martes, 10 de marzo de 2026

¿Crees tú en el Hijo del hombre?

- Creo, Señor

15 de marzo 2026

El texto del evangelio de Juan que leemos este domingo nos presenta la narración del ciego de nacimiento.

Es toda una contemplación o mejor dicho la reflexión interna de toda la comunidad de seguidores/as de Jesús de Nazaret.
-Vio Jesús a un ciego de nacimiento...

-"Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo:
«Ve a lavarte a la piscina de Siloé"

-"Él fue, se lavó, y volvió con vista."

Toda la narración hace la especie de escenario: El lugar, los personajes, las preguntas e intervenciones, las aclaraciones, las negativas y acusaciones... Para llegar a la pregunta final:
-«¿Crees tú en el Hijo del hombre?»
-«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»

Metidos en plena cuaresma, cada uno de nosotros puede hacerse esa misma pregunta. ¿Creo yo en el hijo del hombre? ¿Creo yo en ése que llaman Jesús de Nazaret?
Quizás estamos demasiado acostumbrados a responder lo que nos enseñaron en el Catecismo. Tenemos las respuestas aprendidas. Pero no es ésa la pregunta. ¿De verdad acepto yo el mensaje de Jesús? Eso del cambio de vida, de la conversión, de vivir como hermanos...
Todas esas afirmaciones que hacemos en la iglesia o en nuestros rezos, ¿significan un implicación en mi manera de vivir?

Confieso que, en muchos momentos, mi vida y mis actitudes están lejos de esa conversión y me pregunto si realmente me fío de las palabras de Jesús.
De ahí que para llegar a la afirmación final que pone en boca del que era ciego de nacimiento («Creo, Señor») tengo que adentrarme dentro de mí y hacer realmente mía la expresión que emplea el evangelio: -«Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es».

En la escena que escuchamos del monte Tabor (la Transfiguración), al final de la misma, se hacía oír la voz: "Éste es mi hijo amado, escuchadle". Hoy lo expresa con esta otra palabra: "el que te está hablando, ése es".
Escuchar la voz de Dios es mucho más que oír voces o palabras. Escuchar significa prestar atención, abrir los ojos para ver lo escondido, lo profundo, dejarme empapar de esa voluntad de Dios que nos hace descubrir su presencia dentro de nosotros y en todo nuestro entorno...

También yo quiero llegar a poder afirmar y decir: -"Creo, señor".

Texto del evangelio de Juan 9, 1. 6-9. 13-17. 34-38

En aquel tiempo, al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento.

Entonces escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, y le dijo:
«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)».

Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:
«¿No es ese el que se sentaba a pedir?».

Unos decían:
«El mismo».

Otros decían:
«No es él, pero se le parece».

El respondía:
«Soy yo».

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.

Él les contestó:
«Me puso barro en los ojos, me lavé y veo».

Algunos de Los fariseos comentaban:
«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado».

Otros replicaban:
«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?».

Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:
«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?».

Él contestó:
«Que es un profeta».

Le replicaron:
«Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?».

Y lo expulsaron.

Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:
«¿Crees tú en el Hijo del hombre?».

Él contestó:
«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?».

Jesús le dijo:
«Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es».

Él dijo:
«Creo, Señor».

Y se postró ante él.

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