...Si pierde su alma?
30 de agosto 2026

El domingo pasado nos quedamos con la pregunta (que nos hacía Jesús de Nazaret): -" Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?"...
Nos cuesta mucho dar ese paso de confianza, fiarnos de su palabra, de su mensaje... Como que nos resulta más cómodo seguir con nuestras prácticas religiosas, devociones, cumplimiento de leyes y mandamientos que eso de fiarnos, creer de verdad su mensaje del reino de Dios.
-¿Quién es para nosotros Jesús de Nazaret? ¿Qué importancia le damos en nuestra vida, en nuestra actividad, en nuestras relaciones sociales?
El texto del evangelio de este domingo pone en boca de Jesús ese adelanto de la pasión... (que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día).
No. Ni Pedro, ni ninguno de sus discípulos o seguidores, entendió nada de todo eso. El evangelio de Mateo trata de destacar a Pedro (como lo hizo el domingo pasado al escribir aquello de que "tú eres Pedro y sobre tí edificaré mi iglesia..."). Ni comprendieron el peligro que amenazaba a Jesús, el peligro de que lo arrestaran, lo encarcelaran, lo torturaran, lo mataran... Era impensable. Creían más bien que era el Mesías, el salvador, el que conseguiría que el pueblo de Israel volviera a ser grande, como el escogido de Dios...
Tendrían que perder toda seguridad, todo sueño de grandezas, de reino, de sentarse a la derecha y la izquierda... De ser algo grande junto al Maestro. Y eso llegaría en el tiempo que llamamos la Pascua.
Además de todo eso, me atrae como reflexión esas otras palabras de Jesús: -"¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?" "¿O qué podrá dar para recobrarla?"
En el lenguaje de Jesús, de la mentalidad judía, perder el alma significa perder la vida. (Hablar de cuerpo y alma forma parte de la cultura helénica o griega. Y es la que nosotros solemos utilizar).
Si lo entendemos así, nos damos cuenta de que lo que más queremos, lo que más apreciamos es nuestra vida... Y ahí nos cuestiona Jesús de Nazaret: -"¿De que te sirve ganar todo el mundo, si pierdes tu vida?
Negocios, dinero, poder, fama, casas, campos... Todo eso que nos suele ofrecer el mundo, nuestra sociedad... para ser feliz, para llegar al más alto nivel, para estar por encima de todos.
-"¿Y si pierdes tu vida...?
Ha habido hombres y mujeres que se lo plantearon muy en serio: Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Teresa de Jesús, Francisco de Asís, Pedro Claver, Pedro Casaldáliga... La lista es muy larga. Hombres y mujeres que pusieron toda su confianza en el Maestro y siguieron sus huellas. Ya he conocido unos cuantos hombres y mujeres que decidieron vivir de esa manera. Ellos y ellas, siguiendo los pasos de Jesús, son también mi referencia.
Plantear nuestra vida en esos términos significa que damos más importancia al mensaje de Jesús, a vivir teniendo a Dios (nuestro padre) como único referente, a descubrir y estar atentos a los hermanos y hermanas. Sin prejuicios, sin distinción, sin razas, ni lenguas, ni origen, ni cultura ni religión... Porque por ahí anda Dios. Y si no sé poner atención y amar, eso significa que no he comprendido el lenguaje de Jesús.
Texto del evangelio de Mateo 16, 21-27
En aquel tiempo, comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:
«¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte».
Jesús se volvió y dijo a Pedro:
«Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».
Entonces dijo a los discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga.
Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?
Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.»
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