viernes, 31 de mayo de 2013

SEGUIR A JESUS, LA NORMA DE TODO CRISTIANO

BENJAMÍN FORCANO, teólogo, bforcanoc@gmail.com
No es necesario hacer muchas presentaciones de Benjamín Forcano.
Mejor, leer su comentario. Seguro que nos ayudará mucho. Enhorabuena, Benjamín!
MADRID.
ECLESALIA, 27/05/13.- La lectura directa del Evangelio es interpelante y cuestiona muchas de nuestras formas de entender la vida cristiana. Nuestro tiempo es un tiempo de grandes transformaciones y, en el aspecto religioso, se las quiere también asegurar mediante un retorno radical a Jesús. Ha habido de por medio muchas cosas que nos lo han alejado, oscurecido e incluso secuestrado.
Los evangelistas no pueden ser más claros: hablan de quienes quieran seguir a Jesús y explican qué deben hacer para ello.
Primero, que nadie pretenda asociarse a la ligera sin saber a qué se compromete. El proyecto de Jesús no coincide con otros de la sociedad. Se trata de un proyecto que incluye principios, valores y compromisos bien concretos.
Segundo, abrazar su proyecto equivale a colocar en el centro de la vida los valores por los que Él ha luchado y vivido y que, inevitablemente, entrarán en conflicto con los valores de otros proyectos, que supondrán afrontar la incomprensión, la malquerencia, la calumnia, la persecución e incluso la muerte. A Él, esto le supuso la desaprobación y rechazo de los poderes establecidos de su tiempo, civiles y religiosos, de la Sinagoga y del Imperio. Su talante y doctrina ponían en peligro los privilegios y el dominio que esos poderes ejercían sobre el pueblo. Ante ellos, Jesús no fue neutral, hizo públicas sus denuncias, sin miedo, avergonzándoles y reclamándoles un cambio radical. Pero, el poder es impenitente, y se encontró con que su suerte estaba echada: decidieron e eliminarle.
Tercero, Jesús sabe que a sus seguidores les va tocar actuar en circunstancias parecidas, y se lo deja dicho: “Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío”.
¡Cuántas veces hemos malinterpretado estas palabras! Llevar la cruz de Jesús no sobreviene porque Dios exija que le agrademos espiando nuestros pecados con cilicios, maceraciones y sacrificios; ni porque con eso aplaquemos su ira y acumulemos méritos; ni castiguemos y tengamos a raya nuestras pasiones. El Dios de Jesús no es un Dios que habría pedido la inmolación de su Hijo para reparar nuestros pecados y que se recrea con nuestro dolor y sufrimiento. Ese Dios es un Dios sádico, contrapuesto al Dios Amor que nos revela Jesús.
La cruz de sus seguidores no son cruces materiales, que tienen que buscar y con ellas soportar e imitar su dolor. Dios no quiere el dolor por el dolor ni el sufrimiento por el sufrimiento. Jamás. Se trata de otra cosa: la cruz, de Él y nuestras, vienen por seguirle, por adoptar su estilo de vida, por luchar y vivir por lo que Él luchó y vivió. No hay que buscarlas, vendrán como una consecuencia impuesta por otros, “a causa de su hipocresía, que les lleva a honrar a Dios con los labios y tener su corazón lejos de Él” (Mr 7, 6), a “mostrar una virtud aparente y albergar dentro maldades que manchan al hombre (Mc 7,22-23). “Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os expulsen y os insulten y propalen mala fama de vosotros por causa de este Hombre. Alegraos ese día” (Lc 6, 22-23).
Cuarto, el seguimiento de Jesús, con la consecuencia inevitable de tener que asumir la cruz que los fariseos, la gente hipócrita y mentirosa, nos impongan, no tiene sentido sino es porque anunciamos y practicamos un proyecto de convivencia distintos, unos valores que ellos repudian. Valores que están a la vista en las páginas de su Evangelio: Tratad a los demás como queréis que ellos os traten, tened en dicha a los pobres y no los ricos, amad no sólo a los que os quieren sino a vuestros enemigos, no juzguéis ni condenéis, antes de sacar la mota del ojo ajeno sacad la viga del propio, el más pequeño entre vosotros ese es el más grande, amad a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo, atended a cualquier prójimo necesitado con misericordia, dichoso quien escucha el mensaje de Dios y lo cumple, tened limpio todo no sólo lo de fuera, no paséis por alto lo más insignificante y os olvidéis de la justicia y del amor, rehuid el honor y las reverencias, no abruméis a los demás con cargas que vosotros no rozáis ni con un dedo,…
Dicho de otra manera:
- Todos vosotros sois hermanos y, si hermanos, iguales; y, si iguales, merecedores del mismo trato y amor.
- El que aspire a ser el mayor, que sea servidor de todos. Que nadie se tenga en más que nadie; La soberanía de quien me sigue está en servir, no en mandar.
-Los últimos son los primeros. Debéis tener como predilectos a los últimos, a los que no cuentan en la política y en la sociedad. Ellos son los preferidos de Dios y, para Él, serán los primeros.
- Hacer un bien a los más pequeños, es como hacerlo a mí mismo. Los pobres son mis vicarios: los que me representan y hacen mis veces. Y la sentencia última de la vida se hará en base a cómo os habéis portado con mis hermanos los más pequeños. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).


