miércoles, 10 de junio de 2026

Gratis habéis recibido, dad gratis

 "Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos"

14 de junio 2026

Estoy leyendo el evangelio de este domingo y me digo que, demasiado a menudo, he pensado que esa palabra de envío que hace Jesús a sus primeros seguidores o discípulos (y da los nombres de los 12) era exclusivamente para ellos... Ellos fueron los enviados. Quizás mi error está en pensar todo ello como un acontecimiento histórico que nos cuenta el evangelio para admirar (¿?), para valorar (¿?), para convencernos de que es el mensaje de Jesús (¿?)...

Entiendo que nos suele faltar el paso siguiente: -A tí, también te envío.

El mensaje es para todos nosotros. Ir y proclamar que el reino de Dios o reino de los cielos ha llegado. Que ese mundo nuevo que deseamos y anhelamos ya ha llegado. (El reino de Dios o reino de los cielos es lo mismo que decir que Dios está aquí, entre nosotros. Más aún, dentro de nosotros).

Claro, es muy difícil anunciar algo que no sentimos y vivimos. Nos faltaría lo que los orientales llaman iluminación. Miramos sin ver y somos incapaces de descubrir esa presencia de Dios, su reino, su acción constante en nuestra vida, en nuestro entorno, en la naturaleza, en el universo. Su aliento, su espíritu, es el que crea y recrea todo; el que mueve la evolución misma de lo que llamamos la creación.

Tengo que detenerme, pararme, y observar, contemplar dejándome empapar de todo ello.

El siguiente paso es el que les dice Jesús a esos discípulos: "Gratis habéis recibido, dad gratis". Es la alegría de dar y compartir con las otras personas. Con la felicidad de que estamos dando la respuesta a tanto anhelo y ansia en pos de lo que creemos que es la felicidad, la solución a todos nuestros problemas... caminando como ciegos tras las voces y la propaganda que llegan a nuestros sentidos por todos los medios que la humanidad ha ido descubriendo en su evolución.

Pero no olvidemos que si yo mismo no siento y vivo el mensaje de Jesús, difícilmente podré dar nada que no sea mi propio "yo", es decir mi imagen, mi importancia, mis valores... Y mi yo, lo que sé, lo que he aprendido, lo que tengo y poseo, es sólo eso: mi yo, una ilusión, nada. No será el mensaje de Jesús, el reino de los cielos o de Dios (Dios mismo). Sólo ese ir creciendo en humanidad, en compasión y empatía, en atención a las otras personas, en cariño y ternura especialmente hacia las personas que más lo necesitan (migrantes, extranjeros, gentes de otra raza, de otra cultura, de otra manera de pensar)...

Dar gratis... Qué difícil se nos hace eso en una sociedad en la que todo se hace y se proclama por interés, por ganancia, por aparecer, por ser famoso, por ser más que las otras personas... 

Por ahí comenzamos nuestro camino. Seguir las huellas del Maestro. Y, cuando empezamos a vivir ese estilo nuevo, seguro que seremos capaces de anunciar y de dar gratis esa gran noticia de que el reino de los cielos ya ha llegado.

Texto el evangelio de Mateo 9, 36 – 10, 8

En aquel tiempo, al ver Jesús a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, «como ovejas que no tienen pastor». Entonces dice a sus discípulos:
«La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies». Llamó a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia.
Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, el de Zebedeo, y Juan, su hermano; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo el publicano; Santiago el de Alfeo, y Tadeo; Simón el de Caná, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
«No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».

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