sábado, 28 de noviembre de 2020

Una actitud vital

29 de Noviembre de 2020

Adviento, primer domingo 

Con la llegada de diciembre se enciende en todos nosotros esa llamada a la preparación de las Fiestas, de la Navidad, de los encuentros familiares, de los regalos, de las celebraciones... Y en la Iglesia se nos habla del Adviento, un tiempo de preparación también.
Toda nuestra sociedad, incluso en tiempos de pandemia y de contagios, hace especial hincapié en la importancia de todas estas fechas de final del año. Las empresas, los negocios, los comercios van a emplear todos sus recursos para hacernos más apetecibles y más deseosas las Fiestas comprando y consumiendo los más variados productos.
Las primeras comunidades cristianas, sobre todo a partir de la destrucción de Jerusalén, pusieron un acento especial invocando y preparando la segunda venida del Señor. Y la Iglesia la ha mantenido como un toque de atención a todos nosotros y como una llamada a la preparación del Señor que viene... Y surgieron las tradiciones más populares de los belenes y nacimientos, los villancicos y toda la poesía y cariño que fue creciendo en torno a la figura del Niño Jesús con María y José, y los pastores, y los reyes que vienen de Oriente...
¿Qué nos queda a nosotros? Es una estación más en la rueda de nuestra vida? Es el tiempo de los recuerdos y vivencias del pasado? O, quizás, es solamente una celebración religiosa que toca repetir como preparación a las Fiestas de Navidad? 

Me parece muy acertada y profunda la reflexión que hace Fray Marcos: "Comenzamos con el Adviento, que no es solamente un tiempo litúrgico, sino toda una filosofía de vida. Se trata de una actitud vital que tiene que atravesar toda nuestra existencia. No habremos entendido el mensaje de Jesús si no nos obliga a vivir en constante búsqueda de lo que ya tenemos. Lo importante no es recordar la primera venida de Jesús; eso es solo el pretexto para descubrir que ya está aquí. Mucho menos prepararnos para la última, que solo es una gran metáfora. Lo importante es descubrir que está viniendo en este instante..." 

Una actitud vital, una filosofía de vida... Y me parece escuchar el eco de ciertas parábolas de Jesús de Nazaret: -El reino de los cielos se parece a...las vírgenes con sus lámparas encendidas que esperan al novio...; o a los siervos a los que les deja tantos denarios para que los administren...; o a los criados a los que el amo al irse de viaje deja al cuidado de su hacienda... Una actitud.

Todos recordamos Fiestas de Navidad de otros tiempos, comidas familiares, reencuentros, celebraciones... Como si aquello fuera más auténtico, más verdadero. Hoy parece que va predominando lo más externo, las compras, los regalos, los adornos y posibles comidas y festejos. Como escribe José Ant. Pagola: "Un día comprobamos que la verdadera alegría ha ido desapareciendo de nuestro corazón. Ya no somos capaces de saborear lo bueno, lo bello y grande que hay en la existencia... Quizá ya no esperamos gran cosa de la vida ni de nadie..."

Entre  la primera venida del Señor, el primer Belén, y la "segunda venida" ¿qué es lo que hay en nuestra vida? ¿Esperanza? ¿Ilusión? Quizás. antes poníamos nuestra ilusión en que el Señor, ese niño nacido en Belén, nos trajo y nos seguía trayendo la salvación. Y nos daba ánimos para seguir, para mantener nuestra vida cristiana y seguimiento del evangelio. Me pregunto si ésa es nuestra actitud, si todavía nos queda ese sentimiento.

Creo que, así como los tiempos han cambiado, también nosotros tenemos que reflexionar, profundizar e ir convirtiéndonos hacia una actitud más profunda y mucho más dinámica.

Algo así como lo que comenta Fray Marcos: "La humanidad vive un constante adviento, pero no por culpa de un Dios cicatero que se complace en hacer rabiar a la gente obligándola a infinitas esperas antes de darle lo que ansía. Estamos todavía en Adviento, porque estamos dormidos o soñando con logros superficiales, y no hemos afrontado con la debida seriedad la existencia. Todo lo que espero de Dios, lo tengo ya dentro de mí..."