 
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sábado, 18 de mayo de 2013

Recibid el Espíritu


19 de mayo 2013 - Pentecostés
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»
En esta celebración de Pentecostés me llaman la atención estas palabras que Juan pone en boca de Jesús: "...así os envío yo". Es recibir de Jesús el testigo. Lo que él vivió como una urgencia: comunicar la llegada del reino de Dios, que podemos y debemos cambiar para que se haga realidad en mí y en todos nosotros el mundo nuevo a la medida de Dios, nuestro padre.
Ahora está en mis manos y lo más importante en mi vida es eso: el reino de Dios. Es como decir que pienso, organizo y programo mi vida en función de esa gran aspiración.
Hay muchas personas que llevan dentro toda una programación deportiva, económica, financiera, política o simplemente de hacer más y más cosas...
Así os envío yo... como el padre me ha enviado. Jesús vivió esa misión como algo vital. El tesoro encontrado, la perla preciosa, la gran fiesta, la alegría que llenaba su corazón... También era su escala de valores.

La otra palabra que me hace reflexionar hoy es ésta: "Recibid el espíritu santo; a quienes perdonéis... serán perdonados..."
Ante todo, como comenta José Antonio Pagola, "el espíritu santo de Dios no es propiedad de la iglesia. No pertenece en exclusiva a las religiones..."
Hoy nos toca a todos invocar y llamar a nuestro padre para que nos mande ese espíritu (ese aliento) suyo para su reino llegue a nosotros, a nuestra sociedad, a nuestro mundo.
"Nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo ensangrentado por las guerras. Despierta en nosotros el respeto a todo ser humano. Haznos constructores de paz".
"Atrapados por un sistema que nos impide caminar juntos hacia un mundo más humano. Los poderosos son cada vez más ricos, los débiles cada vez más pobres... Haznos responsables y solidarios"...
"Una minoría disfrutamos de un bienestar que nos está deshumanizando cada vez más. Una inmensa mayoría muere de hambre, miseria y desnutrición. Entre nosotros crece la desigualdad y la exclusión social... Enséñanos a defender siempre a los últimos..."
Hoy pido a Dios, nuestro padre, que nos mande su espíritu, su aliento, para que sepamos llevar el testigo y hacer realidad el mundo nuevo que deseas para nosotros.
Que sepa perdonar tanto pecado... para que se borre tanto dolor, tanta miseria, tanta injusticia, tanto miedo y tanto temor. Que su aliento y su manera de vivir no permita que me atrape el mal de nuestro sistema. Amén.

(Lectura del santo evangelio según san Juan (20,19-23)

sábado, 11 de mayo de 2013

Testigos


12 de mayo 2013 - Ascensión del Señor
"...y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos..."

En el comentario de este domingo he escuchado comentarios sobre la predicación y la evangelización. También sobre la comunicación y sus medios con ese toque moderno de los medios modernos, de las redes sociales, de los teléfonos e internet...
Sentí que se me quedaba corto, que el texto que se leía iba mucho más allá de todo eso.

