miércoles, 3 de junio de 2026

Yo vivo por el Padre

 

...El que come este pan vivirá para siempre

7 de junio 2026

Fiesta del Corpus Christi

He aquí una fiesta que siempre ha tenido una importancia extraordinaria en la vida de la Iglesia. Al igual que las fiestas que se suelen hacer con motivo de las Primeras Comuniones de los niños y niñas.

Procesiones, celebraciones con mucha ceremonia, muchos adornos, flores, luces, himnos y canciones... Todo para venerar y adorar la "presencia de Jesús en la eucaristía". Todos hemos vivido todo eso de una manera o de otra. Hemos vivido esa devoción. Hemos participado en celebraciones, procesiones y horas de adoración.

Ahora, al intentar hacer mi reflexión sobre la fiesta y sobre la Eucaristía, siento que toda esa fiesta, veneración y celebración, tienen una finalidad que se aleja del pensamiento mismo del evangelio. Es una fiesta pensada para nosotros. Es como si quisiéramos ver y tocar con nuestros sentidos algo que está más allá de lo que nosotros (hombres y mujeres) podemos llegar a comprender, a explicar o a expresar.

Si todo el mensaje de Jesús de Nazaret es una invitación a convertirnos y entrar en el reino de Dios, todo lo que hizo sigue siendo esa invitación. Signos, gestos, parábolas y expresiones... Todo para que nos vayamos iniciando en ese cambio de mentalidad, en hacernos a ese nuevo estilo de vida.
¿Cómo expresar todo eso?
Tengo que echar mano de los entendidos y maestros que tienen conocimiento y vivencia en el seguimiento de Jesús.
Fray Marcos escribe: -"Debemos tomar conciencia de que la tradición que prevalece hoy no es la original. La tarea más urgente es el dejar de dar valor a lo accidental que se adhirió a ella."
-"Necesitamos el signo para hacer presente la realidad transcendente que no puede llegarnos por los sentidos. La realidad divina está siempre ahí, ni se crea ni se destruye, ni se trae ni se lleva, ni se pone ni se quita."
-"Dios no está más presente en nosotros después de comulgar que antes de hacerlo. El sacramento me tiene que ayudar a descubrir esa presencia y a vivirla."
-"El partir el pan forma parte de la esencia del signo. El "esto" ("Esto es mi cuerpo") no hace referencia a un trozo de pan sino al gesto de partirlo. Si lo partimos, es para ser comido y digerido."

La Cena del Señor. El Memorial. El encuentro de los hermanos y hermanas (seguidores de Jesús) que reviven su presencia y en ese signo refuerzan su esperanza, su confianza y su deseo de seguir sus huellas.
Roger Laeners escribe: -"El objetivo de ese comer y beber es recordar a Jesús. Lo que significa despertar un recuerdo vivo suyo, como el de alguien que quiso ser como pan y vino para quienes vivieron con él... El objetivo de la eucaristía está en el memorial, el recuerdo vivo de Jesús."
-"El pan se vuelve un signo expresivo de que él es realmente pan para sus discípulos..., signo de un encuentro y una unión intensos entre los discípulos y su "Señor y Maestro".
-"...La fuerza de la eucaristía se despliega enteramente  en el comer y el beber..."

Participar en la eucaristía tendría, pues, su fuerza y su expresión en el acto de comer juntos el pan (de la Cena del Señor) reviviendo su modo de vivir y de actuar, haciendo realidad esa unión y hermandad. Es unir nuestras manos, darnos el abrazo, comprometernos con los hermanos y hermanas y tratar de vivir esa presencia de Dios, nuestro padre, tal como hacía Jesús de Nazaret.
Me gustaría añadir que la eucaristía no es "algo santo o sagrado" para tener ahí, como en una caja fuerte, para venerar y adorar. No, es algo activo y vital. Sí, puedo llevar un trozo de pan a algún hermano o hermana que no haya podido participar en el encuentro, en el memorial; pero no es algo para guardar como algo sagrado y divino.
Lo divino de Dios está dentro de cada uno de nosotros y nosotras. Precisamente eso debería hacernos cambiar de perspectiva al relacionarnos con los hermanos y hermanas. Ser capaces de "ver a Dios" en todos y en todo.

Comer ese pan y vivir para siempre... Así se escribe en el evangelio de Juan. Una comunidad que vive esa unión al Maestro y experimenta la nueva vida..., la vida de Dios. A eso estamos llamados.

Texto del evangelio de Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
«Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».
Disputaban los judíos entre sí:
«¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?».
Entonces Jesús les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí.
Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

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