...Es señor del sábado
5 de septiembre 2026
Las personas de más edad todavía recordarán tantas y tantas normas y preceptos que nos venían marcados desde todas las instancias de la Iglesia. Cómo vestir al ir a la iglesia. Qué prendas estaban permitidas y cuales no. Lo que se podía comer (además de toda la normativa en tiempos de Adviento y Cuaresma). Guardar silencio en la iglesia ("mi casa es casa de oración"). Cómo saludar a los sacerdotes y demás jerarquía de la Iglesia. El arrodillarse. El santiguarse... Y un largo etcétera.
A veces, como para animarnos, nos dicen que los judíos tenían tantos y tantos mandamientos... Y nos decían: Nosotros sólo tenemos 10. Lo que no es del todo cierto. La lista de los diez se tomaron de la religión judía; pero luego los responsables de la Iglesia han ido añadiendo todas las normas y mandamientos que les parecieron necesarios.
Hoy escuchamos un texto del evangelio de Lucas. Una narración que parece más bien una anécdota que vivieron Jesús y sus seguidores.
-"Era sábado, iba Jesús caminando por medio de un sembrado y sus discípulos arrancaban y comían espigas, frotándolas con las manos..."
Como siempre, había algunos fariseos por allí y lo vieron... Como vigilantes del cumplimiento de las normas y mandamientos: -"«¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?».
Y ahí tenemos la respuesta de Jesús... Un pequeño repaso a algo que cuenta la biblia y una afirmación seria e importante: «El Hijo del hombre es señor del sábado».
Es posible que los que escribieron los textos de los evangelios interpretaran esa afirmación en un sentido diferente al que se nos ha transmitido. Personalmente creo que esa frase de Jesús no es para decirles a los fariseos que "Él es el Señor del Sábado..."; sino que el hombre (todo hijo de hombre -hijos e hijas) son señores del sábado.
Algo así como decir que no es lo sagrado lo que debe dominar el pensamiento y manera de vivir y de actuar del hombre y de la mujer. Que en la vida humana el centro es el mismo hombre-mujer- Que no son las normas y preceptos de la religión los que deben marcar nuestra conducta.
Basta que recordemos tantas parábolas y comentarios que iba haciendo Jesús a lo largo de su vida: -"Si vas a presentar tu ofrenda ante el altar y recuerdas que tu hermano tiene algo contra tí..., deja tu ofrenda y ve a reconciliarte con tu hermano". -"La parábola del buen samaritano... (el sacerdote, el levita que pasan de largo... para no contaminarse y volverse impuros)" -"El caso de la mujer adúltera... Hay que apedrearla! según dice la Ley. -"El que esté libre de pecado..." -"Tus discípulos no ayunan?, le preguntan. -Viviendo la buena noticia del reino... no tienen necesidad de ayunar..."
Tantos y tantos momentos en los que Jesús les hace ver (y nos lo dice a nosotros también) que prestar atención a los hermanos y hermanas (en especial a los más débiles y necesitados) es el único camino para entender su manera de vivir y de actuar. La compasión, la misericordia, la solidaridad, echar una mano al marginado, al pobre, al despreciado, al inculto, al oprimido... Ahí anda Dios. Me refiero al "Dios de Jesús". Porque nosotros, muy a menudo, nos hemos fabricado un dios juez, castigador y vengador, que nos exige un cumplimiento al pie de la letra de los mandamientos sin acordarnos ni pensar en el resto de la humanidad... Que, además, nos premiará a nosotros (los buenos cumplidores) y nos llevará al cielo.
Seguir las huellas del Maestro no es cómodo y siempre nos está invitando a cambiar, a vivir de otra manera, a tener como única referencia a ese Dios que es amor, compasión, entrega y atención cariñosa a la gente que nos rodea.
Texto del evangelio de Lucas 6, 1-5
Un sábado, iba Jesús caminando por medio de un sembrado y sus discípulos arrancaban y comían espigas, frotándolas con las manos.
Unos fariseos dijeron:
«¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?».
Respondiendo Jesús, les dijo:
«¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros sintieron hambre?
Entró en la casa de Dios, y tomando los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, comió él y dio a los que estaban con él».
Y les decía:
«El Hijo del hombre es señor del sábado».
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