"Se predicará la conversión y el perdón..."
Para mí ése es el punto: La conversión. Lo que Jesús comenzó diciendo de que había de cambiar, darse la vuelta, vivir de otra manera... Y ahí entra la solidaridad, la fraternidad, el respeto  y atención a los más débiles, la ternura y la compasión.
Y el perdón. ¿Cómo voy a explicar que Dios es mi padre, que nos perdona, que nos ama, si yo mismo soy incapaz de perdonar, de acoger, de apoyar y socorrer?
Porque en la medida en que mi vida se transforma y se va pareciendo a esa manera nueva de Jesús, nuestro Maestro, en esa misma medida me convierto en "testigo".

José Antonio Pagola lo expresa de esta manera: "Jesús solo piensa en que llegue a todos los pueblos el anuncio del perdón y la misericordia de Dios... Nadie ha de sentirse perdido. Nadie ha de vivir sin esperanza. Todos han de saber que Dios comprende y ama a sus hijos e hijas sin fin. 
Según el relato de Lucas, Jesús no piensa en sacerdotes ni obispos. Tampoco en doctores o teólogos. Quiere dejar en la tierra “testigos”. Esto es lo primero:“vosotros sois testigos de estas cosas”. Serán los testigos de Jesús los que comunicarán su experiencia de un Dios bueno y contagiarán su estilo de vida trabajando por un mundo más humano."

Seremos testigos con nuestra manera de vivir nuestra realidad. Y esa realidad está llena de relaciones sociales, laborales, económicas y políticas. Y no se puede decir que se puede hacer de muchas maneras, que hay muchos estilos... Creo que no. O cambiamos y comenzamos a vivir a la manera de Jesús o nos creamos un falso camino que nos tranquilice la conciencia. Ahí suele estar nuestro problema. Entonces nos contentamos con proclamar que somos cristianos, que anunciamos el evangelio, que lo leemos, que lo conocemos, que cumplimos con los mandamientos y normas...
Y es que o cambiamos de verdad y experimentamos el perdón o por el contrario caminaremos al margen de la propuesta de Jesús.
(Conclusión del santo evangelio según san Lucas (24,46-53)

sábado, 4 de mayo de 2013

Guardar la palabra


5 de mayo 2013 - 6º domingo Pascua
"El que me ama guardará mi palabra"
Después de tanto tiempo diría que la palabra de Jesús se nos ha convertido en una rutina, en algo tan conocido que apenas nos llama la atención...
Ahí están las parábolas, las explicaciones, los comentarios: su palabra. ¿Qué hago con ella? ¿La guardo? ¿Le presto atención? ¿Me importa? ¿Afecta a mi vida?...
"Después de veinte siglos, ¿qué hemos hecho del Evangelio de Jesús?... Después de veinte siglos, ¿qué espíritu reina entre los cristianos? ¿Nos dejamos guiar por el Espíritu de Jesús?... ¿Vivimos atentos a los que sufren? ¿Hacia dónde nos impulsa hoy su aliento renovador?", así comenta José Antonio Pagola el texto de hoy.

Entiendo que lo que importa es que yo haga mía esa palabra, la convierta en carne de mi carne, si quiero ser seguidor del Maestro.
Y cuando decimos "su palabra" es para referirnos a su modo de vivir, a las indicaciones que nos ha dado, a la manera de entender la realidad que nos rodea: "Buscad, ante todo, el reino de Dios..."; "Nadie puede servir a dos señores: a Dios y al dinero..."; "Dios es nuestro padre..."; "Entre vosotros el que quiera ser el primero que sea vuestro servidor..."; "Lo que hacéis a uno de los más pequeños, a mí me lo hacéis..."; "El hombre, la persona, es más importante que todos los mandatos y normas..."; "Un mandamiento os doy: que os améis..."
Toda una manera de plantear mi vida. Ése tiene que ser mi esfuerzo y mi dedicación. Y ésa será la señal de que intento guardar su palabra.
(Texto del  evangelio de Juan - capítulo 14,23-29)

