sábado, 30 de abril de 2016

Que no tiemble vuestro corazón

Domingo 1 de Mayo de 2016

Seguimos escuchando un texto del evangelio de Juan.
Hace un par de días comentaba con unos amigos la situación actual, aquí en España... Volveremos a tener elecciones. Y, un día sí y otro también, siguen apareciendo personas y empresas llenas de corrupción y de injusticias que todo lo justifican y han venido haciendo que todas las trampas lleguen a aparecer como "legales".
Y ésa es la "paz" que nos ofrece este mundo.
Supongo que el que escribía el evangelio de Juan también sabía de esa paz: Con una mayoría inmensa de marginados (esclavos, extranjeros sin papeles, campesinos y mujeres), la opresión "legal" de los siervos y criados, el poder y la riqueza en manos de unos pocos, la aspiración y la esperanza de que algún "mesías" llegara para traer la liberación y un mundo más justo y solidario.
A veces me pregunto si hemos evolucionado tanto como nos creemos.
Nuestro mundo ha dejado de ser sólo un pequeño rincón, un pueblo, una ciudad... Ahora los medios de comunicación nos hacen dar un recorrido rapidísimo por todos los continentes: las manifestaciones de París, el bombardeo de un hospital en Afganistán, los muchos muertos en Alepo (otro bombardeo), un nuevo barquito cargado de subsaharianos, los numerosos casos de corrupción en nuestro país... Ésa es la "paz" de nuestro mundo. Un bienestar hecho de riqueza y opulencia en la casa de los ricos y poderosos que parecen vivir en otro mundo.
"Mi paz os dejo, mi paz os doy... No os la doy como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde..."
Mirando a mi alrededor, puedo asegurar que en más de una ocasión tengo mis dudas y tiemblo por dentro. Por eso, a la pregunta (volvemos al tema de la elecciones) "a quién votar?"  vuelvo a escuchar las palabras de Jesús de Nazaret. La paz no me la dan los políticos, ni me la da esta sociedad en la que vivimos. Todo lo más intento ver y distinguir qué personas o grupos se acercan un poco más a la propuesta de nuestro Maestro.
Me gusta el comentario de José Antonio Pagola: "La paz de Jesús no se construye con estrategias inspiradas en la mentira o en la injusticia, sino actuando con el Espíritu de la verdad. Han de reafirmarse en él: «Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde»...
Entiendo, además, que Jesús de Nazaret mantiene siempre su pensamiento y su manera de entender la vida y la sociedad: el reino de Dios, un mundo solidario y de hermanos en el que la vida la vamos haciendo más humana y más al estilo de Dios que (con todo el estilo poético de las parábolas de Jesús) se interesa y le importa los "pájaros del cielo, las flores del campo", y los niños, los desvalidos, los olvidados y desprotegidos.
"Que no tiemble nuestro corazón..."

Texto del evangelio de Juan (14,23-29)

domingo, 24 de abril de 2016

La señal

Domingo 24 de Abril de 2016

El texto de la eucaristía de este fin de semana, tomado del evangelio de Juan, me ha dejado con una pregunta y con una oración: Soy discípulo de Jesús de Nazaret? En qué se nota?
Y es que el texto hace que me revise a fondo. 
Los que nos llamamos "discípulos de Jesús", cristianos, (los de ahora) en qué se nota que lo somos...? Cuál es nuestra señal? Que vamos a misa? Que rezamos nuestras oraciones? Que obedecemos lo que nos dice el Papa, los obispos, los sacerdotes? Que recibimos los sacramentos? Realmente lo que todo eso significa es que somos "gente de iglesia" más o menos piadosos, pero ¡vaya! gente de misa.
Lo que pasa es que no es ésa la señal que da Jesús. José Antonio Pagola lo comenta así:«La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros». Lo que permitirá descubrir que una comunidad que se dice cristiana es realmente de Jesús, no será la confesión de una doctrina, ni la observancia de unos ritos, ni el cumplimiento de una disciplina, sino el amor vivido con el espíritu de Jesús. En ese amor está su identidad..."
Hay una canción que se repite en la eucaristía de estos domingos. Dice así el estribillo: "Te conocimos, Señor, al partir el pan. Tú nos conoces, Señor, al partir el pan"... Y me quedo reflexionando. A Jesús de Nazaret, su mensaje y su estilo, lo reconocemos en el gesto de "partir el pan". Y todo su mensaje se centra en el partir y compartir. Y él nos reconoce como seguidores suyos al actuar así (porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estaba desnudo y me vestisteis, en la cárcel y me visitasteis...).  O sea que nuestra identidad, nuestro carnet de socio, no es otro que el amor. Y no hace falta investigar mucho para encontrarse con textos como el de Pablo cuando habla del amor y dice aquello de: "aunque hable todas las lenguas, aunque haga milagros, aunque entregue mi cuerpo a las llamas... si no tengo amor no sirve de nada". Y Juan en su carta primera comenta: "si no amas al hermano a quien ves, no amas a Dios (a quien no ves)..."
Cito otra parte del comentario de J.A. Pagola: Eric Fromm llegó a decir que «el amor es un fenómeno marginal en la sociedad contemporánea». La gente capaz de amar es una excepción.Los cristianos hemos hablado mucho del amor. Sin embargo, no siempre hemos acertado o nos hemos atrevido a darle su verdadero contenido a partir del espíritu y de las actitudes concretas de Jesús. Nos falta aprender que él vivió el amor como un comportamiento activo y creador que lo llevaba a una actitud de servicio y de lucha contra todo lo que deshumaniza y hace sufrir el ser humano..."
Texto del evangelio de Juan (13,31-33a.34-35)

