miércoles, 20 de mayo de 2026

Paz a vosotros

"Como el Padre me ha enviado, así os envío yo"

24 de mayo 2026

Fiesta de Pentecostés

Desde siempre guardo en mis recuerdos la celebración que nos ofrece la Iglesia a los cuarenta días de la Pascua: Pentecostés. La venida del Espíritu Santo. Y, quizás pensando en la bajada del Espíritu sobre los primeros discípulos, esperaba que algo de eso nos sucediera a nosotros. 
En otras ocasiones y celebraciones he vuelto a escuchar las oraciones y los cantos pidiendo la venida del Espíritu.
Ahora al hacer mi reflexión me pregunto si todo eso tiene alguna razón de ser.
¿Tiene que bajar o venir el Espíritu Santo?
¿Tenemos que pedir que Jesús o Dios nos lo mande?
¿Qué significa eso de tener el Espíritu?

Para empezar, una vez más, tengo que recordar que toda la narración que nos hace y describe el texto del evangelio de Juan (o de cualquier otro escrito) no es algo ocurrido físicamente, literalmente.
Como escribe Fray Marcos: -"Ni estamos celebrando una fiesta del Espíritu Santo ni recordando un acontecimiento físico que pudieran ver. Las distintas promesas y venidas del Espíritu que se narran, indican que no tiene que venir de alguna parte."
-"Estamos ante la expresión más completa de experiencia pascual. Los seguidores de Jesús saben que todo lo que estaba pasando dentro de ellos era obra del Espíritu. No vino a ellos sino que se dejaron empapar de él."
-"El Espíritu no es un privilegio de algunos. Todos tenemos como fundamento de nuestro ser el Espíritu aunque no seamos conscientes de ello. Dios no tiene nada que dar, simplemente se da él mismo y en ese don está todo don."
-"...Se nos ha dado para que vivamos lo indecible y tratemos  de traducir esa experiencia al lenguaje de hoy."

Y ésa es la misión que nos da. Es el mensaje que hemos recibido. Vivir, vivir y vivir. Jesús de Nazaret marchó delante. Ahora nos toca a cada uno de nosotros.
Empezar a profundizar dentro de nosotros mismos y captar ese "aliento" que está en nosotros y sin el cual no podemos vivir. Nuestra realidad más cotidiana: nuestro aliento, nuestro corazón, nuestros sentidos... Y la realidad de vida que nos rodea. Todo ese conjunto de seres en nuestro entorno. Ahí anda Dios. Ahí alienta su espíritu. Lo que nos pasa es que no nos damos cuenta, no somos conscientes. Y andamos ocupados y preocupados con pequeñitas cosas, con detalles que no tienen ninguna importancia, con muchas, muchas cosas que nos anuncian y hacen propaganda de felicidad, de plenitud, de llegar al máximo nivel... Y terminamos descubriendo que son cosas engañosas que nos dejan vacíos y nos hacen perder la serenidad, la paz y la esperanza.

Sí, vamos buscando fuera, pidiendo que nos llegue de algún lugar, lo que ya tenemos dentro. ¡Qué pena!, ¿verdad?
Quiero hacer silencio dentro de mí (y a mi alrededor) para ser capaz de conectar con ese aliento divino que ya está en mi vida...
También voy siendo consciente de que todo eso lo tengo que vivir ahora, mientras vivo... Lo podré hacer mientras soy humano, mientras mi corazón late, mientras mi aliento respira... No puedo dejarlo para cuando ya no sea hombre/mujer y mi cuerpo se vea reducido a cenizas... Ahora es el tiempo de vivir...al estilo de Jesús de Nazaret.


Texto del evangelio de Juan 20, 19-23

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

No hay comentarios:

Paz a vosotros

"Como el Padre me ha enviado, así os envío yo" 24 de mayo 2026 Fiesta de Pentecostés Desde siempre guardo en mis recuerdos la cele...