Una vez más, esa actitud de espera, de Adviento, me hace recordar la actitud y el mensaje, se puede decir que constante, de Jesús de Nazaret: -Porque tuve hambre y me disteis de comer, sediento y me disteis de beber, etc... -¿Cuándo te vimos así...? Es el Señor que pasa, es Dios que anda entre nosotros... Parábolas como el Buen Samaritano... Es el Señor golpeado y herido en el camino. Es Dios que está ahí tirado y marginado...

Entender y vivir el Adviento, el verdadero Adviento, sólo es posible viviendo de esa manera, con esa actitud vital que es encuentro y esperanza y felicidad de toparse con Dios mismo que camina entre nosotros y nos cuesta tanto verlo y sentirlo.

Texto del evangelio de Marcos (13,33-37)


 

sábado, 21 de noviembre de 2020

Autoevaluación

 

Conmigo lo hicisteis
22 de Noviembre de 2020

"En el evangelio de hoy, - comenta Inma CalvoMateo nos da los “criterios de evaluación para el examen final”. “Conmigo lo hicisteis”… A los judíos les preocupaban mucho las postrimerías, el final de los tiempos. A nosotros nos debe preocupar más el día a día de nuestro ser cristiano. Tenemos toda la vida para ir aprendiendo las respuestas correctas. “Tampoco lo hicisteis conmigo”... Cuántos horizontes se abren si pensamos en las consecuencias de no hacer, del bien que dejo de hacer..."

Así encaramos la fiesta de Cristo Rey, último domingo del calendario de la Iglesia. Y es así como tenemos que escuchar hoy el texto del evangelio de Mateo: “Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.” Así nos dice Jesús.

José Antonio Pagola, nos hace esta observación: "Es sorprendente observar que Jesús apenas pronuncia en los evangelios la palabra «amor». Tampoco en esta parábola que nos describe la suerte final de los humanos. Al final no se nos juzgará de manera general sobre el amor, sino sobre algo mucho más concreto: ¿Qué hemos hecho cuando nos hemos encontrado con alguien que nos necesitaba? ¿Cómo hemos reaccionado ante los problemas y sufrimientos de personas concretas que hemos ido encontrando en nuestro camino?"

Somos "cristianos viejos". Fuimos bautizados cuando éramos bebés y podemos decir que somos cristianos practicantes o por lo menos lo intentamos. Y ¿qué es lo que nos define como cristianos? ¿somos en algo diferentes? ¿nuestros objetivos, nuestras prioridades? Si observamos los diferentes grupos, equipos, asociaciones..., cada uno de éstos se distingue por algo especial. Puede ser el deporte, una actividad cultural, una afición, un objetivo o meta. 
Seguro que podemos decir que "somos discípulos de Jesús de Nazaret" o "miembros de la Iglesia de Jesucristo", o simplemente que "estamos bautizados". Y eso, ¿es realmente un distintivo en mi vida?
Nosotros, los cristianos, solemos hablar mucho de amor al prójimo, de la caridad, de ayudar a los pobres, de la limosna; pero es muy posible que todo eso sean fórmulas que vamos aplicando como medio para alcanzar la salvación, para que me premien y consiga la salvación a la hora de la muerte. Creo, sin embargo, que lo que importa no es mi salvación más allá de la muerte, sino lo que voy haciendo en esta vida. Porque el objetivo es intentar ese mundo nuevo que Jesús de Nazaret nos propone: Ser y vivir de manera realmente humana, una realidad de la que yo formo parte, que me importa, que me afecta. Todo lo que rompe la fraternidad, la solidaridad, la compasión me tiene que afectar a mí porque es mi humanidad, es mi familia, es mi gente... La televisión y los medios nos hablan y nos ilustran sobre muchas cosas, también de los inmigrantes que llegan a nuestras costas; de la cantidad de familias que dependen de la ayuda de Cáritas; de los que se van quedando sin trabajo...

Creo que estas palabras que escribe José Ant. Pagola nos ayudarán a preparar nuestra autoevaluación: "La parábola de Jesús nos obliga a hacernos preguntas muy concretas: ¿estoy haciendo algo por alguien?, ¿a qué personas puedo yo prestar ayuda?, ¿qué hago para que reine un poco más de justicia, solidaridad y amistad entre nosotros?, ¿qué más podría hacer?..."

Creo que va a ser una autoevaluación difícil.

