miércoles, 16 de septiembre de 2026

Id también vosotros a mi viña

 

...Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos

20 de septiembre 2026

El domingo pasado Jesús de Nazaret nos hablaba de la misericordia de Dios, de su perdón, de ese amor que no tiene en cuenta las veces que fallamos... Y nos decía aquello de perdonar setenta veces siete...

Este domingo, 20 de septiembre escuchamos otra parábola que viene a subrayar lo mismo.
De verdad, que no teneos ni idea de cómo es Dios. Como que nos encontramos más a gusto con el estilo del Antiguo Testamento o con la idea que nosotros nos hemos hecho de Dios: Ojo por ojo, diente por diente... Que pague a cada uno según sus obras... Que premie a los buenos (o sea nosotros) y castigue a los malos malísimos... Es que, si no, no es justo.

Así lo pensamos. Y así exigimos a Dios que cumpla.

-"¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?"
El sindicato de los campesinos y agricultores haría una manifestación para protestar. "¡No es justo!" "¡Tenemos derechos!" Y nosotros nos uniríamos a la manifestación... ¿A que sí?

El evangelio, el mensaje de Jesús de Nazaret, nos vuelve el mundo del revés. La buena noticia es que todos estamos invitados a la viña... Da igual la hora... No son necesarios estudios, ni cualidades especiales, ni preparación adecuada, ni origen, ni raza, ni color, ni lengua...
Y todos reciben su premio.
Cierto. Durante siglos se nos ha hablado en la Iglesia del premio del cielo, de la vida eterna...; pero, quizás, hemos dejado a un lado el importante premio, el único, el especial... El amor de Dios. Dios mismo que se nos da.
-"¿Acaso vamos a tener envidia porque es bueno con todas las personas?"

Se entiende, así, que "los últimos serán primeros y los primeros, últimos". Por aceptar esa invitación sea a la hora que sea. Por acogerse a la invitación de ese estilo nuevo de vivir.
Es todo un reto para nosotros, aunque seamos "cristianos de toda la vida" y tengamos tantos conocimientos y sepamos todas las oraciones...

Texto del evangelio de Mateo 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo:
“Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido».
Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.
Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:
“Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”.
Le respondieron:
“Nadie nos ha contratado”.
Él les dijo:
“Id también vosotros a mi viña».
Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:
“Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo:
“Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.
Él replicó a uno de ellos:
“Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.
Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».

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