Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios
1 de enero 2025 - AÑO NUEVO
Fiesta de Santa María, madre de Dios
Estamos en fiestas de Navidad. Terminamos un año (con fiestas, encuentros de familia, misas y oraciones) y empezamos uno nuevo (con esperanza como propone el Papa Francisco) iniciando un Jubileo y con muchas propuestas (o propósitos) que, en más de una ocasión, se quedan en eso: propuestas.
La Iglesia nos propone iniciar el año con la fiesta de SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS.
Lo tenemos tan asumido que ya no nos llama la atención. Así nos lo enseñaron, así lo hemos ido repitiendo y así nos parece bien festejar a la madre de Jesús (a la que, por cierto, también le llamamos "madre nuestra").
Al leer el evangelio de hoy me ha llamado la atención la actitud y participación de los pastores.
Me ha hecho reflexionar el comentario de Fidel Aizpurua: "Tengamos en cuenta de que ser pastor era en aquel contexto social ejercer uno de los oficios considerados malditos porque los pastores vivían al raso descuidando a sus mujeres en casa durante la noche (eso decían), no iban a los rezos de la sinagoga, eran considerados ladrones, andaban siempre con vísceras y sangre, etc. Gente sin honor, los que no cuentan. Resulta que ellos son los mensajeros del nacimiento. Tiene la cosa metralla: los menos honorables son los mensajeros."
Quizás nos hemos entretenido mirando las figuras del belén y hemos dejado a un lado el mensaje profundo que conlleva.
Podemos recordar el himno del Magníficat que el evangelista pone en boca de María: "A los pobres colmó de bienes, a los ricos despidió vacíos..."
Las parábolas de Jesús nos dan muchas pistas que nos ayudan a entender el Reino de Dios...
Entonces me pregunto yo mismo: -¿A quíén encuentro yo?
Los pastores encontraron a María, a José y al niño... Y se fueron alabando y glorificando a Dios.
Creo que todo el evangelio es una invitación a descubrir el Reino de Dios, una realidad que está más allá de las doctrinas, ceremonias y fiestas.
"Dios con nosotros", así se le anuncia. Y sólo cuando llegamos a experimentarlo estamos en disposición de alabar y glorificar comunicando a los demás la salvación del Señor.
"Es hora, como escribe Fray Marcos, de tomar conciencia de que no podemos descubrir lo que Jesús (y María y José) vivió, si no lo vivimos también nosotros... Ni verdades teológicas, ni normas morales, ni ritos litúrgicos pueden suplir la experiencia interior".
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