Texto del evangelio de Mateo (25,31-46)


sábado, 14 de noviembre de 2020

Dónde está mi talento

Los talentos que Dios me ha dado 

15 de Noviembre de 2020

 

"La parábola de hoy habla de nuestras posibilidades y su desarrollo. (Así inicia su comentario Inma Calvo). Según ella, Dios ha dado a cada ser humano diversidad de talentos “conforme a su capacidad”. Y se los ha dado para que los explote y los multiplique. Somos seres inacabados, evolutivos y sociales. Abiertos y en proceso de desarrollo hacia nuestra plenificación."

Es la parábola en que a un criado le dan cinco talentos, a otro le dan dos y a un tercero le dan uno... Así, para que negocien mientras el amo anda de viaje... El primero y el segundo duplicaron lo que habían recibido. En cambio, el tercero lo escondió para no perderlo... por miedo a su señor... Y, claro, cuando el amo regresó le echó la bronca y lo dejó sin nada...

Como comenta José A. Pagola, "es importante que nos centremos en la actuación del tercer siervo, pues ocupa la mayor atención y espacio en la parábola. Su conducta es extraña. Mientras los otros siervos se dedican a hacer fructificar los bienes que les ha confiado su señor, al tercero no se le ocurre nada mejor que «esconder bajo tierra» el talento recibido para conservarlo seguro."

Y ahora viene la pregunta personal: ¿Qué talento he recibido? ¿Qué hago con él? Lo que viene a ser mismo: ¿Qué hago con mi vida? Ahí está la cuestión, porque no es la cantidad de dones o talentos que tengo o he recibido, sino qué hago con ellos. 

Me gusta cómo lo expone Fray Marcos: "-Como seres humanos tenemos algo esencial, y otro mucho que es accidental. Lo importante es la esencia que constituye al hombre como tal. Ese es el verdadero talento. Todo lo que puede tener o no tener (lo accidental) no debe ser la principal preocupación. Los talentos de que habla el evangelio, no pueden hacer referencia a realidades secundarias sino a las realidades que hacen al hombre más humano. Y ya sabemos que ser más humano significa ser capaz de amar más."

Siendo así no es de extrañar que Jesús de Nazaret llegara decir aquello de "hay personas últimas (a las que consideramos últimas) que serán primeras...; y primeras que serán últimas..." Y, en más de una ocasión, nos hemos encontrado con personas sin estudios, sin conocimientos, sin títulos ni propiedades...que nos demuestran una grandísima calidad humana, una gran capacidad de amar.

Me doy cuenta de que, en la sociedad que vivimos, en este mundo lleno de propagandas, de publicidad para el consumo, de los elogios y alabanzas hacia los que tienen, o hacia los famosos, o hacia los poseen grandes dotes físicas, no es fácil enfocar nuestra vida hacia eso que es lo más precioso de la persona: su capacidad de amar. Pero ése es nuestro reto. Ésa es la invitación de la Buena Noticia del Evangelio.

"La parábola del tesoro escondido -explica Fray Marcoses la mejor pista. Somos un tesoro de valor incalculable. La primera obligación de un ser humano es descubrir esa realidad. La “buena noticia” sería que todos pusiéramos ese tesoro al servicio de todos. En eso consistiría el Reino predicado por Jesús."

Si no me siento motivado, si me digo que eso a mí no me va..., ya estoy dando la respuesta. Es como si dijera: Mi vida es mía y hago lo que quiero con ella. Me puedo dedicar a contar mi dinero, a disfrutar de lo que he conseguido, a comer y a dormir... La cuestión está en si eso le da plenitud a mi vida; si eso me hace más humano. Que, al final, es lo que más importa. Habría que decir que cada persona recibe ese talento esencial y principal junto con otros talentos más superficiales y efímeros. Belleza, poder, dinero, influencias, fama... "dones o talentos" que van y vienen y duran el tiempo de un suspiro. En cambio ese don profundo, ese talento que todos recibimos para que vaya creciendo y alcance plenitud, es el que tiene que convertirse en el objetivo principal y final de toda nuestra vida. Nuestra capacidad de amar.

Así dice la canción: Al atardecer de la vida, nos examinarán del amor.