domingo, 21 de abril de 2013

Escuchan mi voz


21 de abril 2013 - 4º domingo de Pascua
«Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano..."
El comentario al texto de hoy se ha centrado, como ya es típico, en el Buen Pastor, en los pastores de la comunidad cristiana, en los sacerdotes y las vocaciones a la vida consagrada...
Acostumbrado a esos comentarios, apenas si me llamaba la atención. Es lo que siempre nos han dicho y predicado. Y tal vez tienen toda la razón. Por lo menos es una buena aplicación.
Sin embargo, hoy entiendo que este texto nos habla de otra cosa.
Jesús nos muestra el camino, nos habla, nos explica, nos señala el "reino de Dios", cómo vivir y ser hijos de Dios.
Ser seguidores de Jesús, nuestro Maestro, es escuchar su voz y seguirle. Vivir a su manera, como auténticos hijos de Dios, nuestro padre, que prefiere la ternura y la compasión antes que la ley; que pone al hombre, a la persona por encima del sábado; que nos quiere a todos hermanos con preferencia por los más débiles, por los últimos, por los oprimidos, por los despreciados...
Y así entramos de lleno en el estilo del reino de Dios caminando hacia una vida que no termina porque es la vida misma de Dios. Si nuestra razón de vivir y de ser es la ternura y la compasión, la nueva humanidad, nada ni nadie nos podrá apartar del Maestro.
Entendiendo las palabras de Jesús de esa manera se me hace difícil aceptar todo eso de los pastores de la comunidad como algo sagrado, elegido especialmente, consagrado a... Jesús nos habla a todos sus seguidores por igual. No hay ni debe haber diferencias. Y si las llega a haber que sea para ser servidores. Sólo uno es nuestro Maestro: Jesús de Nazaret. Y es a él a quien conocemos como pastor.
Creo que debieran desaparecer los pastores actuales, tal como los conocemos. La comunidad cristiana tiene que crecer y madurar. Es ella la que elige a los servidores que necesita, según sus capacidades y habilidades. Tampoco creo que tales servidores tengan que ser personas separadas, consagradas de manera especial y colocadas por encima de las demás.
Si no nos centramos, de verdad, en Jesús y en la Buena Noticia del reino difícilmente podremos significar algo que llame la atención al mundo actual. Y nuestras comunidades se van vaciando y envejeciendo al mismo tiempo.
Por eso, para mí, me parece vital "escuchar su voz", seguirle sin apelar a tradiciones, leyes y mandatos de la institución.
(Lectura del santo evangelio según san Juan (10,27-30)

lunes, 15 de abril de 2013

Un modelo nuevo


El nuevo Papa, nuevo modelo de sacerdote

Publicado por antenamisionera en abril 15, 2013
Por José Mª Castillonuevo papa2
El nuevo estilo de presentarse en público, que el papa Francisco está poniendo de manifiesto y que tanto llama la atención de la gente, entraña más hondura de lo que seguramente imaginamos. Si, hace unos días, yo decía que no basta con cambiar de zapatos (y vestimenta) para renovar la Iglesia, hoy debo insistir en otro aspecto del problema que me parece enteramente necesario. Más aún, fundamental.
Me refiero a algo que es mucho más importante que la ropa que uno se pone.    Hablo del estilo y de la forma de relacionarse con losdemás, con la gente en general. No cabe duda que este papa es distinto. En muchas cosas, es como un hombre de tantos, como uno más. Al menos, ésa es la impresión que produce en quienes le ven, le oyen o se dirigen a él. Se ha despojado de todos los oropeles que ha podido. Y se esfuerza por comportarse como un hombre normal. Ni más ni menos que eso.
Bueno, pues esto es lo que a mí me parece que representa un “nuevo modelo de sacerdote”. ¿Por qué? Al hacer esta pregunta, afrontamos una cuestión que, en el cristianismo, tiene una importancia que quizá no sospechamos. En la carta a los hebreos, al presentar a Jesús (Heb 3, 1) como “sacerdote” (Heb 2, 17-18), el autor de la carta afirma que Cristo, “para poder ser un sacerdote misericordioso y fiel”, tuvo que hacerse en todo semejante a sus hermanos” (Heb 2, 17 a). Y así, cumpliendo esa condición, es como se capacitó “para expiar los pecados del pueblo” (Heb 2, 17 b). El
verbo, que utiliza el texto original, es el verbo “homoioô”, que expresa conformidad, parecido total (G. Haufe).
Lo que nos remite nada menos que a la “kenosis” de Dios en Jesús (Fil 2, 6-7). Dios se despojó de todas sus dignidades y diferencias. Y así, hecho “como uno de tantos”, es como aportó salvación y esperanza a este mundo tan desesperanzado.