sábado, 16 de abril de 2016

Escuchar y seguir



Domingo 17 de Abril de 2016

El texto que nos proponen en la eucaristía de este domingo es un texto del evangelio de Juan. Es un fragmento bien corto: Toma la imagen del pastor y de sus ovejas... Una imagen que ya comienza a resultar extraña para los que vivimos en la ciudad.

José Antonio Pagola lo subraya de esta manera: Jesús "solo subraya dos rasgos, los más esenciales e imprescindibles: «Mis ovejas escuchan mi voz… y me siguen». Después de veinte siglos, los cristianos necesitamos recordar de nuevo que lo esencial para ser la Iglesia de Jesús es escuchar su voz y seguir sus pasos..."
Y es que, finalmente, lo importante, lo único importante es seguirle. Meternos en el evangelio, escuchar su voz, hacer nuestro su mensaje, su estilo de vida y seguirle. Y creo que eso quiere decir hacer nuestro su proyecto, su buena noticia del reino de Dios.

"La aventura -sigue el comentario de J.A.Pagola-  consiste en creer lo que él creyó, dar importancia a lo que él dio, defender la causa del ser humano como él la defendió, acercarnos a los indefensos y desvalidos como él se acercó, ser libres para hacer el bien como él, confiar en el Padre como él confió y enfrentarnos a la vida y a la muerte con la esperanza con que él se enfrentó...

"Si quienes viven perdidos, solos o desorientados pueden encontrar en la comunidad cristiana un lugar donde se aprende a vivir juntos de manera más digna, solidaria y liberada siguiendo a Jesús, la Iglesia estará ofreciendo a la sociedad uno de sus mejores servicios..."
Me parece tan bien expresado que no me alargo más en mi comentario. Nuestra comunidad cristiana, nuestra propia actitud personal tiene que ir marcada por la manera de ver y hacer de nuestro Maestro Jesús de Nazaret.

Texto del evangelio de Juan (10,27–30)

sábado, 9 de abril de 2016

«Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?»

Domingo 10 de Abril de 2016

El texto que nos presentan en este domingo se presta a muchos comentarios que, de una manera o de otra, ya hemos escuchado en muchas ocasiones.
Después de los terribles acontecimientos del juicio y condena de Jesús, después de la durísima prueba de la muerte en cruz, vuelven a estar juntos los seguidores de Jesús. Existe una confianza y una seguridad de que Jesús de Nazaret y su proyecto no se han terminado en la cruz. Lo sienten vivo, presente...; pero parece como si en la cabeza de Pedro le siguiera atormentando su triple negativa: "No soy uno de ellos", "No lo soy", "Yo no estaba con él"... ¿Cómo es posible que le hubiera negado de esa manera... Hasta tres veces! Tan seguro que estaba él...
La escena que presenta Juan es como la recuperación de Pedro. También es un baño de humildad...Una pregunta triple: "De verdad me amas? Simón, hijo de Jonás, me quieres?
Hoy me llama la atención de manera especial esa misma pregunta: "Me quieres?"
En nuestra vida, en grupo, en familia, en pareja, en más de una ocasión se nos plantea esa misma pregunta: Me quieres, tienes confianza en mí, me aceptas como soy, quieres que compartamos nuestra vida...?
En estos momentos entiendo que esa misma pregunta me la hace a mí también Jesús de Nazaret. Y supongo que cada uno de los que nos llamamos seguidores podemos sentirla.
Porque creo que decidirse a "seguir al Maestro" es, ante todo, un punto de confianza y de entrega. Me gusta su proyecto (ése que él llama "reino de Dios") y me gusta su estilo de vida. Sé que en muchos momentos es como una locura que parece que nos movemos en un mundo al revés... Pero me gusta. Y le quiero. Bueno, "tú sabes que te quiero" (como termina contestando Pedro).
Entiendo que tenemos que insistir en eso de "quererle". En medio de tantas historias y proyectos, en medio de unos acontecimientos políticos y sociales que nos desbordan, ahí está el Maestro que nos llena de ilusión y optimismo y me hace entrever ese mundo nuevo del que habla siempre. A pesar de todos nuestros fallos y fracasos queremos seguir apostando por él. 
Nuestro encuentro semanal (la eucaristía que celebramos) nos permite mantener el contacto con él y, junto con todos los otros seguidores suyos, poder responder a su pregunta: "¿Me quieres? Señor tú lo conoces todo, tú sabes que te quiero"...

