miércoles, 4 de marzo de 2026

El que bebe de esta agua vuelve a tener sed

...Pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed

8 de marzo 2026

El texto del evangelio de Juan que leemos este domingo nos ofrece el relato del encuentro de la Samaritana con Jesús.

Diría que es un relato hermoso, lleno de sentido y con el mensaje más profundo de la Buena Noticia que nos ofrece siempre Jesús de Nazaret.
Quizás, como en tantas ocasiones, nos hemos entretenido en la escena para luego quedarnos con pensamientos que se van alejando de lo que es el sentir profundo de lo que transmitieron los autores de la narración.

Quiero centrarme, ante todo, en ese primer pensamiento: A la petición de Jesús (Dame de beber), le responde la mujer samaritana con su sorpresa de que se lo pida a ella (samaritana) siendo él judío.
Y ahí viene esa respuesta de Jesús: -"El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed..."
Entiendo que esa expresión nos lleva al sentir de aquella comunidad de seguidores de Jesús (la comunidad de Juan?) que habían experimentado y hecho vivencia de esa realidad. Ellos y ellas (al igual que nosotros ahora) habían pasado por eso. La sed de muchas cosas de este mundo. La sed insaciable de tener, de gozar, de disfrutar, de acaparar, de mandar y dominar... Es algo que lo comprobamos nosotros mismos.
Ellos y ellas habían llegado a esa profundidad del mensaje de Jesús. Una vez que aceptaban la invitación de la Buena Noticia del evangelio (la conversión y cambio de vida) toda tu sed era Dios mismo. Y el agua que recibían hacía que ya no tuvieran más sed.


El comentario sobre el lugar de adoración a Dios.
Éste es otro punto que me parece importante: Resulta curioso que, nosotros (los y las seguidoras de Jesús de Nazaret) hemos terminado adoptando el "Templo" como punto o lugar central de nuestra religión o comunidad de cristianos.
La comunidad de Juan (donde se escribió el cuarto evangelio), todos ellos y ellas eran judíos. Sabían y habían experimentado lo que significaba el Templo para todo judío. Y, sin embargo, el relato que nos transmiten pone en boca de Jesús algo que tuvo que significar un gran impacto para todos ellos y ellas: -"Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre... los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así..."
Creo que la Iglesia, a lo largo de los siglos, ha ido adoptando el estilo y maneras del Antiguo Testamento: El Templo (en cada lugar, en cada pueblo o ciudad), el Sumo Sacerdote (el Papa), los Sacerdotes y Levitas (como entre nosotros:Obispos, Cardenales, sacerdotes), la Ley (tantas normas y leyes de Dios y de la Iglesia) y una gran cantidad de requisitos y maneras de comportarse que tienen que ver con la moral, con la relación de las personas, con el modo de entrar en la iglesia, etc. 
El espíritu que se respira en los evangelios, diría yo, ha desaparecido. Ya Pablo (san Pablo) fue imponiendo a las comunidades a las que el se dirigía toda una serie de normas y preceptos... Aquello de que la mujer no puede hablar en las asambleas de los cristianos, tiene que estar sujeta al marido, etc. Todo ello eran adaptaciones a la cultura griega o romana; pero no era eso lo que sentía y respiraba Jesús.

Entonces, sin extenderme más sobre otros puntos, me hace pensar y sentir que (siguiendo la norma de Jesús) mi manera de encontrar a Dios, nuestro padre-madre, está dentro de mí. A Dios tengo que descubrirlo en mi propio ser, en mi entorno, en los hermanos y hermanas, en todas las circunstancias que me toca vivir... Y, sí, especialmente, al estar atento a los "prójimos" (los desvalidos, los oprimidos, los marginados, los despreciados, los padecen por causa de su raza, su cultura, su manera de ser). Adorar a Dios es, ante todo, esa actitud de acercamiento, de compasión, de empatía, de comprensión y solidaridad...
Y esa adoración se convierte en esa agua que nos quita toda sed y que os permite poner nuestra propia vida en sus manos. Porque yo soy, de verdad, lo que hay de Dios en mí. Y si no llego a descubrirlo, andaré como perdido y muerto de sed,

Texto del evangelio de Juan 4, 5-42

En aquel tiempo, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.

Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta.

Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:
«Dame de beber».

Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:
«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).

Jesús le contestó:
«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».

La mujer le dice:
«Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».

Jesús le contestó:
«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».

La mujer le dice:
«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».

Él le dice:
«Anda, llama a tu marido y vuelve».

La mujer le contesta:
«No tengo marido».

Jesús le dice:
«Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».

La mujer le dice:
«Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».

Jesús le dice:
«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».

La mujer le dice:
«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».

Jesús le dice:
«Soy yo, el que habla contigo».

En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?».

La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:
«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?».

Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto sus discípulos le insistían:
«Maestro, come».

Él les dijo:
«Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis».

Los discípulos comentaban entre ellos:
«¿Le habrá traído alguien de comer?».

Jesús les dice:
«Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.

¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador.

Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos».

En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».

Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:
«Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».

El que bebe de esta agua vuelve a tener sed

...Pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed 8 de marzo 2026 El texto del evangelio de Juan que leemos este domingo nos ...