Texto del evanegelio de Mateo (25,14-30)


viernes, 6 de noviembre de 2020

El aceite de nuestra vida

El aceite que alimenta la llama es el amor

8 de noviembre 2020 

La parábola que escuchamos y leemos de la vírgenes que esperan al novio con sus lámparas... formaba parte de  la celebración de una boda. No tenía carácter religioso. El novio, acompañado de sus amigos y parientes iba a casa de la novia para conducirla a casa de su propia familia. En su casa le esperaba la novia con sus amigas, que la acompañaban. Todos estos rituales empezaban a la puesta del sol y tenían lugar de noche, de ahí la necesidad de las lámparas.

Fray Marcos me ayuda a centrar mi atención y comprender mejor el mensaje: "La importancia del relato no la tiene el novio ni la novia, ni siquiera los acompañantes. Lo que el relato destaca es la luz. La luz es más importante que las mismas muchachas, porque lo que determina que entren o no entren en el banquete es que tengan o no tengan el candil encendido. Una acompañante sin luz no pintaba nada en el cortejo. Ahora bien, para que dé luz una lámpara, tiene que tener aceite. Aquí está la madre del cordero. Lo importante es la luz, pero lo que hay que procurar es el aceite..."

Seguro que a lo largo de nuestra vida nos han explicado y predicado un montón de veces el significado de esta parábola. Las vírgenes prudentes y las vírgenes necias. Las que tenían aceite y cuando llegó el novio pudieron acompañarlo y las que no tenían suficiente y se fueron a comprar y no pudieron entrar a la boda... Y se nos hablaba de estar vigilantes, de las buenas obras, incluso de la preparación para la vuelta del Señor o de la muerte...

¿Hacia dónde apunta el mensaje de esta parábola? ¿Qué es el aceite de nuestra vida?

A lo largo de su vida Jesús por medio de las parábolas va apuntando lo que tiene que ser el objetivo de nuestra vida, aquello que hace que una persona sea realmente sensata, que esté centrada, que vaya a lo fundamental. Y vuelve siempre al mensaje inicial de la Buena Noticia del Reino de Dios: Convertíos! Cambiad de estilo de vida. Comenzad a vivir como hermanos. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo. Si vas a hacer una ofrenda en el Templo y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra tí, deja la ofrenda y ve primero a reconciliarte con él... Entonces persona sensata es aquella que escucha sus palabras y las pone en práctica.

Mi luz, mi aceite. Así lo comenta Fray Marcos: "La luz son las obras. El aceite que alimenta la llama es el amor. El ser sensato no depende de un conocimiento mayor sino de la plenitud de Vida.

Así se entiende que las sensatas no compartan el aceite con las necias. No es egoísmo. Es que resulta imposible amar en nombre de otro. Nuestra lámpara no puede arder con aceite prestado. Dar sentido a la vida no se puede improvisar en un instante. Solo con lo que hay de Dios en mí, descubierto, reconocido, desplegado, puede considerarse encendido nuestro ser... Sin esa llama, seremos irreconocibles incluso para el mismo Dios..."

El sentido de nuestra vida. El objetivo de todo lo que pensamos, organizamos y vamos decidiendo... Ahora, en tiempos de pandemia, de crisis económica y de salud. Yo y tú y todos los que nos rodean andamos a la espera. ¿Del novio que llega? ¿Del trabajo o del negocio? ¿De los problemas de la salud? Y a lo mejor me quedo sin aceite y mi lámpara se apaga, mi vida pierde sentido. Ya no sé si voy o si vengo.

Un último comentario de Fray Marcos: "No es la muerte la que tiene que dar sentido a nuestra vida, sino al revés; sólo viviendo a tope se aprende a morir. Aunque sólo os quedara un segundo de vida, haríais mal en pensar en la muerte. Sería mucho más positivo vivir plenamente ese segundo..." 

Acostumbrados a la luz eléctrica de nuestras casas, nos cuesta hacernos a la idea de una casa, un barrio o un pueblo entero sin luz en las calles, en las avenidas, en las casas y todas sus habitaciones. También se nos hace difícil pensar en quedarnos sin Wifi, sin conexión a internet, sin cobertura... Pues esa energía eléctrica, esa conexión, esa batería... es el aceite de nuestra vida y de nuestra luz. Sólo que en lenguaje de Jesús de Nazaret eso tan básico es el amor. Y si no lo tengo mi teléfono de última generación 5G, mi tablet, mi ordenador, todas las maravillas que pueda tener mi coche moderno, será como si me quedara a oscuras, sin luz, sin cobertura, sin conexión.

