"...la encontrará"
28 de junio 2026

Seguimos con el evangelio de Mateo. Y, este domingo, nos trae una serie de expresiones nada fáciles de entender:
"El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí..."
A lo largo de la historia de la Iglesia se ha echado mano de esos textos para exigir a los seguidores y seguidoras de Jesús actitudes y compromisos que parecían arrancar de la mente y del corazón de tales personas aquello que entendemos como obligación primera.
¿Realmente quiso Jesús decir eso? ¿Dejó de amar a su madre, a su padre, a sus hermanos y hermanas?
Entiendo que Jesús, a medida que fue creciendo y se hizo adulto, fue asumiendo y tomando conciencia cada vez con más viveza e intensidad de lo que comenzó a llamar "reino de Dios". La presencia de Dios en su vida era algo que le iba absorbiendo y que precisaba ese cambio que se dedicó a anunciar: ¡Convertíos! El reino de Dios (Dios mismo) está cerca, está entre vosotros...
Creo que es, desde ese punto de vista, que Jesús nos reclama que pongamos en nuestra vida ese objetivo. Es el tesoro escondido. Es la perla preciosa. Es la vida de verdad. Y, sí, está por encima de todo.
Por otra parte, también esta claro en el mensaje de Jesús, que la mejor respuesta es amar al prójimo. Cuando soy capaz de acercarme al herido, al enfermo, al hambriento, al débil, al despreciado, al que no tiene casa...
Como comenta muy bien Fray Marcos: -"El Dios de Jesús no nos puede pedir que odiemos a la familia sino que nos dice con claridad que sólo podemos amarle en los demás..."
También me parece entender que Jesús no propuso a sus seguidores que le amaran a él, que le adoraran, que se arrodillaran ante él... Claramente les dijo que él no había venido a ser servido, sino a servir. Que él no era un señor como los que solían ver (mandones, exigentes, egoístas, caprichosos, poderosos...). Él era como los criados o sirvientes. Y, al final terminó lavándoles los pies.
Todo el mensaje de Jesús va dirigido siempre hacia Dios, nuestro padre. Lo que ocurre es que a Dios no lo vemos, ni lo podemos ver. No necesitamos adorarle ni tenemos que buscarlo entre las ceremonias y ritos de las religiones. Dios está en nosotros, en la naturaleza, en el universo, dentro de todo lo que es vida... Y su gran gloria sería que nosotros (hombres y mujeres) fuéramos creciendo en humanidad, en fraternidad, en compasión y servicio... En resumen en amor. Y cuando descubrimos ese camino, todo lo demás deja de tener demasiada importancia. Porque lo que nos importa es amar. Hacerlo con intensidad, con entrega, con cariño y ternura... Si eso no lo entiendo, no soy digno de ser seguidor suyo.
-"El que pierda su vida por mí, la encontrará..."
Perder la vida. Desde luego, visto desde la perspectiva de nuestra sociedad, de los objetivos que nos ofrecen (ganar más dinero, ser famoso, gozar más en fiestas y diversiones, tener más cosas, estar por encima de las otras personas...), optar por el camino de Jesús es perder la vida... No aprovecharse. No pasar por encima de los demás. No buscar hacer negocios de la manera que sea. Conseguir una plaza o un puesto más elevado... Eso es malgastar la vida... Y es, precisamente entonces, cuando encontramos la verdadera vida. La vida de Dios en nosotros.
Texto del evangelio de Mateo 10, 37-42
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.
El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».
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