Texto del evangelio de Juan (21,1–19)

sábado, 2 de abril de 2016

«No seas incrédulo, sino creyente»

Domingo 3 de Abril de 2016

Del texto del evangelio de la eucaristía de este domingo (Juan, capítulo 20) creo que lo mejor hemos aprendido es a decir las palabras de Tomás: "Si no lo veo..., no lo creo". Y me temo que eso lo aplicamos a todo el evangelio.
Repetimos con gusto las palabras que termina diciendo el mismo Tomás: "Señor mío y Dios mío"; pero tal vez no sabemos aplicarlas.
Hoy me quedo con el comentario de Jesús de Nazaret: "No seas incrédulo, sino creyente"
Y a mi modo de entender esas palabras no van dirigidas a la resurrección, sino a la buena noticia del Reino de Dios, al estilo de vida que tienen que llevar sus seguidores, a aceptar que es posible terminar en la cruz como un derrotado, como un marginado y apestoso... Pero que, a pesar de todo, el Reino de Dios sigue adelante. Que esa vida es mucho más fuerte que los tormentos, los sufrimientos, incluso la misma muerte. No seas incrédulo, sino creyente.
Escuchamos las noticias sobre nuestros políticos que hacen planes, que hacen pactos, que programan y que nos van a "salvar"... Luego nos enteramos de otros tantos planes de corrupción, de trampas y abusos, de violencias y egoísmos. ¿Creemos en algo?
Jesús de Nazaret, nuestro Maestro, con su vida, con sus actitudes y con sus palabras, nos propone algo bien distinto. Una manera de entender la vida y la sociedad. Como escribe Leonardo Boff: ...“el camino de Jesús”, se funda más en valores e ideales que en doctrinas. Son esenciales el amor incondicional, la misericordia, el perdón, la justicia y la preferencia por los pobres y marginados, y la total apertura a Dios Padre. Jesús, a decir verdad, no pretendió fundar una nueva religión. Él quiso enseñarnos a vivir. A vivir con fraternidad, solidaridad y cuidado de unos a otros..."
Reflexionando estas palabras y mirando a Jesús (que creo que está por encima de la cruz y su muerte violenta), me parece escucharle lo que le dijo a Tomás: "No seas incrédulo, sino creyente". Porque ése es el camino. Es lo que resuena en las palabras de las primeras comunidades de seguidores (Ponían todo en común y cuidaban unos de otros...).
Las imágenes de los miles y miles de refugiados, las familias desahuciadas, la enorme tasa de paro y marginación... nos hablan de lo lejos que andamos de ser "creyentes", verdaderos seguidores del Maestro.

Texto del evangelio de Juan (20,19–31)


