...Dadles vosotros de comer
2 de agosto 2026

Acabo de leer el texto del evangelio del domingo próximo. Lo hemos escuchado muchas veces: "La multiplicación de los panes y los peces". Así nos lo anunciaban. Así nos lo explicaban. Y así lo hemos ido asumiendo.
Y los comentarios más frecuentes, los que han ido quedando en nuestra mente y en nuestra imaginación, hacen referencia al milagro de la multiplicación, al poder de Jesús como hijo de Dios que podía solucionar los problemas (hambre, enfermedades, incluso la muerte) porque se conmovía ante la gente...
Y nos quedábamos maravillados. Nos parecía fantástico Y eso hacía que la figura de Jesús se elevaba hasta Dios mismo que tenía el poder de ayudarnos y salvarnos.
Fray Marcos nos ayuda a centrarnos en lo que sería el mensaje oculto en esa narración. Es una narración que los evangelios recogen hasta seis veces. -"Hoy no podemos interpretar el texto como una multiplicación milagrosa de panes y peces. Entendido así nos quedamos sin el mensaje teológico, que es valioso."
-"Tampoco podemos utilizar estos relatos para demostrar la divinidad de Jesús. Esa necesidad que tenemos de que obrara con el poder divino es la mejor prueba de que no tenemos ni idea de lo que son Dios y Jesús".
-"En ningún momento de los relatos se dice que los panes y los pees de multiplicaran. Pero realmente fue un milagro portentoso que un número tan grande de personas fueran capaces de compartir todo lo que tenía cada uno."
-"Jesús invita a compartir. No pidió a Dios que solucionara el problema sino que se lo pidió a sus discípulos, aún sabiendo que no tenían ninguna posibilidad de hacerlo. Todo lo que tenían lo pusieron a disposición de todos. Esa actitud fue la que desencadenó el prodigio".
Cuando leemos el texto del evangelio como el milagro operado por Jesús, quizás, puede producir en nosotros asombro, maravilla, fascinación; pero es algo que no afecta a nuestra vida. Admiramos a la persona que es capaz de hacer esas maravillas; pero eso no cambia nuestra vida.
Si escuchamos atentamente el mensaje de Jesús y vemos su actitud ante las personas que le rodean, lo primero que nos tiene que llamar la atención es precisamente cómo sabe mirar... Esa mirada la encontraremos repetidamente: a los enfermos, a los leprosos, a los pobres, a las mujeres, a los niños, a la multitud de gente que se le acerca. -"Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella..."
Yo diría que el milagro de Jesús es precisamente esa atención, esa mirada profunda más allá de las apariencias, de los títulos, de las riquezas, de los conocimientos, de los cargos o de la fama...
Una mirada que es compasión, que es servicio, que es entrega.
Hoy, en mi mundo, en mi sociedad, en mi entorno, ése es el mensaje que debería cuestionarme: -¿Aprendo de Jesús a mirar? Mirar con la mirada de Dios, con el corazón de Dios, con la ternura y compasión de Dios.
Podría decir que todo lo que Jesús nos comunica hace referencia a Dios, su padre, su Abbá (su papá) como así le nombra. Y es una invitación a vivir y actuar como él. Y nos lo cuenta en parábolas para que podamos captar mejor su significado: "El hijo pródigo" - "El buen samaritano" -"El viñador" - "El tesoro escondido" - "El sembrador" - "La levadura" - "El grano de mostaza"...
Porque no se trata de hacer o ver grandes milagros. Es la sencillez de la vida misma. Sólo que nuestra referencia viene cambiada: Dios es mi tesoro. Al aprender a mirar en profundidad empiezo a descubrir su presencia, su actividad, su aliento. Y descubro que es lo único importante. Más allá de todo lo que me anuncian y me proclaman los medios de comunicación. Más allá de tantas cosas que nos inquietan y nos preocupan.
-"No hace falta que se vayan, dadles vosotros de comer..."
Texto del evangelio de Mateo 14, 13-21
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto.
Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados.
Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle:
«Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida».
Jesús les replicó:
«No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer».
Ellos le replicaron:
«Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces».
Les dijo:
«Traédmelos».
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños
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