            El criterio es claro y tremendo al mismo tiempo
. Para darle a la gente esperanza, fe y acercamiento a Dios, lo primero que tenemos que hacer, quienes pretendemos colaborar en esa tarea, es suprimir diferencias, distancias, dignidades, conductas de superioridad. Quien no haga eso, irá de payaso por la vida. De sacerdote, no. Y esto es lo que da pena. Y da mucho que pensar. Cuando uno ve los curas jóvenes, que lo primero que hacen, en cuanto los ordenan de lo que sea, es ponerse la vestimenta que los distingue y que va diciendo a voces: “¡yo soy distinto, soy superior, soy sagrado y consagrado, y tengo unos poderes que Uds no tienen, ni van a tener como no sea que algún día se parezcan a mí!”.nuevo papa3
Ya sé que nadie es tan estúpido como para pensar y sentir todo eso. Los curas que se visten de curas, hacen eso porque “así está mandado”. Y son hombres obedientes a las normas que vienen de Roma, de la Curia o de la Vicaría. En esa actitud de obediencia, merecen todo respeto. Y, por lo que a mí respecta, incluso verdadera admiración. Porque yo no me pondría esa ropa, ni aunque viniera la guardia civil a ponérmela. Pero es que – no sé si estoy en lo cierto – yo creo firmemente que la teología del N. T. tiene más autoridad, en este asunto, que la autoridad que puedan tener las normas y costumbres que vienen de Roma.
Es más, yo me pregunto si Jesús le dio poder a la autoridad eclesiástica para decidir cómo se tiene que vestir la gente. Sobre todo, si tenemos en cuenta que la vestimenta es sólo un indicador de todo un “modelo de persona”. Y aquí es donde yo quería venir.
            El papa Francisco, con su sencillez y modestia, le está diciendo a la Iglesia lo que ya ha dicho en una de sus más recientes intervenciones: la responsabilidad de la descomposición, que vive la Iglesia, la tiene ella misma. Se nos han subido los humos a la cabeza, ha entrado en el clero gente vulgar y trepadora, se han ocultado cosas que nunca debieron de quedar tapadas, se quieren mantener privilegios, distancias y dignidades que nada tienen que ver con lo de Jesús y el Evangelio. Y está claro que por esos caminos no vamos sino a aumentar las distancias, quedándonos cada día más rezagados.
Y reducidos a cultivar a los limitados grupos conservadores que nos quedan.      Ya el cardenal Albert Vanhoye, el mejor conocedor (católico) de la carta a los hebreos, nos hizo caer en la cuenta de que precisamente la originalidad de esta carta está en que ve el sacerdocio de Cristo, en el asunto que estamos tratando, exactamente al contario de como lo presenta el A. T.. La condición, para acceder al sumo sacerdocio del antiguo Israel, era la separación: a esa dignidad, sólo podían llegar los levitas. Y, dentro de los levitas, para el sumo sacerdocio, era necesario pertenecer a la familia de Aarón, es más, a la estirpe de Sadoq (Ex 29, 29-30; 40, 15; Sir 45, 13/16. 15/19. 24/ 30). A lo que había que añadir los solemnes ritos, sacrificios,
unciones, vestimentas especiales que aquel sacerdocio llevaba consigo (Ex 29; Lev 8-9).
Sin embargo, en el caso de Jesús, nada de esto se menciona. El sacerdocio de Cristo no es “ritual”, sino “real” (cf. Heb 5, 7-10; 9, 11-28). Por eso, a Jesús no se le exigió separación o dignidad alguna, sino todo lo contrario: su vida fue un descenso imparable, hasta terminar sus días como terminaban los últimos en aquella sociedad cruel: despreciado, escupido, torturado y colgado entre malhechores. Y así consumó su sacerdocio.
El papa Francisco ha iniciado un nuevo camino para los sacerdotes en la Iglesia. Que todo el que busque dignidades, privilegios, categorías propias de selectos y cosas de ésas, que se las busque en otro sitio. Porque, en realidad, no ha sido el papa Francisco, ni siquiera san Francisco de Asís en quien se inspira, sino que fue Dios mismo, en Jesús, quien abrió el camino que a todos nos desconcierta. El único camino que lleva a la verdadera humanización que dignifica este mundo: el camino que nos señalan “los últimos”, ésos a los que Jesús señaló como “los primeros”.

