jueves, 23 de noviembre de 2023

Venid, benditos de mi Padre

¿Cuándo te vimos con hambre o con sed...?

26 de noviembre 2023

Siguiendo con la lectura del evangelio de Mateo (cap. 25) hoy nos describe el "juicio final"... Una descripción amplia y detallada que nos tiene hacer reflexionar.
En domingos pasados escuchamos las parábolas de las vírgenes que esperan al esposo; la de los talentos... siempre con ese juicio que se pronuncia al final: Estad en vela porque no sabéis el día ni la hora.

Durante mucho tiempo hemos venido celebrando la Fiesta de Cristo Rey con la que parece que queríamos encumbrar a Jesús de Nazaret y poner su poder, su gloria y su inmortalidad por encima de todos los hombres, de todos los reyes y jefes de estado, de todos los poderosos del mundo a lo largo de la historia.
Sin duda la intención de la Iglesia debió de ser la mejor: deseo de reconocerlo como la persona más entregada, más humana y más parecida a Dios mismo... Pero me parece que no está en la línea del evangelio. El Reino de Dios es otra cosa. Y todos los símbolos que hemos venido utilizando en la Iglesia (en nuestros templos y celebraciones) se han desviado demasiado. Al final casi casi hemos identificado la riqueza, el oro, la plata y la belleza de los retablos de las iglesias con el "reino de Dios".

Todo eso está muy alejado del modelo real: Jesús de Nazaret.
Como escribe José Antonio Pagola: "Jesús vive volcado hacia aquellos que ve necesitados de ayuda. Es incapaz de pasar de largo. Ningún sufrimiento le es ajeno. Se identifica con los más pequeños y desvalidos y hace por ellos todo lo que puede. Para él, la compasión es lo primero. El único modo de parecernos a Dios: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo».

Por eso, al escuchar el evangelio de este domingo, nos vemos obligados a reflexionar sobre ese juicio al que estamos llamados.

"El evangelista no se detiene propiamente a describir los detalles de un juicio. Lo que destaca es un doble diálogo que arroja una luz inmensa sobre nuestro presente, y nos abre los ojos para ver que, en definitiva, hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos o nos desentendemos y los abandonamos."

"Nuestra vida se está jugando ahora mismo. No hay que esperar ningún juicio. Ahora nos estamos acercando o alejando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o alejando de Cristo. Ahora estamos decidiendo nuestra vida."

Sería terrible que, en ese juicio, nos dijeran: "-Apartaos de mí, malditos... Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me recogisteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis."
A nosotros que dijimos y gritamos: -¡Viva Cristo Rey!... y nos esforzamos en tener las iglesias más bellas, los adornos, el sagrario y los ornamentos más espléndidos... buscando siempre la mayor gloria del Señor.
¿Nos hemos equivocado?

El comentario de Fray Marcos nos puede ayudar a reflexionar y profundizar en todo ello: "-Para celebrar la gloria de Jesús recordamos el momento de su vida donde mejor dejó reflejada su actitud vital, la eucaristía. Yo, como el pan, me parto y me reparto para que me coman. Me dejo masticar, tragar, asimilar para alimentar a otros, a costa de desaparecer. Yo entrego mi vida (sangre) a los demás para que la hagan suya y puedan transformar su propia vida. La sangre solo se puede entregar a costa de la propia vida. Si la doy a los demás, me quedaré sin ella."

Nosotros (hombres y mujeres) llamados e invitados a seguir a Jesús de Nazaret tenemos que asumir ese estilo de vida al que hace referencia el juicio final. Porque éso es lo único importante: la compasión y la atención a los demás, a todas esas personas que pasan hambre y sed, a los migrantes y forasteros, a los que carecen de vivienda y trabajo, a los que sufren opresión o desprecio...
Cada vez que actuamos de esa manera resuenan en nuestra cabeza y en nuestro corazón las palabras: "- Venid, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo."

Texto del evangelio de MATEO 25, 31-46

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