domingo, 27 de marzo de 2016

No habían entendido la Escritura

27 de marzo 2016
Pascua de Resurrección
He escuchado esta mañana las reflexiones que nos hicieron en la eucaristía. Nos hablan de la "resurrección" de Jesús de Nazaret y citan el evangelio como si se tratara de noticias del periódico. Se entretienen en detalles que toman por "históricos" y sentía que perdíamos de vista la profundidad y el compromiso que conlleva.
Digo creer en Jesús de Nazaret y, tal como proclamaban los primeros seguidores suyos, creo que su mensaje, su vida, es más fuerte que la muerte, que la violencia, que la opresión... Incluso más grande que la religión misma.
No resulta fácil seguir sus huellas y proclamar que ese otro mundo (más solidario, más justo, más humano, más a la manera de Dios) es posible.
A nosotros nos toca vivir esta sociedad que mide sus éxitos amontonando dinero y poder, influencias y dominio sobre otras personas y sobre la naturaleza misma.
Las noticias de los periódicos y de la televisión nos recuerdan una y otra vez los "frutos" conseguidos: atentados y guerras, refugiados y gentes arrinconadas en los campamentos, barcazas y pateras que transportan los deshechos de países y sociedades...
Qué significa entonces "que ha resucitado"?
Acusado, juzgado y condenado... Colgado de la cruz (el paso más vergonzoso y denigrante para cualquier persona).
Significa simplemente que "murió por nuestros pecados"? Que nos salvó de la muerte?
Seguimos contemplando los pecados de nuestro mundo. La muerte física y moral forma parte de nuestra experiencia.
Juan, en el texto del evangelio leído esta mañana dice esta frase: "Hasta entonces no habían entendido la escritura..."
Entender, qué?
Tal vez que el reino de Dios, ese modo nuevo de ser hombre-mujer, pasa por esa muerte. Como el grano que si no muere no germina y da fruto nuevo. O la levadura que hace fermentar la masa. O la comunidad de seguidores que se convierten en pan que se da en alimento y vino que da nueva energía para seguir al Maestro.
Creo que me conviene profundizar en palabras como ésas a ver si llego a entender, de verdad, la Escritura. O, como dice Pablo en otro texto que nos han leído, a ver si me convierto en levadura nueva para que en mi comunidad, en mi grupo, entre los que me rodean, pueda hacerse realidad "ese mundo nuevo" al estilo de nuestro padre Dios.

Texto del evangelio de Juan 20, 1-9

viernes, 25 de marzo de 2016

Los amó hasta el extremo

24 de marzo, Jueves Santo

Ayer celebramos la "Cena del Señor".
Quizás sea uno de los puntos culminantes de todas las celebraciones que tienen lugar en estos días. Y no me refiero a las procesiones, a las fiestas que se desarrollan en las calles de los pueblos y ciudades. No. Es más bien una manera de "revivir" aquella cena con los amigos (sus seguidores) sabiendo que algo muy serio y muy grave estaba a punto de sucederle a él mismo, Jesús de Nazaret.
Es seguro que sentía el peligro a que se exponía. Cierto que las autoridades religiosas tramaban algo terrible para quitárselo de encima...
Juan, en su evangelio. recoge la intensidad del encuentro... Es la despedida. Y, además de las palabras y recomendaciones, añade el gesto de lavarles los pies.
"- Los amó hasta el extremo..."
"- Tú no lo entiendes ahora (lo de lavar los pies), pero lo comprenderás más tarde..."
". También vosotros debéis lavaros los pies unos a otros..."
"- Os he dado ejemplo... para que vosotros también lo hagáis..."
Pues bien, al celebrar la "cena del Señor" intento revivir todo eso. No tanto la celebración de la eucaristía (tal como se hace hoy en día), sino el mensaje que Jesús quería transmitir a aquellos seguidores suyos a los que ya no vería más: Amar hasta el extremo; ser auténticos servidores de la humanidad que nos rodea; entrega total hasta ser como el pan y el vino que compartimos.
Y, ante la situación tan dolorosa de los miles y miles de refugiados, de inmigrantes sin papeles, de personas marginadas y dejadas de lado... ¿qué decimos los seguidores de Jesús de Nazaret?
Porque de lo que se trata es de hacer que llegue el reino de Dios. Una humanidad nueva en la que tienen cabida todos, en la que sepamos cuidar de los más débiles, de los que apenas si sobreviven. Ser, de verdad, auténtica eucaristía para todos esos que tienen hambre y sed. Hombres y mujeres que ni tienen casa, ni ropa suficiente, ni atención sanitaria...
Necesito la eucaristía de la "cena del Señor" para coger fuerzas y poder (también yo) "amar hasta el extremo" y "lavar los pies llagados" de todas esas personas que huyen de la guerra, de la miseria, de la opresión, de la inhumanidad de gobiernos y gentes poderosas que los oprimen y aplastan.
Texto del evangelio de Juan 13, 1-15.

Sabed que estoy con vosotros todos los días

...Hasta el final de los tiempos Ascensión del Señor 17 de mayo 2026 Hay una recomendación que Fray Marcos  suele hacer con mucha frecuencia...