...fue a buscar fruto en ella y no lo encontró
23 de marzo 2025
Este domingo el evangelio de Lucas nos trae una parábola que es muy fácil de entender... Además ya la hemos escuchado muchas veces: La higuera estéril.
"La parábola ha sido contada para provocar nuestra reacción. ¿Para qué una higuera sin higos? ¿Para qué una vida estéril y sin creatividad? ¿Para qué un cristianismo sin seguimiento práctico a Jesús? ¿Para qué una Iglesia sin dedicación al reino de Dios?"
"¿Para qué una religión que no cambia nuestros corazones? ¿Para qué un culto sin conversión y una práctica que nos tranquiliza y confirma en nuestro bienestar?"
Son preguntas que se ajustan al planteamiento de la parábola. De ahí que yo también me aplique el comentario que hace Jesús de Nazaret. ¿Cómo es mi vida? ¿Cuáles son los frutos que doy? ¿Soy más humano? ¿Más compasivo, más fraterno, más atento hacia los que más lo necesitan?
A veces pienso que nuestra vida cristiana, nuestra religión, anda más preocupada por sus actos religiosos, por sus programas y devociones, que por lo que es fundamental. La conversión, el cambio de mentalidad, el tener un corazón nuevo, centrar mi vida en la nueva humanidad... es algo que tiene que afectar a todo mi ser, a todas mis actividades, a mi manera de enfocar el programa de mi vida.
Entiendo que si no es así, todo lo demás pueden ser actos hermosos, con un gran sentido religioso, que nos provocan emociones y nos dejan satisfechos; pero creo que no están enfocados hacia lo que Jesús de Nazaret nos plantea.
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