Entonces de qué me sirve ganar todo el mundo si pierdo mi vida.

Texto del evangelio de Mateo, 25, 1-13



sábado, 31 de octubre de 2020

Los santos y santas de nuestros pueblos

"Santos sin altares ni devotos"

 1 de noviembre 2020

Nos hemos acostumbrado a oir y decir "Todos los Santos" pensando en todos y todas aquellas personas que la Iglesia ha puesto en los altares, personas a las que se reza, se pide ayuda o intervención o que simplemente se venera y que, en su vida, se destacaron por su gran piedad, por su religiosidad, por sus grandes trabajos, por sus predicaciones, incluso por sus milagros.

No sé si es una deformación; pero creo que, al principio, en las primeras comunidades de seguidores de Jesús, no era así. Por el hecho de aceptar la invitación al seguimiento de la Buena Noticia del Evangelio, las personas que entraban a formar parte eran llamadas "santos y santas"... Porque empezaban a vivir según el nuevo estilo de Jesús, la fraternidad.

Hace unos días leí lo que publicaba Juan Zapatero Ballesteros ("Santos sin altares ni devotos"). Me pareció una reflexión muy interesante y que, hoy, me ayuda a entender mejor el mensaje de este domingo, fiesta de todos los Santos.

En el libro del Apocalipsis se lee: “Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y el Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos..."

Y Juan Zapatero comenta: "Una muchedumbre inmensa que no coincide, ni mucho menos, con el número de santos y santas que aparecen en el santoral de la Iglesia católica. Entonces, estos otros santos y santas, ¿quiénes son?; ¿por qué son considerados como santos?; ¿quiénes les ha declarado como tales?"

"Pues sencillamente son los que vienen de la “gran tribulación” que no es otra que la vida misma, la de cada día. La que ha tocado, toca y seguirá tocando vivir a cada persona con más o menos dificultades. Porque aquí es donde se fragua la santidad, y no en otro sitio..."

"Hombres y mujeres que se dejaron y se dejan moldear por el amor, porque, a pesar de poseer muy poco o nada, descubrieron y descubren que esa era y es la mayor de las riquezas, la única que les podía y les puede hacer felices de verdad; dándose cuenta a la vez que, si lo comunicaban y lo comunican, podían y pueden hacer felices también a otras personas. Un “amor” sin epítetos ni calificativos, sin mayúsculas ni minúsculas; un amor sin credos ni ideologías; un amor ajeno al color de la piel y al tipo de lengua. ¡Qué más da! Era un amor que, sin saberlo o no, teniendo o no conciencia de ello, procedía y procede, a la postre, de la intimidad más profunda de sus corazones, el lugar exclusivamente reservado para el más absoluto e infinito de los amores: el Dios de Jesús, del que muchas y muchos nunca oyeron hablar..."

El domingo pasado escuchábamos lo del mandamiento principal. Hoy lo volvemos a escuchar... sencillamente porque, a la hora de calificar a los "santos y santas", sólo tenemos que fijarnos en esa exigencia de la Buena Noticia del Reino de Dios: Amar! , sin necesidad de credos, ideologías, devociones y rezos. Y como dice el evangelio en otro pasaje: Ésa será la sorpresa cuando el Señor diga aquello de "venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, etc..." Esos son los santos y santas de todos los tiempos a los festejamos y celebramos este domingo.

Antiguamente los predicadores y maestros de religión nos señalaban a los santos oficiales como modelos a imitar... Y, pensando e imaginando a los santos de nuestros altares, perdimos de vista a tantos y tantas que, en su día a día, se iban incorporando a esa muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas... que con  su manera de vivir y de actuar iban poniendo esa nota de ternura y compasión que aliviaba las carencias y dificultades de tantas otras personas: José, María, Fernando, Manolo, Pilar, Conchita, Teresa, Isabel, Antonio, Damià, Catalina, Sió, Ramón, Jordi, Paulina, Rami, Charo, Amador, Piedad, John, José Antonio... Todos esos y muchos más me los he encontrado. Creo que todos ellos forman esa cadena de santos y santas que nos ayudan a seguir tras las huellas de Jesús de Nazaret. 

Felicidades! Zorionak! Molt's d'anys!

