viernes, 24 de enero de 2025

El espíritu del Señor me ha enviado...

...A dar la buena noticia a los pobres

26 de enero 2025

Este domingo el texto del evangelio de Lucas nos trae lo que podríamos llamar la programación propuesta por Jesús de Nazaret.

Echa mano de un texto del profeta Isaías para proclamar que el reino de Dios (Dios mismo) ya está aquí. Es una proclamación que la encontraremos en los otros textos evangélicos.
"El espíritu del Señor me ha enviado a dar la buena noticia a los pobres, a proclamar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a proclamar el año favorable del Señor ..."

Siguiendo las noticias que nos ofrecen los canales de comunicación (la TV, los periódicos, las redes sociales) malos tiempos corren para esa programación del Maestro.

Ls poderosos de la tierra nos traen malas noticias para los pobres, ninguna acogida a los migrantes, cancelación de ayudas sociales, acaparar riqueza utilizando todos los medios disponibles, enriquecer cada vez más a los que ya poseen riquezas inmensas... Y, para convencer a esas mayorías incapaces de ver más allá de sus narices, también nos dicen que dios está de su parte... Que llega como un enviado de dios.

Ante estas noticias y esas frías corrientes, ¿qué tenemos que hacer?
Jesús de Nazaret, desde el principio apeló a la conversión. Nuestra visión, nuestros objetivos, nuestros valores.

Como comenta Fray Marcos: "-Lo único que predicó Jesús fue el amor, la unidad. Eso supone la superación de todo egoísmo y toda conciencia de individuali­dad. Los conocimientos científicos adquiridos en estos dos últimos siglos vienen en nuestra ayuda. Somos parte del universo, somos parte de la vida. Si seguimos buscando el sentido de nuestra existencia en la individualidad, terminaremos todos locos. El sentido está en la totalidad, que no es algo separado de mi individualidad, sino su propio constitutivo esencial."

La buena noticia para los pobres, para los oprimidos, para los cautivos, para los ciegos, para los migrantes y marginados es que Dios está ahí, a su lado. Que no están solos. Que, aunque los magnates y poderosos dispongan de toda la riqueza del mundo, hay algo mucho más importante, más vital, más humano. Está dentro de nosotros. Y sólo con esa conversión alcanzaremos nuestra verdadera realización: ser más humanos, más divinos.

Continúa Fray Marcos su comentario: "-El Espíritu no es más que Dios presente en lo más hondo de nuestro ser. Eso que hay de divino en nosotros es nuestro verdadero ser. Todo lo demás, no solo es accidental, transitorio y caduco, sino que terminará por desaparecer. No tiene sentido que sigamos potenciando aquello de lo que tenemos que despegarnos. Querer poner el sentido a mi existencia en lo caduco es ir en contra de nuestra naturaleza más íntima."

Entonces si no soy capaz de entender y de sentir que el migrante, el marginado, el oprimido forma parte de mí. Que su vida y la mía están unidas. Que su pobreza, su sufrimiento y su miseria son también mías... Está claro que necesito cambiar, convertirme. Que mi realización como hombre, como mujer, mi humanidad aumenta o disminuye en la medida en que crece o disminuye la unidad y el amor.

Visto desde esa perspectiva ¿quién es más humano? ¿La persona que acapara y amontona riquezas o el migrante que, en su pobreza, comparte con otros necesitados lo poco que tiene? ¿Los que desean expulsar a los que llegan a nuestros países ricos buscando mejorar su vida o los que abren su casa y su bolsillo a los que han perdido todo?

Texto del evangelio de LUCAS 1, 1-4 / LUCAS 4, 14-21



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