jueves, 3 de abril de 2025

Tampoco yo te condeno

...Vete y, en adelante, no vuelvas a pecar

6 de abril 2025

El texto del evangelio de Juan que leemos en este quinto domingo de Cuaresma, a decir de los entendidos y conocedores del evangelio, recoge el pensar y sentir de Jesús de Nazaret. Da igual que sea una narración inventada. Es el tema del perdón.


(Fray Marcos comenta) .- "Jesús perdona a la mujer antes de que se lo pida; no exige ninguna condición. No es el arrepentimiento ni la penitencia lo que consigue el perdón. Es el amor incondicional, lo que debe llevar a la adúltera al cambio de vida. El “perdón” de Dios es lo primero. Cambiar de perspectiva será la consecuencia de haber tomado conciencia de que Dios es Amor..."

"La “buena noticia” consiste en que el amor de Dios es incondicional, no depende de nada ni de nadie. Dios no es un ser que ama sino el amor. Su esencia es amor y no puede dejar de amar sin destruirse. ¿Quién es el bueno y quién es el malo? ¿Puedo yo dar respuesta a esta pregunta? ¿Quién puede sentirse capacitado para acusar a otro?..."

La tradición y enseñanzas de nuestra Iglesia arrastra una doctrina y comportamientos en los que el pecado se ha convertido en el argumento principal. Ya se decía aquello de que "todo lo que da gusto y placer o engorda o es pecado"... Y con el pecado venía el juicio y la condenación. De ahí el miedo al infierno. Tanto era así que para muchos y muchas cristianas su vida se veía condicionada, atormentada y entristecida por las terribles consecuencias de todo eso que llamaban pecado.

Así, pues, la comunidad cristiana (en consonancia con la sociedad actual) ha ido abandonando esa manera de pensar y todo lo que a ello se refiere (ver el sacramento de la Confesión y todas sus prácticas).
La Iglesia oficial y ortodoxa mantiene su predicación y catequesis. Y estoy seguro que no saben cómo tratarlo. Sigue con sus rezos antiguos y nos hacen rezar unas oraciones que son una referencia continua al pecado... (Ver en la misa: -Señor, ten piedad. Cristo te piedad...// Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad...//Que el Señor tenga piedad de vosotros, perdone vuestros pecados y os lleve a la vida eterna...).

Me gusta citar a los que saben, han estudiado y conocen mejor que yo el evangelio. De ellos he aprendido y comienzo a entender que: Dios es amor y nos ama por encima de todo. Que no es el Juez que todo lo ve y vigila... y condena llevando la cuenta de todos nuestros pecados. Que Dios (como expresa Jesús) es nuestro padre-madre... siempre. Que está siempre con nosotros (con todos y todas). Que la invitación de Jesús (en su mensaje, en su evangelio) es una invitación al amor, a seguirle con ilusión, alegría y optimismo. Que sabe muy bien (Dios) que somos débiles, que fallamos muchas veces, nos equivocamos y nuestra vida refleja nuestro egoísmo. Pero siempre, siempre, mantiene su invitación a descubrir su Amor y a convertirnos en personas más humanas, más compasivas, solidarias y serviciales...
De ahí que nuestra oración (tanto personal como comunitaria) debe hacerse eco de todo eso que es nuestra fe. Algo que, desgraciadamente, está muy lejos de aparecer en el Credo o en las Oraciones oficiales de la Iglesia.


(Fidel Aizpurúa comenta).-"Jesús no condena a nadie, tampoco a la adúltera. Para él, la persona es más que sus actos morales y, por ello, siempre hay posibilidad de reorientar la vida. Además, se verifica en este texto aquella actitud de acogida y respeto que Jesús manifiesta en el evangelio por las mujeres..."
· "Hemos de llevar la dignidad al centro: así lo repite muchas veces el Papa Francisco. Y en este terreno más que en otros. Lo que quiere decir que las prostitutas son dignas y que cualquier desprecio de palabra o de obra hacia ellas es una ofensa a la dignidad. Y quiere decir también que los usuarios de la prostitución son rechazables..."
· "Hemos de rechazar cualquier tipo de violencia sexual: no solamente aquellas que llevan a la muerte de las mujeres, una lacra inadmisible en una sociedad moderna y en un país que se dice católico. Hay que rechazar cualquier tipo de violencia sexual en el lenguaje, en las actitudes machistas, en la diferencia salarial entre hombres y mujeres, en la postergación de las mujeres en el seno de la misma Iglesia..."

A todo esto que comentan, tanto Fray Marcos como Fidel Aizpurúa, me encanta poder añadir algo que subraya el mismo Fidel Aizpurúa en su libro "Crees como hablas": "Son numerosos los cristianos que elaboran su fe al margen de las imposiciones religiosas del pecado. Han descubierto que sus energías espirituales pueden verterse más que en una lucha contra los pecados en la búsqueda de una experiencia de Jesús gozosa y viva. No es que nieguen la evidencia del pecado en su vida y en la sociedad. Pero ya no ponen el acento ahí, sino en el logro de una vida cristiana más satisfactoria y de mejor conexión con una antropología humanizadora..."
Amén.


Texto del evangelio de JUAN 8, 1-11

1 Jesús se fue al Monte de los Olivos.

2 Al alba se presentó de nuevo en el templo y acudió a él el pueblo en masa; él se sentó y se puso a enseñarles.

3 Los letrados y los fariseos le llevaron una mujer sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio, 4 le dijeron:

- Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio; 5 en la Ley nos mandó Moisés apedrear a esta clase de mujeres; ahora bien, ¿tú qué dices?

6 Esto se lo decían con mala idea, para poder acusarlo. Jesús se inclinó y se puso a escribir con el dedo en el suelo.

7 Como persistían en su pregunta, se incorporó y les dijo:

- Aquel de vosotros que no tenga pecado, sea el primero en tirarle una piedra.

8 Él, inclinándose de nuevo, siguió escribiendo en el suelo.

9 Al oír aquello, se fueron saliendo uno a uno, empezando por los ancianos, y lo dejaron solo con la mujer, que seguía allí en medio. 10 Se incorporó Jesús y le preguntó:

- Mujer, ¿dónde están?, ¿ninguno te ha condenado?

11 Respondió ella:

- Ninguno, Señor.

Jesús le dijo:

- Tampoco yo te condeno. Vete y, en adelante, no vuelvas a pecar.

Tampoco yo te condeno

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