domingo, 7 de diciembre de 2014

Convertirse, Cambiar

Domingo 7 de Diciembre de 2014

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«Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios». Este es el inicio solemne y gozoso del evangelio de Marcos. Pero, a continuación, de manera abrupta y sin advertencia alguna, comienza a hablar de la urgente conversión que necesita vivir todo el pueblo para acoger a su Mesías y Señor.
Así comienza el comentario que hace José Antonio Pagola... y observando 
nuestra iglesia (al igual que los comentarios y presentaciones de otras confesiones religiosas) me pregunto si podemos hablar de "buena noticia" para las gentes de hoy, para nuestra sociedad, para este mundo tan globalizado y tan dominado por la economía y los intereses de unos pocos.
Con razón Marcos comienza a hablar de "urgente conversión". Es lo que hizo y planteó Jesús de Nazaret: "El reino de Dios ha llegado. Convertíos" Sólo que Jesús no hablaba de rezar una oración o de ir a la iglesia o de confesarse... Jesús habla de "cambiar", de "darse la vuelta", de vivir de otra manera. Eso sería el "bautismo del espíritu".
Nuestra religión se hizo cómoda y tipo supermercado. Los jefes y dueños pusieron las condiciones y las normas y con eso es suficiente. Nos hacemos cristianos "por el bautismo"; participamos en la eucaristía con la preparación y la catequesis; hacemos nuestra boda en la iglesia para que sea "legal y santo" nuestro enlace y nos dan la unción de los enfermos para morirnos en paz...
Pero ¿dónde quedó el cambio y la conversión?; ¿dónde está la buena noticia?. Y la promesa que nos propusieron de "la vida eterna" si cumplíamos con esas cosas?
"Convertíos y creed en la buena noticia". 
Me parece que Jesús de Nazaret movería la cabeza ante el panorama que presentamos. Nuestra conversión es sólo lo que es y la buena noticia la hemos adaptado a nuestro bolsillo y parece una promoción de 2 x 3: Compra dos y te regalamos "la vida eterna".
Tal vez sería mejor que en los encuentros de la comunidad cristiana comenzáramos por girar la cabeza y mirar atentamente a nuestro vecino, al que tenemos al lado. Luego a los que viven cerca, a los del barrio... Y mirando y contemplando ver cómo andamos de solidaridad, de acogida, de compasión y ternura. Tratar de tener la "mirada de Dios", nuestro padre, el que hace salir el sol para buenos y malos; el que ha querido abajarse hasta lo más humilde y básico de cualquier persona. Eso nos hará más "humanos", más imagen de Dios.
Texto del evangelio de Marcos 1, 1-8

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