Texto del evangelio de Mateo (5,1-12)



sábado, 24 de octubre de 2020

El que ama ha cumplido toda la ley

 El mandamiento principal

25 de octubre 2020


Seguimos con el evangelio de Mateo y semana a semana vamos desgranando el mensaje de la Buena Noticia del reino de Dios, cómo Jesús de Nazaret intentaba hacer comprender lo que tenía que ser esencial y principal. Se lo decía y explicaba a su gente, a los de su pueblo, a los judíos como él mismo...
"Esta semana, -nos ofrece la introducción Inma Calvouna vez más, fariseos y saduceos ponen a prueba a Jesús. Le preguntan cuál es el mandamiento principal y el Maestro responde con una enseñanza capital. No solo ensalza el amor a Dios y al prójimo situándolos en el peldaño más alto del pódium. La genialidad está en unir ambos mandamientos de tal forma que se identifican. Si reconocemos la unidad esencial de todo lo que existe, solo tiene sentido hablar de un mandamiento. Incluso deja de ser mandato porque surge de una propia y profunda convicción..." 

Iba a decir que el texto y las diferentes formas de explicarlo lo hemos escuchado hasta la saciedad. Y, sin embargo, creo que o no han sabido explicárnoslo bien o somos un poco duros de entendederas.

Fray Marcos me ayuda con su explicación: "La originalidad de Jesús está en unir los dos mandamientos. De hecho, lo único que hace es citar dos textos del AT. No se trata solo de una yuxtaposición o de una equiparación. Se trata de una identificación en toda regla que, además, prepara el terreno a Juan para poder decir con rotundidad: “Un mandamiento nuevo os doy, que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 13,34). Es el mandamiento nuevo, que convierte la Ley (las Tablas de la Ley) en vieja. Después de 20 siglos, seguimos sin aceptar la diferencia entre AT y NT."

Esa rotundidad que en las cartas de Juan se repite y se repite debería aparecer siempre en nuestras iglesias, en nuestras eucartistías, en nuestros grupos y comunidades. Nuestro discurso se va por otros derroteros y me temo que las nuevas generaciones (incluso las que se inician a través de la catequesis) perciben algo bien distinto: Los diez mandamientos, las oraciones, los mandamientos de la Iglesia, los sacramentos... ¿Qué es lo esencial? ¿Qué es lo importante?

Vuelvo a echar mano de Fray Marcos: "Cuando seguimos proponiendo los mandamientos de “la Ley de Dios” como marco para la vida de la comunidad, es que no hemos entendido el mensaje de Jesús. S. Agustín lo entendió muy bien cuando dijo: “Ama y haz lo que quieras”. Pero Pablo lo había dicho con la misma claridad: “Quien ama, ha cumplido el resto de la Ley”. No se trata de una nueva ley, sino de hacer inútil toda ley, toda norma, todo precepto."

¿Verdad que suena muy fuerte eso que dice San Agustín? ¿O lo que dice el mismo San Pablo? En realidad sólo están subrayando lo que dice el evangelio de Mateo y lo que escribía Juan en sus cartas... ¿Cómo nos sonaría que el cura nos dijera en misa? "-Mirad, amigos, amad y haced lo que queráis..." Bueno, a lo mejor es que eso de amar no se nos da bien y entendemos lo que no es...

Una nota más para ir pensando. "A Dios no se le puede amar directamente ni mucho ni poco, porque no le podemos conocer. Dios no es un sujeto con el que me pueda encontrar... Dios y el prójimo no se pueden separar... Demuestro que estoy abierto al amor si amo a todos. Si dejo de amar a una persona, puedo estar seguro de que lo que me mueve no es amor, sino egoísmo, instinto, pasión, interés o la simple programación... (Fray Marcos)

"Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo..." Ser tierno, cariñoso, atento, que me fijo en los detalles, en los pequeños, en los necesitados, en los que no tienen importancia, ni fama, ni riquezas, ni son sabios o muy inteligentes... Parecernos a nuestro Padre. Algo así tendría que ser nuestro objetivo y nuestro programa. Aprender a amar.

Texto del evangelio de Mateo (22,34-40)


sábado, 17 de octubre de 2020

A Dios lo que es de Dios

"A Dios lo que es de Dios" 

18 de octubre

Una frase que hemos escuchado muchas veces: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios"... A Jesús le preguntan por aquello de si hay que pagar los impuestos al emperador, a Roma; si está bien o habría que negarse...