DESORBITACIÓN PAULINA


Este artículo de José Mª Rivas me parece muy bueno y una reflexión que hace falta que se haga en la comunidad cristiana... Pablo, por muy importante que fuera en su momento, habla y escribe como judío, con una cultura y una tradición que está bien lejos de poder ser entendida hoy en día... Y todos sus argumentos, a mi modo de entender, pecan de lo mismo. Por eso me parece en se utiliza demasiado como ejemplo y como argumento para ser seguidores de Jesús de Nazaret... Gracias, José Mª.
JOSÉ Mª RIVAS CONDE, CORIMAYO@telefonica.net
MADRID. 
ECLESALIA, 15/04/13.- Desvelada la condición alegórica de Adán y Eva, no se ve cómo pueda mantenerse el paralelismo entre Adán y Jesús, formulado en Rom 5,12-21. Aun entendiendo al primero como síntesis simbólica de todos los hombres, no se salvaría la inserción en la realidad de lo que son piezas de una alegoría. Ninguna pierde su condición de “invención” literaria por tener ésta finalidad catequética.
La cuestión aquí entonces es cómo entender estos versículos de la Escritura.
Pienso que lo único asumible en este pasaje como contenido de la Revelación, es el carácter salvador de la figura y obra de Jesús. Pero no el paralelismo “entre la desobediencia de uno solo y la obediencia de otro solo” (vv. 18-19), con el que Pablo trata al parecer de explicarlas y enaltecerlas. Los mimbres con que lo tejió son simple herencia de su judaísmo natal y de su educación farisaica.
Aun más: sin apelar de entrada a la falsedad de tales mimbres, sino dándolos inicialmente por ciertos, el paralelismo no presenta en sí mismo más valor que el de una reflexión desafortunada e ilógica de creyente enfervorizado.
Porque desde ellos mismos lo propio sería decir que la riada de muerte dejada por el supuesto pecado de Adán, no tiene ni punto de comparación con la estela de salvación lograda por la Redención. Tanto, que puestos a valorar ambas en lo relativo a su eficacia más perceptible, hasta se podría contestar a Pablo, aunque le chirriara a alguno: “¡Valiente pamema de salvación que anuncias!”.
Según el propio pasaje en efecto, la humanidad entera quedó arrasada por ese pecado de forma férrea e inexorable. Sin dejar escape a nadie. Tanto, que de la muerte, afirmada consecuencia de ese pecado, no se libra absolutamente nadie. Ni siquiera los hombres anteriores a la Ley mosaica, que Pablo considera libres de delito. Es decir, de pecado personal imputable.
La falta de delito la basa el Apóstol en el hecho de no haber estado aún promulgada la Ley judía en el tiempo de esos hombres, y en el de no haber pecado ninguno de ellos «a imitación de la trasgresión de Adán» (vv. 12-14). Esto es: violando el supuesto precepto inicial de no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. Parece que a tenor de la formación recibida, era el único que juzgaba promulgado antes de la Ley mosaica.
Dado lo inaceptable de la identificación paulina entre delito y pecado, muy propia de las sociedades teocráticas, y lo descabellado de su traslado al ámbito de lo divino, parecería más acertado que hubiera dejado de lado la realidad de esas muertes, como fundamento de la firmeza y universalidad del «por el delito de uno solo, todo remata en condenación para todos» (v. 18). Parece que hubiera sido preferible asentarlo sobre la realidad de no librarse de la muerte, ni los que con toda seguridad carecen de delito y pecado imputable. Como son los niños que mueren antes de tener capacidad para cometer pecado personal. [...] (sigue en eclesalia.net ).
 
 
 
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Sabed que estoy con vosotros todos los días

...Hasta el final de los tiempos Ascensión del Señor 17 de mayo 2026 Hay una recomendación que Fray Marcos  suele hacer con mucha frecuencia...