miércoles, 5 de agosto de 2026

«Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»

 

«Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?»

9 de agosto 2026

Ante la lectura de ciertos pasajes del evangelio tenemos siempre la tentación de agarrarnos a aspectos o descripciones que llenan nuestra imaginación de magia, superpoderes, divinidad... Olvidamos totalmente que Jesús de Nazaret era una persona humana, de nuestra naturaleza. Natural de Nazaret, y como dice el evangelio, sus padres, sus hermanos y hermanas eran bien conocidos en el pueblo.

Con todo lo que los sabios y doctores han dicho y escrito se nos ha quedado en la imaginación y en la subconsciencia que Jesús, como era Dios, podía hacer cualquier cosa y que los milagros no suponían ningún esfuerzo para él...
Entendiendo las cosas así nos perdemos su mensaje, su actitud, su estilo de vida, su atención, su modo de relacionarse, su sencillez y su unión constante a Dios y a su voluntad.

Echando mano de lo que escribe Fray Marcos: -"Muy probablemente se trate de un relato pascual, que terminó insertado en los hechos de la vida real... Solo después de pascua confesaron la divinidad de Jesús."

El final de la vida de Jesús fue tan escandaloso, tan decepcionante, que todas aquellas personas (discípulos y discípulas) quedaron como hundidas. Tardaron en revivir y reflexionar todo aquello que habían vivido con él... Su nueva visión, sus nuevos sentimientos fueron la Pascua, el paso a una nueva vida como seguidores de Jesús.

-"Las dificultades que atraviesan los discípulos son la consecuencia del alejamiento de Jesús. Reunidos con él, vuelve la calma y la seguridad a la barca (la Iglesia)."

Dos frases que me parecen muy adecuadas para nuestra reflexión:
-«Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».
El relato que escuchamos, que es como una reflexión de la comunidad, es la respuesta a tantas dudas y tantos miedos que acompañan nuestras vidas. Nos decimos seguidores de Jesús de Nazaret; pero dudamos de su mensaje, de la posibilidad de seguir sus normas, su estilo de vida. O, en caso contrario, nos contentamos con saber cosas sobre Jesús: sus parábolas, sus milagros, otros detalles de su vida... Conocimientos, lecciones aprendidas, oraciones recitadas, gestos o ritos que cumplir.

Como comenta Fray Marcos: -"Pedro ve a Jesús desplegar poderes divinos y quiere participar de ese privilegio; pero quiere conseguirlo por arte de magia, no por transformación personal..."
-"Jesús da a entender que la fuerza divina (su aliento y su espíritu) no es prerrogativa personal sino que todos participan de ella..."

-«Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».
Ésa es la otra frase. El mensaje de Jesús, su Buena Noticia, es que Dios está con nosotros. Que el mundo que nos propone es el de la fraternidad, del servicio, de la entrega, de compartir, de crecer y vivir en un mundo más justo en el que parezcamos y seamos hijos e hijas de Dios. 
Fray Marcos propone este titular: -" La fe no consiste en creer sino en confiar". Confiar en Jesús que nos muestra el camino. Confiar en Dios que siempre está a nuestro lado... Fiarme de Él- En todo momento.

Texto del evangelio de Mateo 14, 22-33

Después de que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.

Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo.

Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma.

Jesús les dijo enseguida:
«Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».

Pedro le contestó:
«Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua».

Él le dijo:
«Ven».

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
«Señor, sálvame».

Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
«Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?».

En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo:
«Realmente eres Hijo de Dios».

«Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»

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