"Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo"
12 de abril 2026

Estamos en tiempo de Pascua. Los textos de los evangelios que vamos leyendo nos cuentan la vivencia y el recuerdo de aquellas primeras personas (hombres y mujeres) que hicieron suyo el estilo de vida y el modo de seguir sus huellas.
Hoy, el texto de Juan nos cuenta el encuentro de Jesús y sus discípulos, especialmente con Tomás.
Volver a sentir a Jesús (del modo que fuera) debió de ser algo increíble. Cada uno de ellos fue cambiando en su interior. Después del gran fracaso de la cruz... -"No lo creo... Si no lo veo, no lo creo..."
La figura de Jesús, reflexionando en su interior, había sido de mucho impacto: Su vida, sus palabras, su modo de hacer, de escuchar, de atender, de estar atento a los demás... No, no era un cualquiera. Estando con él sentías algo muy especial. Todo aquello que les había dicho, no lo entendían bien. Ellos pensaban y aspiraban a lo mismo que casi todos nosotros. Lo que ahora mismo nos parece normal: Subir, vivir mejor, ganar más dinero, ser famoso, reconocido, ensalzado, ocupar primeros puestos... Ahora, después de todo lo vivido, se dan cuenta de que estaban equivocados. Su camino es otro. Su buena noticia, es otra. El reino de Dios (Dios mismo), es otro. Él le llamaba "abbá" (papá) y les contó tantas historias y parábolas para explicárselo; pero ellos seguían con la misma mentalidad...
Y aquí estamos nosotros. Yo diría que es el mismo proceso. Las palabras, los textos del evangelio, ya los sabemos. Y nos quedamos con esas narraciones que esconden un mensaje y apenas si nos enteramos.
El texto leído nos dice, al final, que "Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre." Me atrevería a decir que todos esos escritos son sólo una invitación a escuchar el mensaje. El mismo mensaje que anunciaba Jesús de Nazaret. "El reino de Dios (Dios mismo) está cerca. Convertíos, cambiad de vida... Todos estáis invitados. Está dentro de vosotros..."
Creo que todos (hombres y mujeres) estamos tentados de responder como Tomás:"Si no lo veo y lo toco..., no creo."
Aceptar y asumir en nuestra vida a ese Dios-Amor, como lo vivía Jesús de Nazaret, se nos hace difícil. Ya nos hicimos una imagen de él (muy parecida a nosotros mismos) y las comparaciones de Jesús, sus parábolas, nos parecen exageradas, no son prácticas, no son justas...
Es necesario que, también nosotros, vayamos dando pasos siguiendo el camino del Maestro. Si no los doy, no me sirve de nada leer o escuchar los textos del evangelio, las historias de los santos y santas, las palabras y recomendaciones que me puedan decir...
Para expresar mi amor, no me sirven los besos que pueda dar otra persona en mi nombre...
"Señor mío y Dios mío". Sí, qué equivocado estaba.
Texto del evangelio de Juan 20, 19-31
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
«Hemos visto al Señor».
Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
«Paz a vosotros».
Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente».
Contestó Tomás:
«Señor mío y Dios mío!».
Jesús le dijo:
«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.
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