martes, 20 de octubre de 2026

«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?»

 

«“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente” - El segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.


25 de octubre 2026

Como cada fin de semana escucho y leo el texto del evangelio y me digo que, en general, sabemos demasiado. Conocemos las palabras, sabemos los textos y seguro que aprobamos cualquier examen que nos hagan de religión. Pero eso no tiene importancia.

Porque no es el saber ni los conocimientos que nos pide el Señor. La invitación que nos hace día a día, en cada momento, no es para aprender las mandamientos de memoria. Ni siquiera para ir mucho a misa o rezar muchas oraciones.
Es una invitación a vivir. Y vivir como hijos e hijas de Dios. De ahí de que tenemos que parecernos a Dios. Así. Ni más ni menos.

Lo de amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente (o con todas tus fuerzas) es algo que recitaban (y supongo que siguen recitando) todos los buenos judíos. Y así nos ha llegado a nosotros. Nos lo han predicado muchas veces y de muchas maneras. Ahora bien lo que se nos escapa es que a Dios nos es muy difícil amarle. 
Dicen que Santo Tomás de Aquino, un grandísimo filósofo y teólogo, al final de su vida permaneció callado. Aún habiendo escrito libros enteros sobre Dios, al final sólo se atrevía a decir que de Dios sólo podemos decir lo que no es... No sabemos nada. Los santos y santas, los místicos son las únicas personas que han intuido, sentido y vivido algo sobre lo indecible de Dios.
De ahí que, cuando Jesús nos habla de Dios, nos comunique lo que él está viviendo y nos lo dice en parábolas: Dios es nuestro papá. Dios es el pastor que sale a buscar la oveja perdida. Dios es el padre que sale corriendo al encuentro del hijo pródigo. Dios es el que cuida de las flores del campo y de los pájaros del cielo. Dios es el que envía la lluvia sobre buenos y malos y hace salir el sol sobre los unos y los otros... Dios es...

Y cuando Jesús añade esa segunda parte: El segundo es semejante a al primero: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, añadirá la parábola del buen samaritano.
San Juan, en su primera carta, hace el comentario que tendría que llegarnos hasta el fondo de nuestro corazón y de nuestra vida: "A Dios nadie lo ha visto... Si amamos a los hermanos, conocemos a Dios... Y si no los amamos, somos unos mentirosos. No conocemos a Dios.

Metidos en nuestros pequeños negocios, en nuestros trabajos, en todas esas pequeñas cosas que nos suceden, andamos como dormidos sin darnos cuenta y sin descubrir que todos y todas formamos parte de esa única realidad: Dios que es el ser, el aliento, la vida que compartimos con todo lo que nos rodea. Y cuando cierro mi corazón, mi vida, a los demás, sólo estoy haciendo caso a mi ego, a mi yo que quiere ser exclusivo y se niega a ser parte de ese todo que es lo único que me puede salvar.
"Dad y recibiréis", así dice Jesús. Al compartir, al dar mi sonrisa, mi atención, mi presencia, mi cariño y ternura... es entonces cuando la salvación entra en mi casa. Porque cuando doy mi amor, estoy recibiendo y viviendo el amor de Dios. A Dios, al que nadie ha visto, sólo puedo encontrarlo en los hermanos y hermanas. Y eso hay que vivirlo. No saberlo.
Tendríamos que cambiar la pregunta: ¿Qué es lo más importante para una seguidor de Jesús de Nazaret?. Tendría que salirnos espontáneamente: Lo más importante es amar, compartir, darse, servir, ayudar, colaborar, estar atento, cuidar...


Texto del evangelio de Mateo 22, 34-40

En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a
prueba:
«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?».
Él le dijo:
«“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”.
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas».

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