La fuerza sanadora recae en la fe y la confianza
27 de junio 2021
"En el doble relato de hoy, -escribe Fray Marcos- descubrimos un mensaje muy profundo. Por una parte, la niña y su padre son imagen de los sometidos a la institución. Jairo es un cargo público, aunque no estrictamente religioso. La mujer enferma representa a los marginados y excluidos por una interpretación demasiado legalista de la Ley. Este simbolismo se hace más claro por el anonimato de las dos mujeres, y los doce años de enfermedad de la mujer y los doce años de vida de la niña. El número doce es símbolo de Israel."
En estas dos narraciones, al igual que en otras circunstancias, la actitud de Jesús tuvo que ser sorprendente. No hay que olvidar que se refiere a la religión y cultura de hace 2.000 años: la relación con y hacia la mujer. Incluso, hoy en día, si lo pensamos bien, seguimos teniendo trato y actitudes machistas tanto en la sociedad como en la cultura.
José Antonio Pagola hace este comentario: "Jesús adoptó ante las mujeres una actitud tan sorprendente que desconcertó incluso a sus mismos discípulos. En aquella sociedad judía, dominada por los varones, no era fácil entender la nueva postura de Jesús, acogiendo sin discriminaciones a hombres y mujeres en su comunidad de seguidores. Si algo se desprende con claridad de su actuación es que, para él, hombres y mujeres tienen igual dignidad personal, sin que la mujer tenga que ser objeto del dominio del varón. Sin embargo, los cristianos no hemos sido todavía capaces de extraer todas las consecuencias que se siguen de la actitud de nuestro Maestro. El teólogo francés René Laurentin ha llegado a decir que se trata de «una revolución ignorada» por la Iglesia."
Por otra parte, en la narración de estos hechos (la curación de la mujer y la resurrección de la chica), además del simbolismo que apuntan, hay algo que nos tiene que hacer reflexionar: el objetivo mismo de Jesús. El Maestro sale a los caminos de Galilea a proclamar la Buena Noticia del Reino de Dios y va señalando con su actitud, con sus palabras y con sus obras cómo vivir y cómo acoger ese Reino que ya está dentro de nosotros...
Como comenta Fray Marcos: "Pensar que la obra de Jesús se puede encerrar en tres resurrecciones y en una docena de curaciones, es ridiculizar su figura. Objetivamente, los curados volverán a enfermar y entonces no estará allí Jesús para curarlos. Los resucitados volverán a morir sin remedio. Jesús no puso el objetivo de su misión en una solución de los problemas. La salvación de Jesús es para todos y en cualquier circunstancia; También para los enfermos, marginados, explotados..."
Tenemos que asumir las dificultades, los problemas, la enfermedad y la muerte como limitaciones propias del ser humano. Por eso, nuestro objetivo y nuestra aspiración no es la persona perfecta, sin males, sin enfermedad y sin muerte... Y tampoco poner todo eso como garantía del futuro en una salvación eterna. A Jesús de Nazaret le importaba la persona (hombres y mujeres) con una vida de hermandad, llena de ternura y compasión especialmente hacia los débiles y marginados, hacia los que menos tienen y menos pintan en la sociedad...
Por eso, al reunirnos como comunidad cristiana, tenemos que poner en nuestra mente y en nuestro corazón esa actitud sorprendente de nuestro Maestro.