello de: -"¿es licito pagar impuesto al César o no?» La respuesta de Jesús («Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.») nos ha servido de argumento para defender a la Iglesia en muchos momentos. De esa manera hemos dividido nuestra vida y nuestras acciones en esas dos mitades: Una, del  César. La otra, de Dios.

Creo que esa actitud no nos ha ayudado nada. Hemos arrinconado a Dios para atenderlo en una serie de actos y celebraciones (sería la parte religiosa de nuestra vida) y hemos dado via libre a esa otra parte del César (que sería nuestra acción política y social) para hacer lo que nos parezca más conveniente según la época y circunstancias.

¿Sería ése en sentido verdadero y profundo del pensamiento de Jesús de Nazaret?

Para un judío piadoso, como lo era Jesús, había una verdad y una vivencia que atravesaba toda su vida, su conciencia y su modo de pensar y de hacer: "Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios... Yo soy el Señor, y no hay otro." (Profeta Isaías, 45, 1 -6). Puede haber reyes y emperadores, jefes y gobernantes; pero sólo hay un Señor. En la vida y en la muerte, en las dificultades y en las alegrías, en la salud y en la enfermedad... Él es el Señor. Y él está presente en todo lo que me rodea, en todos los seres, en esa humanidad que formamos todos. Y todo el mensaje de la Buena Noticia que proclama Jesús de Nazaret apunta a una vida solidaria, compasiva y fraterna. Porque sólo los que viven así proclaman que son de verdad hijos de Dios.

Entonces "dar a Dios lo que es de Dios" deja de referirse a la parte religiosa de mi vida para hacer frente a mi vida entera en relación con los hermanos y hermanas (especialmente a los que más me necesitan). Porque sólo en la medida en que me acerco a ellos y soy compasivo y misericordioso estaré dando a Dios lo que es suyo. 

Podríamos decir que Dios no necesita mis oraciones, mis celebraciones, mis genuflexiones y penitencias. Lo que da gloria a Dios, como dicen los profetas en más de una ocasión, es el derecho y justicia, la compasión y la solidaridad. ¡Cuántas veces echamos mano de la parábola del Buen Samaritano! Jesús propuso esa parábola a propósito. Un samaritano era como decir un hereje, alguien que no era de su religión, que estaba fuera del camino verdadero... El sacerdote y el levita pasaron de largo, dieron un rodeo para no contaminarse. 

En nuestra Iglesia, hoy en día, encontramos de todo. Personas que viven y ejercen de samaritanos y dan su vida por los demás. Otras muchas personas se conforman con ser sacerdotes o levitas o religiosos o cristianos cumplidores de los preceptos. Y, en muchas ocasiones, terminamos por conformarnos con esos tiempos que dedicamos a Dios (dando a Dios lo que creemos que es de Dios).

En estos tiempos en los que se reúnen los Obispos con el Papa en ese Sínodo extraordinario tratando de escuchar y tomar la palabra a tantas cristianas y cristianos (los de abajo, lo de a pie), quizás sería bueno que también ellos sintieran el eco de esas palabras de Jesús: "...dad a Dios lo que es de Dios".

Mientras tanto que cada uno de nosotros dejemos que nos llegue hasta dentro ese mensaje de Jesús.

Texto del evangelio de Mateo (22,15-21)



Sabed que estoy con vosotros todos los días

...Hasta el final de los tiempos Ascensión del Señor 17 de mayo 2026 Hay una recomendación que Fray Marcos  suele hacer con mucha frecuencia...