Alegraos... El Señor está cerca
15 de diciembre 2024
Ya estamos en el 3º domingo de Adviento. Y el texto del evangelio, por boca de Juan el Bautista, nos responde a la pregunta que todos deberíamos hacernos: -"¿Qué debemos hacer?
Una gran tradición de la Iglesia nos ha ido transmitiendo mensajes y palabras parecidas a las que aconsejaba Juan el Bautista: Compartir, ser solidarios, acordarnos de los más necesitados, de los oprimidos, de los que carecen de lo más necesario...
Es más, podríamos decir que todo eso ya lo hemos hecho siempre..., especialmente en estas fechas anteriores a la Navidad.
Sin embargo creo que la pregunta sigue ahí pendiente. Anunciamos la Navidad que llega. Adornamos nuestras calles y plazas. También nuestras casas. Respondemos a la llamada solidaria que nos hacen nuestras parroquias. Organizamos oraciones y ceremonias especiales. Retiros de oración. Y echamos mano de los villancicos que completen nuestra alegría por la llegada del Señor...
Quizás, con nuestras oraciones y ceremonias, con nuestros ritos, seguimos manteniendo la actitud de los contemporáneos de Juan el Bautista: seguimos esperando. No hemos descubierto la actitud y sentido profundo del estilo de Jesús de Nazaret. "Dios con nosotros". Creo que lo mantenemos en nuestras celebraciones y lo rezamos en nuestro corazón. Señor, ven a salvarnos. Ponemos nuestra fe y nuestra esperanza en que él vendrá a salvarnos, nos librará de todas nuestras miserias y nos llevará a su reino.
Como comenta Fray Marcos: -"No hemos aceptado la encarnación ni en Jesús ni en nosotros. No nos interesa para nada el “Emmanuel” (Dios-con-nosotros), sino que Jesús sea Dios y que él, con su poder, potencie nuestro ego. Lo que nos dice la encarnación es que no hay nada que cambiar, Dios está ya en mí y esa realidad es lo más grande que podría esperar. Ésta tendría que ser la causa de nuestra alegría. Lo tengo ya todo. No tengo que alcanzar nada. No tengo que cambiar nada de mi verdadero ser. Tengo que descubrirlo y vivirlo. Mi falso ser se iría desvaneciendo y mi manera de actuar cambiaría."
Estoy recordando esa canción que solemos cantar en la celebración de la misa: "Ven, Salvador, ven sin tardar. Tu pueblo santo esperando está". Y tal vez, al final de las fiestas navideñas sintamos pena porque se apagan las luces, se terminan las fiestas, se acabaron los regalos y volvemos al ritmo de siempre... hasta las próximas navidades en las que volveremos a cantar lo mismo.
¿No habremos perdido el camino? Es como si no aceptáramos el mensaje de Jesús de Nazaret. Dios está con nosotros. No es sólo una afirmación refiriéndose a Jesús (Emmanuel = Dios con nosotros). Es su mensaje más importante y original: Dios está con nosotros. Está en mí y en tí. Está en todo lo que hacemos y vivimos... Sólo nos falta descubrirlo y aceptar convertirme para entrar en el reino de Dios.
"La presencia de Dios en mí -escribe Fray Marcos- no depende de mis acciones u omisiones. Es anterior a mi propia existencia y ni siquiera depende de Él pues no puede no darse. No tener esto claro nos hunde en la angustia y terminamos creyendo que solo puede ser feliz el perfecto, porque solo él tiene asegurado el amor de Dios. Con esta actitud estamos haciendo un dios a nuestra imagen y semejanza; estamos proyectando sobre Dios nuestra manera de proceder y nos alejamos del evangelio que nos dice lo contrario."
Cuando Jesús nos cuenta la parábola de la oveja perdida, nos está dando el mejor resumen de su pensamiento y de su vida. "En todo el Antiguo Testamento Dios castigaba al malo y premiaba al bueno. Por eso dicha parábola -escribe Fray Marcos- desconcertó a los judíos y nos sigue desconcertando a nosotros. Estamos incapacitados para entender que Dios hace lo mismo por un pecador que por un santo". Probablemente esa es nuestra ceguera y pedimos señales y milagros que nos salven y el mundo que nos rodea se transforme en el mismísimo reino de los cielos.
Alegrémonos, pues. Dios está cerca, está con nosotros... Es una afirmación que me gustaría que se hiciera siempre en nuestras celebraciones... No, que el Señor esté con vosotros... El Dios del que nos habla Jesús de Nazaret está siempre con nosotros.
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