
Antonio, el que preside nuestra eucaristía, nos hacía reflexionar de esta manera: En nuestra sociedad, en nuestro entorno y en nuestra cultura, lo que pedimos siempre es "ser el primero". Estudia mucho para que consigas un buen título. Entrena mucho para ser un campeón. Esfuérzate mucho en la empresa para subir y que te hagan director y estar entre los mejores... Todo va encarado a destacar, a tener más, a conseguir buenos puestos. Honor, poder, fama, triunfo. Incluso cuando hablamos de la "sociedad del bienestar", estamos pensando en nosotros mismos.
Por eso se nos hace tan duro entender y aceptar el pensamiento de Jesús.
También es verdad que, muy a menudo, nos han traducido el mensaje del evangelio en forma de renuncias y penitencias...
Me gusta el comentario que hace Fray Marcos: "A veces los cristianos hemos dado a los de fuera la impresión de que para ser Él grande, Dios nos quería empequeñecidos. Jesús dice: ¿Quieres ser el primero? Muy bien. ¡Ojalá todos estuvieran en esa dinámica! Pero no lo conseguirás machacando a los demás, sino poniéndote a su servicio. Cuanto más sirvas, más señor serás. Cuanto menos domines, mayor humanidad..."
Es algo que choca con nuestro modo de ver y entender. Que la importancia de la persona la midamos por su servicio, por su humanidad, por su compasión y solidaridad...
Tengo que revisarme. A ver si me reeduco y cambio mi escala de valores. "Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos"
Texto del evangelio de Marcos, 9, 30-37
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