«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
23 de agosto 2026

Leo el texto de Mateo (el que escuchamos este domingo) y me pregunto qué pasaría si, una vez en la iglesia, el cura nos hiciera esa pregunta:
-«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».
Seguramente encontraríamos respuestas de todo tipo. Aunque, en muchos casos, podríamos decir que la gente de hoy en día se desentiende de los temas de religión. Que no lo sabe. Que no tiene ni idea. Que, quizás, fue un personaje antiguo importante... O que fundó la religión cristiana...
En cambio la siguiente pregunta, tal vez, nos pillaría algo desprevenidos.
-«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Acostumbrados a lo aprendido en el Catecismo o a lo que tantas veces nos han predicado, tal vez nos parezca de lo más simple. Y podríamos decir la respuesta que el evangelista Mateo pone en boca de Pedro: -«Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».
Como comenta Fray Marcos: -"Antes de la experiencia pascual, Pedro nunca pudo decir que Jesús era el Hijo de Dios. Un judío, lo más que podía decir de un ser humano es que era ungido..." Y eso se aplicaba al rey o al sumo sacerdote (ungido para desempeñar sus funciones)... De ahí surgió entre los cristianos el nombre de Hijo de Dios aplicado a Jesús, pero nunca con el significado que le atribuyeron los obispos griegos en los Concilios que siguieron..."
-"A Jesús, como judío, nunca se le pasó por la cabeza fundar una iglesia. Lo que intentó fue purificar su religión de todas las adherencias que le impedían ser fiel a Dios..."
Acostumbrados a la seguridad de los dogmas de la Iglesia y a la rotundidad de las enseñanzas que siempre nos han predicado, me imagino que escuchar ciertas afirmaciones nos pueden dejar descolocados y como perdidos.
Me gusta escuchar o leer los comentarios de personas más conocedoras del evangelio, del lenguaje que utiliza, de la mentalidad de aquellos tiempos. Después vuelvo a mi reflexión, vuelvo al mensaje de Jesús de Nazaret:-"El reino de Dios está cerca. Convertíos, cambiad de vida" Luego trato de recordar las parábolas, las historias, las explicaciones que daba Jesús.
Todos estamos llamados. Somos invitados a entrar en el reino de Dios, a vivir como hijos e hijas, a hacer nuestro el estilo de Jesús, a centrar nuestras vidas en Dios, nuestro padre (abbá-ammá) con confianza, con esperanza y tranquilidad... Porque venimos de Él y volvemos a Él. Y lo que importa es que vivamos como hermanos, pendientes de los otros (de nuestro prójimo), en especial de los más débiles y necesitados.
Los dogmas, las definiciones, las doctrinas, los grandes saberes... no tienen importancia. Eso ya les pasaba a los primeros seguidores de Jesús y un día les dijo aquello de que "bendito sea Dios que ha revelado todo esto a los pequeños, a los humildes, a los desposeídos, a los don-nadie...
Y cuando entendemos eso, qué felicidad olvidarnos de tantas leyes, doctrinas, dogmas y enseñanzas... Lo importante es otra cosa. Creo que, realmente, ni siquiera la Iglesia como institución tiene mayor importancia. Toda esa corte de Papa, Cardenales, Arzobispos, Obispos y todo el etcétera que podemos poner... no son el reflejo de lo que Jesús indicaba a sus seguidores: El que quiera ser el mayor, que sea vuestro. esclavo... Ser servidores, atentos a las demás personas (a las que pasan hambre, sed, enfermedad, carecen de lo necesario, sufren persecución, son despreciadas por su raza, por su cultura, su origen o simplemente por ser mujer...
Y cuando comencemos a pensar y a sentir como lo hacía Jesús y vayamos captando su estilo de vida..., estoy seguro que eso será como dicen que Jesús le dijo a Pedro: -«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos..." Es algo que no nos vendrá de los libros, de las enseñanzas, de las misas que oímos o las oraciones que recitamos... Eso nos llega desde dentro al ir encontrando y descubriendo a Dios nuestro padre.
-Bienaventurados nosotros!
Texto del evangelio de Mateo 16, 13-20
En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».
Ellos contestaron:
«Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Simón Pedro tomó la palabra y dijo:
«Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».
Jesús le respondió:
«¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.
Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.
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