viernes, 3 de enero de 2025

A cuantos lo recibieron


Les dio poder de ser hijos de Dios

5 de enero 2025


En este segundo domingo de Navidad escuchamos la lectura del prólogo del evangelio de Juan:
"En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios."
Son palabras que arrastran una profundidad increíble. Las hemos leído o escuchado muchas veces y, creo, que nos hemos quedado en explicaciones simples que normalmente desenfocan el sentido del mismo.

Identificamos, sin más, al Verbo con Jesús (Él sería el Logos, el Verbo, el que está junto a Dios). Así pues Jesús conoce a Dios y por eso nos explica todo sobre Dios... 
¿Es realmente así?
Fray Marcos nos ayuda a entenderlo de una manera algo distinta: "Dice el texto: -"En él (Verbo) estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres".  No es la palabra la que explica la Vida, sino la Vida la que hace comprensible la Palabra..."

Nuestro mundo (y nosotros) tan racionalista nos empuja a querer razonar nuestra fe, a saber y amontonar razonamientos y conceptos que nos den la clave de la religión y la espiritualidad. Pero ahí se agota todo. Giramos en torno a ideas y pensamientos que surgen de nuestra mente y que difícilmente pueden acercarse a Dios y a su Palabra.

"Nuestra primera preocupación, añade Fray Marcos, debe ser hacer nuestra esa Vida que nos llevará a entender la Palabra. Sin vivencia interior no podremos entender la divinidad. Ni las cristologías más sofisticadas podrán llevarnos a una comprensión del misterio de Jesús. A la Realidad transcendente no podremos llegar más que viviéndola."

Ciertamente, como dice el texto: "Vino a su casa, y los suyos no le recibieron".
Un poco más adelante escuchamos una expresión que nos ha llevado a imaginar el belén y un montón de imágenes que nos resultan simpáticas y llenas de ternura: Dice el texto: "Y la Palabra acampó entre nosotros"...
Fidel Aizpurua lo comenta de esta manera: "En ese breve enunciado se dice algo singular: Dios ha abandonado su cielo y ha venido a poner su tienda en nuestra historia con intención de no quitarla nunca más. Es una tienda montada para siempre, no con la brevedad de una acampada. A partir de ahora, quien quiera encontrar a Dios no tendrá que salir en su búsqueda hacia un cielo exterior, sin que habrá que ahondar en la vida porque en su fondo Dios ha puesto su morada.
Toda esta espiritualidad no la hemos tomado realmente en serio. Nosotros seguimos pensando, en nuestro imaginario religioso, que Dios está en su cielo y nosotros aquí en la tierra. No mezclemos las cosas. Hacer a Dios compañero de nuestra historia, participante de lo nuestro es algo que todavía no nos entra en la cabeza y en el corazón."

Pienso que ahí está nuestra gran dificultad para acercarnos a lo que Jesús vivió. No acertamos a descubrir que Dios (la Palabra hecha carne) está aquí entre nosotros, en mí, en tí, en nuestra vida.
Es el camino de Jesús, nuestro Maestro. Si nos fijamos bien, Jesús nunca nos da explicaciones de quién o de cómo es Dios... Nos habla en parábolas para decirnos sus vivencias: La parábola del hijo pródigo; la de la oveja perdida; de la perla preciosa; la del banquete de bodas; la de la viña...
A las personas que acogen la Palabra en su vida les da el poder de ser hijos-hijas de Dios.

Acoger a Dios (la Palabra) en nuestra vida es despertar a una manera nueva de vivir, conscientes de esa realidad profunda que forma parte de nosotros y de todo lo que nos rodea.
"Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios."

Texto del evangelio de Juan 1, 1-18


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