Como comenta Inma Calvo en la introducción de los textos de este fin de semana: "El evangelio del denario del César, que leemos este domingo, nos lleva a reflexionar sobre nuestras sociedades. Es importante entender que no se habla de un duelo entre el poder civil o el religioso. Jesús aboga por la fraternidad y no por el poder, que siempre corrompe si no se entiende como servicio."

Sin embargo, demasiado a menudo hemos escuchado reflexiones en el sentido de que existe una separación de mundos y realidades: las cosas de Dios y las cosas del César (de la política, de los negocios, de las empresas, de las cosas de este mundo, vaya!). Y así nos hemos encontrado con situaciones que, si las piensas bien, resultan realmente escandalosas. Como que se podía ser un buen cristiano (un buen católico) yendo a misa y cumpliendo con lo que mandaba la Santa Madre Iglesia y, al mismo tiempo, se podía contratar a un inmigrantes con salarios de miseria, tener sirvientas abusando de su tiempo, de su horario y pagándoles como si fuera una limosna... O empresas que podían acumular beneficios increíbles al tiempo que los trabajadores eran explotados... A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.

El otro día, en la reunión de Cáritas, Iñaki nos comentaba precisamente este evangelio y nos hacía esa pregunta: "-¿Qué es de Dios?" Y nos señalaba que de Dios es sencillamente el hombre. Y, a partir de ahí, podemos deducir que todo lo que va contra el hombre (contra cualquier hombre, mujer, niño, niña, anciano, anciana) va contra el mismo Dios, contra su plan, contra la finalidad misma de la vida. 

"La exégesis moderna, escribe José Ant. Pagola, no deja lugar a dudas. Lo primero para Jesús es la vida, no la religión. Basta con analizar la trayectoria de su actividad. Se le ve siempre preocupado por suscitar y desarrollar, en medio de aquella sociedad, una vida más sana y más digna..."

Siempre nos resulta más fácil cumplir con Dios y con la Iglesia en aquellas cosas que son ritos, ceremonias, rezos y devociones... al tiempo que dejamos aparte todo lo que atañe a nuestra sociedad, a nuestras relaciones laborales, a todo eso que llamamos política. De ahí, también, la frase de "yo no me meto en política".

"Al preguntar por la imagen, comenta Fray Marcos, Jesús está haciendo clara referencia al Génesis, donde se dice que el hombre fue creado a imagen de Dios. Si el hombre es imagen de Dios, hay que devolver a Dios lo que se le ha escamoteado, el hombre. La moneda que representa al César, tiene un valor relativo, pero el hombre tiene un valor absoluto, porque representa a Dios. Jesús no pone al mismo nivel a Dios y al César, sino que toma claro partido por Dios. Esta idea es una de las claves del mensaje de Jesús..."

Siguiendo el hilo de estas reflexiones, me pregunto cómo entiendo yo el reino de Dios del que Jesús de Nazaret habla siempre. El aceptar la invitación que me hace me afecta en algo? Puedo seguir tan tranquilo pensando que yendo a misa, rezando y recibiendo los sacramentos ya cumplo con Dios, ya doy a Dios lo que es de Dios? O acaso me está señalando un camino de cambio y conversión? Porque resulta chocante que, al final, el mensaje de Jesús sobre el reino de Dios lo hemos traducido en una religión con su jerarquía y organización mientras que lo de la fraternidad, la compasión, la atención a los desvalidos, a los marginados, a los oprimidos... se podría decir que se lo dejamos a "los misioneros y misioneras", o todo lo más a los curas y monjas.

Sencilla y clara hace su reflexión final J.A.Pagola: "A veces, los cristianos exponemos la fe con tal embrollo de conceptos y palabras que, a la hora de la verdad, pocos se enteran de lo que es exactamente el reino de Dios del que habla Jesús. Sin embargo, las cosas no son tan complicadas. Lo único que Dios quiere es esto: una vida más humana para todos y desde ahora, una vida que alcance su plenitud en la vida eterna. Por eso nunca hay que dar a ningún César lo que es de Dios: la vida y la dignidad de sus hijos."


Sabed que estoy con vosotros todos los días

...Hasta el final de los tiempos Ascensión del Señor 17 de mayo 2026 Hay una recomendación que Fray Marcos  suele hacer con mucha frecuencia...